Siguiente Arquitectos y notarios ante la crisis de la vivienda: más oferta, seguridad jurídica y equilibrio territorial
La experiencia es un grado. Así se ha entendido tradicionalmente en multitud de culturas mediante el respeto a los más mayores. Sin embargo, el tablero de juego laboral ha mutado desde la llegada de las nuevas tecnologías y la erupción de la Inteligencia Artificial, reto añadido para millones de sénior. En el caso de España, los últimos datos apuntan a un aparente sinsentido con la cronificación del desempleo entre las personas de más de 55 años, a pesar del actual récord de afiliación a la Seguridad Social.
‘No es país para viejos’. Al menos, parafraseando la célebre cinta de los hermanos Coen, para aquellas personas sénior que buscan trabajo en España. Así lo refleja la última Encuesta de Población Activa (EPA), relativa al primer trimestre de 2026, al constatar que entre enero y marzo de este año el paro registró un significativo repunte entre el colectivo de ciudadanos con más de 55 años, hasta situarse en 545.000 desocupados. El 20,14% del total de parados. O lo que es lo mismo, casi uno de cada cinco de los 2.320.721 demandantes de empleo que existían en nuestro país a finales de marzo pasado, según datos del Ministerio de Trabajo y Economía Social.
Y no parece que se trate de un hecho puntual. La tendencia apunta hacia una degradación dentro de este colectivo al aumentar en casi 45.000 nuevos parados, en relación con el último trimestre de 2025. Un declive que ya se notó en la comparativa interanual, contra el mismo mes del año pasado, aunque esta vez con sólo 4.000 personas más sin trabajo.
ALGUNAS COMPAÑÍAS YA DESARROLLAN PROGRAMAS ESPECÍFICOS DE MENTORÍA, ACTUALIZACIÓN DIGITAL Y GESTIÓN INTERGENERACIONAL
Incongruencias
La fotografía del ecosistema laboral español parece encerrar una contradicción cada vez más evidente. Mientras el empleo alcanza máximos históricos, al rozar los 22,3 millones de ocupados en términos desestacionalizados, y los trabajadores mayores de 55 años baten récords de ocupación, el desempleo sénior continúa enquistado y afecta ya a más de medio millón de personas. Asimismo, el contexto actual indica que España necesita más trabajadores veteranos para sostener su economía y sistema de pensiones, pero al mismo tiempo el mercado expulsa a muchos de ellos y les dificulta regresar al mundo laboral.
La encuesta de la EPA viene a confirmar esta singularidad. Entre enero y marzo, el número de desempleados mayores de 55 años aumentó un 8,75% más que el trimestre anterior. En términos absolutos, casi uno de cada cinco parados españoles pertenece ya a esta franja de edad.
La situación es especialmente llamativa porque se produce en un contexto de crecimiento económico y fuerte creación de empleo. No en vano, España ya supera por primera vez los 22 millones de afiliados a la Seguridad Social y mantiene cifras igualmente históricas en materia de ocupación. El problema radica en que buena parte de ese dinamismo no alcanza a quienes superan los 50 o 55 años y pierden su trabajo.
MUCHOS PROFESIONALES DENUNCIAN QUE SON DESCARTADOS AUTOMÁTICAMENTE EN PROCESOS DE SELECCIÓN POR SUPERAR DETERMINADAS EDADES
Del revés
La realidad demográfica refleja también un cambio profundo en la estructura laboral del país. La generación conocida como el baby boom avanza hacia edades próximas a la jubilación, sin olvidar que la esperanza de vida aumenta y que, por ende, las sucesivas reformas acometidas en el sistema de pensiones retrasan progresivamente la edad ordinaria de retiro, fijada desde 2027 en los 67 años.
Para entender lo que está pasando, es necesario recordar que la cohorte poblacional de los boomers, que incluye a los nacidos entre 1958 y 1977, es excepcionalmente copiosa, dado que proviene de tasas de natalidad anuales por encima de los 650.000 nacimientos. Esto provocó la llegada en este período de alrededor de 14 millones de bebés, 2,5 veces más que en los veinte años previos y nada menos que 4,5 más que en las dos décadas posteriores.
Con esos guarismos resulta más fácil entender por qué hay cada vez más personas trabajando en España después de los 55 años, actualmente unos 4,93 millones de ocupados pertenecen a esta franja de edad, lo que representa ya alrededor del 22% del total de trabajadores españoles, convirtiéndose en uno de los pilares del mercado laboral, y, al mismo tiempo, aumentan las cifras del paro entre los sénior.
La clave estaría, por un lado, en el alto porcentaje de personas mayores entre la población y, por otro, en la pérdida del empleo de muchos de ellos ante la aceleración de la revolución tecnológica o, directamente, para ajustar costes salariales. En cualquier caso, la situación cambia radicalmente, como es lógico, cuando un trabajador veterano pierde su trabajo.
LOS EXPERTOS COINCIDEN EN QUE EL PRINCIPAL PROBLEMA NO ES TANTO CONSERVAR EL TRABAJO COMO VOLVER A ENCONTRARLO
Pertinaz desempleo
Los expertos coinciden en que el principal problema no es tanto conservar el trabajo como volver a encontrarlo. El paro sénior tiene un fuerte componente estructural y está íntimamente ligado al desempleo de larga duración. En este sentido, más de la mitad de los desempleados mayores de 55 años lleva más de un año buscando trabajo sin éxito. Ese porcentaje supera ampliamente el registrado entre jóvenes y trabajadores de mediana edad.
La Fundación BBVA y el IVIE advierten de que la situación de los mayores ha empeorado notablemente en la última década. Tradicionalmente, los trabajadores próximos a la jubilación disfrutaban de una mayor estabilidad laboral gracias a la antigüedad y a las trayectorias profesionales consolidadas. Pero ese patrón se ha roto.
El deterioro afecta especialmente a quienes deben volver a empezar desde cero tras un despido, una reestructuración empresarial o el cierre de su actividad. Muchos pasan de posiciones estables y salarios elevados a contratos temporales, ocupaciones de baja cualificación o largos periodos de inactividad.
MÁS DE LA MITAD DE LOS DESEMPLEADOS MAYORES DE 55 AÑOS LLEVA MÁS DE UN AÑO BUSCANDO TRABAJO SIN ÉXITO
A la vejez, viruelas
La precarización también aparece reflejada en los salarios. Los empleados veteranos con carreras laborales continuadas mantienen remuneraciones superiores a la media, pero quienes reingresan al mundo del trabajo tras perder su empleo suelen aceptar condiciones inferiores incluso a las de los trabajadores más jóvenes.
Los estudios también muestran que el problema no responde únicamente a cuestiones formativas o de productividad. El llamado edadismo laboral -discriminación por edad- se ha convertido en uno de los principales obstáculos.
Muchos profesionales denuncian que son descartados automáticamente en procesos de selección por superar determinadas edades. Persisten estereotipos que asocian al trabajador veterano con menor adaptación tecnológica, mayores costes salariales o menor flexibilidad. Paradójicamente, las empresas reclaman experiencia y escasea el relevo generacional en numerosos sectores productivos.
SEGÚN LOS DATOS DE LA EPA, LOS DESEMPLEADOS SÉNIORES SUPERAN AMPLIAMENTE A QUIENES ANTICIPAN SU RETIRADA LABORAL
Dos tazas
Los resultados de la citada EPA muestran también que el incremento del desempleo sénior en el primer trimestre del año estuvo protagonizado mayoritariamente por mujeres. Más de 300.000 mujeres mayores de 55 años se encuentran actualmente en paro. Lo que representa más de la mitad del desempleo sénior, sin olvidar que soportan una doble discriminación: por edad y por género.
Muchas de ellas acumulan trayectorias laborales intermitentes, empleos más precarios o carreras profesionales condicionadas por los cuidados familiares. Eso reduce su protección frente al desempleo y dificulta aún más su reincorporación. Además, en numerosos sectores feminizados -como comercio, servicios o atención al cliente- la presión por rejuvenecer plantillas es especialmente intensa.
Los expertos alertan de que este fenómeno puede aumentar la vulnerabilidad económica femenina en edades próximas a la jubilación, precisamente en un momento en el que las carreras de cotización son decisivas para determinar futuras pensiones.
Por obligación
El auge del empleo sénior no responde únicamente a una mejora de oportunidades. En muchos casos, trabajar más años se ha convertido en una necesidad económica.
Las sucesivas reformas de pensiones han retrasado progresivamente la edad ordinaria de jubilación hasta fijarla en el futuro próximo en los 67 años. Paralelamente, se han endurecido las condiciones para acceder a jubilaciones anticipadas y prejubilaciones. Como consecuencia de lo anterior, el número de personas que abandonan prematuramente el mercado laboral se ha reducido drásticamente.
El resultado es que España vive ahora una situación inédita. Ya hay más parados mayores de 55 años que prejubilados. Según los datos de la EPA, los desempleados séniores superan ampliamente a quienes anticipan su retirada laboral.
El incremento del coste de la vida también empuja a muchos trabajadores a retrasar voluntariamente su jubilación. La inflación acumulada, el precio de la vivienda y la incertidumbre sobre las pensiones futuras han reforzado la necesidad de mantener ingresos durante más tiempo. Por eso crecen fórmulas como la jubilación demorada o parcial, que permiten compatibilizar empleo y pensión.
Población envejecida
El envejecimiento demográfico está transformando profundamente la inserción laboral en nuestro país. El país registra ya más personas mayores de 64 años que menores de 16, y esa tendencia seguirá intensificándose durante las próximas décadas.
Por su parte, las empresas comienzan a asumir que el talento sénior será imprescindible para sostener la actividad económica y compensar la caída de población joven. Sin embargo, la adaptación cultural avanza más lentamente que la realidad demográfica.
Los especialistas consideran que España aún mantiene modelos laborales excesivamente orientados a perfiles jóvenes, especialmente en procesos de selección y políticas de recursos humanos.
El debate sobre el talento sénior trasciende ya el ámbito social. Se ha convertido en una cuestión económica de fondo. España afronta una combinación compleja: envejecimiento acelerado, escasez de mano de obra en determinados sectores y presión creciente sobre el sistema de pensiones.
En ese contexto, prescindir del conocimiento acumulado de millones de profesionales supone un coste difícilmente asumible. Las organizaciones empresariales comienzan a advertir de la necesidad de aprovechar mejor la experiencia sénior, especialmente en ámbitos industriales, técnicos y de servicios especializados.
Algunas compañías ya desarrollan programas específicos de mentoría, actualización digital y gestión intergeneracional, frente a otras que continúan priorizando perfiles jóvenes y reduciendo plantillas veteranas. La paradoja española sigue abierta. Nunca hubo tantos trabajadores mayores activos y, a su vez, resultó tan difícil volver a empezar después de los 50.
Cada vez más profesionales mayores de 50 años recurren a las oposiciones como refugio frente a la inestabilidad laboral. Según el Observatorio del Opositor, el porcentaje de opositores sénior ha pasado del 5% en 2019 al 19% en 2026.
Muchos buscan estabilidad, conciliación y seguridad económica después de sufrir despidos o largos períodos de desempleo. Las academias detectan un fuerte aumento de alumnos procedentes del sector privado, incluidos perfiles altamente cualificados.
Los expertos subrayan que la formación continua será decisiva. Los trabajadores mayores con estudios superiores presentan tasas de desempleo mucho más bajas y mejores condiciones laborales. También reclaman cambios empresariales profundos como impulsar programas de reciclaje profesional, fomentar equipos intergeneracionales y combatir los prejuicios asociados a la edad.
Radiografía laboral de la Encuesta de Población Activa (EPA), relativa al primer trimestre de 2026. Instituto Nacional de Estadística (INE).
Formación, transición digital y calidad de vida de los mayores en España, libro dirigido por Lorenzo Serrano Martínez y Ángel Soler Guillén, editado por la Fundación BBVA, julio 2025.
Contabilidad Nacional Trimestral de España. Avance del primer trimestre de 2026. Instituto Nacional de Estadística (INE). 30 de abril de 2026.
Déjanos tu email y recibirás un correo cuando publiquemos el siguiente número de la revista.