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ESFERA CULTURAL

Intento partir de unos vestigios para crear una verdad emocional”

Darío Urzay,

artista

Álex Oviedo

Fotos de Miguel San Cristóbal

Dos exposiciones, planteadas a partir de la memoria y la herencia, ha inaugurado el pintor, fotógrafo y artista plástico bilbaíno Darío Urzay. La primera, en el Museo Marítimo-Itsasmuseum de Bilbao, Alpha y Omega de un vapor; la segunda, en el Museo Vasco de Fotografía-Photomuseum de Zarautz, Una fracción. Darío Urzay por Darío Urzay.

Nacido en Bilbao en 1958, estudió Bellas Artes en la Universidad del País Vasco, donde obtuvo la licenciatura en 1982. En 1983 obtuvo el Gure Artea —el reconocimiento más importante que se concede en Euskadi en el ámbito de las artes plásticas y visuales—, a raíz de su primera exposición en París, premio que volvió a ganar en 2001 a su labor artística.  En 1987 residió en Londres invitado por la Fundación Delfina Studios, y posteriormente en Nueva York, ciudad en la que vivió durante nueve años. En 2005 su trabajo fue reconocido con el Premio Nacional de Arte Gráfico y el Excellence Work Award en la Bienal de Beijing. A lo largo del mes de junio, Urzay ha presentado dos exposiciones relacionadas con la memoria y la herencia: Alpha y Omega de un vapor, en el Itsasmuseum de Bilbao; y Una fracción. Darío Urzay por Darío Urzay, en el Photomuseum de Zarautz.

 


“UN MUSEO CREA MEMORIA, PERO TAMBIÉN PRODUCE OLVIDO, ALGO QUE SE HACE DE FORMA CONSCIENTE”


 

-¿Estamos ante dos exposiciones y un solo tema?

– El detonante fue localizar en casa de mi madre, que acaba de cumplir cien años, alrededor de 2.500 negativos de fotografías sacadas por mi padre. Pero entre esos negativos, que abarcaban hasta 1985, no había ni una foto de mi abuelo. Se da la circunstancia de que mi abuelo, mi padre y yo compartimos una herencia que es el nombre: Darío Urzay. Un mismo nombre pero en diferentes cuerpos. De mi abuelo sólo había fotos sacadas por su hijo tras la jubilación. Eso me hizo preguntarme sobre la ausencia. Es decir, las exposiciones parten de la ausencia de los dos Daríos, mi padre y mi abuelo. Porque mi padre también vivió la falta del suyo, que era marino y se pasaba seis meses en alta mar.

-Eso le llevó a investigar sobre la vida de su abuelo…

– En junio de 2025 me puse a trastear en las hemerotecas. Una amiga que trabaja en el Guggenheim me ayudó en la búsqueda, me dio las claves, me dijo “busca por aquí, por allá”. Mi abuelo era marino de cabotaje, es decir, dibujaba con el barco continuamente la península: Pasajes, Santander, Vigo, Portugal… y así hacia Huelva, Sevilla, Barcelona, Marsella… Navegó fundamentalmente en la naviera Ybarra, que era vasco-andaluza. La exposición del Itsasmuseum parte del Cabo Blanco, un vapor construido en 1908 en el Astillero Euskalduna, hundido en la costa portuguesa el 13 de julio de 1936. Naufragó a la misma hora en que en Madrid mataron a Calvo Sotelo. Eso me reafirmó en la búsqueda. ¿Cómo sería el naufragio? ¿Y ese último viaje? Al principio mi investigación sólo me llevó a escribir. Pero al enterarme del naufragio me surgió la necesidad de viajar a la costa noroeste de Portugal. Convencí a mi familia y una mañana, cerca del faro de Montedor, descubrí restos de lo que parecía un naufragio: planchas con remaches, una barra longitudinal propia de los vapores del siglo XX. Los restos del Cabo Blanco…  

 


“MIS DOS ÚLTIMAS EXPOSICIONES HAN SIDO COMO TRABAJAR CON LA HEMEROTECA, CON LA INTELIGENCIA ARTIFICIAL Y CON EL PASADO DE MI FAMILIA”


 

-¿Surgió entonces la idea de la exposición?

– Y al confirmar que eran del Cabo Blanco. Había comenzado a sacar fotos del hallazgo y a encontrar multitud de noticias sobre el barco. Comencé a jugar con la Inteligencia Artificial, retocando fotos en blanco y negro y en color. La exposición se acabó convirtiendo en un trabajo documental, por un lado, en el que ejercía de historiador, y en otro emocional, que tiene que ver con el hecho de que mi abuelo era el capitán del barco. Y se llamaba Darío Urzay. Y me comienzo a plantear una exposición en la que me camufle como artista de arte contemporáneo que va a exponer en un museo marítimo. Y eso me lleva a plantearme cosas, como el posterior uso de la IA me genera dudas y resuelve posibles variables de caminos a seguir. Incluso técnicamente. 

-¿Cómo artista cuál ha sido su relación con ese gran monstruo que llamamos IA?

– De acoplamiento. Porque para mí la IA no es una herramienta, no tiene nada que ver con utilizar una cosa para conseguir un fin. Lo que hice fue plantearle dudas, hipótesis, construyendo una exposición por estima. ¿Sabes lo que es navegar por estima? Es como navegaban cuando no había GPS ni cosas de esas y se calculaba la ruta a partir de la posición inicial, el rumbo, la velocidad y el tiempo. Imagínate lo difícil que sería navegar por la costa gallega o portuguesa.

-La exposición se subtitula La última estela del Cabo Blanco. ¿Por qué estela?

– Porque no quería que apareciera el barco, quería que el visitante construyera su propio barco en la cabeza. ¿Y cómo hacerlo? Pues a partir de fragmentos: los restos del naufragio, los planos de los viajes, los recortes de prensa. Mis propios fragmentos emocionales. Algunos de los pequeños cuadros en color se basan en antiguos óleos de naufragios que conservan esos colores negruzcos, verdosos… Una especie de interacción entre el artista y el museo, un intercambio tan interesante como el que se mantuvo con la IA… El concepto de estela se me ocurrió a bote pronto. La estela es esa imagen que deja el barco al navegar, que depende de la velocidad, del estado del mar, del tamaño del barco. Y me pareció un elemento muy plástico: el batir del agua, la espuma… Y la sensación de que sólo ves el mar. No ves la popa del barco porque te vas, es ausencia. Precisamente la ausencia del abuelo. Del padre frente a sus hijos.

 


“SI PERDEMOS LO EMOCIONAL, EN EL FUTURO VAMOS A SER INCAPACES DE DISCERNIR ENTRE LO QUE ES VERDAD Y ES MENTIRA”


 

-En muchas de sus fotografías juega con el movimiento y el resultado parece mostrar las imágenes creadas por un electrocardiograma.

– Como si fuesen los latidos del corazón de un nieto pensando en su abuelo. Un juego, consciente o no. Una forma de recuperar la historia familiar que muchas veces son historias desaparecidas. Cuando hago camerastrokes, el movimiento del cuerpo que sostiene la cámara se superpone al de fotografías realizadas décadas atrás por otro cuerpo ausente. Fotografío desde el punto de vista del que fotografiaba. Como una huella de quien estuvo a partir de quien vuelve a mirar. Me sitúo en el mismo lugar, muevo la cámara durante dos segundos después del anochecer y lo que aparece es el rastro de mi cuerpo mediante las luces frente al objetivo, que recogen el registro de la acción. Es decir, este Darío ha estado ahí como lo estuvo aquel otro Darío.

La herencia está presente en ambas exposiciones, la de Bilbao y Zarautz…

– Porque ambas surgen de un mismo tronco. Mi padre era químico, trabajaba en una fábrica alavesa en el límite con Burgos. En ella se hacían unos pigmentos de cadmio que vendía la fábrica Titán de Barcelona. Unos óleos muy caros. Yo no tenía ni idea de su trabajo, pero un día, mientras estaba estudiando Bellas Artes, me trajo cien gramos de cadmio que había recogido del suelo, de un rojo muy fuerte, brillante. En Zarautz parto de las fotografías de los negativos que he encontrado de mi padre, pero sólo los que tienen que ver con el mar y el agua, un tiempo en que su propio padre estaba ausente: camarotes, horizontes ocultos por la niebla…, espacios vacíos muchos de ellos sobre imprimaciones de rojo cadmio. De nuevo ese territorio en el que se relacionan fotografía, memoria e imaginación. A partir de esas fotos, soy yo quien se sitúa en su lugar para cambiar el punto de vista e imaginar cómo sería ese tiempo después de que mi padre se hubiera ido.

-El intento de reconstruir su historia personal.

– Una construcción afectiva hecha a partir de suposiciones, en el caso de Zarautz, y como indica el título, a través de una fracción. Nuestra vida es sólo una fracción. Lo de Darío Urzay por Darío Urzay tiene que ver con un libro de Roland Barthes titulado Roland Barthes por Roland Barthes, en el que pretende explicarse a sí mismo a través de pequeños fragmentos sobre su vida y su obra. Yo hablo de recuerdos, de memoria que puede haberme contado mi padre, de rastros reconstruidos, de una herencia. El notario ha de documentar la verdad; en mi caso, intento a partir de unos vestigios para crear una verdad emocional. Que en el fondo es lo que vamos a tener que recurrir para en un futuro saber si nos están mintiendo. Frente a la mentira, será la verdad emocional lo que importe. Si perdemos lo emocional, vamos a ser incapaces de saber lo que es verdad.

-¿Cómo se define Darío Urzay?

– Nunca me he considerado buen pintor, sino un artista que ha utilizado la pintura, la fotografía u otras técnicas. Pero soy un ser curioso, y eso me lleva a generar obras. Me he intentado adecuar a lo que me ha tocado vivir, lo que me ha llevado a ser un artista multidisciplinar. O multitarea. Que en inglés queda muy bonito: multitask.

-¿Qué le atrapa del arte?

– Lo que se produce entre la obra y el yo, lo inmaterial.

-Sus obras se han visto en algunos de los mejores museos del mundo…

– En el Museo Pushkin de Moscú, en el Bellas Artes o en el Guggenheim de Bilbao, en la Galería Eastman en Bélgica, en el Palacio Real dentro de una exposición Obras contemporáneas de las Colecciones Reales, o en el Reina Sofía, que entre 1992 y 2007 incorporó para su colección seis de mis piezas con cuatro directores distintos. Alguna de ellas no se llegaron a exponer; sí, en cambio, en exposiciones exteriores producidas por el Reina Sofía, como en el Rufino Tamayo de México. Pero a partir de 2007 desaparecí del Reina Sofía. Un museo crea memoria pero también produce olvido, algo que se hace de forma consciente. He expuesto en Nueva York, París, Oslo… Ahora no hago demasiadas exposiciones porque me tengo que buscar un sentido. Quizás algunas de corte más institucional. Digamos que no necesito exponer tanto y sí crear para que algo quede cuando muera. Suelo decirles a mis hijos que me gustaría que perpetuaran el legado de su padre. Habré hecho alrededor de dos mil obras durante toda mi vida. Y aun así sigo pensando que soy un gran desconocido.

DONDE ENCONTRARLE

Darío Urzay participa en redes sociales, principalmente a través de Instagram con el nombre @dariourzay, en cuyo perfil suele colgar obras o el proceso creativo. También dispone de espacio propio en LinkedIn, con el nombre del propio artista. Tiene web en inglés y castellano con la siguiente dirección:

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