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Nº 157
Enero - febrero 2026
El pasado octubre, los miembros del jurado de la IIª Edición del Premio Héroes Anónimos de la Fundación Aequitas, tras examinar las diferentes candidaturas presentadas, acordaron conceder este galardón a Josefa Romero, vicepresidenta y cofundadora de la Asociación Paz y Bien de Sevilla. A finales de noviembre, en un emotivo acto, Pepa recibía su merecido reconocimiento de manos del Consejero de Justicia andaluz, José Antonio Nieto.
-¿Qué ha supuesto para usted recibir -tras cinco décadas de dedicación a la acción social- esta distinción?
– Ha sido una emoción profunda, difícil de expresar con palabras. No me considero una heroína: simplemente he hecho lo que me apasionaba, estar al lado de las personas, acompañarlas en sus procesos, aprender de ellas. Este galardón no es solo mío, sino de todas las personas que han caminado conmigo estos 46 años. Es un reconocimiento a una vida con sentido, vivida desde la entrega, el compromiso y la defensa de la dignidad de quienes más lo necesitan.
-En 1979 fue una de las fundadoras de Paz y Bien, junto a Fray Rafael Pozo. ¿Cómo se percibía en la España de la Transición la discapacidad intelectual? ¿Qué diferencias fundamentales existen entre la asociación de hoy y la de entonces?
– En aquella época, la discapacidad intelectual era invisible y marginada. Se usaban términos como ´deficiente mental´, y la visión general era asistencialista. Desde el inicio quisimos romper con ese paradigma. Recuerdo que colocamos en el monasterio un azulejo que decía: “El deficiente mental es persona, es capaz de ser y convivir, y puede realizar un trabajo productivo”. Hoy esa visión ha evolucionado hacia una defensa firme de la autodeterminación y los apoyos individualizados. Cuando una persona entra en Paz y Bien, la discapacidad se queda en la puerta.
“NO ME CONSIDERO UNA HEROÍNA: SIMPLEMENTE HE HECHO LO QUE ME APASIONABA, ESTAR AL LADO DE LAS PERSONAS, ACOMPAÑARLAS EN SUS PROCESOS, APRENDER DE ELLAS”
-Antes de formarse como trabajadora social, sus inicios profesionales se desarrollaron en el ámbito de la puericultura. ¿En qué medida esa formación influyó en su posterior vocación?
– Fue clave. La puericultura me enseñó a poner en el centro el cuidado desde lo humano, no desde la técnica. Aquella etapa me dotó de una sensibilidad que luego trasladé al trabajo social. Comprendí pronto que acompañar a alguien es una responsabilidad delicada y que cada historia necesita ser escuchada con atención.
-La ganadora de la primera edición de Héroes Anónimos fue Rosa Martínez, una personalidad con un perfil similar al suyo (fundó la Asociación San José de Guadix en 1973). ¿Qué papel han jugado las mujeres en la creación de organizaciones solidarias de apoyo?
– Un papel esencial. Las mujeres hemos sido impulsoras silenciosas de muchísimas iniciativas comunitarias, muchas veces sin reconocimiento público. Hemos estado en la base, sosteniendo, acompañando, organizando. No por afán de protagonismo sino por vocación. Nuestra historia está llena de mujeres que han buscado soluciones a problemas sociales enraizados. De hecho, el origen de Paz y Bien se remonta a la preocupación de unas madres sobre el futuro de sus hijos e hijas con discapacidad, algo que, a día de hoy, se mantiene.
-El movimiento Jesús Abandonado y la actividad de misiones y parroquias en los lugares más necesitados desempeñaron un rol importante en el movimiento asociativo de la época. ¿Se sigue manteniendo ese vínculo en la actualidad con los Servicios Sociales institucionales?
– Sí, aunque con matices. En nuestros inicios, el impulso eclesial fue decisivo. Había una conexión profunda entre fe y compromiso. Hoy, aunque las instituciones están más profesionalizadas, sigue existiendo una colaboración importante entre entidades sociales y Administraciones. No hay que olvidar que muchas de las grandes transformaciones sociales nacieron de comunidades que creían que otro mundo era posible, siendo la Iglesia promotora de apoyos, de forma paralela y complementaria a las ONG´s.
“LAS MUJERES HEMOS SIDO IMPULSORAS SILENCIOSAS DE MUCHÍSIMAS INICIATIVAS COMUNITARIAS, MUCHAS VECES SIN RECONOCIMIENTO PÚBLICO”
-En 2007, Paz y Bien inicia sus actividades en Guatemala. ¿Cómo es la situación de la protección de la discapacidad en América?
– Guatemala nos mostró una realidad dura marcada por la desigualdad y la falta de recursos. Pero también encontramos una población luchadora, con ganas de avanzar. Allí aprendimos que no se trata de exportar modelos, sino de acompañar procesos locales con respeto, humildad y cooperación. La protección de las personas con discapacidad necesita aún un gran impulso en muchos países latinoamericanos.
Cuando Paz y Bien comenzó su labor en Guatemala en 2007, la protección de los derechos de las personas con discapacidad en el país era aún muy limitada. Aunque existía desde 1997 la Ley de Atención a las Personas con Discapacidad, su impacto era escaso. El movimiento asociativo no estaba articulado y los recursos públicos destinados eran insuficientes.
Ante este contexto, Paz y Bien aplicó su experiencia en Andalucía y Europa para estudiar la realidad local, especialmente en el Corredor Seco guatemalteco. A partir de ese diagnóstico, diseñó una intervención centrada en la atención a las personas con discapacidad materializada en los proyectos y servicios de la Residencia Tuncushá, en Quezaltepeque. Este enfoque ha contribuido a construir un modelo de atención más humano y respetuoso con los derechos fundamentales.
-En su momento formó parte de la estructura organizativa de Feaps Andalucía (hoy, Plena Inclusión), actividad que le permitió conocer de primera mano la labor del movimiento asociativo en la Unión Europea. ¿Cuáles eran los métodos de trabajo seguidos fuera de nuestras fronteras? ¿Cuándo se profesionalizó la actividad de cuidar, que se inició como voluntariado?
– En Europa descubrimos formas de trabajo más estructuradas, orientadas a la personalización, a la calidad de vida y a los derechos. En esos viajes pudimos ver que todos los perfiles profesionales se involucraban directamente en trabajar de manera conjunta con la persona, escuchando y teniendo en cuenta sus deseos e inquietudes. Participamos incluso en proyectos con Dinamarca y Finlandia, elaborando materiales sobre cómo trabajar con personas con discapacidad en contextos penitenciarios. La profesionalización llegó cuando entendimos que cuidar no es solo querer, es también saber cómo hacerlo bien, con preparación y formación continuada.
“LA PROTECCIÓN DE LAS PERSONAS CON DISCAPACIDAD NECESITA AÚN UN GRAN IMPULSO EN MUCHOS PAÍSES LATINOAMERICANOS”
-Pronto ampliaron su ámbito de ayuda a otros colectivos, como menores tutelados, ¿podría resumirnos sus principales proyectos relativos a la infancia y juventud?
– En 1998, la Junta de Andalucía nos pidió ayuda para atender a menores tutelados. Aunque no teníamos experiencia en ese ámbito, aceptamos el reto y aplicamos la misma filosofía: poner a la persona en el centro. Desarrollamos hogares funcionales, programas educativos y de inserción, con equipos motivados y comprometidos. El éxito estuvo en creer en cada niño, en cada joven, como sujeto de derechos y posibilidades.
A día de hoy, Paz y Bien gestiona una red de servicios y recursos compuesto por nueve centros de distintas tipologías, como el centro especializado para menores con discapacidad intelectual y trastornos de conducta, un centro de acogida inmediata, o dos viviendas donde desarrollamos el programa de Mayoría de Edad, dirigido a jóvenes ex – tutelados.
También trabajamos actualmente, de la mano de la Administración andaluza, en el programa de Familias Colaboradoras, por el que formamos y acompañamos a familias que puedan prestar apoyos puntuales a menores residentes en centros de protección.
-Otro campo en el que son un referente es el de la inserción laboral de las personas con discapacidad, con la puesta en marcha de centros especiales de empleo. ¿Cómo es la situación actual del mercado laboral para este tipo de colectivos?
– Ha habido avances, pero aún hay mucho camino por recorrer. En nuestro Centro Especial de Empleo apostamos por un modelo digno y funcional, donde se formaron muchísimas personas que luego pasaron a la empresa ordinaria.
Realizamos también un trabajo importante de formación en empresas a través de prácticas para personas con discapacidad y sin discapacidad, que se benefician de nuestros programas formativos, como los desarrollados de la mano de Fundación ONCE, y de mejora de la empleabilidad, en colaboración con el Ayuntamiento de Sevilla.
Pero necesitamos más sensibilización empresarial, más incentivos públicos y, sobre todo, creer en las capacidades. Siempre hemos dicho a las familias: no me digas lo que no puede hacer tu hijo, dime lo que sí puede y potenciémoslo.