ESFERA CULTURAL

LORENZO CAPRILE,

modista

“Lo de si la moda es o no arte, es un dilema desfasado que no me interesa”

Madrileño con sangre italiana, el nombre de Lorenzo Caprile trasciende al mundo de la moda por sus premiadas aportaciones para la escena y su trabajo al frente de un popular concurso televisivo. Caprile impone un sello personal a sus diseños, algunos de los cuales ha reunido la Comunidad de Madrid en una magna exposición junto a obras maestras de diversas manifestaciones artísticas.
JUAN ANTONIO LLORENTE

“LA ELEGANCIA ES SENTIDO COMÚN. ES INTELIGENCIA Y ES TENER MUCHOS ESPEJOS EN CASA DONDE MIRARNOS”


 

– ¿Sus trajes dialogan mejor con Zurbarán o con otros modistas?

Ni idea. Para eso están los comisarios, los que escriben de moda, los historiadores… Yo me esfuerzo en que el traje esté lo mejor hecho posible, buscando siempre esa perfección tan difícil de alcanzar. Que mi clienta quede satisfecha -aunque a veces haya algún melodrama, porque como seres humanos podemos meter la pata- y fidelizarla para que regrese, y que sus amigas y sus hijas lleguen a ser clientas del taller. Para todas esas cosas tan filosóficas, tan intelectuales, no me da la cabeza.

-El Museo del Traje de Madrid le dedica un espacio. ¿Siente pudor cuando se califica su trabajo como expresión artística?

Lo de si la moda es o no arte, es un dilema desfasado que no me interesa. Para empezar, tendríamos que preguntarnos hoy, en el siglo XXI, con todo lo que está sucediendo a nivel social, económico y tecnológico, qué es el arte y cuál es su función. Si un plátano pegado con cinta americana en un panel es arte, a lo mejor mis trajes lo son. Es un debate infinito, lleno de matices para alguien centrado en el trabajo en su pequeña-pequeñísima-mediana empresa. Para colmo, cada día nos lo ponen más difícil a las pymes con todo tipo de regulaciones, de palos en la rueda. El objetivo de mi trabajo es que mi clienta esté estupenda. Hablo en femenino, porque en mi caso, como modista, me dedico a la ropa de mujer.

-¿Qué es la elegancia y quién la tiene?

La elegancia es sentido común. Es inteligencia y es tener muchos espejos en casa donde mirarnos, porque todo el mundo sabe cómo es su cuerpo y qué le sienta bien y qué le sienta mal. Mirarse es algo que cada vez le cuesta más a la sociedad; tan contradictoria, siempre mirando hacia afuera. En las casas modernas, de gente joven, hay poquísimos espejos. Preferimos disfrutar del mundo idealizado, tergiversado de Instagram, Facebook, Twitter… que es un yo imaginario. Enfrentarnos a nosotros mismos nos cuesta mucho. Lo que veo por la calle es gente que no se gusta a sí misma y no se mira en el espejo, porque le tienen terror.

 


“YO ME ESFUERZO EN QUE EL TRAJE ESTÉ LO MEJOR HECHO POSIBLE, BUSCANDO SIEMPRE ESA PERFECCIÓN TAN DIFÍCIL DE ALCANZAR”


 

-¿Sigue las pautas de algún maestro o se considera un verso suelto?

Si conoces la historia de tu oficio y observas sus pautas, muchos problemas te vienen resueltos. Pero no tengo ningún mito. No soy fetichista. El personaje al que más sigo, no por su trabajo, que es sobresaliente, sino por su manera de ver la vida, sus claroscuros, sus luces, sus sombras y su fuerza vital es Coco Chanel, de cuyo legado, sus lecciones de lógica y de sentido común, seguimos bebiendo desde hace más de un siglo. Quitando a Chanel, de todos y ninguno. Siempre estás descubriendo cosas nuevas, nombres nuevos y firmas ya olvidadas. Con cualquier prenda, incluso la más humilde de un mercadillo, aprendes soluciones: qué hay que hacer o qué no hay que hacer, que también es un aprendizaje.

-¿Las nuevas generaciones qué buscan? ¿Qué ve más de positivo en ellas?

Esta generación de cristal se ha hecho un poco de mala fama, aunque a mi alrededor veo que todos mis sobrinos y sobrinos-nietos trabajan, haciendo lo que pueden. Creo que están muy intoxicados. La gran diferencia es que tienen otra mentalidad y otro modo de enfrentarse a la vida -no sé si mejor o peor-, diferente a la que tuvimos nosotros. Es el antes y el después de esta revolución tecnológica y las benditas redes sociales. En ese punto, ni soy un experto ni tengo los datos ni me atrevería a opinar de manera superficial. Simplemente, anoto como observador y como ciudadano desde fuera, que creo que está cambiando la manera de pensar y de afrontar los problemas. Tiene sus cosas buenas y sus cosas malas. Cada dos por tres leo noticias de chavales, de emprendedores -y no hablo de influencers-, que con una maquinita se están ganando fenomenalmente la vida. Gracias a las redes y a internet, llegan a un público mucho más amplio del que pude llegar yo cuando empecé. También hay muchas muñecas rotas, porque a veces esos éxitos son flor de un día, y luego caen. Creo que viven muy al momento en lo relativo a las cosas de moda.

-El dilema de llegar y mantenerse…

Mantenerse es lo más complicado en la vida del ser humano. Cuesta mantener una relación, un trabajo, mantener tu peso, tu forma física, tu salud, mantener un matrimonio, una familia, una empresa, un partido político, una mayoría…

-Balenciaga decía: “El prestigio queda, la fama es efímera”.

Pero eso es válido en todas las profesiones, no solo en la moda. Al final es la famosa frase de Chanel “La moda pasa, el estilo permanece”. Pero creo que eso las nuevas generaciones no lo han asimilado.

-En su taller, ¿es más fácil convencer o que le convenzan?

Las dos cosas. Al ser un trato tan directo con la clientela, tienes que estar dispuesto a escuchar, porque se trata mucho de absorber lo que te están diciendo e intentar traducirlo para hacer su sueño realidad. Pero también tener mano izquierda para decir: “oye, mira, fenomenal, pero ¿y sí vamos por aquí? ¿Qué te parece esto?” Es un intercambio: un trabajo en equipo, dispuesto a convencer y a dejarte convencer.

-¿Quién es más duro en ese toma y daca? ¿El director de teatro o una clienta?

Los dos. Hay directores que confían en ti, creen en tu criterio y se muestran agradecidísimos de que alguien les quite ese marrón que al final es la ropa, y otros más puntillosos que pretenden saber hasta con qué hilo se está cosiendo una canilla. Con las clientas, igual. No se puede generalizar. En ambos casos hay que aprender a lidiar con los seres humanos. Hay gente que sabe que está frente a un profesional y confía, y otra a la que le encanta buscar problemas donde no los hay.

-¿El teatro le ayuda como modista y viceversa? ¿Se retroalimentan?

Son vasos comunicantes. Cosas que aprendes en el taller, las aplicas luego al teatro, y al contrario. Estás vistiendo a personas (personajes en el caso del teatro), que quieren estar cómodos y lo más favorecidos posible dentro de las limitaciones del papel. Al final, es ropa que tiene que funcionar.

 


“EN EL TEATRO ESTÁS VISTIENDO A PERSONAS QUE QUIEREN ESTAR CÓMODOS Y LO MÁS FAVORECIDOS POSIBLE DENTRO DE LAS LIMITACIONES DEL PAPEL”


 

-Como cantaba La Lupe, ¿lo suyo es puro teatro?

En el taller hay mucho de teatro. Lo de “vivir la experiencia” está de moda. Estamos en un momento difícil. Antes, hacerse ropa a medida era muy frecuente. Desde los más privilegiados, que podían ir a un Balenciaga, un Pertegaz o un Berhanyer, a las clases más humildes. La máquina de coser era como un electrodoméstico en los hogares españoles. Y la cuñada, la portera o la amiga, tenían un mini taller en el barrio. Lo que no encontrabas en las tiendas, te lo hacías. Incluso por una cuestión de ahorro familiar. En una o dos generaciones, eso ha desaparecido. Ahora, encargarte un traje a medida es una experiencia, que vas a tener como mucho una o dos veces en la vida: cuando te casas y cuando eres madrina de tu hijo. Entonces, tienes que hacer un poquito de teatro, porque forma parte del juego.

-Por el cine ha pasado de puntillas. ¿Volvería por un argumento o por un director?

Ni por una cosa ni por otra, porque no soy nada mitómano. La mitomanía es una enfermedad que uno tiene de joven y la superas cuando, por tu trabajo y tu trayectoria, empiezas a conocer personalmente a esos mitos y se te caen. Que te va a llamar Woody Allen o no sé quién: ¡estupendo!, Que vas a vestir a una de esas actrices tan guapas que están en el “candelabro”: ¡fenomenal! Con casi sesenta años y todo lo que tengo encima, siendo sincero volvería por el dinero; si hay detrás una recompensa económica importante. Así de claro. Porque es mucho trabajo, mucha paliza, mucha responsabilidad y bastante tengo ya con mi taller. Mis egos están cubiertos y mis satisfacciones también muy resueltas.

-El trabajo en televisión con el programa Maestros de la costura, ¿es muy absorbente?

Sí, pero está muy concentrado en dos meses, o dos y medio por temporada, y cada año, una aventura. Nunca sabemos si van o no a renovarnos, pero más o menos reservas esas semanas. Luego, ya sabes a lo que vas. Raquel, Palomo, María y yo, somos una pequeña gran familia, y es como volver a hacer el campamento de verano, disfrutando con los amigos, los colegas. Mientras dure, es una experiencia muy bonita. Cada edición intento hacerlo lo mejor posible, como si fuera la última, porque no sabemos realmente si va a serlo. Dicho esto, ojalá nos renueven, porque el programa funciona y los datos de audiencia están siendo muy buenos. Pero, como todo en esta vida, planes a largo plazo no se pueden hacer muchos hoy por hoy.

 


“CON CUALQUIER PRENDA, INCLUSO LA MÁS HUMILDE DE UN MERCADILLO, APRENDES SOLUCIONES”


 

-¿Qué aconseja a los participantes en el concurso fuera de cámara?

Que se lo pasen fenomenal. Igual si son anónimos o celebrities. Que se diviertan. Que vivan la experiencia, que al margen de que ganen o no ganen, lleguen o no a la final, disfruten cada momento.

En el monólogo de Jardiel Cuentos y chismes del oficio, la intérprete, tras enumerar las vicisitudes de su profesión afirma “si volviera a nacer volvería a ser actriz”…

…si yo volviera a nacer, sabiendo todo lo que sé de la industria, no lo sé. A lo mejor me metería en la moda bajo otro punto de vista: el de los museos, la historia de la indumentaria, la investigación… Pero mi trabajo también me ha dado muchas satisfacciones que, a lo mejor, investigando y publicando un libro sesudo al año no las tendría.

DÓNDE ENCONTRARLE

Mientras obras como El médico siguen acumulando éxitos y pendiente de si su incesante actividad le permite retomar en la temporada de ópera de Bilbao su producción de Otelo de hace una década, la icónica sala del Canal de Madrid muestra hasta finales de mes con entradas agotadas alguno de sus trabajos más mediáticos