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Nº 157
Enero - febrero 2026
En el centenario del nacimiento de Carmen Martín Gaite se reparten actos en su Salamanca natal y su Madrid adoptiva mientras su figura se agiganta con el paso del tiempo.
Como buena parte de los artistas que han pasado a formar parte del paisaje madrileño, Carmen Martín Gaite tenía su propio entorno del que parecía parte integral. Era común divisar su silueta, decidida y carismática, aunque enjuta y de apariencia frágil, tocada por una boina y cubierta por una gabardina entallada, por el parque del Retiro o sus calles próximas. Fumando, tantas veces. Como otros artistas icónicos que sin ser madrileños son dueños de sus propios rincones de Madrid (Valle Inclán, Pérez Galdós, Antonio López, Julio Camba, Carlos Arniches…), a Carmen Martín Gaite se la recuerda igualmente en su localidad natal, en Salamanca, en su casa. Con lo que al cumplirse ahora el centenario de su nacimiento los homenajes se multiplicaron en atención no solo a la calidad de su obra, sino a su honda raigambre en sus lugares queridos.
RECHAZÓ SER ACADÉMICA, ROL EN EL QUE HABRÍA SIDO PIONERA, PORQUE CREÍA QUE NO ERA TAREA PARA UNA CREADORA
En una época que tiende al adanismo, a la valoración de lo inmediato y el desdén por lo precedente, crece la relevancia de Carmen Martín Gaite no sólo como pionera, sino por sus méritos propios como artista. En parte por el cuidado con el que Siruela, la editorial que está publicando su obra completa, y Anagrama, su sello principal durante su carrera, tratan las nuevas ediciones. Pero también quizá por su propia modestia en vida, por una falta de notoriedad que ahora permite descubrirla sólo a través de la magnitud de sus trabajos, sin alharacas ni prejuicios.
Cómo era ella
Las palabras de una de sus admiradoras y seguidoras, Belén Gopegui, transmiten bien ese aspecto de la forma en que se la juzga hoy: “Martín Gaite tenía prestigio, vendía muchos libros, estudiaban su obra hispanistas de todo el planeta, era lo que muchos autores y autoras quieren llegar a ser y, sin embargo, vale la pena ponerse a pensar lo que no era. Lo que no era pudiendo serlo, lo que no era recibiendo cada día ofertas para serlo. Dónde no estaba, en qué fiestas no se la veía, de qué premios no era jurado, qué premios pactados bajo cuerda no ganó, de qué instituciones no quiso formar parte por más que le insistieron, en qué programas de televisión no estuvo, a qué grupos mediáticos no quiso unir su figura ni su discurso, qué historias de encargo no aceptó, a qué preguntas no quiso contestar, qué favores prefirió no pedir”.
POETA, ENSAYISTA, TRADUCTORA DE CINCO IDIOMAS, ERA UNA MUJER DE LETRAS INTEGRAL QUE MARCÓ EL CAMINO PARA LAS AUTORAS ACTUALES
Tampoco sería correcto deducir a partir de esas palabras que Martín Gaite no fue conocida y querida. Fue Premio Príncipe de Asturias de las Letras en 1988 (la única mujer que lo recibió en el siglo XX), y Premio Nacional de las Letras Españolas en 1994. Además, rechazó ser académica de la Lengua en varias ocasiones, la primera en 1981, cuando Carmen Conde era la única mujer que ocupaba un asiento en la institución (desde dos años antes). Martín Gaite pensó que afectaría a su independencia como escritora, y manifestó en más de una ocasión que la RAE debía ser atendida antes por filólogos que por creadores.
Sus obras
La más popular es sin duda Caperucita en Manhattan, una narración para lectores jóvenes traducida a quince idiomas y que ha vendido en todo el mundo cerca de 600.000 ejemplares. Sin embargo, es un libro sólo parcialmente representativo de su obra: no en lo temático, aunque sí en su estilo cuidado y sencillo, íntimo y chispeante.
Martín Gaite se introdujo en el mundillo literario salmantino a finales de los años cuarenta, cuando estudiaba en su localidad natal. Luego se trasladó para el doctorado a Madrid, donde conoció a figuras como Ignacio Aldecoa, Alfonso Sastre o Rafael Sánchez Ferlosio, con el que se casó en 1953. La hija que sobrevivió a su matrimonio, que duró apenas una década, falleció tras una grave enfermedad antes de los treinta años y le supuso un duro golpe en la madurez.
MENOS CONOCIDA, PERO IGUALMENTE VALIOSA, FUE LA LABOR DE CARMEN MARTÍN GAITE COMO TRADUCTORA
Pese a los meandros de su vida personal, la profesional fue para ella de progresivo triunfo desde que cosechara el premio Café Gijón en 1957 por El balneario. El Nadal de 1959 por Entre visillos fue su consolidación también a nivel popular: desde entonces fue agrandando su legión de lectores fieles con obras entre las que se pueden destacar Retahílas (1974), El cuarto de atrás (Premio Nacional de Literatura en 1978,) o Nubosidad variable (1992) y La reina de las nieves (1994).
Además, publicó tres libros de poesía y cinco volúmenes de cuentos, así como atinados artículos de prensa, si bien donde obtuvo mayor resonancia además de la novela fue en el ensayo. Al hilo de su tesis doctoral sobre las costumbres amorosas en la España del siglo XVIII, que publicó adaptada para lectores no académicos en 1973, firmó otra media docena de volúmenes, entre ellos el que se convirtió en un pequeño bestseller Usos amorosos de la postguerra española (1981). También puede destacarse Desde la ventana: enfoque femenino de la literatura española (1987), uno de los trabajos en que hace gala de su condición de feminista de manera elegante y docta.
Menos conocida, pero igualmente valiosa, fue su labor como traductora. Una treintena de títulos originalmente publicados en inglés, italiano, francés, portugués y rumano, prueba de su increíble brillantez lingüística. Entre los autores a los que vertió al castellano se puede citar a Gustave Flaubert, Fernando Pessoa, las hermanas Brontë, Edgar Allan Poe, Primo Levi, Rainer Maria Rilke, Virginia Woolf o Eça de Queiroz, entre otros.
Actividades audiovisuales, exposiciones, conferencias, encuentros académicos y la publicación de una interesante biografía a cargo de José Teruel (en Tusquets) han jalonado este año que también es 25 aniversario de su fallecimiento, en 2000.
José Martín López (1885-1978) no sólo fue notario de Salamanca, sino una figura que explica en buena medida la trayectoria de su talentosa hija Carmen. Ella fue fruto de su segundo matrimonio, tras enviudar muy joven. Ocupó plaza en Salamanca de 1923 a 1949, cuando se trasladó a Madrid. Amigo de Miguel de Unamuno, se le recuerda por sus ideas avanzadas, que transmitió tanto a Carmen como a su hermana mayor, Ana. Ya en 1918 impartió una conferencia con el título La condición jurídica y social de la mujer, en la que denunciaba la irracionalidad de impartir educación de menor jerarquía a las féminas. En 1954, en pleno franquismo y cuando las esposas necesitaban permiso de sus maridos para abrir una cuenta bancaria, defendió en público la necesidad de independencia económica de la mujer en el seno del matrimonio. Educó a sus hijas estrictamente de acuerdo a esas opiniones, e incentivó en ellas el conocimiento y la lectura. Hoy sus restos descansan junto a los de ellas, su esposa y su nieta.
La web que mantiene la Universidad de Salamanca sobre la autora recoge la más completa información sobre los actos con los que se ha conmemorado su aniversario.
La Fundación Martín Gaite no sólo se ocupa del legado de la escritora, sino que también tiene por catalogar la ingente biblioteca de su padre, y está situada en la casa familiar de El Boalo (en la sierra de Madrid).
Entre las actividades fomentadas por el Ministerio de Cultura ha estado la publicación de un sello conmemorativo.