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Nº 161
Septiembre - octubre 2026
El pasado febrero, Concepción Pilar Barrio Del Olmo, presidenta de la Fundación Notariado (en nombre de su Comisión de Igualdad) suscribió un convenio de colaboración con la Asociación de Familias y Mujeres del Medio Rural (AFAMMER), representada por su presidenta nacional Carmen Quintanilla. La fundadora de esta entidad pionera en nuestro país, con una dilatada trayectoria política, nos revela en Escritura Pública las principales líneas de actuación de su asociación.
-¿Cómo surgió la idea de esta colaboración con el Notariado?
– Esta colaboración nace de una necesidad urgente y de una profunda sintonía de valores entre ambas instituciones. En AFAMMER llevamos 44 años trabajando para que las mujeres del medio rural rompan barreras, alcancen la igualdad real y tengan las herramientas necesarias para ser dueñas de su propio destino. En ese camino, nos encontramos constantemente con situaciones de vulnerabilidad que requieren no solo apoyo social, sino una sólida seguridad jurídica.
La idea surge, por tanto, al constatar que la Comisión de Igualdad de la Fundación Notariado comparte nuestro compromiso inquebrantable con la protección de las personas más vulnerables. Los notarios y notarias realizan una función pública esencial que aporta paz social y protección legal a los ciudadanos, algo que cobra un valor incalculable en nuestros pueblos, donde el acceso a la información y el asesoramiento especializado a veces es más complejo.
“EN AFAMMER LLEVAMOS 44 AÑOS TRABAJANDO PARA QUE LAS MUJERES DEL MEDIO RURAL ROMPAN BARRERAS, ALCANCEN LA IGUALDAD REAL Y TENGAN LAS HERRAMIENTAS NECESARIAS”
Tuvimos la inmensa suerte de conectar con Concepción Pilar Barrio Del Olmo, cuya sensibilidad hacia los problemas de desigualdad y el entorno rural fue inmediata. Ambas partes entendimos que, uniendo nuestra presencia en cada rincón del territorio y el profundo conocimiento del terreno que tiene AFAMMER con el rigor jurídico y el compromiso social de la Fundación Notariado, podíamos crear un escudo de protección real para las familias y mujeres rurales.
Este convenio no es solo una firma en un papel: es una alianza estratégica para llevar talleres, formación y asesoramiento directo a nuestros municipios, asegurando que ninguna mujer rural se quede atrás por falta de herramientas legales para defender sus derechos.
-El principal objetivo de este acuerdo es ofrecer asesoramiento jurídico a familias y mujeres del medio rural. ¿Cuáles son las principales demandas en materia de formación de sus asociadas?
– Las demandas de nuestras asociadas reflejan perfectamente las realidades y las incertidumbres a las que se enfrentan diariamente las mujeres y las familias en los pueblos. El medio rural tiene unas dinámicas propias, y la falta de información jurídica a veces genera una gran desprotección.
Entre las principales peticiones de formación y asesoramiento que nos transmiten, destacan tres grandes bloques:
Protección patrimonial y herencias: Hay un interés enorme por comprender los procesos de sucesión, testamentos y donaciones. En el entorno rural, la transmisión de tierras, viviendas y explotaciones familiares genera muchas dudas. Las mujeres quieren saber cómo proteger su patrimonio, asegurar el futuro de sus hijos y evitar conflictos familiares debido a la falta de previsión jurídica.
La Ley de titularidad compartida de las explotaciones agrarias: Aunque ha sido un gran avance histórico por el que tanto hemos luchado desde AFAMMER, todavía queda mucho camino por recorrer en su aplicación práctica. Muchas mujeres demandan formación específica para conocer sus derechos económicos y de cotización, y saber exactamente cómo dar el paso para coprotagonizar la gestión legal de las tierras que trabajan.
Vulnerabilidad, discapacidad y dependencia: El envejecimiento de la población rural es un hecho. A nuestras mujeres les preocupa enormemente el cuidado de sus mayores y de los hijos con discapacidad. Demandan muchísima información sobre figuras jurídicas de protección, voluntades anticipadas, poderes preventivos y cómo gestionar la dependencia desde el punto de vista legal para garantizar la dignidad y el bienestar de sus seres queridos.
“LA COMISIÓN DE IGUALDAD DE LA FUNDACIÓN NOTARIADO COMPARTE CON AFAMMER UN COMPROMISO INQUEBRANTABLE CON LA PROTECCIÓN DE LAS PERSONAS MÁS VULNERABLES”
En definitiva, lo que nuestras asociadas nos piden es claridad y cercanía. No quieren tecnicismos jurídicos complejos; necesitan herramientas prácticas para tomar decisiones informadas y seguras que afecten a sus vidas y a sus familias.
-El notario es un profesional muy presente en la conocida como España vaciada, con más de 660 notarías prestando servicio en municipios de menos de 15.000 habitantes. ¿Cuál es la relación de los ciudadanos de ese tipo de poblaciones con estos profesionales?
– La relación del ciudadano del medio rural con el notario es de una confianza absoluta y de una enorme cercanía. En los municipios pequeños, el notario no es solo un funcionario que firma un documento público; es una figura de referencia, un asesor de cabecera y, en muchos casos, un pilar fundamental para la tranquilidad de las familias.
En la España rural, el acceso a los servicios no siempre es fácil, y el hecho de que existan más de 660 notarías en pueblos pequeños es un auténtico salvavidas contra la exclusión. Para una persona mayor o para una mujer que gestiona su explotación en un pueblo, tener la posibilidad de acudir a la notaría sin necesidad de realizar largos desplazamientos a las grandes ciudades marca una diferencia abismal.
Es una relación basada en la seguridad que da el saberse escuchado. El ciudadano rural valora enormemente que el notario le explique las cosas con un lenguaje sencillo, directo y humano, traduciendo la complejidad de las leyes a su realidad cotidiana. El notario en nuestros pueblos ejerce una labor social imprescindible: garantiza que, independientemente de los recursos o del nivel formativo de cada persona, todos los ciudadanos tengan las mismas garantías jurídicas y la misma protección ante la ley. Es un elemento de cohesión territorial y de igualdad en mayúsculas.
-¿Qué tipo de acciones conjuntas han puesto en marcha o están previstas ente ambas instituciones?
– Desde el momento en que formalizamos esta alianza tuvimos claro que este convenio debía traducirse en acciones útiles, palpables y con un impacto directo en el territorio. Por ello, la hoja de ruta que hemos diseñado se centra en la formación, la divulgación y el asesoramiento a pie de campo.
La acción principal en la que estamos volcando nuestros esfuerzos es la organización de un ciclo de jornadas y talleres informativos en diferentes municipios rurales de toda España. Estos encuentros están pensados para que notarios y notarias se desplacen directamente a nuestros pueblos y, en un formato muy cercano y participativo, resuelvan las dudas reales de las mujeres y las familias rurales.
“EL PROFUNDO CONOCIMIENTO DEL TERRENO QUE TIENE AFAMMER, UNIDO AL RIGOR JURÍDICO Y EL COMPROMISO SOCIAL DE LA FUNDACIÓN NOTARIADO, PERMITIRÁN CREAR UN ESCUDO DE PROTECCIÓN”
Las primeras pruebas piloto realizadas en varios municipios de Ciudad Real y Madrid han concluido con un rotundo éxito de asistencia. Las ponencias sobre herencias y testamentos organizadas por AFAMMER y la Fundación Notariado se convirtieron en el principal foco de interés, registrando una altísima participación de vecinos decididos a resolver sus dudas legales de forma sencilla y directa.
Durante estas sesiones se abordan de manera prioritaria aquellos temas que más preocupan a nuestras asociadas, como la planificación de las herencias y testamentos para evitar conflictos familiares; las ventajas de la titularidad compartida en el campo, y las herramientas jurídicas disponibles para proteger a las personas mayores, dependientes o con discapacidad.
-¿Cuál es el perfil de las cerca de 180.000 asociadas a AFAMMER?
– Hablar del perfil de nuestras cerca de 180.000 asociadas es hablar de la evolución, la diversidad y el corazón mismo de la España rural. Si algo define a las mujeres de AFAMMER es que formamos un colectivo intergeneracional, sumamente heterogéneo y con una fuerza transformadora inmensa.
Por un lado, contamos con un pilar fundamental de mujeres mayores y de mediana edad. Son la memoria viva de nuestros pueblos, mujeres que han trabajado incansablemente, muchas veces a la sombra, sacando adelante a sus familias y sus hogares sin ningún tipo de reconocimiento jurídico o económico. Hoy en día, son mujeres activas, con un enorme deseo de seguir formándose, de romper el aislamiento y de asegurar su bienestar y el de sus entornos.
A pesar de sus diferentes edades, profesiones o situaciones geográficas, todas ellas comparten un nexo común: el orgullo de pertenecer al medio rural, una resiliencia admirable y una firme determinación por defender la igualdad de oportunidades. Las mujeres de AFAMMER no son sujetos pasivos del cambio; son las auténticas protagonistas del desarrollo sostenible, la fijación de población y el futuro de nuestros pueblos.
-¿Cómo surgió la idea de poner en marcha esta asociación pionera en nuestro país?
– Para entender el nacimiento de AFAMMER tenemos que viajar en el tiempo a la España de 1982. En aquellos años las mujeres del medio rural eran las grandes invisibles de nuestra sociedad. Trabajaban de sol a sol en el campo, en las explotaciones familiares y en los hogares, pero legalmente no existían: no tenían derechos laborales, ni cotizaciones propias, ni voz en los espacios de toma de decisiones.
“EL HECHO DE QUE EXISTAN MÁS DE 660 NOTARÍAS EN PUEBLOS PEQUEÑOS ES UN AUTÉNTICO SALVAVIDAS CONTRA LA EXCLUSIÓN”
Ante esa injusticia, un grupo de mujeres valientes y decididas entendimos que no podíamos quedarnos de brazos cruzados. Sentíamos la necesidad urgente de romper ese silencio sepulcral, de agruparnos y de crear una plataforma que fuera la voz de todas aquellas que no la tenían. Queríamos demostrar que las mujeres rurales éramos el verdadero motor de los pueblos y que sin nosotras no habría futuro para el territorio.
La idea surgió, por tanto, como un acto de rebeldía pacífica, de justicia social y de pura necesidad democrática. Fuimos pioneras porque en ese momento nadie hablaba de las mujeres rurales en la agenda política ni mediática. Empezamos recorriendo los pueblos, hablando de mujer a mujer, explicando que juntas éramos más fuertes y que teníamos derecho a la formación, al empleo, a la corresponsabilidad y a la titularidad de nuestras tierras.
Nacimos con el firme propósito de alcanzar la igualdad real y de llevar la voz de la España rural a los parlamentos nacionales e internacionales. Lo que empezó como un pequeño grupo de ilusión hoy somos cerca de 180.000 asociadas que ha cambiado, para siempre, la historia del medio rural en nuestro país.
-Han conseguido promover iniciativas legislativas de calado, como una Carta de Igualdad, la modificación del sistema de becas, el acceso a la Seguridad Social o la Ley de Desarrollo Rural. ¿Están satisfechos con estas iniciativas legislativas o queda camino por recorrer?
– Estamos profundamente orgullosas de todo lo que hemos logrado conquistar a lo largo de estos 44 años. Cada uno de esos avances legislativos lleva el sello, el esfuerzo y la voz de las miles de mujeres que forman AFAMMER. Mirar atrás y ver que hoy las mujeres del campo tienen derecho a su propia cotización a la Seguridad Social, que logramos impulsar la Ley de Titularidad Compartida o que la perspectiva de género se introdujo en la Ley de Desarrollo Rural, nos produce una enorme satisfacción. Hemos demostrado que la sociedad civil organizada puede cambiar las leyes de un país.
Sin embargo, en el diccionario de AFAMMER no existe la palabra conformismo. ¿Estamos satisfechas? Sí, con el trabajo hecho, pero somos plenamente conscientes de que queda muchísimo camino por recorrer. Las leyes son un paso imprescindible, pero el verdadero reto es conseguir que se cumplan de manera efectiva y real en el día a día de cada pueblo.
Por ejemplo, la Ley de Titularidad Compartida supuso un hito histórico, pero su implantación sigue siendo lenta y minoritaria; necesitamos que las Administraciones agilicen los trámites y eliminen las trabas burocráticas que frenan a las mujeres. Además, la brecha salarial, la falta de corresponsabilidad en los cuidados y la escasa presencia de mujeres en los consejos rectores de las cooperativas agrarias siguen siendo asignaturas pendientes muy graves.
A esto se le suman los nuevos desafíos del siglo XXI: la necesidad de garantizar una conectividad digital plena para que nuestras emprendedoras no compitan en desventaja, el mantenimiento de servicios públicos esenciales como la sanidad y la educación frente al reto demográfico, y la urgencia de erradicar la violencia de género, que en el medio rural es aún más invisible y silenciosa debido a la falta de recursos y al aislamiento.
Por lo tanto, la satisfacción por los logros conseguidos es el motor que nos impulsa a seguir reivindicando. Hemos avanzado mucho, pero la igualdad real no llegará hasta que una mujer que decida vivir y emprender en el medio rural tenga exactamente las mismas oportunidades, derechos y libertades que quien elige vivir en una gran ciudad. Y por eso vamos a seguir luchando.
Quintanilla cuenta con una actividad incesante en sus perfiles de las diferentes redes sociales, donde expone sus opiniones y publica sus intervenciones en medios de comunicación: X (@QuintanillaCarm, con cerca de 5.000 seguidores); Instagram (@quintanillacarm, más de 2.000); Facebook (QuintanillaCarm, con 7.000) o Linkedin (Carmen Quintanilla Barba, más de 3.000).
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