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Nº 158
Marzo - abril 2026
El rapto de Helena de Tintoretto ingresó en 1819 en el Museo del Prado. Probablemente fue encargado por Vincenzo I Gonzaga, duque de Mantua y mecenas de Tintoretto de 1590 a 1593.
Jefe de la Colección de Pintura Italiana del Renacimiento del Museo del Prado
Esta obra la poseyeron, entre otros, Carlos I de Inglaterra y Luis de Haro, quien se la regaló a Felipe IV. Es una escena bélica similar a las que se solicitaron al pintor para los palacios ducales de Venecia y de Mantua, la mayoría ejecutadas por su taller. La del Prado sería la única totalmente autógrafa. En el primer plano está representado, con figuras de tamaño casi natural, el rapto de Helena de Troya siguiendo la tradición homérica, mientras en tierra y mar se libra un combate entre turcos y cristianos, título que ha recibido el cuadro en alusión a la Batalla de Lepanto (1571). Tintoretto enlazó así, a través de episodios muy distantes en el tiempo, el mundo clásico y el contemporáneo.
Dibujos autógrafos
Es un ejemplo del variado registro de recursos técnicos y compositivos del artista. Se conservan dibujos autógrafos sobre papel de figuras que aparecen en esta y otras obras contemporáneas salidas de su bottega: el modelo para el Martirio de San Lorenzo (Christ Chruch, Oxford); algunas escenas de la Sala terrena de la Scuola de San Rocco de Venecia, o Ludovico II Gonzaga derrota a los venecianos en la batalla del Adigio, realizado por el taller. Que estaba trabajando simultáneamente al menos en el Rapto y el boceto de Oxford lo delata que el cuerpo de Helena, como reveló la radiografía, era inicialmente masculino, estaba desnudo y en la misma posición que la figura de San Lorenzo. Lo mismo sucede con los barqueros del primer plano, idénticos en la radiografía a los dibujos que empleó para los verdugos del modelo. No es fácil seguir la secuencia del proceso ejecutivo, ya que Tintoretto dejó visibles en la superficie muchos de los contornos del dibujo preparatorio, hecho con óleo blanco sobre una base negra, matizándolos apenas con la pintura de las anatomías, que se reduce a sinuosas y saturadas manchas verdes, rojas y azules.
EN ESTA BATALLA, JACOPO DEMUESTRA UNA VEZ MÁS SU INTELIGENCIA ESPACIAL Y SU CONTROL DE LA PERSPECTIVA PARA PROPORCIONAR, ORGANIZAR Y RELACIONAR LAS FORMAS EN TRES ACTOS
Inteligencia espacial
En esta batalla, Jacopo demuestra una vez más su inteligencia espacial y su control de la perspectiva para proporcionar, organizar y relacionar las formas en tres actos que se desarrollan a campo abierto. El espectador se introduce en ellos guiándose por la luz y el movimiento de los adversarios y la disminución de sus tamaños y su gradual pérdida de definición, que impulsan a la mirada a traspasar la barrera formada por las monumentales figuras del primer plano. Es en este segundo recorrido por el lienzo cuando, en contraste con la solidez de los protagonistas del drama, se perciben los episodios que se desarrollan en el plano medio y en el fondo. Sus espacios están llenos de guerreros incorpóreos, algunos fantasmales, reducidos a halos luminosos que parecen precipitarse hacia el mar.
El rapto de Helena se erige así en paradigma de uno de los aspectos claves del arte de Tintoretto: la ficción del movimiento en un soporte rígido y bidimensional. Los cuerpos parecen moverse porque no ocultó las correcciones que hizo en ellos, dejando sus siluetas desdobladas para simular una fuerza cinética que recuerda a la de los dibujos de Leonardo para la Batalla de Anghiari. El orden en este caos se impuso con la introducción de los mástiles y las velas de los barcos sobre la escena acabada, creándose ventanas abiertas hacia espacios cada vez más lejanos.