AL ENCUENTRO

La reproducción de la Pinta, visitable, es como un pequeño museo que muestra personajes y enseres de finales del siglo XV.

BAIONA

Punto de reencuentro

JESÚS ORTÍZ

Fotos: Jorge Alonso @Cocodrilodos

Los lugares en los que cualquier ser humano siente, cuando en ellos recala, que lo que le rodea es amigable, reconocible, que le brinda protección, son los que ponen en su boca el indefectible «¡estamos en casa!». Imagínese ahora el lector varios meses de navegación a vela, un viaje a lo desconocido, un final de etapa de lo más complicado y, por fin, el calor de un puerto y sus gentes. Martín Alonso Pinzón y la tripulación de la Pinta, en marzo de 1493, llegaron a Baiona con todo ese bagaje de sensaciones: los primeros testigos del encuentro de Europa con América habían llegado a casa.
Caballos salvajes en la Serra da Groba.

La primera impresión que el viajero puede tener de Baiona es que se trata de un bastión defensivo, de la típica villa marinera gallega o de ambas cosas a la vez. Y tendrá razón sea cual sea la respuesta elegida. Lo que quizás no imagine, salvo que su punto de encuentro con la localidad bayonesa sea Baíña, en la Serra da Groba, es que también puede definirse como tierra de caballos. Y así, casi sin despeinarnos, entre este párrafo y la entradilla, ya le hemos dado cuatro buenas razones para visitar este discreto extremo sur de las Rías Baixas: primer párrafo de la pieza informativa que dio cuenta al mundo de la existencia de América, lugar con encanto de tradiciones pesqueras, posición óptima para proteger la zona de incursiones piratas y naturaleza salvaje en la que campan a sus anchas los equinos, como hace unos cuatro milenios, que sepamos.

El Outeiro dos Lameiros, en la citada Baíña, nos permite comenzar a ver Baiona en un orden cronológico. Ahí, entre la treintena de rocas que exhiben sus petroglifos esquemáticos o simbólicos, una losa casi vertical muestra más de setenta figuras de caballos, que es como una foto prehistórica de lo que los ojos del viajero del siglo XXI pueden ver en la naturaleza circundante; porque los caballos, en efecto, corretean o pastan libres en las proximidades y por donde quiera que se mire como hace, al menos, cuatro mil años. Hay dos grabados de esta losa que llaman la atención de los estudiosos: una única figura humana sobre uno de los caballos y una imagen más grande ovalada –esa a la que el gracejo popular ha denominado «el rodaballo»–. Descartado que esta última sea prueba de una visita extraterrestre (procede aquí un emoticono con gesto bulón), cabe suponer que lo que probablemente quisieron representar los autores es un corro o cercado en el que se agrupa ocasionalmente a los caballos, como los que se utilizan en la actualidad cuando tiene lugar la tradición de la rapa das bestas en varias localidades gallegas. El jinete, según esta interpretación, sería el que conducía a la manada hacia el corro y muestra que ya se había domesticado al caballo durante la Edad de Bronce en tierras gallegas.

 


UNA LOSA CASI VERTICAL EN EL OUTEIRO DOS LAMEIROS MUESTRA MÁS DE SETENTA FIGURAS DE CABALLOS, UNA DE ELLAS CON UN JINETE


 

Se puede disfrutar en estos parajes de una estupenda y sencilla ruta senderista, que sube suavemente hasta unos trescientos metros de altura, donde los panoramas sobre el mar, la villa y las islas Cíes y Estelas son auténticos espectáculos. A medio camino entre la playa de Santa Marta, que es de donde parte la senda, y el alto, está la estación arqueológica de Outeiro dos Lameiros y la losa descrita, bien señalizadas y accesibles ambas. Los tres kilómetros recorridos hasta ese punto, siguiendo el camino fluvial del Río Baíña, ya merecen la pena. Otros tres más, pasando por escaparates de la naturaleza como el Encoro (embalse) de Baíña, y el paisaje regala todo tipo de estímulos multisensoriales. Hablamos de unos 12 kilómetros en total en una ruta circular.

El Monte Boi, o Monterreal, es como una pequeña península que se abre paso entre playas, las de la Ribeira y la Cuncheira, en la que la misión defensiva se convirtió en santo y seña de su identidad y dio razón de ser a Baiona o Erizana, como era conocida la localidad en tiempos de la ocupación romana. Aunque es complicado saber con cierta precisión cuándo se construyeron las primeras fortificaciones, porque los distintos pobladores destruían primero las defensas existentes y utilizaban luego los materiales para levantar una nueva muralla (lo de siempre, vaya), sí hay muestras de que antes de nuestra Era ya estaban presentes los primeros muros defensivos.

Fue a partir de una Carta Puebla de Alfonso IX de León, fechada en 1201, cuando el fortín empezó a cobrar mayor trascendencia, al ser considerada Baiona un puerto real y tener creciente importancia su desarrollo pesquero y comercial, lo que incentivó los intentos de rapiña. Desde mediados del siglo XX, en que el Estado español adquirió el hoy denominado Parador Conde de Gondomar, el recinto amurallado y el antiguo castillo se mantienen en buen estado de conservación y conviven con las reformas para uso hotelero. De las tres torres que dan fe de su historia, la más antigua de la que existen noticias, desde mediados del siglo X, es la del Príncipe, aunque fue reconstruida total o parcialmente por orden de Felipe II (s. XVI).

Baiona, en fin, ha vivido su Edad Media con numerosos sobresaltos (asaltos de portugueses e ingleses) y se vio en medio de alguna disputa, como la de Isabel de Castilla con Juana «la Beltraneja», al hacerse fuerte en el Monte Boi Pedro Madruga, partidario de Juana, pasando a cuchillo a los seguidores de Isabel. Desaparecido Madruga e inclinada la contienda a favor de Isabel, los Reyes Católicos viajan a Baiona, renombran la pequeña península como Monte Real y, lo que es importante, «sugieren» a los bayoneses que se trasladen al interior de la fortaleza, porque la villa «está poblada en lugar donde en los tiempos pasados que ovo guerras con gentes extranjeras recibieron mucho daño, é que agora e de aquí adelante cuando las semejantes guerras acaescieran la dicha Villa está en semejante peligro de aventura é porque para el remedio dello sería bien que la población de la dicha Villa se pasase é mudase a Monte de Buey que es junto con la dicha villa que agora Nos mandamos llamar Monte Real».

 


LOS REYES CATÓLICOS VIAJAN A BAIONA, RENOMBRAN LA PEQUEÑA PENÍNSULA COMO MONTE REAL Y «SUGIEREN» A LOS BAYONESES QUE SE TRASLADEN AL INTERIOR DE LA FORTALEZA


 

De nuevo, por tanto (ya había sucedido con anterioridad), queda Baiona pueblo como modesta y vulnerable ubicación de pescadores y marineros, contribuyendo a configurar el casco histórico que hoy conocemos. No se lo pierdan, tanto por su encanto de calles empedradas y soportales, donde a cada paso surge algún edificio laico o religioso digno de contemplar con calma, como por el ambiente de bares y restaurantes, lugares de vinos y tapeo que hacen del recorrido diurno una diversión y del nocturno todo un rito. Para que conste, este espacio urbano es Conjunto de Interés Histórico-Artístico desde 1993.

El Museo Casa De La Navegación es uno de esos sitios que sale poco en las guías a uso, pero que puede dar al visitante una idea básica de lo que es la historia de Baiona y su relación con la navegación atlántica. Ahí podemos saber, por ejemplo, alguna cosa más del marinero Diego Carmona y del grumete Vasco Gómez: los dos tripulantes bayoneses que consiguieron volver a España en la nao Victoria, formando parte de la primera expedición que dio la vuelta al mundo; o de Cristóbal García Sarmiento, piloto de la Pinta cuando la nave entró en el puerto que le había visto nacer. El museo está en el casco histórico, no es muy grande y se ve con comodidad. Conviene empezar por la planta baja, que está, como dice su folleto explicativo, «dedicada a la contextualización geográfica y al origen y evolución de la villa».

Impregnados de historia, y puesto que en Baiona se come muy bien (¡ay, ese arroz con bogavante…!), procede pasear lo más posible. Por el monte, como la ruta que indicamos para ir a la zona de los petroglifos, o por lugares más poblados. Ahí está el Paseo Marítimo, desde el que no se puede dejar de ver la reproducción de la Pinta, que permanece a resguardo desde 1993. La nave, visitable, es como un pequeño museo que muestra personajes y enseres. O la visita a la Virxe da Roca, obra del arquitecto Palacios: una escultura de 15 metros pensada inicialmente para ser faro; en la mano de la imagen hay una carabela que es un curioso mirador sobre el Atlántico (se puede subir por el interior de la estatua). El Monte Boi aporta, también, un par de paseos: el interior, que permite un recorrido por la edificación histórica (requiere ser cliente del parador o, al menos, ir a tomar algo al bar o al restaurante), y el exterior, que rodea la muralla con el mar siempre pegado al caminante.

Y, hablando de mar, ¿qué tal si hacemos un viaje a febrero-marzo de 1493?

POR SI LAS DUDAS

Monterreal de Baiona. Transformaciones de un monumento.
Beatriz López Otero. Coord. José Ramón Soraluce. Universidade da Coruña (2013).

Martín Alonso Pinzón dio la primera noticia del Descubrimiento.
M.ª Montserrat León Guerrero. Universidad de Valladolid (2014).

Petroglifos de Outeiro dos Lameiros.
Francisco Javier Torres Goberna. Blog personal (2012).

Castillo de Monterreal (s. XII a XVI). Hoy, parador Conde de Gondomar.
Calle del casco histórico bayonés.
Panorámica desde la Serra da Groba, con Baiona a sus pies. En escena, Monteferro (Nigrán) y las islas Estelas y Cíes.
Senda del río Baíña.
Ambiente en el casco histórico de Baiona.
Antigua Colegiata de Santa María (s. XIII).
Capilla de Santa LIberata (s. XVIII).

INFORMACIÓN

Turismo de Baiona
Lorenzo de la Carrera, s/n
Tel.: 986 385 050

ALOJAMIENTO

Parador de Baiona ****
Avda. Arquitecto Jesús Valverde, 3
Tel.: 986 355 000
[email protected]

RESTAURANTES Y TAPEO

Rocamar
Lugar Baredo, s/n
Tel.: 986 355 204
[email protected]

O Mosquito
Rua Elduayen, 3
Tel.: 986 355 036

La Boquería
Ventura Misa, 64
Tel.: 986 355 182

EXPERIENCIAS

Para «arribar» a Baiona en barco
NABIA NAVIERA
Ida y vuelta desde Vigo, Cangas y Moaña
Tel.: 986 320 048
[email protected]

XXVIII FESTA DA ARRIBADA

1 al 3 de marzo de 2024

Escena de La Arribada (foto cedida por el ayuntamiento de Baiona).

Hace 530 años, entre el 18 de febrero y el 1 de marzo, según la crónica o la investigación que el lector repase, Martín Alonso Pinzón consiguió llegar a duras penas al puerto de Baiona. Su nave, la Pinta, desarbolada y con vías de agua, logró alcanzar un puerto español días antes de que Colón llegase con la Niña a Lisboa. No hay dudas, sin embargo, de que Isabel de Castilla y Fernando de Aragón, esos días en Barcelona, tuvieron la primera noticia del encuentro de la expedición española con el Nuevo Mundo merced a un correo enviado por Pinzón desde tierras gallegas.

Esto no es quitarle mérito a Don Cristóbal, como mantienen los amantes y defensores de A Festa da Arribada, que se viene celebrando desde 1996 para conmemorar esas fechas de 1493, sino dar la justa importancia al hecho de que la localidad pontevedresa y el marino protagonista de la buena nueva pusieron la letra capitular en el primer párrafo de los libros de Historia universal.

Los días de La Arribada, la Baiona del siglo XXI se transforma en algo muy parecido a lo que fue la Baiona de finales del siglo XV. El ambiente medieval impregna todo el casco histórico como en una explosión de alegría y celebración por haber conocido el descubrimiento de América: no solo actores y artesanos, sino también muchos bayoneses y visitantes salen a la calle con atuendo de la época, se imbuyen de la escenificación del relato que Martín Alonso Pinzón y los tripulantes de la Pinta hicieron de su descubrimiento y participan de la fiesta con espíritu creativo.

Para conocer el programa de actividades y espectáculos, conviene estar atento a la web del ayuntamiento de Baiona, donde también le dirán dónde se puede aparcar, cosa difícil si es que no ha llegado a puerto en carabela.

Monumento dedicado a Martín Alonso Pinzón (paseo marítimo, al pie de las murallas).