AL ENCUENTRO

LA VILA JOIOSA

DESEMBARCO ENTRE COLORES

Textos y fotos: JESÚS ORTÍZ

Casco histórico desde el mar.

Hablamos de La Villa Alegre, si traducimos el topónimo valenciano, que la evolución lingüística ha llevado al Villajoyosa más internacionalmente conocido. Aunque hay quien discrepa sobre el origen del nombre, no suele haber controversia en la gozada que es caminar por las callejas de su casco histórico llenas de vida, nada de zonas mantenidas artificialmente para el turismo, con las bien cuidadas fachadas de sus estrechas casas, que se empeñan en delimitar espacios marcados en granates intensos, índigos, verdes suaves, ocres, malvas… Alegres son también sus fiestas, con el tradicional Desembarco, «guinda» tan divertida como ruidosa al «pastel» de sus Moros y Cristianos.

Quien sienta curiosidad por lo del adjetivo alegre asociado a un pueblo (vila), es posible que se quede con la duda. Como en tantas otras ocasiones, ni los expertos en toponimia están de acuerdo en por qué se ha llegado hasta ahí. Desde un origen fundacional por parte jónicos (Vila Joniosa) o procedentes de Jonia, lo que hoy conocemos como Grecia Asiática (Turquía en su parte continental), hasta que proviene de una especie de acción publicitaria medieval para seducir a los colonos que querían establecerse en la zona, una vez eliminada la alarma de las temibles razias (algo así como «ven aquí con tu familia, que todo es alegría»), la etimología del nombre genera teorías de todo tipo.

Alonis (o Alone) fue un asentamiento íbero de cierta importancia. Su ubicación, muy probablemente, se corresponde con la actual Villajoyosa, donde los recién llegados encontraban buenas razones para quedarse: un promontorio fácilmente defendible junto a uno de los pocos ríos de la zona, el Amadorio, buenos fondeaderos, estupenda playa para trasegar con viajeros y mercancías, abundantes terrenos de cultivo, corona montañosa en el entorno… Un clásico «lo tiene todo». Las primeras referencias escritas de las que se tiene noticia son del siglo I a. de C., pero las necrópolis del Poble Nou y la de les Casetes, en el núcleo urbano vilero, tienen tumbas del siglo VI a. de C. (fueron utilizadas sin interrupción hasta el siglo V d. de C., más de 1.000 años) y en ellas se han encontrado objetos fenicio-púnicos y griegos que dan fe de la procedencia de algunos de los que allí decidieron instalarse por razones comerciales… ¡o porque era un lugar muy alegre (emoticono de guiño)!

 


LO DE «PUEBLO ALEGRE» (‘VILA JOIOSA’) PUEDE PROVENIR DE UNA ESPECIE DE ACCIÓN PUBLICITARIA MEDIEVAL PARA SEDUCIR A LOS COLONOS


 

Tampoco escapó el lugar al interés de los romanos, que hicieron a Allon municipium en tiempos de Vespasiano y que dejaron testimonio de su presencia en infinidad de restos que están dando continuas alegrías a los arqueólogos: termas encontradas en el mismísimo centro urbano, campamento militar del tiempo de las Guerras Sertorianas (83-72 a. de C.) y la fosa que lo rodeaba, villas, mosaicos o monumentos como la torre funeraria de San Josep (s. II d. de C.); enseres y construcciones que han sobrevivido a las numerosas incursiones de los piratas berberiscos, la Guerra de Secesión o a las nefastas actividades de las tropas napoleónicas durante la Guerra de la Independencia, entre otros hechos históricos poco o nada edificantes.

La Vila medieval, su fundación, mejor dicho, hace pensar que tras la ocupación romana no hubo un núcleo godo o islámico de importancia o que hubiese generado interés en alguna de las muchas crónicas de conquista y reconquista conservadas, que citan a muchas poblaciones de los alrededores. Así que, mientras no haya descubrimientos que nos hagan cambiar el relato histórico, cabe pensar que poco o nada había cuando el capitán general de la escuadra aragonesa, Bernat de Sarriá, compró los terrenos a la Orden de Santiago en 1293 y decidió establecer una población cristiana en un territorio rodeado de núcleos urbanos que se habían significado en las revueltas contra el Reino de Valencia en años anteriores.

A partir de ahí, tras la concesión de una carta pobla (privilegio de población) y la llegada de colonos procedentes de Cataluña y Aragón, fue creciendo la «villa alegre» y su hoy multicolor casco histórico que, como cuenta en su crónica el Ayuntamiento vilero, «conserva la planta típica de una ciudad de reconquista, con urbanismo en parrilla, caracterizado por calles largas que descienden hacia el mar en paralelo a las murallas y otras que las cruzan perpendicularmente». Hablando de murallas, las medievales fueron sustituidas por las que mandó levantar Felipe II, parte de las cuales siguen hoy en pie, dado el «trabajo» que dieron en el siglo XVI las incursiones de los piratas berberiscos a los vileros y las guarniciones allí destacadas, con la misión de defender la costa alicantina.

El Vilamuseu, de obligada visita para todo aquel que quiera recorrer y sumergirse en la historia vilera, tiene pequeñas, pero muy interesantes, colecciones y documentales de lo que la arqueología va descubriendo en esas tierras que antes ocuparon íberos, fenicios, cartagineses, romanos y colonos de la corona de Aragón. Y cuando hablamos de inmersión, es casi textual si el viajero tiene la oportunidad de disfrutar la exposición sobre el Bou Ferrer y su carga de lingotes de plomo y ánforas llenas de garum. Hablamos de un mercante hundido en la costa de la romana Allon en el siglo I d.C., que es hoy un pecio de singular importancia a poco menos de un kilómetro de la costa de Villajoyosa.

 


LOS ROMANOS HICIERON A ALLON ‘MUNICIPIUM’ EN TIEMPOS DE VESPASIANO Y DEJARON TESTIMONIO DE SU PRESENCIA EN INFINIDAD DE RESTOS


 

A pesar de algunos expolios, se han logrado localizar tres mil ánforas con unos cuarenta kilos de salsa de pescado cada una y una docena de lingotes de plomo de sesenta y cuatro kilos cada cual, cuyas inscripciones permiten suponer que el cargamento era un encargo de Nerón. La madera del barco, seguramente construido en Nápoles, se mantiene en buenas condiciones y ha permitido conocer algunas técnicas de construcción naval del Imperio Romano. Bou y Ferrer, que han dado nombre al pecio y al barco, son los apellidos de dos buceadores deportivos del Club Náutico vilero que descubrieron los restos del naufragio en 1999.

La Barbera dels Aragonés es otro espacio museístico interesante. Es una casa de campo del siglo XVII que acabó transformándose en un palacete romántico. Ahí se pueden ver muebles y enseres del siglo XIX de diferentes estilos, desde isabelino y alfonsino al art decó, que conforman un viaje al pasado y a las costumbres de una época. Para quien se pregunte el porqué de la torreta, recuerde los ataques berberiscos, también de bandoleros, así que funcionaba como punto de vigilancia. Otro edificio interesante es la actual sede de la Oficina de Turismo vilera, que se encuentra en la céntrica y peatonalizada calle Colón, casi enfrente del Vilamuseu. Lo mandó construir en 1930 el industrial pesquero Vicente Lloret, que de sus viajes solía traer especies vegetales exóticas, como las dos enormes araucarias que hoy jalonan la entrada principal.

 


BERNAT DE SARRIÁ DECIDIÓ ESTABLECER UNA POBLACIÓN CRISTIANA, LA VILA, EN UN TERRITORIO RODEADO DE NÚCLEOS URBANOS ISLÁMICOS


 

Ya que citamos la información turística, algo que llama la atención en La Vila es el esfuerzo porque esta sea lo más inclusiva posible, con la incorporación en los paneles explicativos de los textos en versión «lectura fácil». Es decir: frases cortas de comprensión muy sencilla que resumen lo que los contenidos en español, valenciano, inglés o braille dicen. Algo que, a buen seguro, entusiasmará a los responsables de la Fundación Aequitas del Notariado, comprometidos a promover este tipo de recursos.

Pedruscos y olivos son protagonistas de relatos, pasando del capítulo de la historia al de la leyenda, que permitirán al visitante ver las cosas con distintos ojos. Por ejemplo, la Olivera Grossa. Es un olivo milenario, al que calculan unos 1500 años de antigüedad, que está en la pedanía de Ermita de San Antonio. Tiene la consideración de Bien de Relevancia Local, pero el sambenito de que sus astillas dan suerte. Además, los viejos cuentos le tienen por caja fuerte de amores imposibles. Los inicios, como casi siempre en estos relatos: chica de familia cristiana y chico de familia árabe que se enamoran perdidamente y se dan cita cada noche bajo las ramas del olivo; familias que se oponen a su unión y último encuentro de los enamorados, dejando sus respectivos anillos, símbolo de su compromiso en secreto, entre los nudos del árbol, que desde entonces los custodia en su interior. En fin: al menos, la cosa no acaba en tragedia.

Un poco más terrorífica es una de las versiones de lo que pasa con la Roca Encantá, que también es Bien de Relevancia Local. Está en el camino que va al puente del salto d’en Gil, sobre el río Amadoiro, que forma parte además de la ruta de senderismo de la vuelta al Cantal. De sus grietas sale una bruja que se lleva a los niños que no se portan bien o que desoyen las instrucciones paternas de llegar a casa a una hora prudente. Algo así como el «hombre del saco», vaya. Pero también está el cuento amable, según el cual, quien sale de las grietas de la piedra, en noches de luna llena, es una dama que allí esperó al amor de su vida y que ahora aparece con cintas de colores prendidas en su sombrero. Quien logre mantener sujeta una de las cintas cuando la dama regrese a la roca, encontrará el amor verdadero. Y es que no hay una buena leyenda sin amores imposibles o «garantizados». Tampoco hay una buena historia de amor, hoy por hoy, en la que no medie el chocolate. Y de este dulce producto saben mucho en Villajoyosa desde el siglo XVIII. ¿Tienen el «valor» de descubrir por qué?

Playa central.
Casco histórico y puerto pesquero. El multicolor casco histórico «conserva la planta típica de una ciudad de reconquista, con urbanismo en parrilla».
Olivera grossa. Se le calculan unos 1.500 años de edad.
Muralla y torre de la iglesia fortaleza de La Asunción (ambas s. XVI).
Casa Museo La Barbera dels Aragonés (s. XVIII). FOTO: VILAMUSEU, CC BY-SA 4.0, VÍA WIKIMEDIA COMMONS
Ayuntamiento.
Casas colgadas sobre restos de la muralla (s. XVI).
Collar fenicio (s. VI o V a. de C.)
Murallas (s. XVI).
Maqueta del Bou Ferrer (Vilamuseu).

PARA NO PERDERSE

Sobre el nombre de la ciudad ibérica y romana de Villajoyosa y la ubicación del topónimo Alonís/Alonai/Allon.
Antonio Espinosa Ruiz.


 

La Vila Joiosa Colors.
Patronato provincial de Turismo de la Costa Blanca. Turismo de Villajoyosa.


 

Fiestas de Moros y Cristianos en honor a Santa Marta.
Agencia valenciana de Turismo. Patronato provincial de Turismo de la Costa Blanca. Turismo de Villajoyosa.

INFORMACIÓN

Oficina de Turismo
Colón, 40
Tel.: 966 851 371
Whatsapp: 609 773 978
[email protected]
https://turismovillajoyosa.com/

Vilamuseu
Colón, 57
Tel.: 966 508 355
Visitas guiadas: 609 771 110
[email protected]
https://vilamuseu.es/

 


 

ALOJAMIENTO
Hotel Allon Mediterrania ****
Avenida del Puerto, 4
Tel.: 965 890 209
https://www.hotelallon.com/

 


 

RESTAURANTES Y TAPEO
Som de mar
Arsenal, 38
Tel.: 606 994 323

Zercafood
Colón, 21
Tel.: 691 605 129

La Placeta
Plaza Castelar, 4
Tel.: 620 040 492

El Posit
Avda. Puerto, 23
Tel.: 966 851 519

MOROS Y CRISTIANOS:

EL DESEMBARCO

Villajoyosa, del 24 al 31 de julio de 2024

Las fiestas de Moros y Cristianos de Villajoyosa tienen cerca de tres siglos de antigüedad y son de Interés Turístico Internacional desde 2003. Sobre todo, tienen la peculiaridad del Desembarco, que las hace diferentes a otras celebraciones de este tipo. La exposición sobre las fiestas y el Desembarco del Vilamuseu es una narración más que interesante.

La referencia histórica del ingente y divertido espectáculo de las naves moras llegando a la playa y las tropas cristianas intentando rechazarlas, a cañonazos, arcabuzazos y abundancia de pirotecnia por ambas partes, es uno de tantos asaltos berberiscos a las costas levantinas. En este caso, el 29 de julio de 1538, los vileros vieron acercarse unas cuarenta galeras con malas intenciones. La historia dice que fue definitiva la participación de los lugareños, en ayuda de algunos soldados, para salvar la situación. Y con participación destacada de las mujeres: «Las mujeres, según son de suyo belicosas, discurrían por la muralla sin temor, proveyendo de armas y municiones a sus maridos, y el rato que holgaban arrojaban sobre los turcos un granizo de piedras con que los derribaban aturdidos» (Gaspar Escolano, 1610). La tradición cuenta, además, que intercedió Santa Marta, razón por la que hoy es patrona de La Vila Joiosa, que promovió un vendaval para alejar las naves atacantes de la costa.

Imposible resumir el espectáculo del Desembarc mejor que la web de turismo local: «Del 27 al 28 de Julio, La Vila Joiosa vive su noche mágica. Parece una noche más de fiesta, la música suena en los cuarteles, pero a las 3 de la madrugada comienza el ritual. Las tropas moras van al puerto para embarcar en 35 galeras, en las que ondea la media luna […]. A las 4:30, en la Costera la Mar, a los pies de las murallas de la ciudad, tiene lugar “la Baixada dels Cristians” a la playa […]. La pólvora se convierte en protagonista y la tranquilidad de una noche de verano en la costa vilera se rompe con los arcabuces, cañones, pirotecnia…». Sí: han leído bien: de madrugada… Que La Vila no les invita para esta ocasión a dormir, precisamente.

Atacantes.
Defensores.
Fútbol femenino.