Siguiente Entrevista a Carmen Quintanilla, presidenta AFAMMER
Nº 161
Septiembre - octubre 2026
Numerosas integrantes de la Federación de Asociaciones de Mujeres Rurales padecieron en primera persona las consecuencias de los catastróficos incendios sufridos este verano en diferentes rincones de nuestro país. A pesar de tener que atender las acuciantes necesidades de una situación de emergencia nacional, Teresa López -presidenta de FADEMUR– encontró un hueco para contestar a esta entrevista y poner en común con los lectores de Escritura Pública las principales líneas de trabajo de su entidad.
-El mes pasado suscribió un convenio con la Comisión de Igualdad de la Fundación Notariado, representada por su presidenta Concepción Pilar Barrio Del Olmo. ¿Puede adelantarnos las principales líneas maestras de esta colaboración?
– Este convenio nace de la convicción compartida entre FADEMUR y la Comisión de Igualdad de la Fundación Notariado de que ninguna mujer rural debería tomar decisiones que afectan a su patrimonio, su negocio o su familia sin contar antes con información jurídica clara, gratuita y de confianza, aportada por una persona independiente.
Nuestra prioridad es que todas las mujeres rurales de todo el territorio lo conozcan y puedan beneficiase de este asesoramiento, por lo que ya estamos organizando jornadas informativas sobre los temas que despiertan más interés, agrupados en tres grandes bloques. Por un lado, con las emprendedoras, agricultoras y ganaderas, despejando dudas sobre la titularidad y la sucesión de explotaciones y negocios familiares. Por otro lado, abordando las herramientas de protección para los colectivos vulnerables (mujeres con discapacidad, mayores o víctimas de violencia machista). Y, finalmente, explicando figuras jurídicas que en muchos casos desconocemos o sobre las que tenemos dudas, como los pactos sucesorios o los testamentos.
“NINGUNA MUJER RURAL DEBERÍA TOMAR DECISIONES QUE AFECTAN A SU PATRIMONIO, SU NEGOCIO O SU FAMILIA SIN CONTAR ANTES CON INFORMACIÓN JURÍDICA CLARA, GRATUITA Y DE CONFIANZA”
En FADEMUR valoramos especialmente que este asesoramiento llega de la mano de una institución independiente e imparcial como el Notariado, que da fe pública y no tiene más interés que el de garantizar la seguridad jurídica de la persona que tiene delante, sea cual sea su patrimonio o el tamaño de su explotación.
– En poco más de veinte años de historia, FADEMUR cuenta con 56.000 asociadas, muchas de ellas dedicadas al emprendimiento en diferentes sectores (agricultura, ganadería, turismo, artesanía, alimentación…). ¿Es sencillo poner en marcha un negocio en el entorno rural?
– No es nada sencillo, pero cada vez son más las mujeres rurales que emprenden. Mujeres que se enfrentan a múltiples dificultades para poner su negocio en marcha. Porque emprender en un pueblo significa, muchas veces, hacerlo desde zonas aisladas y con iniciativas que se salen de lo ordinario. Eso significa afrontar dos problemas: la lejanía física de las entidades financieras, y la dificultad de superar la evaluación de los departamentos de riesgos que están muy encorsetados, por lo que el acceso a la financiación es más complicado (y con el añadido del sesgo de género, como bien explica el informe del Banco de España). Además, significa que cuentas con menos servicios públicos, y nos preocupan especialmente los que tienen que ver con los cuidados de menores, mayores y personas dependientes, porque en esta sociedad patriarcal, siguen recayendo sobre las mujeres. El acceso a la financiación y el sobreesfuerzo que supone el ocuparse de los cuidados ante la escasez de servicios públicos son dos de los problemas que afrontan las emprendedoras rurales. A eso hay que añadir la dificultad para acceder al asesoramiento, y el sentimiento de soledad que sienten durante todo el proceso.
“TENEMOS UN PROBLEMA DE RELEVO GENERACIONAL EN EL MEDIO RURAL, ESPECIALMENTE EN LAS EXPLOTACIONES AGRARIAS”
Por eso en FADEMUR acompañamos a nuestras asociadas desde el primer momento: formación, mentoría, redes de trabajo conjuntas, y ahora también, asesoramiento jurídico independiente a través de este convenio con Fundación Notariado. Muchas emprendedoras rurales toman decisiones importantes, como constituir una sociedad, comprar una nave, formalizar una herencia, sin haber podido consultar antes a un profesional del Derecho simplemente porque no tienen uno cerca o porque piensan que ese servicio es caro o no es para ellas. Acercar esa figura, de forma gratuita y cercana, es tan importante como la propia financiación del negocio.
-En la firma del convenio puso de manifiesto que muchas mujeres suelen encargarse de los negocios familiares cuando llega el momento. ¿Qué se precisa para asegurar la pervivencia de una empresa rural a lo largo de generaciones?
– Sobre todo, anticiparnos. Hoy, tenemos un problema de relevo generacional en el medio rural, especialmente en las explotaciones agrarias. Tenemos que hacer de ellas negocios atractivos y, en muchas ocasiones, la visión de las mujeres es determinante para hacerlos sostenibles. Y su papel tiene que estar reconocido.
Ahí es donde el notario o notaria resulta imprescindible: capitulaciones matrimoniales, pactos sucesorios, testamentos o la escritura de titularidad compartida de la explotación son herramientas que dan seguridad jurídica a toda la familia y, muy especialmente, a las mujeres que han trabajado codo con codo en el negocio y que, sin esos instrumentos, corren el riesgo de quedar invisibilizadas. Uno de los objetivos de este convenio es, precisamente, que estas figuras se conozcan antes de que llegue el momento del relevo, no después.
-En comparación con otros países, ¿cuál es el peso del sector rural en términos macroeconómicos en nuestro país?
– España es uno de los países europeos con mayor superficie rural y, a la vez, con mayores desequilibrios demográficos: buena parte de nuestro territorio está en riesgo de despoblación, aunque sigue concentrando un peso relevante en agroalimentación, uno de los sectores exportadores más sólidos de la economía española. Ese contraste —mucho territorio y mucha actividad económica, pero cada vez menos población y menos servicios— es precisamente lo que hace tan urgente invertir en oportunidades para quienes deciden quedarse o volver, y muy especialmente para las mujeres, que son las que sostienen la vida en los pueblos. Proteger a la agricultura familiar, en la que estamos las mujeres, debe ser un objetivo de país.
“LA DIGITALIZACIÓN ES IMPRESCINDIBLE, PERO NO SUSTITUYE A LA INFORMACIÓN JURÍDICA PRESENCIAL. AMBAS COSAS, COMPETENCIA DIGITAL Y ASESORAMIENTO JURÍDICO, TIENEN QUE IR DE LA MANO”
Hoy, la tendencia nos permite albergar esperanzas sobre el futuro: desde 2018, más de 140.000 mujeres han decidido irse a vivir a pueblos de menos de 5.000 habitantes, los que tienen mayor riesgo de despoblación. Además, se está revirtiendo el conocido como “éxodo ilustrado”, porque se están creando las condiciones para que las mujeres más formadas también puedan encontrar una oportunidad de futuro en sus pueblos.
-¿Cuáles son las principales fuentes de información jurídica y empresarial de agricultoras y ganaderas (por ejemplo) que viven lejos de una ciudad? ¿Qué papel juegan los notarios en poblaciones más pequeñas?
– Hoy por hoy, muchas agricultoras y ganaderas se informan a través de asociaciones como FADEMUR, de las organizaciones profesionales agrarias, las cooperativas, las oficinas comarcales y, cada vez más, por internet. Es una información valiosa, pero en ocasiones fragmentada, muy enfocada en lo profesional, y no siempre resuelve la duda jurídica concreta que necesitan.
Ahí el Notariado cumple un papel todavía desconocido, pero sin duda importante, por su función de servicio público, imparcial y accesible. No depende de que la mujer compre o venda algo para asesorarla; su obligación es informar con independencia del tamaño de la operación, e incluso del tipo de duda, empresarial o de decisión personal. Para una mujer rural que en ocasiones tiene problemas de accesibilidad a los servicios jurídicos, tener una notaría cerca —y ahora también, gracias a este convenio, con jornadas específicas para ella— puede ser la diferencia entre tomar una decisión bien informada o no tomarla nunca.
-Las condiciones de las ciudades son cada vez más hostiles para los jóvenes a la hora de adquirir una vivienda o encontrar un empleo estable. ¿Qué consejo daría a los que deciden apostar por la migración interior e irse a un municipio más pequeño?
– Les diría que los pueblos son lugares con una calidad de vida distinta y, en muchos sectores, verdaderas oportunidades de negocio y trabajo que no encontrarán en la ciudad, pero a los que también ha llegado el problema de la vivienda. Nos estamos encontrando con una demanda creciente y poca oferta, sobre todo de alquiler, lo que dificulta la toma de decisiones de quienes no tienen un lugar al que volver y quieren instalarse sin vínculo previo.
“SE ESTÁN CREANDO LAS CONDICIONES PARA QUE LAS MUJERES MÁS FORMADAS TAMBIÉN PUEDAN ENCONTRAR UNA OPORTUNIDAD DE FUTURO EN SUS PUEBLOS”
Ese es otro de los mensajes de nuestro convenio con Fundación Notariado: acudir al notario no es solo el trámite final de una compraventa, es también el lugar donde te explican, sin coste añadido por la consulta y sin ningún interés comercial, qué opciones tienes y qué riesgos conviene evitar. Empezar un proyecto de vida en un pueblo con esa seguridad jurídica desde el principio ahorra muchos disgustos más adelante.
-Otro de los aspectos que contempla el convenio es aportar soluciones jurídicas a mujeres en situación de vulnerabilidad (personas con discapacidad, mayores o afectadas por violencia de género). ¿Cómo es el día a día de esos colectivos en el campo? ¿Cómo pueden mejorar su calidad de vida?
El día a día de las personas en situación de vulnerabilidad es difícil siempre, y sobre todo en zonas rurales en las que los servicios están más alejados o son más escasos: servicios sociales, especialistas médicos, puntos de atención a víctimas de violencia machista, a los recursos de dependencia… Esa distancia física se convierte muchas veces en distancia también respecto a sus derechos, porque no siempre saben a quién acudir o porque el trámite les parece inalcanzable.
En FADEMUR estamos especialmente preocupadas por llegar a todas las mujeres y a todos los lugares en los que se precisa ese asesoramiento específico para mujeres con discapacidad, mayores o afectadas por violencia machista: instrumentos como los poderes preventivos, la autotutela o las medidas de protección patrimonial pueden mejorar de forma muy concreta su calidad de vida y su autonomía. Acercarles esa información, a través de este convenio, de forma gratuita y en su propio territorio, es una manera muy directa de reducir la desigualdad que sufren por el simple hecho de vivir lejos de los grandes núcleos urbanos.
Uno de los objetivos de FADEMUR es la denuncia de situaciones de discriminación y dependencia. ¿Qué tipo de acciones llevan a cabo para luchar contra esa lacra?
Trabajamos en varios frentes a la vez. Hacemos incidencia política para que la legislación reconozca el trabajo de las mujeres en las explotaciones familiares —ahí la Ley de Titularidad Compartida sigue siendo, veinte años después, una asignatura pendiente en su aplicación real; elaboramos informes y estudios que visibilizan la brecha de género en el medio rural; y desarrollamos programas de acompañamiento y formación para mujeres en situación de dependencia o violencia machista.
Pero también creemos en las alianzas como esta con Fundación Notariado: la denuncia es necesaria, pero no basta si no va acompañada de herramientas concretas que las mujeres puedan usar ya, hoy mismo, para proteger su patrimonio, su negocio o su seguridad. Combinar incidencia política con el asesoramiento jurídico directo es, para nosotras, la fórmula más eficaz.
-Uno de sus principales proyectos es Pueblos en Clave Digital para reducir la brecha tecnológica en el entorno agrario. ¿Puede explicarnos en qué consiste y cómo es la situación actual de las comunicaciones en el sector?
– Pueblos en Clave Digital nació para que la brecha digital no se sume a todas las demás brechas que ya sufre el medio rural. Formamos a mujeres en competencias digitales aplicadas a su actividad —comercio electrónico, redes sociales, gestión digital de la explotación, trámites telemáticos, inteligencia artificial— y llegamos a donde nadie lo hace, a los pueblos más pequeños, porque los derechos no pueden depender del tamaño de tu municipio.
La conectividad ha mejorado en los últimos años, especialmente con la gran inversión que se ha hecho con los Fondos de Recuperación. El reto es que la disminución en la brecha de acceso se acompañe de la erradicación de la brecha de género. Y aquí conecto con el convenio de Fundación Notariado: la digitalización es imprescindible, pero no sustituye a la información jurídica presencial. Ambas cosas, competencia digital y asesoramiento jurídico, tienen que ir de la mano.
-El 8M siempre aparecen las manifestaciones realizadas en las grandes ciudades. ¿Cómo vive la mujer del medio rural su empoderamiento y visibilización?
– Las mujeres rurales también salimos a la calle el 8M, aunque las cámaras rara vez lleguen hasta nuestros pueblos. El empoderamiento tiene caras cada vez más visibles, las mujeres que se ponen al frente de la explotación familiar; las que emprenden negocios de turismo rural o de agroalimentación; las que se forman en digitalización o como pilotas de drones; las que reclaman sus derechos como titulares y no solo como “ayuda familiar” …
Nuestro trabajo en FADEMUR se dirige a que las mujeres cuenten con todas las herramientas —jurídicas, digitales, formativas— para que su desarrollo personal y profesional pueda ser pleno, seguro y con las mismas oportunidades que cualquier otra mujer, independientemente de dónde viva. Mujeres con derechos que aprovechan sus oportunidades y que fortalecen una red cada vez más tupida, que mejora la vida de todas.
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