Consumir hoy, pensar mañana

Países como Reino Unido o Estados Unidos han sido pioneros en fomentar nuevos comportamientos a la hora de comprar. Se basan en criterios éticos y responsables como la justicia social, el desarrollo sostenible, la trazabilidad, el compromiso con el entorno o el fomento de hábitos nutricionales saludables. Según los expertos, el precio y la calidad siguen siendo prioritarios para elegir un producto u otro pero, en las mismas condiciones, los clientes prefieren que el producto aporte algo más.

Esta tendencia es el resultado de la actitud de los consumidores, que han descubierto que pueden influir en las empresas. “Es el llamado consumer voting, que condiciona el destino de los productos y, por ende, de las empresas”, explica Javier Rovira Ruiz, director de Innovation Strategic Knowledge y profesor de la escuela de negocios ESIC.

Así, la necesaria reputación social y ambiental de las marcas está impulsando negocios y sectores que hasta principios de siglo eran minoritarios. A las tiendas de segunda mano, se han ido sumando los mercados de productos ecológicos, las plataformas de consumo colaborativo o la industria de piezas recuperadas. Este cambio deja muy claro que el consumo masivo y, en muchos casos, devastador, de las últimas décadas tiene los días contados.

Giro local. Para muchos, se trata simplemente de recuperar valores de consumo del pasado y acabar con el denostado sistema de “producir, usar y tirar” que ya está siendo sustituido por el de “reducir, reusar y reciclar”.

Para todos los bolsillos. Durante años, los que no han creído en este fenómeno lo han tachado de no ser apto para todos los bolsillos, de ser un consumo que no tiene en cuenta a todos los perfiles sociales, pero, actualmente, la diversidad de productos y empresas que existen, demuestran que se trata de un error pensar así.

Por Marián Lezaun