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PROTECCIÓN AL CONSUMIDOR

EN PLENO DEBATE

BENITO TORRECILLAS,

notario de Falset

Es en los pueblos donde el Notariado despliega su función social más pura y gratificante"

El notariado como motor de la España rural

Hay pueblos en España donde todavía se dejan las llaves puestas en la puerta, la gente se sigue saludando por la calle y una casa representa la memoria de una familia. Sin embargo, muchos de esos pueblos viven hoy entre persianas bajadas y carteles de “se vende” que nadie mira.

Se habla mucho de la España vaciada y de la despoblación. Las estadísticas suelen ser frías, pero a veces retratan realidades incómodas: casi la mitad de las casas vacías de España se concentran en el entorno rural (unos 3,8 millones de inmuebles, según el INE).

Inseguridad jurídica

En el debate público sobre cómo movilizar este patrimonio, se suele apelar a recargos en el IBI o a incentivos fiscales. Son medidas necesarias pero incompletas si se analizan exclusivamente desde un despacho urbano. El verdadero freno para que una casa de pueblo vuelva a tener vida no siempre es el dinero, a menudo es la inseguridad jurídica. Y es aquí donde la función notarial sobre el terreno resulta indispensable.

Para quienes ejercemos el Notariado en municipios como Falset (Tarragona), con una población de unos 2.800 habitantes aproximadamente, esa cifra no es una abstracción, sino el paisaje de cada mañana. Detrás de cada balcón desconchado y de cada cerradura oxidada no suele haber una fría estrategia de especulación, sino algo mucho más complejo: una telaraña de herencias inconclusas, dudas legales y un arraigo que se resiste a morir, pero que ha olvidado cómo avanzar. Para rehabilitar una vivienda rural, antes hay que rehabilitar su historia jurídica. Ahí el Notariado cumple una función social, aunque pocas veces visible.

Cuando llegué a mi destino en Falset, comprendí pronto que la famosa ´capilaridad´ del Notariado no es un concepto retórico, sino un servicio de urgencias jurídicas. En el mundo rural, el notario es, con frecuencia, el último faro institucional que permanece encendido mientras las oficinas bancarias bajan el cierre y los servicios se alejan. Somos el asesor de cabecera, esa autoridad cercana a la que un vecino puede acudir a consultar un problema sin necesidad cita previa o meses de antelación.

Artesanos del Derecho

Nuestra labor consiste en ser artesanos del Derecho. Dedicamos horas a desenredar particiones complejas, buscar el consenso entre copropietarios que ni siquiera se conocían y a dotar de certezas un patrimonio que, de otro modo, acabaría en ruina estructural. Aquí escuchamos historias familiares que se remontan a tres generaciones, localizamos fincas sin registrar, interpretamos voluntades dichas “de palabra”, o ayudamos a personas mayores que llegan con sus carpetas de gomas llenas de papeles desgastados por el tiempo relativas una masía que perteneció al abuelo y que nadie inscribió nunca.

Cada vez que logramos formalizar una venta difícil o ayudar a una pareja joven a adquirir esa casa que llevaba décadas cerrada, sentimos que estamos combatiendo el olvido.

Cuando pienso en el futuro de nuestra profesión, me dirijo inevitablemente a quienes hoy pasan largas jornadas devorando el temario de la oposición. Existe el mito de que el destino ideal es una plaza en una gran capital. Permítanme disentir.

Es en los pueblos donde el Notariado despliega su función social más pura y gratificante. Aquí no eres un anónimo: eres el notario del pueblo. Escuchas a las familias, aconsejas en la mesa de la cocina si es necesario, calmas los ánimos en una partición difícil y ves el impacto directo de tu trabajo en la comunidad. Animo firmemente a las nuevas promociones a buscar estos destinos no como un trámite de paso, sino como una escuela de vida y de derecho.

En muchos pueblos hay casas vacías, pero también personas que querrían rehabilitarlas, comprarlas o volver a ellas. El problema es que entre unas y otras existe, con frecuencia, un laberinto jurídico que alguien tiene que ayudar a atravesar. Ese alguien suele ser el notario rural.

Acompañar a las familias

Y quizá por eso el mundo rural sigue necesitando notarios jóvenes que quieran instalarse en él. Porque ejercer en un pueblo significa acabar acompañando a las familias en todos los momentos importantes de su vida: compras, herencias, matrimonios, proyectos, despedidas.

La recuperación de la España interior no vendrá solo de la mano de la fibra óptica o de los planes estatales, aunque sean bienvenidos. Vendrá si garantizamos que vivir en un pueblo no signifique ser un ciudadano de segunda en cuanto a acceso a la justicia preventiva. La presencia del notario en el territorio asegura que un habitante de la comarca del Priorat tenga exactamente las mismas garantías y el mismo asesoramiento de excelencia que el residente de la calle Serrano de Madrid o el Paseo de Gracia de Barcelona.

El notario rural no es una figura del pasado, sino parte de la solución futura. Un profesional cercano, accesible y capaz de transformar problemas aparentemente enquistados en oportunidades para que los pueblos vuelvan a tener vida.

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