Comida que se va a la basura

Compramos más alimentos de los que podemos consumir, acumulamos comida sin control y no calculamos las cantidades de productos frescos que vamos a utilizar cada semana. Como consecuencia tiramos a la basura montones de comida sin apenas utilizar con el impacto social, económico y medioambiental que eso supone. Las pérdidas provocadas por el desperdicio de comida en todo el mundo superan cada año el billón de dólares. Con pequeños gestos, los consumidores podemos reducir ese impacto de manera significativa.

Pero, ¿cómo hemos llegado a esta situación? El exceso de producción unido al consumismo alimentario y al cambio de hábitos de los consumidores son algunas de las causas. Porque no solo compramos de más, sino que nos basamos en criterios estéticos a la hora de elegir los alimentos y no sabemos conservarlos. De hecho, un tercio de lo que se produce se pierde o desperdicia, según la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación). Así, el desperdicio de alimentos se ha convertido en una gran preocupación para gobiernos, productores, distribuidores, entidades sociales y consumidores que buscan soluciones para evitar que cada año, solo en España, tiremos más de 7,7 millones de toneladas de alimentos a la basura. La cifra supera los 50 millones de toneladas en todo el mundo.

Consejos para reducir el problema. Planificar la compra y ordenar bien la nevera son algunas de las cosas que los consumidores no hacemos de manera correcta, según las organizaciones que promueven la lucha contra el desperdicio. Para evitar que los alimentos terminen en la basura debemos también ordenarlos por su fecha de caducidad, comprar las cantidades que realmente necesitamos en lugar de dejarnos seducir por las ofertas y, sobre todo, calcular qué es lo que realmente vamos a comer, cuándo y qué podemos hacer en el caso de que sobre algo. Los expertos aconsejan también comprar frutas y verduras de temporada, alimentos a granel y, sobre todo, no acudir al supermercado con hambre. “Son consejos que todos podemos poner en práctica, aunque luego están las prioridades y el tiempo del que dispone cada uno”, puntualiza David Esteller, responsable de la campaña Desperdicio Cero de Aecoc. “Está muy bien la cocina de aprovechamiento, pero no todo el mundo tiene luego el tiempo suficiente para hacer croquetas o canelones”. Para él, lo más interesante es que tomemos conciencia del problema y seamos capaces de planificar esas compras, adaptándolas a las dimensiones de nuestros hogares y de sus necesidades alimentarias.

Por Marián Lezaún