Los bulos de la inmigración

La población española sigue creciendo gracias a la llegada de extranjeros, que representan el 10% de los habitantes de nuestro país. Lo mismo ocurre en la mayoría de los países desarrollados. Su presencia es fundamental para el crecimiento económico y demográfico, pero las redes sociales están llenas de noticias falsas que alimentan los prejuicios contra inmigrantes y refugiados.

Según una investigación de Twitter, las noticias falsas viajan por internet un 70% más rápido que las verdaderas. Su difusión hace que la opinión pública adquiera una serie de ideas preconcebidas que es complicado desmontar. Una de las creencias más generalizadas entre los habitantes de los países receptores es que en su país hay demasiados inmigrantes.

En este sentido, de acuerdo con la encuesta realizada por Ipsos MORI “Las percepciones no son realidad: cosas en las que el mundo se equivoca”, los españoles pensamos que tenemos un 24% de inmigrantes, pero las cifras aseguran que estos representan entre un 10% y un 11,6% de la población total. También es frecuente oír que los inmigrantes reciben más ayudas públicas que los españoles, aunque la nacionalidad no determina el acceso a las ayudas sociales sino las circunstancias individuales.

Teniendo esto en cuenta y con el fin de acabar con las noticias falsas que intentan fomentar actitudes de rechazo hacia estos colectivos, la colaboración entre los medios de comunicación, las Administraciones y la sociedad civil se antoja imprescindible para luchar contra el discurso intolerante. Existen recomendaciones realizadas por diversos proyectos, tales como Maldita Inmigración u Observatorio Proxi, que se dedican a atajar esta problemática en España. Entre dichas recomendaciones destacan, por ejemplo, que los medios de comunicación deberían repensar los sistemas de moderación y seguir las recomendaciones de los colegios de periodistas; a las Administraciones se le insta a impulsar investigaciones rigurosas sobre el impacto de las estrategias para reducir los prejuicios, y a la sociedad civil llevar el discurso tolerante a los espacios donde se encuentra el odio.

Por Elvira Arroyo