AL ENCUENTRO

PASTRANA

Villa Ducal

Textos y fotos: JESÚS ORTÍZ

Si cruzamos las biografías de dos personajes históricos del Siglo de Oro, como la princesa de Éboli y santa Teresa de Jesús; la de un exitoso dramaturgo del siglo XVIII, como Leandro Fernández Moratín, y la de un Premio Nobel de las letras del siglo XX, como Camilo José Cela, la intersección nos lleva a una villa guadalajareña, enclavada en la siempre sorprendente Alcarria, que mantiene un sosegado tinte medieval: Pastrana.
Palacio Ducal de Pastrana (s. XVI).

Cuando el viajero visita una población de las que denominamos medievales o, dicho de otra manera, que conserva abundantes vestigios de su pasado medieval, se puede encontrar un lugar que ha sido rehabilitado casi como un parque temático (¡Ay!) o con un pueblo que ha crecido en torno a esos vestigios –a veces sobre ellos– y los mantiene de manera natural. Esta última es la imagen que proyecta Pastrana cuando el visitante se adentra por la calle de la Princesa de Éboli, con su sempiterna imagen asociada a un parche en el ojo derecho, para desembocar en la Plaza de la Hora y traspasar el arco que se abre a la calle Mayor: es caminar por la vida y la historia al mismo tiempo.

El Palacio Ducal es, sin duda, el mayor foco de atención del breve recorrido que acabamos de describir. Preside la plaza de la Hora, casi puede decirse que toda la villa, y fue mandado construir en 1542 por Ana de la Cerda, condesa de Mélito y abuela paterna de la princesa de Éboli. Encargó el trabajo al arquitecto y escultor toledano Alonso de Covarrubias, maestro de Obras de la Catedral de Toledo y arquitecto del desaparecido Real Alcázar de Madrid –estaba donde hoy se levanta el Palacio Real–, entre otras muchas cosas. Cabe destacar que en su momento no se pudo completar la obra: faltaban el patio central y parte de los torreones interiores, y que se terminó 457 años más tarde (en 1999), con materiales más modernos, pero respetando el proyecto original.

 


DESTACA EL BALCÓN DE LA HABITACIÓN DONDE LA PRINCESA DE ÉBOLI ESTUVO ENCERRADA LOS ÚLTIMOS AÑOS DE SU VIDA. SE PODÍA ASOMAR A ÉL SOLO UNA HORA AL DÍA


 

Quizás sorprenda al observador que un edificio renacentista, de fachada sobria y llamativa portada principal, tenga un balcón enrejado en su torre frontal derecha, a modo de pegote que parece no encajar con el conjunto. Tiene una explicación: es el balcón de la habitación donde la Princesa de Éboli estuvo encerrada los últimos años de su vida. Se podía asomar a él, sí; pero solo una hora al día (de ahí el nombre de Plaza de la Hora). Las rejas las mandó poner Felipe II para que la mujer no pensase en fugarse, después de que Antonio Pérez, quien fuera secretario del rey y colega de conspiraciones de la princesa, pusiera tierra de por medio para refugiarse en Aragón, una vez descubiertos los tejemanejes de la pareja.

Ana de Mendoza y de la Cerda, la de Éboli, para entendernos, parece marcar la historia de Pastrana más que el pasado de una villa que probablemente fue una ciudadela carpetana sobre la que, también probablemente, bulló la Paterniana romana, o que tuvo la importancia de ser fundada oficialmente por la Orden de Calatrava; incluso más que el hecho de haber sido ya lugar de prestigio social cuando la condesa de Mélito compró el lugar a los calatravos con la aquiescencia de Carlos I, aunque al pueblo llano no le apeteciesen mucho los cambios que se produjeron. La llegada de Ana de Mendoza tuvo lugar durante el reinado de Felipe II, cuando el amigo de la infancia de este, Ruy Gómez de Silva y casado con ella, compró la villa pastranera a unos familiares de su mujer, obteniendo el título I Duque de Pastrana. Ruy fue nombrado también por el rey Príncipe de Éboli –Éboli es una población italiana, en la provincia de Salerno, perteneciente al Reino de Nápoles en el siglo XVI–, que debió parecer un título más importante al personal y de ahí que la duquesa sea conocida por él. Con ellos llegó un tiempo de enorme progreso a la villa alcarreña y, ya en el terreno religioso, a la reforma de la antigua iglesia calatrava, del siglo XIII, para convertirla en la colegiata que hoy conocemos, se le unió la solicitud de crear dos conventos.

La petición se la hacen a Teresa de Jesús, fundadora de la orden de las carmelitas descalzas, en torno a 1570. El binomio mujeres con mucho talento y más carácter, dio como resultado los primeros desacuerdos. La duquesa quería hacer las cosas a su gusto y santa Teresa según los principios de la orden. Para que el Convento del Carmen fuese una realidad, el duque tuvo que poner sobre la mesa todas sus capacidades diplomáticas, que debían ser muchas. A la muerte de este, la Princesa de Éboli se empeñó en que ella ingresaría en el convento como monja, igual que sus sirvientas o algunas de sus hijas. Parece que la madre Teresa aceptó de mala gana, pero cuando la duquesa dejó la celda y quiso instalarse en una casita del huerto, donde tenía libertad de movimientos, la fundadora dijo a sus monjas que se mudaran y dejó a la princesa en la estacada.

 


PASTRANA, PROBABLEMENTE CARPETANA Y ROMANA PRIMERO, TUVO LA IMPORTANCIA DE SER FUNDADA OFICIALMENTEIPOR LA ORDEN DE CALATRAVA


 

El Albaicín, el barrio de Pastrana que así se llama, es un ejemplo único de ensanche industrial en el siglo XVI. Tras la rebelión de las Alpujarras (1568-1571), los moriscos fueron expulsados de Granada y repartidos por Castilla. Una gran parte de ellos fueron asignados al ducado de Pastrana, donde se crearon potentes industrias de la seda y la taracea, en las que los nazaríes eran expertos. Se instalaron extramuros y, procedentes como eran casi todos del Albaicín granadino, pusieron el mismo nombre a su nuevo hogar. Y trajeron consigo también los granados, cuya fruta es hoy un signo distintivo pastranero.

Hablan algunas crónicas de comerciantes que llegaron a tener tantos telares, que necesitaron ceder alguno de ellos a los monjes del monasterio de San Pedro para que estos supliesen la mano de obra faltante; o de artesanos cuyos muebles con taraceas verdaderamente artísticas, en las que no faltaban las incrustaciones de nácar y maderas nobles, eran requeridas por toda la nobleza castellana. La pena para prosperidad de la región fue que Felipe III, seguramente presionado por algunos grupos poco tolerantes, dictó la expulsión de los moriscos de España unas tres décadas más tarde.

 


EL MARIDO DE ANA DE MENDOZA, DUQUE DE PASTRANA, FUE NOMBRADO TAMBIÉN POR EL REY PRÍNCIPE DE ÉBOLI, DE AHÍ QUE LA DUQUESA SEA CONOCIDA POR ÉL CITADO NOMBRE


 

Moratín y Cela tienen su sitio también en los recorridos pastraneros. El padre del dramaturgo, hijo de una natural de Pastrana, visitaba la villa con frecuencia y esa es probablemente la razón de que el autor adquiriese ahí una propiedad y estuviese viviendo –y escribiendo– en esa su casa, próxima al Palacio Ducal, desde 1800 hasta el inicio de la Guerra de Independencia. Obras como La mojigata, El barón, La comedia nueva o El café se escribieron o retocaron en tierras alcarreñas. Y, entre otros detalles, El sí de las niñas, la obra más reconocida de Leandro Fernández Moratín, tiene como referente la posada de Alcalá, donde el autor hacía un alto en sus viajes entre Pastrana y Madrid.

 


MUCHOS MORISCOS FUERON ENVIADOS AL DUCADO DE PASTRANA, DONDE SE CREARON POTENTES INDUSTRIAS DE LA SEDA Y LA TARACEA, EN LAS QUE LOS NAZARÍES ERAN EXPERTOS


 

Camilo José Cela, ya saben, viajó a La Alcarria en 1946 (Viaje a La Alcarria se publicó en 1948) y llegó a una villa un tanto herida por el paso del tiempo, aunque “cuando el viajero se asomó a la plaza de la Hora, y entró, de verdad y para su uso, en Pastrana, la primera sensación que tuvo fue la de encontrarse en una ciudad medieval, en una gran ciudad medieval”. E imposible no recordar, uniendo su nombre al de la Princesa de Élboli, su impresión ante la fachada del Palacio Ducal: “El viajero, que es también español, como cualquier pastranero, se estremece al pensar que al otro lado del tabique vivió las malas horas y acabó muriendo aquella dama enigmática, bella, tuerta y, al parecer, cachonda, que tanta influencia tuvo y tan de cabeza trajo a los poderosos”.

Pastrana, en fin, da al visitante la oportunidad de dejarse sorprender, no solo por sus monumentos civiles y religiosos, sino también por detalles como el culto a la miel, no en balde hablamos de La Alcarria, que la ha llevado a crear la primera feria dedicada a la apicultura en España (XLIV edición en 2025); por la exclusiva colección de tapices del siglo XV que atesora la Colegiata; por su entorno natural, con varias rutas de senderismo y paseos por los miradores; o por las eclosiones de color cuando florecen y maduran los granados.

INFORMACIÓN

Oficina de Turismo de Pastrana
Plaza de la Hora, s/n (Palacio Ducal)
Tel.: 949 370 672
[email protected]

ALOJAMIENTO

Hostal Rural Las Vistas
Jesús de Nazareno 20
Tel.: 949 371 002
[email protected]

RESTAURANTES Y TAPEO

Restaurante Laurea
Carretera de Tarancón, 53
Tel.: 949 865 188

Convento de San Francisco
Plaza del Dean s/n
Tel.: 949 370 078

Asador El Molino
Calle moriscos, 13
Tel.: 949 370 293

Bar Palacio
Plaza de la Hora, s/n

Bar César
Calle Mayor, 20
Tel.: 949 370 772

PARA NO PERDERSE

El alcázar de Pastrana
Enrique J. Fernández Tapia. Editorial Universitat Politècnica de València (2015).

Moriscos andalusíes en Pastrana. Las quejas de una minoría marginada de moriscos, con noticias sobre su paralelismo en el Reino de Granada.
Aurelio García López. Sharq Al-Andalus: Estudios mudéjares y moriscos (2015).

La princesa de Éboli y Pastrana.
Aurelio García López. Wad-al-Hayara: Revista de estudios de Guadalajara, pg. 43 y sig. (1994).

Palacio Viejo (s. XV). Al fondo, el arco de acceso a la Plaza de la Hora.
Balcón de la habitación de la Princesa de Éboli. Vistas interiores de la estancia. (FOTOS INTERIORES, AYUNTAMIENTO DE PASTRANA).
Casa de Moratín (s. XVIII).
Convento de El Carmen (s. XVI).
Puerta de la Colegiata (ss. XIII a XVII).
Panorámica de Pastrana.
Barrio morisco El Albaicín (fundado en el s. XVI por moriscos expulsados de Granada).
Fuente de los Cuatro Caños (s. XVI).

Con mucha alma

Merece la pena destacar dos iniciativas singulares y solidarias en Pastrana: Raíces y Alcarria Encantada.

  • Raíces (calle Mayor, 8) es una coqueta tienda de productos de cercanía, cuyas proveedoras, todas mujeres, tienen en común su voluntad de regresar al lugar donde vivieron sus familiares, en muchos casos con historias personales complejas, y elaborar productos (patés, quesos, embutidos…) con antiguas recetas rescatadas, en algunos casos, de los cajones de alguna vieja cómoda.
  • Alcarria Encantada (calle Princesa de Éboli, 2, esquina plaza de la Hora) está casi unida al Palacio Ducal. También tienen productos de cercanía, aunque lo primero que llama la atención es su selección de cafés de comercio justo, que tuestan con mimo en el mismo establecimiento. La fundación COPRODELI, que puso en marcha la iniciativa, trabaja en el desarrollo de sectores marginales de Perú y Ecuador. Para el visitante, placeres cafeteros al margen, ofrecen visitas a antiguas bodegas de vino y aceite o a una casona típica, degustaciones alcarreñas incluidas.

XXIII Festival Ducal

Pastrana, 27-29 de junio de 2025

Recreaciones de hechos y personajes históricos del siglo VI en torno al Palacio Ducal durante el festival.

El festival es una conmemoración de los tiempos de mayor prestigio de la población pastranera, cuyo origen está en la llegada a la villa del matrimonio formado por Ruy Gómez de Silva y Ana de Mendoza, para quienes Felipe II crea el título de duques de Pastrana. La población regresa al Siglo de Oro por unas horas y sus calles, sobre todo en el entorno del Palacio Ducal, se llenan de vecinos ataviados como personajes de aquella época.

Entre las muchas actividades culturales que se organizan, en las que no faltan recreaciones históricas, mercadillos, teatro de calle o conciertos, lo más destacable es el desfile de trajes que, como dice la web municipal, es “un cortejo propio de la corte, con la presencia de reyes, príncipes, la más alta nobleza, clérigos, caballeros, músicos y plebeyos”. Felipe II, los príncipes de Éboli, santa Teresa de Jesús, san Juan de la Cruz… No falta nadie. Y cabe destacar que la confección de todos los atuendos se hace en Pastrana, aspecto en el que tiene mucho que ver la Asociación de Damas y Caballeros y, en fin, todos los vecinos de la villa.

Todos los pastraneros participan y se confeccionan ellos mismos los atuendos de FOTOS CEDIDAS POR EL AYUNTAMIENTO DE PASTRANA. época.