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Nº 158
Marzo - abril 2026
Este no es cualquier despacho. Es un lugar en el que se trabaja por la conservación de las artes escénicas"
Juan Antonio Llorente
Reconocida ex aequo en el Festival de Gijón de 1992 como mejor actriz en Dime una mentira junto a su hermana Iciar, la madrileña Marina Bollaín es desde 2023 directora del Centro de Documentación de las Artes Escénicas y la Música (CDAEM), dependiente de la Dirección General de Artes Escénicas y Música del Ministerio de Cultura. En 2002 materializó en Berlín su proyecto fin de carrera con una aplaudida producción de La verbena de la Paloma que, con Miguel Roa en el foso, se pudo ver en España. Una prueba de amor a la Zarzuela, a la que ahora regresa, para responsabilizarse en el templo madrileño del género de la recuperación de Jugar con fuego, título apenas conocido de Francisco Asenjo Barbieri, que estará en cartel desde finales de marzo hasta mediados de abril.
-Directora de escena, dramaturga, intérprete… Después de una carrera de salto en salto, ¿cómo lleva lo del despacho?
– Lo llevo muy bien. Me ha parecido una evolución conocer el mundo de las artes escénicas y la música desde otro lado. Me está interesando mucho, pensando en el prejuicio que parece existir en el mundo de los artistas de “esto es administración y esto producción”. Yo, que siempre he organizado mis producciones con mucho interés –“esto va para esto, esto para esto”-, también lo tenía, porque me parecía poco artístico. Pero a estas alturas de mi vida soy consciente de que este no es cualquier despacho. Es un lugar en el que se trabaja por la conservación de las artes escénicas y la música. Un trabajo que tiene partes más o menos…
“ALLÍ DONDE ME ENCUENTRE, ESTOY A TOPE. ES EL ÚNICO MODO DE DISFRUTAR LO QUE HACES Y DE QUE TENGA SENTIDO IR A TRABAJAR CADA DÍA”
-¿Burocráticas?
– Burocráticas, sí. Pero sirve a un fin como la documentación, que es fundamental, aunque muchos artistas no sean aún del todo conscientes de su importancia.
-Sintetiza su actividad pasada como un puzle vital. ¿Se reconoce en él?
– Claro que me reconozco. Nunca he planificado lo que venía después. Cuando llegó este ofrecimiento, esta posibilidad, me pareció sorprendente. Pero si miro hacia atrás, veo que en efecto es un puzle que se va formando y que el paso por todo ese mundo artístico y académico se decanta en este trabajo.
-¿Echa en falta alguna pieza?
– El puzle todavía está por hacer. Supongo que en el lecho de muerte miraré hacia atrás y podré contestar a esto. Hoy por hoy no echo en falta ninguna. En la vida pienso que somos siempre los mismos, hagamos lo que hagamos. Allí donde me encuentre, estoy a tope, tanto si se trata de la Administración como haciendo un montaje o implicándome en la educación. Es el único modo de disfrutar lo que haces y de que tenga sentido ir a trabajar cada día.
“HE SIDO MUY ECLÉCTICA INTENTANDO CONTAR COSAS. LO IMPORTANTE ES CREER QUE TIENES ALGO INTERESANTE QUE DECIR”
– Plantar un árbol, tener un hijo y escribir un libro. ¿Lo ha escrito ya?
– Si contamos como trabajos dramatúrgicos las adaptaciones, considero que he hecho un trabajo literario. Y he tenido hijas maravillosas… Pero no me he propuesto objetivos ni hacia adelante ni hacia atrás. Lo importante es fijarse en que lo que haces tenga sentido para ti. Cuando deje de tenerlo, intenta irte a otro lado, donde lo tenga. Pero en mi vida he tocado muchos “palos”: teatro hablado, una adaptación para la escena de La regenta, traduciendo del alemán el Bastian y Bastiana de Mozart, La ópera de tres peniques de Kurt Weill, un montón de infantiles, girando diez años por todas partes. He sido muy ecléctica intentando contar cosas. Lo importante es creer que tienes algo interesante que decir.
-En 1992, en el Festival de Cine de Gijón, recibió un premio ex aequo como actriz con su hermana gemela Icíar. ¿El cine no le ha tentado más?
– El cine es maravilloso. Igual que la música, me vino dado, y me gustó muchísimo. Decían que era una actriz natural. Como mi hermana, porque ninguna de las dos habíamos estudiado arte dramático. Pero en el 92 terminé Filología Alemana, que simultaneaba con canto, y lo que me apetecía era salir de España. Me monté un Erasmus cuando no existía. Me fui a Alemania por un año, y me quedé once, dedicándome de lleno a la música, que era lo que hacía en ese momento. En mi Escuela Superior de Berlín, trabajando con estudiantes de dirección escénica, descubrí que, además de cantar, tenía muchas ideas de puestas en escena. A menudo, más que ellos. Y cuando acabé canto, reingresé para hacer Dirección de Escena de Ópera, carrera que a día de hoy sigue sin existir. Comparándolo con el cine: ¡veo que he hecho cosas tan bonitas! El cine lo fue cuando lo hice; luego, derivé hacia otro lado.
-Pensaba en el trabajo en cine como directora, que es más activo.
– Mi lenguaje, como como mi formación, es de cantante y de escena lírica. Es el lenguaje del teatro. Aunque el cine tenga otras cosas, lo que sugiere un escenario me resulta mucho más interesante. Que en el teatro barroco un banco sea un exterior, y que a ese mismo banco le pongas un cojín y sea un interior… eso no lo supera el cine.
-Va a medirse como directora en el Teatro de la Zarzuela. ¿Cuántos títulos del género se anota?
– La primera fue La Verbena de la Paloma en Berlín. Luego, también en Alemania, sin textos y con una dramaturgia nueva a base de zarzuelas, otra que llamé Adiós Julián. También he hecho un Manojo de rosas muy divertido, adaptado en el aeropuerto de Madrid-Barajas. Esta será la siguiente.
“DE VERDAD QUE NO SOY TALIBÁN NI PUNKI. CUANDO ERA MÁS JOVEN, A LO MEJOR MÁS. PERO AHORA, AL REVÉS”
-A su Verbena de la Paloma, aquí la tituló Noche de verano en la Verbena de la Paloma.
– Cuando se estrenó en 2006 en El Escorial y, posteriormente en los Teatros del Canal de Madrid, yo la hubiera titulado La Verbena de la Paloma sin más. Lo hice por una recomendación cuando dijeron “vamos a llamarla de otra manera, por si el público se enfada por la actualización”. Los tiempos han cambiado y me parece que ahora se podría llamar sencillamente La Verbena de la Paloma. Pero yo venía de 11 años en Alemania donde, a Casa de muñecas, de Ibsen, no le tienes que cambiar el nombre porque al final Nora, de acuerdo con tu dramaturgia, le pegue un tiro a su marido. En ese sentido hemos avanzado mucho, pero en aquel momento, un poco por respeto al público, me pareció bien. Yo no tengo problema por decir: no vais a ver La Verbena con un Don Hilarion mayor, sino que van a estar todos subidos al andamio.
-Como en un retablo laico costumbrista.
– Como 13 rue del Percebe. Pero han pasado 20 años y me da la impresión de que el montaje, del que ha habido varias adaptaciones, sigue siendo moderno. La idea me vino de que, puesto que la calle era su casa, hacer una casa que fuera calle-casa. Era un concepto un poco del tiempo vivido en Alemania y por eso lo subí al andamio.
-Ahora debuta en el Templo del Género, con un público muy especial.
– Lo sé.
-¿Se le ha venido a la cabeza el comentario entonces de su director musical, Miguel Roa?
– “A pesar de todos los cambios que has introducido, dijo, es más Verbena que nunca”.
-Y añadió algo más.
– Si. … “Cuidado con la caverna, que te va a crujir”
-¿Y?
– Cuando se estrenó en El Escorial hubo una parte que se enfadó y crujió y otra que dijo “Bravo”. Después, en los Teatros del Canal, todo funcionó.
¿La actitud de los primeros no le llevó a pentimenti?
– Simplemente, me sorprendió. Cuando decía Roa: “la caverna te va a crujir”, pensaba: “¿Por qué? Si no me estoy burlando de la Zarzuela, que me apasiona. Si está todo lleno de cariño y buen humor”. Pero cuando alguien quiere ver su cuento de toda la vida dice: “esto no lo es”.
-El título que ahora acomete sirve como pregunta. ¿Le gusta jugar con fuego?
– No, no. De verdad que no soy talibán ni punki. Cuando era más joven, a lo mejor más. Pero ahora, al revés. Incluso me he preguntado cosas como: “Puesto que esta obra prácticamente no se ha visto, que no se conoce: ¿el público tiene derecho a verla con su texto original? ¿Está bien hacer una propuesta de teatro actual, actualizándola?” Me pregunto muchas cosas, y no existe una respuesta definitiva. Se puede hacer una versión y también dejarlo tal cual para que el público lo conozca, claro que sí.
-Dirigiendo ¿Cómo es? ¿Estricta, severa?
– No, nada. Intento crear el mejor clima posible. Ante todo, pretendo que nos divirtamos. No sé cómo. Dependerá de si tienes mucho tiempo de ensayos, en cuyo caso puedes jugar más, porque en general para mí los ensayos son un disfrute. Hay gente que piensa que si pega una voz tienes el atrezo que te falta, y yo no lo creo.
-Partiendo de que, como cantante, domina la parte actoral y la vocal.
– Soy muy musical. No soporto el ruido que suena cuando hay música. Me molesta. También muy coreográfica. Aunque no haya coreografías, siguiendo la música monto los movimientos cuando están cantando. Jamás cosas antimusicales o que dificulten a los cantantes mirar al maestro en ese momento.
-¿Y su relación con el director de orquesta?
– Normalmente, muy buena. No he tenido ningún problema porque les entiendo, y no me empeño en tonterías, como poner de espaldas a los cantantes cuando tienen que entrar o cuando hay un momento difícil de todos juntos. Ahí está todo el mundo, con un ojo al maestro o con la posibilidad de mirarlo. Con pequeños detalles como esos, la relación fluye desde el principio.
-¿Le gustaría trabajar en alguno de los grandes teatros de ópera de España?
– Me encantaría. Claro.
-¿Con qué repertorio? ¿Contemporáneo? ¿Clásico? ¿Adaptándolo usted?
– Viviendo en Berlín presenté a un concurso de conceptos escénicos una propuesta muy buena y muy atrevida para Fidelio y no entendieron nada. Me gustaría poder hacerla. Disfruté muchísimo también con Bodas de Fígaro, y repetiría. El título lo elegí yo. Lo propuse en el ambiente de los años setenta, porque seguía teniendo muchísimo que decir, y funcionó muy bien. Porque Mozart dirige la escena: este entra, este sale, esta habla, este se esconde… Alucinante. Mozart es un genio y Donizetti divertidísimo. No tengo prejuicios… ¿Contemporáneo? Bueno, hice la dramaturgia para Cuerpos deshabitados, una propuesta muy poética de Sánchez Verdú sobre el exilio, dándole forma con piezas que ya existían, y me encantó.
-Vamos, que disfruta con todo.
Dedicada en cuerpo y alma, en el CDAEM. Desde finales de mes, defendiendo su proyecto en el Teatro de la Zarzuela