AL ENCUENTRO
Si algo ha caracterizado a esta sección de Escritura Pública, a lo largo de 26 años y 161 números, es la idea de “dar un paseo por”, no darlo “en”, como se place en explicar la filóloga gaditana Carmen Amores a sus alumnos extranjeros: “‘En’ coloca al cuerpo dentro de un espacio; ‘por’ deja que el cuerpo dialogue con él”. Y si algo apetece verdaderamente cuando se llega a Comillas es eso: dar un paseo por, dejar casi que los pies se muevan a su aire, que los ojos se llenen de luces y estructuras impensadas, que la pituitaria se empape de mar y de hierba o que los oídos capten la vida un tanto ecléctica que anida en este antiguo enclave ballenero.
EL CONJUNTO DE LA PLAZA DE LA CONSTITUCIÓN TIENE UN TAMAÑO RECOGIDO: NO ESPERE EL VIAJERO QUE LE DESLUMBRE DE GOLPE, PORQUE DESCUBRIRÁ LOS DETALLES A MEDIDA QUE AVANZA
La plaza de la Constitución es un estupendo punto de partida, con su marcado carácter de centro de la vida local. Allí se encuentran la iglesia parroquial de San Cristóbal (s. XVII), el antiguo ayuntamiento (s. XVIII) y varias casas tradicionales. El conjunto tiene un tamaño recogido: no espere el viajero que le deslumbre de golpe, porque asume ese principio de diálogo, que antes decíamos, conduciendo a que descubra los detalles a medida que avanza. Desde la plaza, surgen las callejuelas que exponen casas con balcones, escudos y galerías acristaladas. Es toda una experiencia observar las diferencias entre las viviendas populares y las residencias de familias enriquecidas con la navegación y los negocios. El paseo tiene algo de lectura urbana: una portada informa sobre linajes, una ventana habla del clima y una fachada anuncia la llegada de nuevos gustos…
Pero volvamos a San Cristóbal, que tiene anécdota histórica. Nos situamos en el siglo XVII y la parroquia estaba donde hoy se encuentra el cementerio (al que merece la pena echar un vistazo, por cierto). Rifirrafe entre el administrador del duque del Infantado y los vecinos durante una misa dominical por determinados privilegios que se atribuía el primero, cosa que en realidad era la gota que colmaba un vaso, y los comillanos dejaron plantados al administrador y al párroco. A las autoridades eclesiásticas les pareció fatal y excomulgaron a todo el pueblo. Ambas partes cedieron al cabo de casi un año y, entre los acuerdos para normalizar la situación, estaba que los vecinos construirían la nueva parroquia en la que no hubiera privilegio de ningún tipo.
DE LA VISITA DE ALFONSO XII VIENE EL RELATO, NO DEL TODO CIERTO SEGÚN ALGUNAS FUENTES, DE QUE COMILLAS FUE LA PRIMERA LOCALIDAD ESPAÑOLA EN TENER ALUMBRADO ELÉCTRICO PÚBLICO
Antonio López y López fue el catalizador de la transformación de Comillas en el siglo XIX. Hablamos de un empresario y naviero nacido en la localidad, que hizo fortuna en Cuba y recibió el título de marqués de Comillas en 1881, concedido por el rey Alfonso XII. De aquél mismo año viene el relato, no del todo cierto según algunas fuentes, de que la localidad comillana fue la primera de España en tener alumbrado eléctrico público. El marqués invitó al rey a visitarle y quiso exhibir músculo económico poniendo en las calles faroles dotados del entonces recientísimo invento de Edison. Fue en verano, el monarca aprovechó para pasar unos días de relax, pero convocó un consejo de ministros en la Casa Ocejo (s. XIX), donde se alojaba. El regreso a su tierra natal de Antonio López, en suma, reforzó su papel como lugar de veraneo de las élites y transformó la escala de sus edificios.
EL VOLUMEN DEL PALACIO DE SOBRELLANO, SUS TORRES Y SU DECORACIÓN CONVIERTEN LA RESIDENCIA EN UNA DECLARACIÓN DE PODER
Así podemos hablar del palacio de Sobrellano (1880-90), que se inspira en la arquitectura medieval, pero no es una reconstrucción arqueológica: es una interpretación historicista propia del siglo XIX. Su volumen, sus torres y su decoración convierten la residencia en una declaración de poder. El palacio no pretende pasar desapercibido; desde su posición domina el entorno y establece un diálogo monumental con la vecina capilla-panteón de los marqueses de Comillas. Esta fue concebida como espacio religioso y funerario familiar. En su interior se combinan referencias góticas, mobiliario con diseño de Gaudí y una notable atención a las artes decorativas.
El “Capricho de Gaudí”, ya que hablamos del arquitecto modernista, está a pocos metros del palacio y se llama, en realidad, Villa Quijano (1883-85), porque lo mandó construir para residencia de verano un familiar del marqués llamado Máximo Díaz de Quijano, como el mismo Antonio López emigrado a Cuba y enriquecido allí. Y lo del “capricho” no es una ocurrencia más o menos improvisada: la casa responde a un proyecto residencial concreto, adaptado al terreno, a la luz y a las aficiones de su propietario. Como se puede constatar por las fechas, pertenece a la etapa temprana del arquitecto y combina cerámica, hierro, madera, piedra y motivos vegetales con una libertad formal digna de elogio. Las franjas de azulejos, las torres y las referencias musicales hacen que la casa parezca moverse incluso cuando permanece inmóvil.
EL “CAPRICHO DE GAUDÍ” COMBINA CERÁMICA, HIERRO, MADERA, PIEDRA Y MOTIVOS VEGETALES CON UNA LIBERTAD FORMAL DIGNA DE ELOGIO
Cabe decir que la ejecución de las obras no corrió a cargo de Gaudí, sino de un compañero de carrera que se basó en una maqueta que aquél había hecho, imaginamos que para acordar formas y estilos con Quijano. Lo más habitual es que Gaudí trabajase maquetas, no con planos; otra cosa es pensar cómo hubiese sido el “Capricho” si él hubiese hecho la obra, dada la combinación de imaginación, perfeccionismo e improvisación que le caracterizaban. Hubiera hecho buena –o mejor, si cabe– una de sus frases: “La belleza es el resplandor de la verdad; y, como que el arte es belleza, sin verdad no hay arte”.
La antigua Universidad Pontificia, es otro de los grandes hitos del paisaje comillano. El complejo fue impulsado por los jesuitas, con el apoyo –cómo no– de Antonio López, y se destinó a seminario. Sus edificios (1890 y sucesivos), de inspiración historicista y decoración abundante, reflejan el deseo de crear un centro de estudios de alcance internacional. Por sus aulas pasaron alumnos de distintos países y se impartieron enseñanzas vinculadas a la teología, la filosofía y las humanidades. Comenzó su actividad a finales del siglo XIX y posteriormente se trasladó a Madrid, donde continuó su trayectoria universitaria. Hoy es la sede de la Fundación Comillas del Español y la Cultura Hispánica, cuyo nombre completo ya explica sus objetivos.
LOS EDIFICIOS DE LA ANTIGUA UNIVERSIDAD PONTIFICIA, DE INSPIRACIÓN HISTORICISTA Y DECORACIÓN ABUNDANTE, REFLEJAN EL DESEO DE CREAR UN CENTRO DE ESTUDIOS DE ALCANCE INTERNACIONAL
A mayores de valores culturales y académicos, nos fijamos en la decoración interior: cerámicas, pinturas, mosaicos y elementos arquitectónicos forman un repertorio exuberante, muy alejado de la austeridad que algunos visitantes esperan de un edificio universitario, empezando por la puesta de acceso al campus. Esa riqueza responde al lenguaje artístico de su tiempo y a la voluntad de prestigiar la institución. El conjunto puede leerse como una síntesis del momento en que la arquitectura se convirtió en herramienta de representación, educación y competencia cultural.
El puerto de Comillas fue un importante centro ballenero en los siglos XVI a XVIII, aunque, claro, no sólo de ballenas vivían los pescadores, que el Cantábrico es rico en especies como el besugo y el congrio, en invierno, o la sardina, el bocarte y el bonito, en verano. Y ya entramos sin quererlo en materia gastronómica; pero en esto, ya saben, la cosa no es leerse las bondades del producto de cercanía, sino catarlo. Volviendo a los cetáceos, una buena idea es apuntarse a la actividad de la “ruta ballenera”, que promueve el ayuntamiento. Es una forma de descubrir cómo influyó la pesca de estos gigantes marinos en la identidad de la villa.
EN TORNO AL 16 DE JULIO, LOS PICAYOS Y PICAYAS PUEBLAN COMILLAS. LOS UNOS, DANZAN; LAS OTRAS, HACEN SONAR SUS PANDERETAS PARA MARCAR EL RITMO DE LA DANZA
El puerto, también la playa, nos sumergen en la tradición veraniega de las danzas de los picayos y los panderetazos de las picayas. Nos situamos en 1676, los pescadores salieron a faenar –posiblemente desde la playa, como venía siendo habitual, porque entonces el puerto estaba a medio construir–, una galerna de rapidísima evolución y graves consecuencias se les echó encima y los vecinos recurrieron al párroco. Mientras este se encomendaba al Cristo del Amparo, la galerna cedió, permitiendo el regreso de los pescadores sin que se les volcasen sus barcos y sin el riesgo de estrellarse contra las rocas. Desde entonces, en torno al 16 de julio, se conmemora este hecho con la participación de picayos y picayas. Los unos, danzan; las otras, hacen sonar sus panderetas para marcar el ritmo de la danza; y así recorren Comillas varios días y con procesiones de distinto trayecto y contenido. Es cierto que las figuras de bailarines y pandereteras no son exclusivas de la villa comillana, pero son estas las que más reconocimiento han adquirido de toda el área cántabra donde se dan.
Puerto escondido (2015) es el primer título de una saga de novelas de la escritora María Oruña, cuya acción se localiza en diversas localidades cántabras, entre ellas Comillas. Esto ha dado lugar a una ruta literaria con el mismo nombre de la saga, que se inicia en las vecinas localidades de Suances y Santillana del Mar, para terminar en Comillas. Los personajes que pueblan los relatos se encuentran aquí con El Duque (s. XIX), “…una mansión espectacular. El toque inglés era inconfundible, a camino entre una impresionante vivienda romántica y un escenario de terror gótico”; con el puerto: “…verás los pesqueros cuando regresan de la sardina, rodeados de gaviotas por todas partes”; con el cementerio: “Volvió a mirar al ángel pétreo: sus rasgos, a aquella distancia, no le resultaban completamente definidos, aunque los conocía de memoria […] Lo llamaban el Ángel Guardián, como si fuese un ente protector de las almas que yacían bajo sus pies y su cuerpo alado. Pero ella sabía que aquel ángel era el otro, el llamado Ángel Exterminador”.
LA RUTA LITERARIA DE PUERTO ESCONDIDO SE INICIA EN LAS VECINAS LOCALIDADES DE SUANCES Y SANTILLANA DEL MAR, PARA TERMINAR EN COMILLAS
Verán, en fin, que les hemos dado razones paisajísticas, históricas y arquitectónicas de lo más singular para ver Comillas en todo momento, así que este Al Encuentro no es solo una sugerencia de turismo cultural a fecha concreta, sino una invitación para “pasear por” cuando les plazca, con la agenda abierta. Eso sí: si se llegan a Comillas en el entorno de marzo o abril, no se pierdan dos iniciativas gastronómicas de lo más marinero: la fiesta del erizo, tres semanas antes de la Semana Santa, y la fiesta de la caballa, el mismo Viernes Santo. Llegados a este punto, imprescindible recalar en alguno de los sitios donde ofrezcan ese otro monumento local, gastronómico en este caso, que son las albóndigas de caballa. Si nos lo permiten… ¡todo un capricho!
PARA NO PERDERSE
INFORMACIÓN
Oficina de Turismo de Comillas
Plaza Joaquín del Piélago, 1
Tel.: 942 722 591
[email protected]
https://comillas.es/comillas/Web_php/index.php
ALOJAMIENTO
Hotel Comillas ****
Paseo Maria Luisa Bru, 2
Tel.: 942 722 300
[email protected]
www.hcomillas.com
RESTAURANTES Y TAPEO
Marisquería Adolfo
C/ Las Infantas, 9
Tel.: 942 722 014
[email protected]
Restaurante Gurea
C/ Ignacio Fernández de Castro, 11
Tel.: 942 722 446
[email protected]
Asador Las Ruedas
C/ La coterona, 14
Tel.: 679 246 679
[email protected]
La Lonja de Comillas
C/ del Muelle, s/n
Tel.: 942 722 458
[email protected]





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Ana de Mendoza y de la Cerda, la de Éboli, para entendernos, parece marcar la historia de Pastrana más que el pasado de una villa que probablemente fue una ciudadela carpetana sobre la que, también probablemente, bulló la Paterniana romana, o que tuvo la importancia de ser fundada oficialmente por la Orden de Calatrava; incluso más que el hecho de haber sido ya lugar de prestigio social cuando la condesa de Mélito compró el lugar a los calatravos con la aquiescencia de Carlos I, aunque al pueblo llano no le apeteciesen mucho los cambios que se produjeron. La llegada de Ana de Mendoza tuvo lugar durante el reinado de Felipe II, cuando el amigo de la infancia de este, Ruy Gómez de Silva y casado con ella, compró la villa pastranera a unos familiares de su mujer, obteniendo el título I Duque de Pastrana. Ruy fue nombrado también por el rey Príncipe de Éboli –Éboli es una población italiana, en la provincia de Salerno, perteneciente al Reino de Nápoles en el siglo XVI–, que debió parecer un título más importante al personal y de ahí que la duquesa sea conocida por él. Con ellos llegó un tiempo de enorme progreso a la villa alcarreña y, ya en el terreno religioso, a la reforma de la antigua iglesia calatrava, del siglo XIII, para convertirla en la colegiata que hoy conocemos, se le unió la solicitud de crear dos conventos.
El Albaicín, el barrio de Pastrana que así se llama, es un ejemplo único de ensanche industrial en el siglo XVI. Tras la rebelión de las Alpujarras (1568-1571), los moriscos fueron expulsados de Granada y repartidos por Castilla. Una gran parte de ellos fueron asignados al ducado de Pastrana, donde se crearon potentes industrias de la seda y la taracea, en las que los nazaríes eran expertos. Se instalaron extramuros y, procedentes como eran casi todos del Albaicín granadino, pusieron el mismo nombre a su nuevo hogar. Y trajeron consigo también los granados, cuya fruta es hoy un signo distintivo pastranero.