CNUE

PANORAMA INTERNACIONAL // CNUE

De izda. a dcha.: Roland Wadge, Lukas Mandl y Markus Gumilar.

‘De la tinta a la nube’

Del 16 al 20 de marzo, el Consejo de los Notariados de la Unión Europea (CNUE) organizó en la sede del Parlamento Europeo, en Bruselas, la exposición De la tinta a la nube: garantizando la transmisión a lo largo de los siglos.

Un recorrido por la historia de Europa a través de destacados documentos notariales, conservados en los archivos nacionales de los Notariados miembros del CNUE. Un viaje desde el siglo XIII hasta la actualidad, desde los archivos que dieron forma a la Europa que hoy conocemos hasta los retos actuales asociados a la transmisión de activos digitales.

El Notariado español tomó parte en esta iniciativa aportando un documento histórico, de gran trascendencia jurídica e institucional para nuestro país: el testamento de la Reina Isabel la Católica. En este testamento, redactado el 12 de octubre de 1504 y autorizado por el notario Gaspar de Grizio, la Reina hizo constar su voluntad de que su hija Juana fuera la única heredera de la Corona de Castilla. Mediante cláusulas legales cuidadosamente redactadas por el notario, la reina garantizó tanto el respeto de los derechos de sucesión como la preservación de la unidad del Reino. En la página web de la exposición pueden verse también el poder otorgado por Miguel de Cervantes para interponer acciones legales contra quienes imprimieron o intentaron imprimir El Quijote y el acta notarial sobre el ataque del corsario Francis Drake a la isla de La Palma.

Al acto de presentación de esta iniciativa asistieron representantes de los Notariados europeos y las instituciones de la UE, así como miembros del Parlamento, entre ellos el presidente del CNUE, Roland Wadge; el eurodiputado Lukas Mandl, en calidad de patrocinador; y Markus Gumilar, por su aportación a la dimensión digital de la exposición. En representación del Notariado español asistieron Álvaro Lucini, delegado del Consejo General del Notariado (CGN) para el CNUE, y los notarios de la Sección Internacional del CGN, Juan Gómez-Riesco y Roberto Follía.

De izda. a dcha.: Juan Gómez-Riesco, Álvaro Lucini e Isidoro Calvo.
Imagen de la sesión.

Asamblea General del CNUE

El pasado 19 de marzo, el Consejo de los Notariados de la Unión Europea celebró su Asamblea General en la sede del Parlamento Europeo en Bruselas. Los delegados de los 22 Notariados miembros se reunieron para debatir varias iniciativas legislativas en el marco europeo, entre ellos, los representantes del Notariado español: Álvaro Lucini delegado para el CNUE, Isidoro Calvo y Juan Gómez-Riesco.

La sesión sirvió como espacio de reflexión sobre la propuesta de reglamento de la Comisión Europea que establece un nuevo 28.º régimen en el Derecho de sociedades de la UE, y que tiene por objeto introducir una forma de sociedad europea totalmente armonizada, destinada a coexistir con los marcos jurídicos nacionales.

Igualmente, el organismo debatió la propuesta de reglamento relativo al establecimiento de carteras empresariales europeas, una iniciativa que forma parte del desarrollo en curso del marco de identidad digital de la UE. Al hilo de estos asuntos normativos, el CNUE se pronunció señalando que “la innovación en el Derecho de sociedades de la UE y la identidad digital deben ir de la mano de la seguridad jurídica”.

Conferencia de Notarios Europeos

Los días 23 y 24 de abril, el Consejo de los Notariados de la Unión Europea organizó en Salzburgo (Austria) la 36.ª Conferencia de Notarios Europeos, titulada Notariat2030@EU: Marcando el rumbo de las prioridades de la política jurídica europea. El encuentro sirvió para debatir sobre el 28.º Régimen de Derecho de sociedades, el Reglamento de la UE sobre sucesiones y el impacto de la inteligencia artificial en la práctica notarial. En representación del Notariado español asistió al evento la delegada de Asuntos Económicos e Internacionales del Consejo General del Notariado, Carmen Boulet.

Carmen Boulet en el evento.
El presidente del CNUE, Roland Wadge, inaugura el encuentro.
Foto de familia del encuentro.

Consorcio 'WE BUILD'

Del 11 al 13 de marzo, los integrantes del consorcio WE BUILD se congregaron en Bruselas en una nueva sesión plenaria y para celebrar las reuniones de sus distintos grupos de trabajo, centradas en el Derecho de sociedades y la constitución de sucursales de una empresa.

El encuentro sirvió como espacio de debate profesional e intercambio de opiniones sobre el proceso de creación de una sucursal, desde la perspectiva del nuevo reglamento eIDAS2 y los requisitos legales necesarios. En representación del Notariado español, el notario Gonzalo Cano y los profesionales del Centro Tecnológico del Notariado, Laura Ferrer y Martí Ras, asistieron al encuentro.

Red Notarial Europea

En el marco del encuentro organizado por el Consejo de los Notariados de la Unión Europea (CNUE) en el Parlamento Europeo, el pasado 18 de marzo se celebró en Bruselas la reunión de los interlocutores y representantes de los distintos Notariados europeos de la Red Notarial Europea (RNE). El notario Roberto Follía, interlocutor para España de la Red, participó en el encuentro.

Integrantes de la RNE.

Red Judicial Europea

Los miembros y puntos de contacto nacionales de la Red Judicial Europea se reunieron los días 19 y 20 de marzo en Bruselas para debatir sobre el Reglamento 650/2012 del Consejo y el Parlamento Europeo sobre sucesiones. Esta Red reúne a las autoridades nacionales responsables de asistir a los órganos jurisdiccionales locales y se creó para facilitar la cooperación judicial y jurídica entre los Estados miembros. En representación del Notariado español asistió a la cita el notario Roberto Follía.

UINL

PANORAMA INTERNACIONAL // UINL

El Notariado internacional en el Día de la Mujer

Con motivo del Día Internacional de la Mujer, la Unión Internacional del Notariado (UINL) y su Grupo de Trabajo de Igualdad de Género organizaron el 9 de marzo un webinar sobre la acción del Notariado internacional y su alineación con las políticas públicas globales en favor de la igualdad de género. Este espacio de diálogo, inaugurado por el presidente de la UINL, David Figueroa, y liderado por la presidenta honoraria del organismo, Cristina Armella, reunió a notarias de distintos países de todo el globo: Portugal, Uruguay, Argentina, México, Marruecos o Vietnam, entre otros.

En representación del Consejo General del Notariado español (CGN), la presidenta Concepción Pilar Barrio Del Olmo ofreció una ponencia en el bloque dedicado a la intervención notarial en la transición tecnológica y frente al impacto de la inteligencia artificial, en el que se abordaron las brechas que pueden generarse, los desafíos a futuro y las posibles soluciones. El foro permitió también la reflexión en torno al papel del Notariado en la prevención de la violencia y para el fortalecimiento económico de las mujeres en el emprendimiento, con una mesa redonda en la que participó la notaria Carmen Boulet, delegada de Asuntos Económicos del CGN.

La ocasión sirvió para presentar asimismo el primer volumen del libro digital del Grupo de Trabajo ‘Igualdad de Género’ de la UINL: Las pioneras del notariado. Las primeras mujeres notarias y su contribución a la historia del notariado latino.

Comisión de Asuntos Europeos

Los días 16 y 17 de abril, la Comisión de Asuntos Europeos (CAE) de la Unión Internacional del Notariado (UINL) se reunió en Tiflis (Georgia) para la primera sesión plenaria de la legislatura 2026–2028. El presidente de la UINL, David Figueroa Márquez; el viceministro de Justicia de Georgia, Giorgi Dgebuadze; la presidenta de la CAE, Valentina Rubertelli; y la presidenta del Notariado georgiano, Ekaterine Nandoshvili, inauguraron el encuentro.

En el marco de este evento, la Academia Notarial Europea celebró un nuevo seminario bajo el título Transacciones inmobiliarias en Europa: seguridad jurídica y transformación digital. Los debates se centraron en el valor añadido de la intervención notarial en las transacciones inmobiliarias y la digitalización de los actos y servicios notariales.

En la primera de las mesas redondas tomó parte el notario español Juan Gómez-Riesco, en calidad de vicepresidente de la CAE, para hablar sobre El papel fundamental del notario en la lucha contra el blanqueo de capitales. A la celebración de este foro asistió también el notario Pedro Rincón de Gregorio, en representación de la Sección Internacional del Consejo General del Notariado.

Sesión plenaria.
De izda. a dcha.: Giorgi Dgebuadze, Ekaterine Nandoshvili, David Figueroa y Valentina Rubertelli.

Reunión con el Notariado georgiano

Con ocasión de la celebración de la sesión plenaria de la Comisión de Asuntos Europeos en Tiflis, en la que se definió el plan de trabajo para el período 2026–2028 y se compartieron las novedades legislativas de los Notariados europeos miembros y los estudios comparativos internacionales, los máximos representantes de la UINL y de la Comisión mantuvieron una reunión con la Cámara de Notarios de Georgia.

Este encuentro permitió intercambiar impresiones sobre las competencias del Notariado georgiano en materias como el Derecho de familia, los regímenes matrimoniales, Derecho sucesorio, donaciones o Derecho inmobiliario, entre otros; así como sobre sus proyectos en desarrollo, entre los que destaca la digitalización de los servicios notariales.

«El Paraíso de los libros», por Juan Manuel de Prada

ÁGORA CULTURAL Y JURÍDICA

Juan Manuel de Prada,

escritor. Licenciado en Derecho y Doctor en Filología Hispánica. 
Autor de la bilogía Mil ojos esconde la noche: La ciudad sin luz (2024) y Cárcel de tinieblas (2025). Ganador del Premio Planeta (1997) y Premio Nacional de Narrativa (2004).

El Paraíso de los libros

Como Borges, yo también me figuro el Paraíso bajo la especie de una biblioteca. Una biblioteca populosa como la eternidad, que incluya los libros que mi ávida memoria reconoce, los libros que mi ferviente entusiasmo espera leer antes de que la muerte me visite, y también los incontables libros que no podré leer en esta vida. Y en ese Paraíso no podrá faltar mi amado y añorado abuelo, con quien espero reencontrarme. Fue mi abuelo quien me enseñó a leer, cuando todavía no había cumplido los tres años, casi a la vez que aprendía a hablar. Lo hizo con la ayuda de una vetusta cartilla que en su primera página incluía las letras vocales, acompañadas de un dibujo alusivo: la a de abanico, la e de erizo, la i de iglesia, la o de ojo, la u de uvas.

Guardo todavía un ejemplar de aquella cartilla, desvencijado y amarillento; y, mientras lo hojeo, me imagino aupado sobre las rodillas de mi abuelo, arrimados ambos a la camilla que escondía bajo sus faldas el calor hospitalario del brasero, pronunciando al unísono esos sonidos que servían para designar el mundo; y llego a imaginar tan vívidamente esa escena que por momentos creo recordarla. Pero sé bien que se trata de falsos recuerdos, reelaborados a partir de otras impresiones posteriores que me han dejado una huella indeleble, como los besos de buenos días que mi abuelo me daba en las mejillas cada mañana, restregándome su barba picajosa de tres o cuatro días, una barba que le crecía recia y me dejaba las mejillas escocidas. Ahora que esos besos me faltan me despierto muchos días añorando aquel escozor en la piel, y a veces incluso llego a sentirlo en la duermevela como una lija amorosa que frotase todo mi rostro, lavándolo de arrugas y pensamientos sombríos.

Al calor de la poesía de Gabriel y Galán

Mi abuelo, que me enseñó a leer, no era sin embargo hombre de lecturas numerosas. La sabiduría que había atesorado no se la habían proporcionado los libros, sino las asperezas y sinsabores de la vida; sin embargo, guardaba como oro en paño un ejemplar muy magullado de las poesías de José María Gabriel y Galán, que había llegado a aprenderse de memoria allá en su infancia campesina. Sospecho que hoy ya casi nadie frecuenta a Gabriel y Galán, tan alejado de la muy cuestionable sensibilidad contemporánea; pero su poesía rural, candeal, muy delicadamente emotiva me sigue poniendo un amasijo de ortigas en la garganta cada vez que la releo. El poema predilecto de mi abuelo se titulaba El vaquerillo; y me lo recitaba a diario, con una voz que era a un tiempo muy viril y muy melancólica, como si en el niño protagonista estuviese viendo al niño que yo era por entonces, o incluso al niño que él mismo había sido:

“He dormido esta noche en el monte
con el niño que cuida mis vacas.
En el valle tendió para ambos
el rapaz su raquítica manta
y se quiso quitar, ¡pobrecillo!,
su blusilla y hacerme almohada.”

Mientras mi abuelo leía aquellos versos temblorosos, yo sentía crecer dentro de mí el relente de una noche pasada en la intemperie, y me acurrucaba contra él, para sentir el calor de su sangre derramándose por sus venas antiguas, como un río rumoroso y lentísimo, para sentir los latidos de su corazón, como un reloj que midiese la respiración del mundo. Pegados el uno al otro, como la piedra al liquen, sentíamos que se nos hacían de acero los cuerpos y de oro las almas; y la noche que ya se avecindaba a lo lejos ni siquiera nos rozaba: ambos éramos invulnerables y eternos como los dioses.

Mi abuelo y yo solíamos dar largas caminatas en pos del crepúsculo, siguiendo el curso del río o por vericuetos que sólo él conocía, en busca de las hierbas medicinales que le servían para curar sus achaques. Recuerdo que me cantaba canciones de cuando la guerra, o todavía más antiguas, con una voz cascada y agrietada de melancolías, y que me contaba anécdotas de su juventud de vendedor ambulante, anécdotas sobre aquellos años ásperos en que dormía en las posadas de los caminos, y a veces también a la intemperie, escrutado por las estrellas y las lechuzas. En uno de aquellos paseos mi abuelo me llevó hasta la biblioteca de la ciudad en que crecí, allá donde las iglesias románicas guardaban su liturgia anciana y fresquísima. Mi abuelo, como tantos otros jubilados, solía hojear los periódicos en la biblioteca, para ahorrarse las monedillas que costaban en el quiosco; y, mientras lo hacía, me dejaba en la sala de lectura infantil, donde descubrí que los libros eran un tesoro inagotable que podría llenar mis días y mis noches, un tesoro que refulgía como el oro de las mitologías.

Del ‘método’ a la pasión insomne

La visión de aquellas estanterías atestadas de libros, combadas por el peso de cientos de volúmenes que aguardaban expectantes mi curiosidad, me produjo una suerte de arrobo. Extrañamente, pensé que aquella biblioteca era una suerte de templo, protegido de las contingencias y de los vanos afanes de los hombres, donde podría alimentar mi devoción por los siglos de los siglos. Y, como no sabía por dónde empezar, me impuse un método de lectura disparatado: decidí que estaba obligado a leer todos aquellos libros, uno por uno, y para que mi propósito no flaquease, decidí leerlos en estricto orden, empezando por el anaquel más alto de la estantería más próxima a la entrada de la biblioteca; cuando acabé con el primer anaquel, seguí con el siguiente, y así hasta acabar con la primera estantería. Durante años, seguí a rajatabla aquel disparatado método; e, inevitablemente, hice acopio de lecturas absurdas o perfectamente prescindibles; también de lecturas demasiado abstrusas para un niño que apenas había empezado a descifrar los senderos de la vida. Pero también en aquellos libros absurdos o prescindibles o demasiado intrincados hallé motivos de alborozo; y todavía hoy queda en mí algo de aquel niño desprejuiciado que no hacía ascos a nada en su pasión voraz por la lectura, una pasión que pronto anegaría mi vida entera, como un amor insomne que no me concedía tregua. Más de una vez mi madre me pilló robando horas al sueño, con la lámpara de mesilla encendida, absorto en la lectura de un libro; y, aun después de que mi madre me apagara la lámpara de mesilla, yo me las ingeniaba para seguir leyendo, armado de una linterna, acurrucado entre las mantas. Y así me sorprendía el amanecer, calenturiento de palabras que me aturdían con un fragor de enjambre.

Alma y literatura, más allá de la vida

Por supuesto, en aquella época, pensaba que tendría tiempo suficiente para leer todos los libros que me apeteciera. En mis visitas a la biblioteca pública, me paseaba entre los anaqueles atestados con un sentimiento optimista e insensato; como el terrateniente que recorre las lindes de su finca, creía que mi vida sería suficientemente larga como para asomarme a todas aquellas páginas que, en cierto modo, me pertenecían. Pues, en el ímpetu de los pocos años, a falta de otras posesiones más inmediatas y palpables, uno llega a albergar la certeza un tanto megalómana o presuntuosa de que el futuro le pertenece en exclusividad. Ahora ya sé que me moriré sin haber leído muchos libros que deseo leer; y me consuelo pensando que los leeré después de haber muerto, en ese Paraíso soñado por Borges donde no pueden faltar los libros.

Puedo llegar a concebir un mundo lóbrego como el que urdió Ray Bradbury, en el que los libros hayan sufrido persecución y alimentado el fuego, como pájaros asesinados, para sobrevivir instalados en la memoria agradecida de unos pocos hombres libres; pues en la novela de Bradbury, cada hombre libre se aprendía de memoria un libro, se convertía en un hombre-libro, y por las noches, en torno a una fogata, recitaba ese libro a sus compañeros. No puedo concebir, en cambio, la existencia humana sin libros; sería tanto como imaginarla desposeída de alma, extraviada en los pasadizos de un mundo ininteligible.

«Jueces, redes y medios de comunicación», por Pablo de Lora

ÁGORA CULTURAL Y JURÍDICA

Pablo de Lora,
escritor, ensayista y divulgador. Catedrático de Filosofía del Derecho por la Universidad Autónoma de Madrid.

Jueces, redes y medios de comunicación

Huelga insistir en la importancia que, para la solidez del Estado de Derecho, tiene que los jueces no solo “sean” sino que “parezcan” imparciales, alejados de la pugna política o partidista. Nuestros más altos tribunales no se han cansado de repetirlo en una jurisprudencia que está plenamente consolidada. ¿Hasta qué punto, en aras a la satisfacción de ese requisito, deben manifestar sus opiniones o criterios a través de las redes sociales o los medios de comunicación? Algo se dirá en las líneas que siguen a propósito de ese espinoso y complejo asunto.

El siempre añorado profesor Tomás y Valiente acostumbraba a decir que los jueces hablan en sus providencias, autos y sentencias. Es un criterio de demarcación claro, pero probablemente en exceso estricto. El juez tiene una posición como jurista que es ciertamente privilegiada para transmitir conocimiento, y la sociedad seguramente lamentaría no poder disponer de la divulgación de su sabiduría o experiencia. De hecho, si por jueces entendemos, laxamente, también a los magistrados del propio Tribunal Constitucional del que formó parte, hasta llegar a presidirlo, Tomás y Valiente, sería exagerado que él mismo, o perspicuos juristas de disciplinas diversas que conformaron ese órgano, salvados los casos que estuvieran llamados a resolver, no hubieran podido impartir conferencias, o dar entrevistas en televisión acerca de aquellas materias sobre las que pueden aportar un juicio experto y fundado.

Otros jueces de carrera han llegado a ser excelentes especialistas en su materia y no es ni mucho menos descabellado que dicten clases para provecho de estudiantes o abogados u otros profesionales del Derecho. Yo recibí en la Facultad de Derecho de la Universidad Autónoma de Madrid el magisterio del fiscal, luego magistrado del Tribunal Supremo, Martín Pallín, o del juez de lo contencioso-administrativo José Yusti Bastarreche, por poner dos ejemplos bien cercanos.

De las aulas a los tuits

Desde aquellos años en los que la difusión del Derecho por jueces y magistrados se canalizaba en medios de comunicación escritos o audiovisuales, o en las aulas académicas o salas de conferencias, las cosas han cambiado de manera dramática; en su doble sentido de “intensidad” y “afectación”. Muchos jueces y magistrados se han lanzado, con su mejor intención, a las aguas de las procelosas “redes” y bien está siempre que conserven su apariencia y embriden sus deseos de terciar en lo que no sea aclarar el Derecho, el procedimiento, el funcionamiento de las instituciones. Si cruzan la, a veces, delgada línea roja que separa la lege lata de la lege ferenda, la oportunidad de la política legislativa o directamente la política, correrán el riesgo de acabar cual Ulises que ha logrado desatarse y arrojarse al mar mientras cruza las islas de Eea. Así ha ocurrido en no pocas ocasiones con jueces y magistrados que se creyeron a resguardo por el uso del “nickname” en Twitter, ahora X, y que sufrieron las dentelladas de las sirenas afanadas en desvelar su identidad y partido judicial.

La prudencia ante las cámaras

Hay cierta imprudencia también en algunas expresiones, parlamentos o actitudes de jueces y magistrados que, quizá inadvertidamente, han sido grabados en contextos que invitaban a la familiaridad y a la complicidad con el auditorio. Es el caso reciente del juez David Maman que participaba como ponente en unas jornadas del ICAM sobre violencia de género. Su campechanía y afán anti-academicista se ha revelado inoportuno. Es cierto que sus consideraciones sobre el actual funcionamiento del régimen jurídico en materia de violencia contra la mujer; las dudas y complejidades que la reciente reforma de la organización judicial plantea; los incentivos perversos puestos a disposición de la presunta víctima en el orden civil, todo ello, y más, es vox populi, pero el juez Maman se debió cuidar más dado el actual clima de polarización política y exacerbados ánimos. También los jueces que, sabedores de estar siendo grabados o siendo su vista reproducida en directo, dirigen el debate procesal o interrogan al testigo confundiendo el rigor y la autoridad con el desplante y la ofensa gratuita.

El prestigio del Poder Judicial, en juego

Tampoco ayuda a la imagen de la función judicial que los jueces, por legítima que sea su querella, muestren el caos organizativo de sus juzgados, y no digamos ya que se manifiesten con la toga puesta y proclamen “estar en huelga”. Aunque no se trate expresamente de un juez, las recientes declaraciones del ex Fiscal General del Estado, Álvaro García Ortiz, a un programa de televisión distinguiendo, de modo muy torpe y sectario, entre fiscales “progresistas” y “conservadores” (los primeros preocupados por respetar los Derechos Humanos y la igualdad, los segundos dispuestos a no proteger a los inmigrantes, al trato desigual y escépticos de la violencia de género y de la existencia del machismo estructural) son también un magnífico ejemplo de lo que no se debe decir públicamente si es que uno tiene el propósito de que la institucionalidad no vuele definitivamente por los aires.

En España el Estado de Derecho está en sus horas más bajas desde el advenimiento de la democracia: a la colonización de las instituciones y órganos constitucionales clave; el estado terminal del Parlamento; el abuso hasta límites nunca sospechables del Decreto-Ley; y la condena de todo un Fiscal General del Estado por la comisión de un gravísimo delito se ha sumado la promulgación de leyes de dudosísima constitucionalidad, si es que no crasa inconstitucionalidad, como ha sido señaladamente el caso de la popularmente conocida como “Ley de Amnistía”. En ese contexto el Poder Judicial se antoja como el último bastión que puede evitar que termine de difuminarse la división de poderes y el control del poder político por el Derecho en nuestro país. Es por ello por lo que, más que nunca, los jueces y magistrados harán bien en extremar el celo a la hora de pronunciarse públicamente más allá de lo que admiten las resoluciones que están encomendados a dictar. Con su prestigio e imagen se juegan, y nos jugamos, mucho.

«Balanza y vocación de la poesía», por Jesús García Calderón

ÁGORA CULTURAL Y JURÍDICA

Jesús García Calderón,
poeta, escritor y jurista. Fiscal de la Fiscalía de la Comunidad Autónoma de Andalucía Académico de número de la Real Academia Extremeña de las Letras y las Artes

Balanza y vocación de la poesía

Las aciagas circunstancias del roñoso ejercicio del poder y la mediocridad reinante en nuestro camino hacia un complicado progreso han conseguido que pensemos que “Derecho” y “Literatura” son términos que deben y merecen ser antagónicos. Se afirma categóricamente, con tan poco rubor como tanta ignorancia, que el mundo de los juristas es casi siempre un árido espacio descreativo. Pero nada más lejos de la realidad: hablar de Derecho y Literatura es una redundancia. Pocas cosas hay tan literarias como algunos preceptos de una sabia ley que conoce a varias generaciones y, olvidando a los legisladores que la crearon, se comporta como esas coplas populares de las que nos hablaba Manuel Machado como máxima aspiración del poeta, para ser únicamente hija del tiempo y no reconocer otra autoría que la cifra del año que la vio nacer.

Ya el 25 de septiembre de 1781, Gaspar Melchor Jovellanos -cuando solo tiene 39 años, pero ya pertenece a la Real Academia de San Fernando y a la Real Academia de la Historia- lee ante don Carlos III su breve Discurso de Ingreso en la Real Academia Española. Lo ha titulado Sobre la necesidad del estudio de la lengua para comprender el espíritu de la legislación y en él se muestra convencido de la verdadera finalidad que inspira su nombramiento. Piensa que la corporación procura con esta designación que se conozca y aplique mejor la lengua por quienes deben interpretar las diversas leyes del Reino. Añade Jovellanos otras enseñanzas que al día de hoy resultan plenamente vigentes y hasta profetizan el grave problema al que nos enfrentamos a diario sobre la mala utilización del lenguaje por los juristas.

Para Jovellanos, están decisivamente equivocados quienes creen que el conocimiento primario de la lengua que nos proporciona nuestra etapa escolar y una cierta inclinación posterior hacia la lectura es más que suficiente bagaje para que el jurista afronte su labor profesional con garantías. No es así porque la lengua modifica sus hábitos y acepciones, amplía sus significados, construye nuevas palabras y descubre nuevos modos de unirlas para alcanzar una mayor eficacia y hasta una considerable belleza. No basta con recordar las reglas básicas de la Gramática. No podemos exigir al jurista la pulcritud del filólogo, pero sí procurar una relación respetuosa con el lenguaje que nos permita conocerlo y comprender su valor y alcanzar la convicción de que no es la lengua la que sirve al Derecho, sino que es el Derecho el que sirve a los intereses quizá más elevados del lenguaje.

El artículo 148 del Reglamento Notarial

En cierta ocasión, hablando justamente de Derecho como Literatura en la Academia Sevillana del Notariado, tuve la ocurrencia de intentar convertir en una silva el vigente artículo 148 del Reglamento Notarial de 1944 que, como es sabido, establece literalmente que “los instrumentos públicos deberán redactarse empleando en ellos estilo claro, puro, preciso, sin frases ni término alguno oscuros ni ambiguos, y observando, de acuerdo con la Ley, como reglas imprescindibles, la verdad en el concepto, la propiedad en el lenguaje y la severidad en la forma”.

Recordemos que la silva es una composición métrica muy frecuente en la poesía española en la que se alternan libremente versos endecasílabos y heptasílabos. Encontró en Góngora y en sus Soledades el cénit de nuestra poesía. Pero también es la silva, como me enseñó Vicente Sabido, aquel poema que se escribe en un elevado impulso, de un solo y certero golpe, casi como un dictado lúcido que se desata por sorpresa dentro de la razón y muchas veces sin que el propio poeta lo presienta o espere.

Después de varios intentos, no conseguí la transformación en silva del precepto porque quise mantenerme fiel al mecánico conteo de las sílabas y no tomarme algunas licencias que podían resultar necesarias y hasta aconsejables para celebrar la exactitud de un texto tan bien logrado. No me di cuenta de que el precepto contaba con la suficiente cadencia interior, con el flujo fonético necesario para ajustar una métrica oculta que mi ignorancia no supo identificar. Tengo pendiente una charla con mi admirado Antonio Carvajal para que me ilustre, como ya hizo con su Metáfora de las huellas, proverbial estudio sobre métrica, para que podamos culminar este firme propósito de llevar el Reglamento Notarial a la poética española contemporánea.

En cualquier caso, métricas aparte, no podemos negar que el redactor anónimo de este luminoso precepto probablemente sucumbió al arrebato lírico más intenso en el momento de rematar su obra. Señalar como reglas imprescindibles la verdad en el concepto, la propiedad en el lenguaje y la severidad en la forma es un tricolon muy afortunado y del mayor nivel retórico que pueda imaginarse en la lengua española. No puede darse mejor consejo o mayor consuelo a cualquier espíritu inquieto que inicie la paradójica (tan penosa y dichosa a la vez) aventura de escribir. Sea cual sea el género finalmente elegido, ya se trate de una novela de aventuras o de redactar instrumentos hipotecarios. Porque esta conjugación de la verdad con la falta de cualquier artificio o mendacidad que ensucie la claridad de nuestro mensaje convierte la tarea de escribir, para el jurista, en una de las empresas humanas con mayor dificultad. Hablamos de la dificultad de trazar esos límites que permitan, con el auxilio de las leyes y algunos nobles principios, una convivencia más segura y el aliento necesario para la buena dirección del progreso.

El arte de trazar límites

Creo que fue Manuel Olivencia quien en su recordado Discurso de Ingreso en la Real Academia de Buenas Letras de Sevilla elogiaba la dimensión literaria del Derecho Mercantil al recordar el famoso tratado del profesor Joaquín Garrigues. Ya mereció esta magnífica obra elevados elogios de signo puramente literario del gran novelista y académico Miguel Delibes, profesor de Derecho Mercantil en la Escuela de Comercio de Valladolid, quien descubrió en las enseñanzas del recordado catedrático, textualmente, “el arte de encadenar palabras con belleza y erudición, la exactitud del adjetivo, el ramalazo metafórico deslumbrante y eficaz […] la forma y la estructura literarias, la precisión de la palabra, el arte de escribir en suma y al margen de lo que se cuenta a los demás con belleza y eficacia en la mera combinación de unos signos”.

Ambos comprendieron que la misión de la norma y de su intérprete no es otra que el arte de trazar límites y este noble cometido es también el que persigue el vate, el rapsoda o el aedo, el peculiar discurso que alumbra con sus versos el hogar de nuestras emociones.

La decisión del poeta y el pesaje de la palabra

Volvieron a preguntarme hace algunas semanas si me resultaba fácil conciliar mi profesión de fiscal con mi aspiración poética. He respondido muchas veces esa misma pregunta, pero esta vez quise reforzar mi respuesta enumerando una heterogénea serie de profesiones. Contable, subdirector de una compañía de seguros, pediatra y ginecólogo, profesor de francés, empleado bancario, agente de cambio y bolsa o portera de fincas urbanas. Estas dispares ocupaciones corresponden a Fernando Pessoa, Wallace Stevens, William Carlos Williams, Antonio Machado, T. S. Eliot, Ricardo Defarges y a mi admirada Begoña Abad. Tan brillante nómina de grandes poetas demuestra que esta condición no se vincula con ninguna traza profesional o académica. Desde muy joven, algunas voces magistrales que tuve la suerte de tratar y de las que tanto aprendí en largas conversaciones, me enseñaron a desconfiar del poeta “profesional”, tanto como del poeta domesticado. Nada mejor que una ocupación distante para conseguir esa discreta ocultación donde germina de forma más exuberante la pulcritud de la inspiración.

Ocurre con el poeta, de otra parte, lo mismo que ocurre con algunas decisiones jurisdiccionales. Creo que fue Saramago quien nos recordó que, en puridad, no siempre somos nosotros los que tomamos las decisiones, sino que a veces son las decisiones las que nos toman a nosotros. Así sucede con muchos dictámenes o sentencias y también con la ocurrencia de escribir poesía, porque si el poeta es verdadero, casi no tiene elección. Lo atrapa una decisión que le viene impuesta desde lo más profundo de su ser y que le aflora al margen de su voluntad. Le aparece como un imperativo ineludible y paradójico, asumiendo ese dulce e ingrato deber al que debe enfrentarse con el escaso bagaje de su posible virtud.

Quizá por esta especie de sentencia de conformidad que suscribimos con la Literatura, señalaba Ernst Jünger en sus famosas memorias que el estilo del escritor, en especial el del buen poeta, se basa precisamente en la Justicia, recordando que solo la persona justa sabe cómo hay que trazar la frase y sopesar la palabra. Por todo esto y por alguna que otra intuición, sabemos que la rectitud y la ambición del Derecho están muchas veces presentes en la balanza y vocación de la poesía.

Jurista, padre de la Constitución y Premio Puig Salellas 2024

Miquel Roca Junyent es licenciado en Derecho por la Universitat de Barcelona. Abogado ejerciente desde 1962, su figura es indisociable de la Constitución española de 1978, de la que fue uno de los siete ponentes a los que se encomendó su redacción.

Su apuesta por un Derecho y una sociedad cimentados en el consenso y el diálogo, con unos valores profesionales y sociales basados en el respeto institucional, y su compromiso constante con el Estado de Derecho y el progreso social, le han hecho merecedor del Premio Puig Salellas 2024, el máximo galardón que otorgan anualmente los notarios de Cataluña. Y, con motivo de ello, le hemos entrevistado en el último número de Escritura Pública.

Tenerife, capital de la Justicia iberoamericana

Tenerife se convirtió, en septiembre, en la capital de la Justicia iberoamericana porque acogió la celebración de una macrocumbre, organizada por el Consejo General del Notariado y la COMJIB, en la que confluyeron varios foros, entre los que destaca el II Encuentro de la Conferencia de Ministros de Justicia de los Países Iberoamericanos (COMJIB) y la Conferencia de Ministros de Justicia de los Países de Lengua Oficial Portuguesa (CMJPLOP), inaugurados por S. M. el rey Felipe VI.

El Jefe del Estado español, ministros de Justicia, delegaciones institucionales, representantes de organismos jurídicos, magistrados, fiscales y notarios de 30 países se dieron cita en Guía de Isora para debatir sobre el acceso a la justicia, la seguridad jurídica y la tecnológica, la cooperación internacional y la lucha contra la delincuencia transfronteriza en el ámbito de Iberoamérica y de los países de habla portuguesa.

Encuentra toda información sobre este encuentro en el último número de la revista Escritura Pública.

Los notarios y la familia

Los notarios prestan numerosos servicios a las familias españolas. Podría decirse que las acompañan desde que dan sus primeros pasos. Por las casi 3.000 notarías españolas pasan a diario parejas que están pensando en unirse formalmente, otras que deciden casarse, también las que quieren cambiar su régimen económico matrimonial, divorciarse, o proteger económicamente a un hijo.

Según los datos del Centro de Información Estadística del Notariado (CIEN), en 2023 se registró un aumento del 16,3% en la celebración de matrimonios ante notario en comparación con el año anterior, con un total de 22.632 escrituras de celebración de matrimonio autorizadas frente a las 19.466 del 2022. En cuanto a las actas de resolución de expediente matrimonial, en el año 2023 se formalizaron 19.681, mientras que en 2022 este número fue de 14.930, lo que evidencia que se está convirtiendo en una opción de interés para las parejas españolas.

Más información y datos en este reportaje del número de mayo-junio de Escritura Pública.

Seguridad criptográfica ante el desarrollo cuántico

La computación cuántica avanza a un ritmo vertiginoso, no obstante, todavía no supone un riesgo para la seguridad de la información y de las comunicaciones. Según los diferentes expertos en la materia que se dieron cita en las I Jornadas Tecnológicas del Notariado, el impacto de esta tecnología no será inmediato, aunque debemos controlar sus avances para adaptar y proteger nuestros sistemas. Sin prisa, pero sin pausa: tenemos cerca de medio siglo de ventaja.

La necesidad de desarrollar sistemas criptográficos ágiles y seguros ante el desarrollo de las tecnologías cuánticas, así como la oportunidad que supone este escenario para el fomento de un ecosistema cuántico español y la importancia de atraer talento, fueron las principales conclusiones de estas jornadas, organizadas por el Consejo General del Notariado (CGN) y su centro tecnológico, bajo el lema Presente y futuro de la criptografía cuántica. Los ponentes también coincidieron en señalar que es una responsabilidad ineludible de las Administraciones, organismos y empresas analizar los riesgos y preparar sus sistemas ante las posibles amenazas. Infórmate en este reportaje del número de marzo-abril de Escritura Pública.

Aquí podrás ver los videos con las declaraciones de algunos de los ponentes.

Europa como respuesta

“El pasado 31 de diciembre se cerró la presidencia española del Consejo de la Unión Europea, la última completa antes de la conclusión del ciclo político de cinco años que nos llevará en junio a las elecciones al Parlamento Europeo, y a la formación de una nueva Comisión tras las elecciones. La Comisión ha reconocido el relevante papel que ha jugado España durante su presidencia para poder cerrar muchos dosieres legislativos de gran importancia en esta legislatura. Es un momento propicio para hacer balance del trabajo de las instituciones de la UE durante estos últimos años”, explica Lucas Ojeda, director en funciones y jefe de Análisis Político de la Representación de la Comisión Europea en España, en su tribuna para el último número de Escritura Pública.

“Como es bien sabido -continúa-  la Comisión Europea, presidida por Ursula von der Leyen, ha tenido que enfrentarse a grandes desafíos a lo largo de estos casi cinco años: la pandemia global de la Covid-19 y sus devastadores efectos económicos y sociales, la invasión ilegal de Rusia contra Ucrania, y la subida de los precios derivada, fundamentalmente, de los de la energía, además de la puesta en marcha de un plan de inversión sin precedentes para apoyar la recuperación en el marco de la doble transición verde y digital, pilares fundamentales de la acción de la UE. Pensamos que la respuesta ha estado a la altura de estas grandes crisis y retos, centrándose en dos aspectos clave: solidaridad y unión”. Lee su análisis al completo aquí.