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ESFERA CULTURAL

La Biblioteca Nacional de España debe la amplitud de su fondo a las herencias y donaciones que recibió desde el principio de su centenaria historia.

En busca de nuevo hogar para las bibliotecas particulares

Julián Díez

Las donaciones de obras de arte al Patrimonio Nacional suelen conseguir una notable cobertura mediática, por su impacto económico e inmediata visibilidad para el público. Sin embargo, España adquiere otras riquezas culturales privadas para convertirlas en comunes en otros campos. Las cesiones de libros también están recogidas en la legislación como potencialmente beneficiosas para los bibliófilos o para sus familiares tras su fallecimiento, pero todavía resultan más complicadas de cerrar, debido a la falta de preparación de parte de las grandes bibliotecas españolas.

La Biblioteca Nacional de España (BNE) debe la amplitud de su fondo a las herencias y donaciones que recibió desde el principio de su centenaria historia. Hoy no es un proceso tan sencillo. Incluso desde antes del decreto al respecto de diciembre de 1957, todas las obras publicadas en España deben hacer un depósito legal. Por ello se restringe el número de volúmenes y materiales en general que aceptan hoy: en la práctica sólo interesan ejemplares más que centenarios o manuscritos, ya que la BNE tiene ya copias de la inmensa mayoría de los libros que pueblan las bibliotecas privadas convencionales.

Evitar duplicidades

La BNE cuenta además con un procedimiento reglado que sería deseable que se reprodujera en otros centros. El donante informa con detalle del material del que dispone, y esos datos o incluso materiales son revisados por el Servicio de Donativo y Canje, dependiente del de Valoración e Incremento del Patrimonio, para verificar que las donaciones no duplican fondos ya existentes, y tasar su valor con fines fiscales. 

El número de donaciones aceptado por la BNE el pasado año, según sus propias estadísticas oficiales, es aun así significativo: un total de 383 donaciones de 402 donantes, que supusieron el ingreso de casi 66.000 ejemplares y se valoraron en total por una cifra cercana a los 300.000 euros. Aunque hay que mencionar que apenas 1.897 de lo aceptado eran libros publicados en el último siglo.

 


MARCELINO MENÉNDEZ PELAYO DEJÓ SU INCOMPARABLE BIBLIOTECA Y EL EDIFICIO EN QUE LA GUARDABA A SU CIUDAD NATAL: SANTANDER


 

Un repaso a las donaciones más recientes aceptadas por la BNE da pistas de cuáles son los materiales que acepta: el discurso manuscrito de ingreso de Miguel Delibes en la RAE, documentación del novelista José Luis Sampedro o el dibujante Peridis, cartas del poeta Jorge Guillén, partituras de Waldo de los Ríos…

Un caso más curioso y significativo es el de la donación en vida del catedrático de la Complutense Emilio Lamo de Espinosa. Éste entregó a la BNE una colección de un tipo de material que almacenaba raramente hasta ahora: más de 9.500 tarjetas de Navidad, 250 folletos y catálogos comerciales, 1.600 tarjetas de visita e incontables calendarios, invitaciones… Cierto es que este archivo personal estaba especialmente bien catalogado y conservado, fruto de los intereses de Lamo de Espinosa, que ha dedicado su labor académica a la sociología.

 


LA BNE TIENE COPIAS DE LA INMENSA MAYORÍA DE LOS LIBROS QUE PUEBLAN LAS BIBLIOTECAS PRIVADAS CONVENCIONALES


 

Un proceso difícil

Las alternativas en caso de no pasar ese filtro pueden ser las donaciones a otras bibliotecas, pero ahí surgen otro tipo de problemas. Las bibliotecas públicas no aceptan libros antiguos, puesto que no son susceptibles de préstamo y suponen un gasto adicional en términos de conservación, catalogación, etc. Una opción más viable es la de las bibliotecas centrales de las comunidades autónomas, las de fundaciones y otros organismos privados, o las bibliotecas universitarias.

Por desgracia, la mayor parte no tiene creados procedimientos para valorar y certificar las donaciones equivalentes a esa tasación de la BNE. En este sentido, más que en la legislación, es donde el bibliófilo español y sus herederos se encuentran con dificultades respecto a la tradición anglosajona, donde estos procedimientos están mucho más estandarizados.

 


UNA OPCIÓN VIABLE ES DONAR A LAS BIBLIOTECAS CENTRALES DE LAS COMUNIDADES AUTÓNOMAS, LAS DE FUNDACIONES Y OTROS ORGANISMOS PRIVADOS, O A LAS BIBLIOTECAS UNIVERSITARIAS


 

La práctica totalidad de las universidades estadounidenses, por ejemplo, incentivan la recepción de este tipo de legados al gestionar los posibles beneficios fiscales para los donantes. En España, la Universidad Autónoma de Madrid indica que más de un tercio de los documentos que incorpora cada año procede de donativos, y mantiene fondos personales de juristas y científicos destacados, pero es un caso menos generalizado de lo que cabría desear.

El origen de la BNE está fuertemente ligado a las bibliotecas privadas. Originalmente, de carácter expropiatorio, ya que el núcleo sobre el que se construyó se compuso inicialmente de volúmenes confiscados a nobles y religiosos partidarios del Archiduque Carlos en la Guerra de Sucesión Española, caso en particular de los 6.630 volúmenes incautados en 1710 al arzobispo de Valencia, Antonio Folch de Cardona.

 


EL CATEDRÁTICO EMILIO OROZCO, GRAN ESPECIALISTA EN EL SIGLO DE ORO, DEJÓ SU FORMIDABLE COLECCIÓN A LA UNIVERSIDAD DE GRANADA


 

La historia de la BNE en los siglos posteriores está sobre todo repleta de compras importantes. Quizá la más cuantiosa fue la de los más de 30.000 volúmenes adquiridos en 1884 tras la muerte de Mariano Téllez-Girón, duque de Osuna. Otros casos destacables son los de las bibliotecas de Juan Nicolás Böhl de Faber en 1849 (padre de la novelista Cecilia, que alcanzó la gloria con el seudónimo de Fernán Caballero), del escritor Serafín Estébanez Calderón en 1867 (más de 8.000 volúmenes), o del orientalista Pascual de Gayangos en 1900 (22.000 impresos).

También puede mencionarse para España el caso de colecciones de especial relevancia que han encontrado destinos diferentes. Es el caso del legado del catedrático de la Universidad de Granada Emilio Orozco, gran especialista en el Siglo de Oro, que dejó especificado en su testamento que su formidable colección iría a su universidad. O del mayor legado quizá de la historia de España, el de Marcelino Menéndez Pelayo. Pese a haber sido director de la BNE, dejó su incomparable biblioteca y el edificio en que la guardaba a su ciudad natal, Santander, donde permanece accesible desde 1923.

Casos célebres internacionales

La donación de bibliotecas es una costumbre internacional con numerosos ejemplos relevantes. La Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos, una de las más importantes del mundo, tiene por ejemplo su origen en la del redactor de la Declaración de Independencia estadounidense, Thomas Jefferson, adquirida en 1815. También es el caso de la más importante biblioteca universitaria británica, la Bodleian de Oxford, que arranca del legado de Thomas Bodley en el siglo XVII. La impresionante Ciudad de los Libros y la Imagen mexicana, fundada la pasada década, integra las bibliotecas de distintos intelectuales del país, con especial mención para los 70.000 volúmenes de la colección del crítico y editor José Luis Martínez. Recientemente, el estado italiano acordó con los herederos de Umberto Eco adquirir 1.200 libros que se destinaron a la Biblioteca Nazionale Braidense de Milán. El resto de la colección del célebre pensador y novelista estará disponible durante un siglo en la Universidad de Bolonia, donde se conservará organizada como la tenía dispuesta su célebre dueño.

Las bibliotecas públicas no aceptan libros antiguos, puesto que no son susceptibles de préstamo y suponen un gasto adicional en términos de conservación, catalogación…

Guía práctica para donar una biblioteca

Quien hereda o desea donar una colección tiene más margen del que suele creer, pero conviene ordenar los pasos. Primero, un inventario detallado y una valoración de un librero anticuario profesional —o de la propia BNE, en su caso— son la base de todo lo demás y de cualquier ventaja fiscal: en muchas ocasiones el proceso puede detenerse aquí al descubrir que las expectativas son desmedidas por desconocimiento o por confundir el valor sentimental con el artístico. Después hay que elegir destino según el fondo: la Biblioteca Nacional para ejemplares centenarios o manuscritos, y las bibliotecas autonómicas o universitarias para el resto, siempre confirmando antes que la institución acepta y sabe certificar la donación. En cuanto a la parte económica, hay dos vías. La donación acogida a la Ley de Mecenazgo permite deducir el 80% de los primeros 250 euros y el 40% del resto. Y en el caso de las herencias existe la dación en pago, que permite saldar el Impuesto de Sucesiones —o el IRPF— entregando los propios libros en lugar de dinero, con la ganancia patrimonial resultante exenta de tributación (art. 73 de la Ley del Patrimonio Histórico). Este caso es complicado por la necesidad de que la colección haya sido declarada Bien de Interés Cultural o incluida en el Inventario General, reconocimientos oficiales que hay que solicitar. Un último consejo, como subrayó Emilio Lamo de Espinosa al entregar su colección: conviene preparar el traspaso en vida, con la colección ordenada y catalogada, para ahorrar disgustos a los herederos y multiplicar su valor para la institución que la reciba.

Más de un tercio de los documentos que incorpora cada año la Universidad Autónoma de Madrid procede de donativos. Mantiene fondos de juristas y científicos destacados .

Un legado a disfrutar en Alicante

Un ejemplo de afortunada conversión de una biblioteca privada en patrimonio público lo acoge la delegación de Alicante del Ilustre Colegio Notarial de Valencia. La Biblioteca de los Libros Felices fue inaugurada en mayo de 2018, gracias a la aportación del catedrático de Derecho Internacional Privado Manuel Desantes Real. Cedió una colección que incluye más de 5.000 libros impresos entre 1481 y 1900, dieciséis de ellos incunables, alrededor de un centenar postincunables, y ejemplares muy especiales de títulos como la Enciclopedia de Diderot, el directorio de la inquisición de 1585 o la primera edición castellana de El origen de las especies de Darwin. Además, la biblioteca es reconocida como una de las principales fuentes de inspiración de la cultura alicantina y genera prácticamente a diario actividades como conciertos, coloquios, conferencias y debates. Cada año recibe a 2.000 visitantes con una media de estancia de dos horas, entre los que se cuentan centenares de escolares y universitarios.

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