EN EL ESCAPARATE

SALVADOR ALBORCH,

NOTARIO JUBILADO. RESPONSABLE DEL SERVICIO DE ATENCIÓN AL USUARIO DURANTE LA DANA

“En la actuación ante la tragedia es donde se pone claramente de manifiesto la doble labor social y de asesoramiento del notario”

FÁTIMA PÉREZ DORCA

Salvador Alborch aprobó la oposición a notarías con solo 24 años y fue notario durante casi cincuenta. Tras su jubilación, su amor por la profesión le llevó a continuar prestando asesoramiento en el Servicio de Atención al Usuario (SAU) del Colegio Notarial de Valencia y hace cuatro meses se puso al frente del equipo de notarios voluntarios que prestaron ayuda a los damnificados por la dana.

¿Cómo se organizaron en el colegio para dar servicio a los afectados?

El 31 de octubre, después de reunirse la junta directiva, el decano nos hizo el encargo a Miguel Vila y a mí, como notarios al frente del SAU, de formar un equipo para atender y prestar ayuda a las personas damnificadas por las inundaciones que acudían al colegio notarial, por lo que organizamos un equipo con otros tres notarios, Manuel Ángel Rueda, Mireia Gil y Antonio Reyna, que nos dedicamos a prestar servicio de información y asesoramiento sobre las ayudas que podían solicitar y sobre todo para la búsqueda, expedición y entrega gratuita de copias de las escrituras perdidas o embarradas. Además, los ciudadanos necesitaban actas para presentar a las aseguradoras y, como el volumen era muy elevado, se activó su gestión y obtención de forma telemática de forma gratuita.

¿Cuáles eran las consultas más habituales entre la gente que se acercaba al colegio?

La mayoría de las consultas estaban motivadas porque los damnificados habían perdido sus escrituras ya que la dana se lo había llevado todo o estaban embarradas. En este caso pudimos tranquilizarlos en lo respectivo a la pérdida de sus documentos notariales porque pidiéndoles unos datos les podíamos facilitar una copia. La gente, en un momento tan crítico, también necesitaba sobre todo que se le escuchase. Algunos nos contaban situaciones personales muy duras, como la de una hija que vivía a doscientos metros de su padre, octogenario, y por la fuerza del agua no pudo llegar a socorrerlo y subirlo a la segunda planta y falleció. En la actuación ante la tragedia es donde se pone claramente de manifiesto la doble labor social y de asesoramiento del notario.

¿En qué zonas se encontraban las notarías más perjudicadas?

Algunas de las notarías devastadas fueron las dos de Catarroja, una de las de Aldaia, Albal, Guadassuar y Benetússer. En estas notarias devastadas, al igual que en otras también perjudicadas, los notarios se organizaron y, a la semana de lo sucedido, comenzaron a dar servicio desde sus propios u otros locales. Afortunadamente, dado el alto nivel informático de las notarías, de la mayoría de los protocolos dañados se pudieron obtener copias en formato digital e incluso de las más recientes a través del protocolo electrónico.

 


“DE LA MAYORÍA DE LOS PROTOCOLOS DAÑADOS SE PUDIERON OBTENER COPIAS EN FORMATO DIGITAL E INCLUSO DE LAS MÁS RECIENTES A TRAVÉS DEL PROTOCOLO ELECTRÓNICO”


 

Como valenciano, ¿cómo ve la reconstrucción?

Han pasado cuatro meses y el paisaje sigue siendo desolador. Tardará tiempo la recuperación porque el daño es muy grande. Muchas pequeñas empresas se van a quedar en el camino porque volver a crear una pyme es complicado por la elevada cuantía de los gastos a realizar. Tenemos que estar todos para apoyar y para seguir dando visibilidad a esta situación tan grave y dramática para los afectados.

¿Cómo surgió la idea de colaborar en el Servicio de Atención al Usuario (SAU)?

A finales de los noventa, el entonces decano, Rafael Gómez-Ferrer, me animó a presentarme a la elección de delegado de la junta directiva para el distrito notarial de Valencia que cuenta con más de cien notarías y, tras ser elegido, no ha cesado mi implicación y colaboración con el colegio.

En el momento de mi jubilación, el decano César Belda me preguntó por mi disponibilidad para incorporarme al SAU y no lo dudé ni un momento. Con él comencé y he continuado con el siguiente decano, Francisco Cantos, y con el actual, José Carmelo Llopis.
También ingresé, cuando ejercía como notario, en la Corte de Arbitraje y Mediación de la Cámara de Comercio y a día de hoy, jubilado, continúo en ella. Y es que no sé estar quieto en casa.

¿Qué ha significado para usted ser notario?

Lo ha significado todo. He podido ayudar a mucha gente. Los notarios no solo firmamos documentos, sino que hay mucho trabajo detrás de una firma, ya sea la partición de una herencia, la creación de una sociedad, la celebración de un matrimonio… Es un trabajo para el que hay que estar siempre al día y seguir estudiando. Te permite ayudar a personas que están perdidas en temas legales. Era gratificante, cuando les veía llegar a la notaría o actualmente al colegio donde presto servicio, que vienen pensando que un problema tiene difícil solución y les dices que no, que es fácil de solucionar y que además no va a implicar un gran coste económico. Siempre tratamos de buscar las vías jurídicas para aconsejar con la misma seguridad sin que cueste el doble.

Y, en esa labor de ayuda y de empatía, siempre les digo a mis hijos que solo nos vamos a llevar de esta vida el bien que hagamos a otros.