Entrevista a Alberto Conejero, dramaturgo

ESFERA CULTURAL

ALBERTO CONEJERO, dramaturgo

«Escribir me concilia con mis fantasmas»

Multiplicándose en todas las facetas que brinda el teatro, reconocido entre otros por el Premio Nacional de Literatura Dramática y con sus obras representadas en más de una docena de países, Alberto Conejero (Vilches, Jaén, 1978) factótum de la escena en España, anuncia un golpe de timón en su carrera, tras presentarse estos días en calidad de autor, director y actor en una propuesta de la Compañía Nacional de Teatro Clásico. Mientras, ajusta los engranajes de la nueva edición del Festival de Otoño de Madrid, a cuyo frente está desde el pasado año.

 

JUAN ANTONIO LLORENTE

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En Paloma Negra, la obra que acaba de estrenar en los Teatros del Canal, un personaje interpela al público: “¿Quién soy yo?”. Rebotando la pregunta: ¿Quién es usted?

No lo sé a ciencia cierta. La identidad es un camino. Nos vamos transformado día a día, año a año. Incluso las células, llega un momento en que no son las mismas. Hasta el cuerpo cambia. Pero si tuviera que responder de un modo conciso, diría que soy un amante del teatro.

… oficiante en el altar de García Lorca.
Uno tiene maestros entre los vivos y también entre los muertos. De éstos, Lorca para mí ha sido y es un gran maestro. No sólo como dramaturgo y poeta; también como ciudadano. Un glorioso ejemplo de lo mejor que puede dar este país. Y su final, un triste ejemplo de lo peor que este país puede dar.

¿Se transforma, según escriba teatro, poesía o cuento?

No lo creo. Al menos, no lo siento, porque esa distinción entre dramaturgo y poeta no voy a decir que es contemporánea, pero sí moderna. Pienso en Valle Inclán, Lorca o Angelica Liddell, por citar una autora más reciente. Y son todos poetas y dramaturgos. Los poetas han estado siempre en el corazón del teatro y el teatro muy cerca de la poesía, si es que no son la misma cosa. Yo no me transformo; las herramientas de escritura son distintas, pero la sustancia es la misma. Entiendo que la poesía siempre establece un tu y yo, y el teatro un nosotros: una primera persona del plural. La poesía tiene más que ver con el encuentro cuerpo a cuerpo, corazón a corazón. No siento que abandone al poeta cuando estoy escribiendo teatro, ni tampoco al teatro cuando escribo poesía. Es quizá una de mis potencias y a la vez de mis fragilidades.

¿En qué lugar deja el cine?

Deseo que alguna de mis historias llegue a la gran pantalla. Con Laura Belloso como coguionista, hicimos el guion de La piedra oscura y creo que la película está en preproducción. También se han interesado por La geometría del trigo para el cine. Pero al no tener mucha ambición en ese terreno, no creo que incursione más allá, porque me queda mucho por hacer para el teatro. Con eso y con la poesía, tengo bastante. Me han pedido escribir para televisión, pero creo que no sería un buen autor para el realismo que impone el medio.

Presente en todas las salsas teatrales… ¿de dónde saca el tiempo?

Duermo poco y mal, y el insomnio ayuda. No puedo estar en la cama más allá de las ocho de la mañana. Esos días que no tengo obligaciones, quisiera quedarme más tiempo, pero a las siete ya estoy en pie. Descanso muy poco, y es malo. Me lo dicen en casa. Pero este oficio requiere ciertas aptitudes atléticas, en el sentido en que llegan unos años de mucha actividad, que puede desaparecer en cualquier momento. Uno siente que debe aceptar los encargos porque no sabe cuándo va a volver a trabajar. De momento no me he caído, pero estoy como un equilibrista insomne. Como desde 2020 dirijo el Festival de Otoño, mis trabajos de creación los he colocado en el primer trimestre, para tener el resto del año libre. De modo que ahora, después de El Príncipe Constante, paro, y ya estoy volcado en el Festival.

Entre tantas actividades, ¿en qué apartado exigen -y se exige- más?

Lo que peor llevo es la autoproducción de mis obras. Ojalá tuviese mentalidad de empresario y me salieran las cuentas, pero no es así. Con mi compañía hago el teatro que nadie se atreve a estrenarme y yo deseo que exista. No voy a ganancias, sino a perder lo menos posible. Capitalizando mi propia fuerza de trabajo, sin otra remuneración a veces que el placer del aprendizaje. Lo paso muy mal y quisiera no hacer esa tarea de, digamos, empresario: auto producirse en mi escala es un auténtico ejercicio de autofagia, en el que sólo aspiro a no perder mucha masa.

Ha dicho: ”la escritura acontece en soledad”, y cita las palabras de Foster Wallace: “todas las historias de amor, son historia de fantasmas”. ¿Le visitan muchos en esa soledad?

Todos los autores, creadores y creadoras, tenemos cinco o seis obsesiones, no más. La gente comenta los temas que escoges, y yo pienso que los que te han escogido a ti son los temas, que tienen que ver con tus grietas convencionales: la pedrada -real o metafórica- que te pegaste siendo niño o adolescente, la familia, los primeros amores… Están ahí y uno los va llevando como puede. No concibo la escritura como un lugar de sufrimiento ni padecimiento. Escribir me hace mucho bien. Me concilia con mis fantasmas. Pese a ciertas miserias, sinsabores y aranceles, que puede tener, como cualquier otra profesión, me hace muy feliz. Desde adolescente. Me siento más libre; menos enfermo… Hay veces en que se liga la escritura al sacrificio o al sufrimiento. No, no. Lo que viene antes y después de la escritura, lo que tiene que ver con los padecimientos de la profesión teatral, es otra batalla (sonríe). Ojalá pudiera estar más tiempo escribiendo y menos tratando de que esa escritura llegue a algún lado.

En sus fuentes de referencia, ¿busca héroes, mitos?

Sobre todo, héroes olvidados; figuras de la Historia casi sepultadas por el tiempo, porque su conducta moral o sexual contravenía las normas, con las que siento que puedo hacer una especie de autobiografía especular.

El teatro de hoy debe inventar los mitos de hoy”. Son palabras de Pierre Boulez.

Es una asignatura que tiene pendiente mi teatro. La pieza de ahora en la CNTC es algo así como un hasta luego con la escena. Por eso estoy también sobre las tablas. Llevo seis años sin parar de escribir, y siento que me hace falta el silencio. Si hasta el momento ha habido en mis obras ese viaje al pasado, lo que venga a la vuelta de ese paréntesis tendrá que ver con nuestro presente y nuestro futuro inmediato. Porque creo que políticamente estamos en un momento muy crítico. Tengo cierto temor de que lo que vamos a ser dentro de dos o tres años. Dicen que tras la pandemia van a venir unos felices años 20, de hedonismo, placer y no sé qué más cosas. Yo no estoy tan convencido, y querría equivocarme.

Apostando por el futuro, ha creado el Proyecto Confín para alentar a los nuevos creadores.

En mi primer año al frente del Festival de Otoño tuve claro que se había caracterizado por traer producciones elocuentes y grandilocuentes avaladas por grandes nombres de la escena internacional. Esta vez no podíamos estar de espaldas a lo que ocurre en el mundo del teatro de nuestro país que, si ya era un sector precarizado, ahora vive un momento crítico. Por eso pensé que en la edición actual tienen que estar todos los creadores y creadoras de aquí, sin preocuparme porque digan que no he traído estrellas deslumbrantes o grandes montajes. ¿Cómo no va estar el Festival de Otoño con la creación local? ¿Cómo voy a hacer un festival ignorando el momento trágico que está viviendo la profesión? Así surgió Confín. Empezamos en abril y, tras la selección entre las más de 500 propuestas recibidas, se determinaron las diez bolsas con que otros tantos creadores pudieran trabajar desde sus espacios de confinamiento. Este año, cuando confío en que haya más presencia internacional, deseo que esto siga así, con la esperanza de que los creadores sientan el apoyo del festival.

¿Usted lo tuvo en sus comienzos?

He tenido suerte y he contado con ellos. Sobre todo, becas. No como creador, que también, sino como estudiante. Una de cuatro años para formación de profesorado universitario, me permitió hacer la tesis doctoral, y gracias a la Leonardo, de la Fundación BBVA, he podido hacer Paloma Negra. Cuando alguien se sienta ahora a proponerme un proyecto, me veo en su lugar. Pienso: “donde está, estaba yo hace diez minutos, y voy a estar dentro de otros diez”.

Los poetas han estado siempre en el corazón del teatro y el teatro muy cerca de la poesía

Dicen que tras la pandemia van a venir unos felices años 20, de hedonismo, placer y no sé qué más cosas

¿Dónde encontrarle?

Si rizando el rizo de su polifacética trayectoria, podemos verlo estos días en el Teatro de la Comedia de Madrid, pronto se desvelará la oferta que ha previsto para la nueva edición del Festival de Otoño de Madrid en más de 20 escenarios de la capital.

Lo que peor llevo es la autoproducción de mis obras. Ojalá tuviese mentalidad de empresario y me salieran las cuentas

La España vaciada, del mito literario a destino apetecible

ESFERA CULTURAL

La España vaciada, de mito literario a destino apetecible

La pandemia ha hecho que muchos urbanitas sueñen con un cambio que la literatura de los últimos años ha revestido de una especial mística.
JULIÁN DÍEZ

[email protected]

La comarca de La Alcarama, en la zona limítrofe de la provincia de Soria con La Rioja, es el lugar más vacío de Europa por debajo del Círculo Polar Ártico. Simplemente, porque no vive nadie. Entre Poyales, pueblo riojano de diez habitantes, y Las Fuentes de San Pedro, localidad soriana con cinco censados, hay una franja de treinta kilómetros por veinte de ancho en la que, oficialmente, no hay ningún residente.

Los pueblos que existían allí (Tañine –hasta hace poco con un habitante– Bumanco, Vea, Valdemoro de San Pedro Manrique…), no recibieron electricidad en los años sesenta para que fueran abandonados y crear un enorme pinar que ha crecido virgen hasta hoy. Esos seiscientos kilómetros cuadrados coinciden con la extensión del término municipal de Madrid, donde viven casi tres millones y medio de personas; son una extensión seis veces mayor que la del término municipal de Barcelona, con 1,6 millones de habitantes.

Esta es la realidad más extrema de la España Vaciada, del territorio con menor densidad de población conjunta de Europa. La Alcarama y los Montes Universales, entre Cuenca y Teruel, son los lugares más despoblados de un gran espacio despoblado, puesto que en España el 90% de la población (42 millones de personas) viven en el 30% del territorio (las costas y la ciudad de Madrid). El resto, cuatro millones de habitantes, se reparten en 350.000 kilómetros cuadrados que vienen a equivaler a la extensión de Japón o Alemania, y superan de largo la de Italia o Gran Bretaña.

Este territorio enorme, increíblemente desconocido por buena parte de la propia población de las capitales, ve ahora con sorpresa cómo el mayor desastre social del último medio siglo abre la puerta a su recuperación. Pueblos de Ávila, la serranía de Málaga o el interior de Galicia, que año tras año veían caer su número de habitantes, se han encontrado con incrementos de empadronados de un 7% a un 10% en apenas un par de meses. Numéricamente son pocos (diez, quince, cincuenta personas), pero el impacto en comunidades de menos de 300 habitantes (y bajando hasta ahora) es fácil de imaginar. Por el momento, en casi todos los casos, se trata de propietarios de segundas residencias que han cambiado su domicilio fijo para poder pasar nuevas cuarentenas en una casa muchas veces más amplia que su residencia urbana, con acceso a naturaleza por la que pasear y servicios públicos más básicos, pero también menos masificados.

Experiencias “neorrurales”. Al fenómeno ha contribuido posiblemente un creciente imaginario positivo de la vida rural, opuesto al tremendismo de Gutiérrez Solana en la pintura, algunas obras de Camilo José Cela en la literatura o El crimen de Cuenca y Los santos inocentes en el cine. Un fenómeno ya latente en el noventayochismo, con los libros de viajes de Miguel de Unamuno o los paisajismos preciosistas de Azorín, y que tuvo su continuidad en Miguel Delibes. Sin embargo, cuando la literatura se acercó de manera resonante al tema de la desertificación fue con La lluvia amarilla, una novela breve de Julio Llamazares publicada originalmente en 1988.

La lluvia amarilla ha alcanzado el doble estatus de clásico (existe una edición académica en Cátedra) y obra de culto. Se trata de un monólogo de un pastor, último habitante de la localidad pirenaica de Ainielle, que asiste al progresivo derrumbamiento de su entorno y el apagar de su propia vida con resignada nobleza. Es un libro oscuro y muy emotivo, que pese a merecer algunas críticas (por ejemplo, el narrador se expresa en un castellano extraordinario, improbable en un pastor sin formación), lanzó definitivamente la carrera de Llamazares y ha convertido Ainielle en un lugar de peregrinaje cada verano para caminantes de distintos lugares de España.

Coincidiendo con el impacto de esta novela, las experiencias que se dieron en llamar “neorrurales” comenzaron a proliferar por distintos lugares de la España vaciada a lo largo de los años noventa. En épocas previas, esos asentamientos eran sobre todo comunas inspiradas en los movimientos de los años setenta, de las cuales las más longevas y pobladas hasta hoy son Beneficio, en Las Alpujarras granadinas, y Matavenero, en las montañas de León.

La España vacía

La idea de la Laponia española
consiguió popularizarse a raíz
del libro ‘La España vacía’

En los noventa arrancan proyectos más ligados a la sociedad convencional: es el caso por ejemplo de Urueña, un pueblo vallisoletano situado sobre una colina amurallada, en el que con el impulso del folklorista castellano Joaquín Díaz, comenzaron a instalarse librerías y algunos restaurantes para incentivar las visitas.

En buena parte de los casos, las experiencias neorrurales se saldaron con decepción. La mayor parte de los pueblos realmente abandonados, más allá de su aura romántica, carecen de comodidades tan básicas como los saneamientos y el agua corriente, sin mencionar los problemas para acceder a cualquier producto de consumo.

Quienes se mantienen en pueblos pequeños fueron viendo con creciente escepticismo el fenómeno neorrural cuando no venía acompañado de la creación de un negocio que sustentara a los recién llegados. Además, su número era muy reducido: de hecho, los pueblos siguieron bajando el número de habitantes en esas décadas, y muchos ayuntamientos buscaron medidas desesperadas. En Teruel surgió el movimiento Teruel Existe, luego convertido en partido político, y que fue imitado sobre todo en Soria y en Zamora.

Tres profesores universitarios de Zaragoza, encabezados por Francisco Burillo‐Mozota, lanzaron en 2013 un concepto geográfico nuevo, el de Serranía Celtibérica o Laponia Española: un territorio de 65.800 kilómetros cuadrados, un 13% de la extensión de España y dos veces la de Bélgica, que comprende partes de las provincias de Teruel, Guadalajara, Cuenca, Soria, Zaragoza, Burgos, La Rioja, Segovia, Castellón y Valencia. El periodista valenciano Paco Cerdá recorrió localidades emblemáticas de cada una de esas provincias que luego reflejó en Los últimos, seguramente el mejor texto publicado sobre el tema.

Un organismo creado por esos mismos académicos, el Instituto de Desarrollo Rural Serranía Celtibérica, señaló este año la existencia de otra área en situación similar: la llamada Franja de Portugal, que comprende territorios fronterizos de Ourense, Zamora, Salamanca y Cáceres.

La Laponia Española. La idea de la Laponia Española consiguió popularizarse a raíz de un libro que colocó en el panorama de las letras españolas al aragonés Sergio del Molino, La España Vacía. En él se centra, sobre todo, en los mitos y mistificaciones ejercidas de forma a veces un tanto hipócrita por parte del mundo cultural sobre este tema, y no tanto en conocer los lugares en sí.

Justo antes del confinamiento, el éxito totalmente inesperado de una divertida novela publicada sin promoción alguna, Los asquerosos, de Santiago Lorenzo, confirmó que el tema seguía importando mucho. A ello contribuyó además la propia figura de Lorenzo, un ex cineasta que se retiró hace años a vivir a un pueblo de Segovia que no ha querido identificar.

Y en esto llegó la pandemia, y buen número de urbanitas añoraron las ventajas de vivir en casas más grandes y entornos en los que el paseo pueda darse en la naturaleza. Todavía no hay cifras oficiales sobre cuál ha sido el impacto salvo en algunos pueblos (100 habitantes más para Sotillo de la Adrada, en Ávila, pueblos sevillanos y malagueños con crecimientos del 10% de empadronados), pero en varios de muy pequeño tamaño se ha conseguido reabrir la escuela. Los alojamientos rurales tuvieron tasas de ocupación récord y los contratistas no dieron abasto para responder a las peticiones de reformas en segundas residencias o viejas casas familiares semiolvidadas pocos meses atrás.

Dos películas fundamentales

Aunque tuvieron una notable acogida crítica en su momento, las dos mejores películas (documentales, en rigor) rodadas en España sobre la despoblación no son hoy tan recordadas como merecería su calidad. El cielo gira (2004) tiene la particularidad además de que su directora, Mercedes Álvarez, es la última persona que nació (en 1966) en el pueblo soriano de Aldealseñor, donde se desarrolla la acción. La cinta obtuvo numerosos premios y tuvo la curiosa consecuencia de haber hecho crecer, siquiera modestamente, la población del lugar, que cuando se rodó era de catorce personas y hoy llega a los treinta. Por su parte, Aguaviva (2005) es uno de los varios documentales (hay otros rodados por cineastas japoneses, argentinos, alemanes y belgas) sobre la iniciativa de ese municipio turolense de atraer emigrantes, aunque el retrato de la iniciativa es más esperanzador de lo que fueron a la postre sus resultados.

Justo antes del confinamiento,
el éxito del libro ‘Los asquerosos’ confirmó que el tema
seguía importando mucho

Otras fuentes

Las ofertas para hacerse cargo de negocios en pueblos con pocos habitantes siguen apareciendo con regularidad, como esta en un pueblo de Salamanca del pasado mes de octubre.

Un estudio del Instituto de Desarrollo Rural Serranía Celtibérica señala que el 50% del territorio español está por debajo del dato que se considera «desierto demográfico».

Entrevista a Carmen Linares, cantaora

ESFERA CULTURAL

Carmen Linares, cantaora

«Al flamenco le he dado mi vida y sigo dándosela»

En 2021, cuando se cumple una década del reconocimiento al flamenco como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad, Carmen Linares continúa con su gira por los cuarenta años de su carrera en solitario. Sin olvidar los veinte desde que fue distinguida con el Premio Nacional de Música, convirtiéndose en la única cantaora reconocida con el galardón. Elevada a categoría de leyenda, con su Antología de la mujer en el cante, los más eruditos vieron en ella la heredera por derecho de la mítica Niña de los Peines.

JUAN ANTONIO LLORENTE

[email protected]

Fotos: @carmenlinares

–Frente a quienes defienden el marchamo de dinastía, usted, sin ser gitana, surge por generación espontánea. ¿Le costó ser aceptada?
–Aunque siempre he tenido mucha afición, y eso es importantísimo para este trabajo, al principio chocaba un poco esa joven, con aspecto de niña moderna. Pero cuando vieron que me gustaba el flamenco y lo tomaba en serio, metida de lleno porque lo sentía, no tuve problemas. Y haciendo mi camino poco a poco, despacito; como se hacían antes las cosas, cuando te das cuenta, estás ya metida en ese círculo.

–Sin haberse medido en concursos, ahí está, una leyenda del flamenco. ¿A qué suena ese piropo en vida?
–Todos los adjetivos buenos que te adjudiquen con respeto y cariño, reconociendo tu lucha, se agradecen muchísimo. Si sucede estando viva, lo vas a disfrutar más, aunque es cierto que me da quizá un poco de vértigo. Pero es la consecuencia de muchos años tomándote en serio tu labor. Intentando sumar, aportando, para llevar a lo más alto el flamenco, una de las mejores músicas que hay en el mundo. Si tienes la suerte de llevarlo dentro, es fácil imaginar lo que sientes cuando con tu voz haces felices a los demás: un sueño que tengo el privilegio de haber hecho realidad, viviendo de mi profesión y sabiendo que reconocen mi trabajo. Doblemente contenta por haber brindado la oportunidad, y muy agradecida a la vida.

–Que le ha dado tanto…
–… que me ha dado tanto: la luz, los ojos, el sonido, las palabras… como en esa hermosísima canción de Violeta Parra, que incluyo en mis programas tantas veces. Según voy cumpliendo años, fijándome en lo que dice, desde que me levanto la veo como un himno.

–A la hora de comunicar al público, usted va más allá si nos atenemos a las palabras del crítico de The New York Times al destacar su “extraordinario poder expresivo”. ¿Cómo llega a captarlo alguien que no es español?
–Hay músicas y cantantes que, sin saber qué están diciendo, producen una emoción inmensa, al ser capaces de llegar a tu corazón; a tu alma. No digo nada, si además entiendes la letra. Cantas en un teatro de Nueva York donde el público va dispuesto a escuchar lo que le ofreces, y con la belleza del flamenco y su capacidad de expresión, le llega a cualquiera que sea sensible. Lo importante es tener sensibilidad, seas del país que seas. La música es universal y allí donde vayas, si cantas dando lo que llevas dentro, habrá quien no lo capte, pero la mayoría si. Al final, se ponen de pie y te aplauden, porque han sentido algo que les ha conmovido. Porque el corazón lo tenemos todos en el mismo sitio.

–Vamos, que el título de Patrimonio Inmaterial de la Humanidad no fue un regalo.
–Claro que no. Era muy justo que se lo otorgaran. Estaba cantao (risas).

–Felix Grande alababa su capacidad para unir técnica, inteligencia, ternura y genio. ¿Serían las cualidades básicas de una cantaora?
–Lo definió mucho mejor de lo que yo podría hacerlo. Básicamente, junto a unas condiciones de voz que te da la naturaleza, se precisan cabeza, inteligencia y corazón. Si a esas tres condiciones que mencionaba Félix le sumas ternura para comunicar, mejor que mejor. Luego, tienes que aprender y lógicamente, forjar una profesión viajando por el mundo, actuando, en contacto con el público, y sumando tus vivencias como ser humano. Todo influye en el arte, no solo en el flamenco. El artista debe comunicar y hacer sentir; provocar un sentimiento. Por eso, la música y la cultura en general son tan necesarias para hacerte sentir bien.

–Más, en momentos como el que estamos viviendo…
–En momentos como este, son la medicina. Se ha podido comprobar que, con todos en casa, las redes sociales, la música y la comunicación nos han salvado de muchos problemas de ansiedad y aislamiento.

–Usted picó mucha piedra cantando en esos tablaos que la pandemia ha obligado a cerrar.
–Ha sido demoledor. Están prácticamente todos cerrados y con graves problemas. Alguno tal vez no vuelva a abrir. Estoy convencida de que todo va a pasar, pero hasta que eso ocurra, lo están pasando muy mal. Espero que se recuperen porque son muy importantes para la supervivencia de los artistas del flamenco, al margen de teatros, giras y todo lo que se haga. Como medio de difusión, son espacios fundamentales, donde tienes contacto con el público, aprendes y te haces como artista.

–¿Qué relación de complicidad establece con la guitarra?
–Es mi media naranja (risa). Siempre intento tener a mi lado una guitarra buena que me comprende, trabajar con guitarristas que me iluminan, porque aman el flamenco. Se establece una estrecha relación entre el cante y el instrumento. Cuando te inspira tienes mucho ganado, porque al salir al público, ya estás transmitiendo. Los tonos, de acuerdo con esas técnicas que nosotros conocemos, los tienes que manejar tú, que sabes cómo te encuentras y en función de tu momento le dices: bájame medio tono. O, súbelo un poquito, que hoy me encuentro muy bien y voy a dar más.

–Pura química, para proceder a esa ceremonia, que es el concierto.
–Todo un rito. El flamenco es algo muy profundo. Una música que, ante todo, tienes que sentirla tú. Y es fundamental alguien al lado, que cuando toca está contigo y a tu favor, inspirándonos mutuamente.

–Su mítica grabación reivindicando el papel de la mujer en el cante, evidenciaba el flamenco como un mundo esencialmente masculino.
–Porque, como es sabido, se dedicaban más hombres al arte que mujeres. La vida ha cambiado y muchas mujeres nos encontramos en el panorama del flamenco, pero en los tiempos de Pastora Imperio y otras cantaoras era más difícil, porque no estaba bien visto que fueran artistas. Algunas cantaban muy bien, pero en sus casas, su padre, su hermano o el novio, si lo tenía, no veían bien que se dedicasen al cante como profesionales. Yo no tuve ese problema. Mi padre era un gran aficionado y, aunque tenía su profesión, tocaba muy bien la guitarra y le encantaba el flamenco. Empecé cantando con él, y tuve siempre ese apoyo familiar tan necesario para empezar y seguir avanzando. En la Antología recogí los cantes creados, o recreados, por mujeres que los habían hecho conocidos. Cuando empezamos a reunirlos, parecía que no habían hecho nada, pero encontramos muchísimos testimonios. Aquel precioso trabajo, que me dio tantas satisfacciones, que se vio como un homenaje a la mujer cantaora, a la que había puesto en su sitio, marcó un antes y un después en mi carrera, que me consolidó como cantaora.

–¿Con qué palo se identifica más?
–Depende de mi estado de ánimo. Me gusta muchísimo la soleá, pero de repente me pongo a hacer una taranta, un cante de mi tierra, más profundo, y me siento muy bien. Hay que disfrutar de todos los estilos del flamenco, porque cada uno tiene su carácter. Y su leyenda. El flamenco es muy hermoso todo. Todo.

–Escribe Manuel Machado: “A todos nos han cantado en una noche de juerga coplas que nos han matado”. ¿Alguna letra le ha dolido hasta el punto de no poder cantarla?
–Alguna vez me ha pasado. Más que por la copla, por mi estado de ánimo. Una semana después de fallecer mi madre, en una actuación muy importante en el Maestranza de Sevilla, al hacer un cante por siguiriyas, pensando en ella me resultó muy complicado sacarlo adelante por el nudo que me venía a la garganta.

–En 2001 recibió el Premio Nacional de la Música, por sus “aportaciones a un flamenco de alto contenido y calidad”. ¿Qué le aporta usted al género?
–Mi experiencia y mi sentir. Al flamenco le he dado mi vida, y sigo dándosela. No puedo vivir sin esa música. No concibo mi vida y mi profesión sin el flamenco, que me ha recompensado con creces. Por haberse cruzado en mi camino y haberlo seguido sin perder el contacto, me doy por satisfecha.

¿Dónde encontrarla?

Compartiendo cartel y escenario durante la temporada 2020/2021 con artistas tan importantes como Miguel Poveda, Luz Casal, Pitingo, Estrella Morente, José Mercé, Silvia Pérez Cruz, Rocío Marquez y José Antonio Rodríguez, entre otros.

Imágenes de la otra Edad Media

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LEER CUADROS

CONVENIO EL PRADO-FUNDACIÓN NOTARIADO

Imágenes de la otra Edad Media

La Fundación Notariado ha patrocinado el seminario Imágenes de la otra Edad Media, organizado por la Escuela del Museo del Prado, en el que se inscribieron 5.000 personas.
REDACCIÓN

La actividad, de carácter gratuito, tuvo lugar entre noviembre y diciembre y estuvo dirigida por Joan Molina, jefe del departamento de Pintura Gótica Española de la pinacoteca madrileña.

En la sesión inaugural, Javier Arnaldo, jefe de la Escuela del Prado, tras explicar la metodología y presentar a los ponentes, resaltó el apoyo recibido de la Fundación Notariado que “ha hecho posible la celebración de este seminario”.

A continuación, tomó la palabra el presidente de esta fundación, José Ángel Martínez Sanchiz, para señalar el discurrir paralelo de ciertos aspectos del arte y de la labor notarial: “Es un período en el que el arte enlaza con la escritura. La pintura ofrecía la posibilidad de explicar el contenido de la verdad a quienes no sabían leer y los monjes ejercían funciones notariales al escribir por quienes no sabían. Con el transcurso de los siglos, los notarios fueron adquiriendo una singularidad propia: se separan del ámbito monacal y protegen la verdad a través de un juramento. El artista Giotto, por ejemplo, representaba a la verdad y la fe en una imagen en la que sostiene una cruz en una mano y en la otra un pergamino. Esa obra pone de manifiesto que la pluma se encontraba al servicio de la verdad; algo que se refleja también en los signos que los notarios seguimos utilizando para firmar los documentos, en los que se suele incluir una cruz. Esa ‘otra’ edad media no fue una era de tinieblas –en mi opinión– sino el despertar de la modernidad y de la individualidad tanto en el arte como, con el paso del tiempo, en los documentos notariales”.

Tras estas palabras, en su intervención –titulada Imaginar el mundo desde un monasterio– Joan Molina destacó que “la Edad Media fue una época de grandes viajes. Muchos viajaron con la mente a otros lugares con la inestimable ayuda de las catedrales góticas que se levantaron por toda Europa para establecer el contacto con los fieles; o con pinturas evocadoras, como las de los triunfos ante los musulmanes en la guerra santa, que estimulaban viajes remotos. El espacio para la liturgia se convertía así en un viaje virtual. La Edad Media supuso el desarrollo de un universo visual sin fronteras, construido mediante la interacción de elementos arquitectónicos y decorativos”.

Tras ellos, Justin Kroesen, de la Universidad de Bergen (Noruega), quien abordó el Arte medieval europeo: de la unidad a la diversidad y Michele Bacci, de la Universidad de Friburgo (Suiza), con una ponencia sobre los Cuerpos ficticios y relicarios icónicos en la Edad Media cristiana y budista.

5.000 inscripciones. Este primer seminario se cerró con un total de 5.000 inscripciones procedentes de más de un millar de residentes fuera de España, en gran parte de Iberoamérica (Argentina, Venezuela, México, Ecuador, Colombia, Costa Rica, Chile, El Salvador, Brasil, Bolivia…), pero también de Estados Unidos, Francia, Gran Bretaña, Alemania o Italia, entre otros.

Cada sesión, de una hora aproximada de duración, se pudo seguir a través de la herramienta Zoom. Un claustro de especialistas –historiadores, conservadores, restauradores o técnicos de museos– españoles y extranjeros aportaron sus conocimientos teóricos, técnicos y metodológicos para ofrecer una visión amplia y articulada de los temas propuestos, que tuvieron como hilo conductor algunas de las obras del Museo.

Contenidos digitales para todos los gustos

ESFERA CULTURAL

Contenidos digitales para todos los gustos

En torno a 2,5 millones de españoles consumen regularmente podcasts, una nueva forma de distribuir audios a la que se han sumado las grandes emisoras de radio.

JULIÁN DÍEZ

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Nadie sabe nada es, según los distintos estudios, el podcast más escuchado en España. Bien a través de Youtube o de las distintas plataformas especializadas, es seguido por españoles repartidos por todo el mundo y, según datos que en este caso sí son oficiales, descargado por 16.000 personas en Iberoamérica cada semana.

Escuchar online
El despegue de los podcasts ha sido propiciado por la generalización de los smartphones, que hacen posible escuchar online o bien descargar en el propio teléfono para oír un programa de radio cuando se crea conveniente, pausando o repitiendo, a voluntad, como una grabación cualquiera. Aunque inicialmente los podcasts eran sobre todo un vehículo para que aficionados a distintas materias pusieran en común sus conocimientos especializados, hoy son las grandes cadenas de emisoras las que copan los mejores datos de audiencia.

Según Podtail, una web que permite escuchar estas grabaciones online y que recoge también las descargas de iTunes (el programa para los dispositivos de Apple), nueve de los podcasts más escuchados son programas de radio de Ser, Cope, Onda Cero o EsRadio. En el décimo lugar aparece el primer contenido creado específicamente para este medio, Entiende tu mente, que es producido por Spotify en España.

Esta plataforma de audio de origen sueco da un inmejorable ejemplo de cuáles son las expectativas creadas alrededor del podcasting. Recientemente, ha contratado al cómico estadounidense Joe Rogan para que traslade su podcast personal a Spotify en exclusiva. Rogan, según el Wall Street Journal, mantendrá todo el control creativo y percibirá cien millones de dólares por cinco años de compromiso con Spotify. La plataforma incluirá el material de Rogan en su servicio gratuito y le permitirá colgar algunos clips en Youtube, pero el programa íntegro (que suele prolongarse tres horas) sólo estará en Spotify.

Aunque ahora se hayan popularizado, ese tipo de audios informativos ya estaban colgados en algunos rincones de internet desde el año 2000. El periodista del diario londinense The Guardian Ben Hammerstein fue el primero en poner el término «podcast» en letra impresa, uniendo de manera muy característica del idioma inglés partes las palabras «broadcasting», es decir, emisión, e iPod, el por entonces novedoso reproductor de música de Apple.

Gustos españoles
En España arrancarían en 2004 con uno dedicado a la tecnología, Comunicando, del periodista valenciano José Antonio Gelado. Los programas sobre el mundo de internet, videojuegos o novedades en gadget y aparatos tecnológicos fueron los más abundantes al comienzo del podcasting, y todavía hoy tienen un protagonismo muy destacado.

Uno de ellos es Cacharradas de Podium Podcast, la plataforma digital de la Cadena Ser. Su responsable, Íñigo Sastre, lo define como «un programa semanal sobre tecnología y estilo de vida digital. A día de hoy, todos nosotros integramos la tecnología en nuestro modo de vida. Esta pandemia nos ha demostrado que es clave para estar en contacto con nuestra gente. Y ahora la llevamos en el bolsillo». En opinión de Íñigo Sastre, el problema de la rentabilidad «ha asaltado a todos los modelos de negocio dentro del entorno digital. Creo que el formato ‘branded’ ha venido para quedarse. El modelo de pago por clic no ha funcionado y cada día tendemos más a integrar contenidos hechos a medida para el anunciante. No nos sirve un patrocinio, una cuña más clásica. Tampoco los publirreportajes. Los oyentes los consideran publicidad».

Otra temática empezó pronto a destacar en el mundo del podcast en español: el del misterio. Durante años, el programa de Iker Jiménez en la Cadena Ser Milenio3 fue el contenido más descargado, rivalizando con la combinación entre temas paranormales e historia que cimentó el éxito de La rosa de los vientos, de Juan Antonio Cebrián, en Onda Cero. A ellos se sumó después Espacio en blanco, de Miguel Blanco, en Radio Nacional, y en la actualidad tiene como máximo exponente semanal a La escóbula de la brújula, con los escritores Jesús Callejo y Carlos Canales, entre otros.

Entre los grandes veteranos del podcasting en España pueden citarse a Casus Belli o La Contrahistoria. Además de La escóbula de la brújula, otros dos programas de la Cadena Ser, Ser Historia de Nacho Ares y Cualquier tiempo pasado fue anterior de Nieves Concostrina, están entre los más escuchados en la actualidad en España.

Además del citado Nadie sabe nada, destaca el multitudinario seguimiento de La vida moderna, el irreverente programa que lanzó al estrellato a David Broncano. Silvia Abril, Toni Acosta, Juan Carlos Ortega, Ignatius Farray o Quique Peinado son otros de los conocidos comediantes que participan en podcasts de la emisora, que sin embargo no renovó uno de esos programas, Comedia Perpetua.

La historia de este último es interesante, por cuanto es el germen de una productora independiente dedicada únicamente a la producción de podcasts, Phi Beta Lambda, que genera una veintena larga semanal de programas de los más variados temas, con un estudio propio sólo para este fin. Los componentes de Comedia Perpetua, encabezados por Antonio Castelo, han desembarcado con un nuevo programa, pero ya de pago, No te lo vas a creer, para la plataforma Audible. Se trata de la marca creada por Amazon para la distribución en España no sólo de podcasts, sino también de audiolibros (un formato muy popular en Estados Unidos que apenas ha crecido en España), con una suscripción de diez euros mensuales.

Pese a estos intentos de crear material original para el nuevo formato, lo cierto es que entre los audios más descargados en España abundan programas de radio convencionales, que un sector de los oyentes prefieren escuchar a su ritmo, a la hora que les convenga. Es el caso del podcast deportivo más descargado, El Partidazo que dirige Juanma Castaño en Cope, o de los programas matinales de Carlos Herrera en esa misma emisora, Federico Jiménez Losantos en esRadio o de Carlos Alsina y Juan Ramón Lucas en Onda Cero. La larga duración de estos últimos, que además en muchos casos comienzan a primera hora de la mañana para terminar entrado el mediodía, hace que la escucha posterior sea una opción cómoda.

Además de la tecnología, abundan los podcasts creados con la vista puesta en un público de nicho muy concreto, que es seguidor fiel y, en algunos casos, supone una atracción para anunciantes o bien un prestigio para sus patrocinadores. Un ejemplo en este último sentido es El reverso, creado por dos especialistas en baloncesto, Gonzalo Vázquez y Andrés Monje. Tras un periodo al amparo de la emisora del Ayuntamiento de Madrid, ahora están alojados en la web oficial de la NBA en español. Para atraer visitas, este podcast no puede escucharse en ninguna plataforma más que esa web, previo registro gratuito. Sí está disponible en cualquier opción el creado por el Banco Sabadell sobre diferentes temas económicos y financieros, presentado por Toni Garrido y con buenas cifras de descargas.

Otros temas que parecen contar con importante número de seguidores, entre los 2,5 millones de usuarios de podcast estimados actualmente en España, son los consejos de inversión, meditación y espiritualidad, divulgación científica, deportes minoritarios o el cómic. Nichos variados, pero todos ellos con una nutrida corte de escuchantes interesados que no encuentran información suficiente de su interés en los medios generalistas.

Otras fuentes

El País Semanal ha publicado su lista de veinte podcasts imprescindibles, tanto españoles como iberoamericanos o anglosajones.

Los podcasts educativos de Juan Jesús Pleguezuelos son también disfrutados por amantes de la historia sin necesidades académicas.

Fran Izuzquiza, un ex locutor de radio que se ha especializado en podcast con su propia empresa, hace algunas consideraciones interesantes sobre el número de consumidores de estos audios.

Las plataformas más extendidas para Apple y Android

Los usuarios de teléfonos de Apple ya llevan incorporado en sus móviles el programa iTunes, que les permite escuchar la práctica totalidad de los podcasts nacionales e internacionales. Para los teléfonos Android, la aplicación más popular en España es iVoox, que en su versión gratuita incluye ocasionalmente anuncios en los contenidos. Para eliminarlos, la suscripción mensual cuesta diez euros y permite también acceder a algunos contenidos exclusivos. Ese es igualmente el precio y el gancho que usa Audible, la propuesta de Amazon. La propia Google, gran soporte de Android, cuenta con la aplicación Google Podcast, si bien su funcionamiento es irregular. Podcast Go, The Podcast App o la cada vez más popular Castbox son otras opciones, y además todas las grandes cadenas de emisoras tienen disponible su histórico de audios en su correspondiente página web.

Este tipo de audios informativos ya estaban colgados en algunos rincones de Internet desde el año 2000

El éxito de un profesor

Juan Jesús Pleguezuelos, un profesor de historia de instituto, tuvo la inquietud de crear un podcast para complementar sus clases. Cinco años después, cuenta con media docena de ellos que se han convertido en referentes, sobre todo, para los estudiantes de EVAU. «El profesor inquieto», como se denomina su web, ha conseguido una notoriedad que le ha permitido también publicar un par de libros (Como una historia y Diez hábitos del estudiante exitoso) y ser entrevistado en diferentes medios de comunicación. Pleguezuelos mantiene su plaza como docente en Granada y se ha convertido en un referente por su capacidad para acercar la enseñanza de asignaturas a priori un tanto rígidas a una pléyade de alumnos agradecidos.

Entrevista a Joaquín de Luz, bailarín y coreógrafo. Director de la Compañía Nacional de Danza

ESFERA CULTURAL

Joaquín de Luz,

bailarín y coreógrafo. Director de la Compañía Nacional de Danza

«La danza sigue siendo la hermana pobre de las artes»

Conocido por su escalofriante facilidad en el salto, su carrera despegó en Estados Unidos cuando, poco después de su llegada, materializaba su aspiración de bailar en el American Ballet Theatre (ABT), al que siguió el New York City Ballet (NYCB) donde, en enero de 2005, era ya bailarín principal. Premio Nacional de la Danza 2016, se hizo universalmente familiar cuando su sonrisa chispeante brilló en los televisores entre burbujas de un conocido cava. En la actualidad dirige la Compañía Nacional de Danza (CND).

JUAN ANTONIO LLORENTE

[email protected]


Deja España casi adolescente porque las cosas no estaban bien para la danza. ¿Vuelve porque todo ha cambiado?
No todo. La verdad es que hay poca diferencia desde cuando me fui. Tanto en el sector público como en el privado, se continúa maltratando a la danza, que sigue siendo la hermana pobre de las artes. Estoy aquí para intentar hacer todo lo que esté en mi mano para que no sólo la Compañía sino la situación de la danza en el país, cambien para mejor.
Hace dos años comprobaba el momento de la CND como bailarín invitado. Al ofrecerle su dirección, ¿le costó trabajo aceptar?
Ningún trabajo. Dar el sí era una opción bastante obvia. Aunque no tenía claro si iba a volver a España, decidí hacerlo sí o sí pensando que podía devolver algo de lo que he aprendido. Intentando con todo mi ímpetu que la Compañía siga creciendo hasta estar en la Primera División, que es donde se merece. Con esa determinación he venido.

«He tenido la suerte de poder compartir escenario con algunos de los que veía como grandísimos iconos»

Se marchó porque quería “bailar Clásico y ver qué había fuera”, con el sueño de pisar un día las tablas del ABT del que, con 21 años era ya bailarín solista. Fue “el pago a todos los sacrificios”, ha dicho. ¿Tantos fueron?

Sí. La nuestra es una vida dura. No sólo por la naturaleza de la profesión en sí, que te lleva a renunciar a muchas cosas. Mi día a día era el normal: salía con mis amigos y hacía lo que ellos, aunque tenía que trabajar además en el estudio. Pero aquella actividad, al no considerarla trabajo, no la veía como un sacrificio. El sacrificio vino cuando tuve que dejar mi país y mi familia, para irme a un país extraño sin hablar la lengua. Fue muy duro. Y luego, lo que implica someter a tu cuerpo a esa prueba que está totalmente contra las leyes de la Naturaleza, y afrontar todas las adversidades que tiene la carrera.

Como recompensa, pudo codearse con algunos hasta entonces mitos para usted. ¿Qué sintió al verse cara a cara con ellos?

En ese sentido, me considero un afortunado, porque algunos de los que habían sido grandes ídolos míos, desde que llegué a Estados Unidos me acogieron debajo de sus alas, como se dice allí. Siempre me trataron muy bien, mostrándome desde el primer momento el camino a seguir. Al margen del aprendizaje viéndolos bailar, he tenido la suerte de poder compartir escenario con algunos de los que veía como grandísimos iconos. El más grande de ellos, Baryshnikov, la persona por la que empecé a bailar, mi ídolo mayor, fue muy generoso conmigo. Compartimos muchas cosas en mis dos últimos años en Nueva York. Esa experiencia es un regalo que llevo conmigo y espero poder transmitir a otras generaciones.

Después de 23 años de aventura americana, vuelve con una maleta de sueños. ¿Cuál es el más inmediato a materializar?

Que la danza esté donde se merece, y que la CND tenga el reconocimiento debido en todos los planos. Como ya cuenta con el del público, mi siguiente sueño es que con la producción que acabamos de presentar en el Teatro Real y la de ahora en el de La Zarzuela, seamos capaces de emocionar en un momento tan especialmente doloroso como el que estamos viviendo. Me parecía importante estar ahí, en el escenario, y tocar el corazón de la gente, porque creo que lo necesita. Y para ello, nada mejor que una historia como la de Giselle, donde el amor vence a todas las cosas.

“En el baile es muchísimo lo que se da”, también palabras suyas. ¿Qué se recibe a cambio?

Se recibe muchísimo. Son pocas las emociones comparables a la que el bailarín vive al salir al escenario. La sensación de que el tiempo no existe en ese instante en que estás entre bambalinas, oliendo el silencio que precede a la música, no es de este mundo. Hablo de ese umbral, que te remueve por dentro, haciendo volar mariposas en tu interior para que, una vez sales, todo sea magia.

Su maestro Víctor Ullate le transmitió la imagen del puente de doble sentido que se ha de establecer para conseguir esa íntima comunión con la audiencia.

Exacto. Debes formar un vínculo muy especial con el público y, si lo encuentras, puedes estar seguro de que ese momento no lo olvidará fácilmente.

Comunicar, ¿ha sido el objetivo fundamental que se ha fijado en su carrera?

Siempre. Si hasta ahora ha sido como intérprete, en esta nueva etapa espero hacerlo como director a las nuevas generaciones.

¿Puede transmitirle esa magia a un bailarín cuando es usted quien lo dirige?

Lo intento, aun asumiéndolo como tarea nada fácil, porque son ellos los que tienen que buscar en su interior qué quieren decir y cómo mostrarlo. Investigando mucho sobre qué pasa con los silencios y cómo conectar con el público, me ha resultado muy interesante comprobar cómo funciona esto en otras danzas, en otras culturas, llegando a la conclusión de que los grandes iconos de la danza, como Nureyev o Baryshnikov, no tenían que hacer ni un sólo paso. Desde que salían al escenario, no podías quitar los ojos de ellos. Eso es consecuencia de una energía interior; una inteligencia; una manera de controlar el silencio y la pausa. En esta sociedad en la que vivimos, en la que vamos siempre acelerados, echo en falta la pausa; me sobra el exceso de alboroto. Es preciso tiempo para disfrutar el presente. En un segundo en que no pase nada, ¡se puede contar tanto!

Durante un extenso paréntesis, que incluye la larga regencia de Nacho Duato y el efímero paso de Hervé Palito, en la CND se menospreció el apartado clásico. ¿Se ha subsanado esa carencia?

José Carlos Martínez, a quien sucedo en el cargo, empezó la importante labor de reintroducir el clásico, pero creo que no le dio tiempo a consolidar su proyecto, y todavía existe un poco de cojera al respecto. Mi labor consiste en equilibrar ese déficit. Como me gusta tanto el neoclásico, he apostado fuerte por él, y quiero que la mayor parte de este repertorio la bailen casi todos los integrantes y luego haya casos en ambos extremos: contemporáneo y clásico puro. Creo que se pueden hacer muchas cosas bonitas: que la gente baile mejor; que tenga más musicalidad, algo para mí fundamental, porque de siempre la música es parte imprescindible de mi proyecto: de cómo concibo la danza. Así que estoy superfomentando todo esto, para luego conseguir una identidad. Creo que estamos en el buen camino, y que está funcionando mi idea de cómo subir el nivel de la Compañía.

Su presencia hace unos días en el Teatro Real con la CND bailando una de las coreografías, ¿se puede interpretar como que no va a abandonar el baile en esta etapa?

Ni descarto ni confirmo que vaya a seguir bailando. Si lo he hecho ahora ha sido por volver a estar con Gonzalo García, mi compañero de reparto en el estreno del Concerto en 2008, por tratarse de algo muy especial. Alexei Ratmansky, el coreógrafo que creó la pieza entonces pensando en nosotros dos, preguntó: ¿Por qué no la hacéis vosotros? Al principio lo tomé como una broma, porque estamos hablando de uno de los ballets más duros que hay. Acepté por encontrarme bien. Y, mientras siga así, en casos puntuales, me apetece participar en alguna cosa. Pero no demasiadas, porque quiero dar la oportunidad a mis bailarines.

Ahora, como coreógrafo, ¿veía la necesidad de revisar el montaje?

Definitivamente sí. No sólo de revisarlo, sino de revisionarlo, desde una óptica que, más que bonita, diría que es muy especial. Hay partes que considero inamovibles y así las dejo, pero otras no tengo por qué. He contado para ello con un equipo artístico y un elenco increíbles, empujándome para salir de mi zona de confort. Como experiencia, cualquier artista calificaría el resultado de maravilloso.

En estos casos, los puristas pueden clamar anatema. ¿No teme a los que reniegan por hacer algo que les parece altera el espíritu de la música de Adam?

… es que ya soy muy mayor, y tengo mucho rodaje para temer al purista. Por una lesión de espalda que tuve, me diagnosticaron que me tendría que despedir del escenario. Cuando por fin volví, me olvidé de pensar en puristas ni en críticos. Ni siquiera en complacer a nadie. Todo se convirtió para mí desde entonces en un regalo. Así tiene que ser, creo yo: que cada vez que sales al escenario sea como si no supieras si va a ser la última.

DÓNDE ENCONTRARLE

Instalado en su sede madrileña desde hace algo más de un año,
la actividad de Joaquín de Luz es hoy fácil de seguir.
Su día a día, por la detallada agenda de la Compañía que dirige.

Y a través de los canales de comunicación, por
alguno de los testimonios que han hecho historia en
los principales escenarios del mundo a lo largo de un cuarto de siglo.

Leer cuadros: Una fábula del Greco

ESFERA CULTURAL

LEER CUADROS

CONVENIO EL PRADO-FUNDACIÓN NOTARIADO

Claves de la obra

Autor: El Greco

Tamaño: 50,5 x 63,6 cm

Fecha creación: Hacia 1580

Técnica: Óleo sobre lienzo

Ubicación: Sala 08B del Museo del Prado

Durante su estancia en Roma (1570-76), el Greco (1541-1614) pintó “El soplón” (Nápoles, Museo de Capodimonte), la imagen de un niño que sopla un tizón. El asunto es referencia a un texto de Plinio el Viejo incluido en Historia Natural, una obra del siglo I que tuvo enorme influencia en el Renacimiento y en la que se alaba al pintor griego Antifilo por concebir una pintura en la que “un muchacho soplaba a un fuego y éste se reflejaba en la habitación y en el joven”.

Una fábula del Greco

LETICIA RUIZ GÓMEZ,

jefe del área de conservación de pintura del siglo XIX del Museo del Prado.

Algunos artistas del Renacimiento italiano (Correggio, Tiziano o Jacopo Bassano) recogieron la idea como un reto creativo, incluyeron figuras parecidas en alguna de sus obras. El Greco también lo hizo, inspirado seguramente en alguna de las charlas en el erudito círculo del palacio Farnesio, lugar que inicialmente le acogió.

Al poco de llegar a España, en la década ya de los setenta, el Greco recuperó el asunto y lo hizo más complejo, al introducir las dos figuras flanqueando al muchacho: un hombre de sonrisa bobalicona tocado con un sombrero rojo, y un mono que repite el gesto de soplar. Conocemos tres versiones autógrafas de esa composición; dos en el Reino Unido (colección del conde de Harewood en Leeds, y en la National Gallery de Edimburgo) y una tercera en España, en el Prado, donde ingresó en 1993 después de ser adquirida con fondos del Legado Villaescusa. En mi opinión, este último es el primero y más elaborado de los tres ejemplares.

Su significado. Mucho se ha escrito sobre el significado de esta composición, que a veces se ha considerado propia de tradiciones de la literatura picaresca, tradiciones o proverbios, como el refrán “atizar el fuego” o el fuego azuzado por el diablo, simbolizado en el mono; o ser una sencilla escena de género. Como muchas obras maestras, el enigma de su significado permite lecturas abiertas e interpretaciones complejas. San Juan de Ribera, obispo de Valencia y hombre de formidable cultura clásica, poseyó una composición idéntica, posiblemente esta misma.

En cualquier caso la tela es un ejemplo de la capacidad pictórica del Greco. Está realizada con toques variados pictóricos, adaptados a la incidencia de una iluminación forzada que transforma las distintas superficies de una manera que se adelanta al Impresionismo. El fondo amarronado se convierte en un color base sobre el que se aplican las pinceladas justas, realizadas con notable soltura. El rostro empastado del joven, casi incandescente por su cercanía al tizón, contrasta con su jubón, resuelto con breves frotados del pincel sin apenas color. Lo mismo puede describirse en las manos; descompuesta en manchas de vivos colores la derecha, y percibida como una mancha oscura la izquierda. Ambas aparecen temblorosas por acción de las llamas y los movimientos del muchacho. El simio, en el plano más alejado, está construido con unas pocas pinceladas sobre la capa de preparación, mientras que el rostro del hombre en primer término, se ha trabajado con toques pastosos de naranjas, rojos y negros. Golpes de pincel que buscan y atrapan la luz y la sombra, y que convierten esta tela en un extraordinario ejercicio pictórico.

El mayor terremoto desde el fin del cine mudo

ESFERA CULTURAL

El mayor terremoto desde el fin del cine mudo

Los grandes estudios retrasan estrenos y la industria del cine en su conjunto se replantea un futuro en el que el poder va pasando a manos de las plataformas digitales.

JULIÁN DÍEZ

[email protected]

Ni la llegada de la televisión en los cincuenta, que fue paulatina y al principio atraía a talentos menores y movía cantidades inferiores, ni las guerras mundiales o la aparición de sucesivas novedades técnicas como el color, el 3D o el sonido Dolby. La revolución a la que se enfrenta la industria audiovisual en el escenario post Covid 19 sólo tiene un precedente de magnitud similar: el paso del cine mudo al sonoro entre 1928 y 1930, cuando las carreras de muchas estrellas naufragaron, los grandes estudios californianos se consolidaron como el poder hegemónico de la industria, y las propias salas debieron afrontar una reconversión tecnológica y de personal.

Contraste de cifras. Baste un dato para dar cuenta de la situación. Este año, se estima que la recaudación global del cine en Estados Unidos será de un 20% respecto al año anterior. Eso quiere decir que se volverá a la cifra obtenida en 1981, cuando las entradas costaban un tercio del precio actual. Así que podemos estar hablando de en torno a un 6% de espectadores respecto a 2019. Mientras, en lo que va de año (hasta agosto son los datos al escribir estas líneas), Netflix ha sumado 26 millones de suscriptores en todo el mundo, lo que viene a suponer un crecimiento directo de más de 3.000 millones de euros anuales en sus ingresos.

La Academia de Hollywood había conseguido frenar algo la sangría entorpeciendo todo lo posible que las películas directamente para consumo hogareño consiguieran candidaturas a los Oscar. Netflix hizo estrenos fantasmas de sus proyectos más prestigiosos (como las ya citadas Roma o El irlandés), pero ante la escasez de novedades prevista para este año, ya ha anunciado que da su brazo a torcer para el próximo.

Entretanto, las grandes productoras y distribuidoras han ido tomando decisiones de todo tipo acerca de sus grandes lanzamientos previstos. Mientras Disney optaba por estrenar directamente a través de su plataforma digital el remake en imagen real de Mulan (a 21,99 euros), con resultados aún por conocer, en su división Marvel aplazaba todo lo que estaba en cartera para este verano. Lo mismo ha ocurrido con No Time to Die, la última entrega de James Bond que protagonizará Daniel Craig, la siguiente película de la serie de acción automovilística Fast and Furious, o la continuación (más de treinta años después) de las aventuras de Maverick, el piloto de Top Gun interpretado por Tom Cruise.

Según los medios especializados, la industria se ha puesto en manos de tres películas para conocer cuál va a ser la reacción del público ante los estrenos en salas de cine en el inmediato futuro. Las tres son grandes espectáculos que, a priori, no pueden ser disfrutados de la misma forma en una sala con todos los adelantos técnicos que en una casa, por bueno que sea el aparato de televisión de que se disponga.

El primero de ellos fue Tenet, de Christopher Nolan, estrenada el pasado agosto. Sin entrar en la dificultad de su trama, lo cierto es que el resultado comercial ha sido poco relevante. En Estados Unidos (donde siempre se conocen antes los datos de taquilla), no parece que vaya a subir del noveno puesto en recaudación de lo que va de año, con la mitad de dinero obtenido (unos treinta millones de dólares) que estrenos que apenas permanecieron en pantalla dos o tres semanas antes del cierre por la pandemia, como Onward o El hombre invisible. Curiosamente, estos datos son estimaciones porque la distribuidora de la película ha quebrado una ley no escrita al negarse a dar cifras precisas, lo que ha levantado las protestas de la competencia.

En un detalle que pone en perspectiva además el relieve que van cobrando otras cinematografías, cabe decir que la película más taquillera a nivel mundial en lo que va de año es Los ochocientos, un espectacular drama bélico chino que ha recaudado 300 millones de dólares sólo en el mercado doméstico. Con el triunfo de la coreana Parásitos en los Oscar del pasado febrero, o las fuertes audiencias de series internacionales como la alemana Dark o la española La casa de papel, van sumándose éxitos que plantean un cierto final de la hegemonía estadounidense en el mercado audiovisual, potenciada precisamente por la accesibilidad global a las plataformas online. Para los espectadores de casi todo el mundo, habituados a ver las producciones subtituladas, da igual que el idioma original sea el inglés o cualquier otro.

Esperar a Navidad. Los otros dos grandes blockbusters hollywoodienses que llegarán este año, salvo aplazamiento, esperarán hasta la campaña de Navidad. Dune, de Dennis Villenneuve, es una superproducción de ciencia ficción con un reparto coral que encabeza Timothy Chamelet e incluye a Javier Bardem. Basada en una de las novelas más populares de la historia del género, es sin embargo un proyecto que viene acompañado por el malditismo que rodeó a sus intentos de adaptación previos, desde el que estuvo a punto de llevar a la locura (según confesión propia) a Alejandro Jodorowsky con Dalí, Orson Welles y Mick Jagger en el reparto, hasta el fallido de David Lynch en la que él considera su peor película. Además, esta nueva versión solo cubre la primera mitad de la novela (de 700 páginas) y no hay fecha prevista para continuar el rodaje.

El día de Navidad llegará Wonder Woman 1984, que pretende retomar el éxito de la anterior película de la superheroina por antonomasia. Como se verá, todos los grandes estrenos «salvadores» previstos corresponden a películas de gancho comercial, mientras que los proyectos con nombres de prestigio, de los que habitualmente compiten por los Oscar o los premios de Cannes, Venecia o San Sebastián, escasean en las previsiones de la gran pantalla. Sólo puede citarse a priori el remake de West Side Story a cargo de Steven Spielberg, y un western del emergente Paul Greengrasss, News of the World, protagonizado por Tom Hanks.

Todo hace indicar que las candidaturas a los Oscar de este año llegarán trufadas de estrenos directos para plataformas digitales, reproduciendo de forma paulatina lo ocurrido en los premios de la televisión de los últimos años. Todas estas consideraciones siguen sin dar una respuesta clara a la pregunta del millón: ¿están los espectadores dispuestos, al menos en un número suficiente, a seguir acudiendo a las salas de cine? La ya citada Los ochocientos da una respuesta por lo que se refiere al público chino, que ha acudido en masa a verla, aunque es un caso de cierta excepcionalidad: los cines en China estaban abiertos tras dar por prácticamente erradicada la pandemia, y además el filme es un producto nacionalista que ha gozado de cierto apoyo institucional tras una polémica en la que se corrigió parte de su contenido.

Curiosamente, el país casi a nivel mundial donde podemos encontrar una respuesta más clara de que con la orientación correcta el público sí responde es España. Mientras los datos de contagios volvían aumentar, el 29 de julio se estrenó Padre no hay más que uno 2: La llegada de la suegra, secuela de un éxito del pasado verano. Su director y protagonista, Santiago Segura, afirmaba en las ruedas de prensa previas al estreno que «la idea de hacer cine y no pasar por las salas me angustia», y su empeño en mantener la fecha de estreno prevista, contra viento y marea y los comportamientos de las majors estadounidenses, cosechó un sorprendente éxito: un millón y medio de espectadores en cuatro semanas, con una recaudación algo menor a la de la primera entrega, pero muy por encima del presupuesto del filme. Deja la sensación, frente al relativo fiasco de una película espectacular pero compleja como Tenet, de que el público responde si se le da lo que quiere. En el caso de la película de Segura las bazas son un humor para todos los públicos; la presencia de incontables caras conocidas y la continuidad con un éxito previo y bien valorado, para un producto con una factura técnica irreprochable. Las otras películas con más éxito en el estío español han respondido a parámetros similares, a su manera: la española Superagente Mackey y los dibujos animados de Scooby Doo.

Mientras, las plataformas digitales van sumando proyectos con una magnitud desconocida hasta la fecha. Sólo ha habido siete películas en la historia del cine por encima de los 300 millones de dólares de presupuesto, encabezadas por Piratas del Caribe: en mareas misteriosas con 379. Pero Prime Video, la plataforma digital de Amazon, está desarrollando una adaptación de El Señor de los Anillos (parece que narrativamente será una especie de precuela) con un presupuesto de mil millones de dólares, y con el español Juan Antonio Bayona como uno de sus responsables. Los episodios más caros de televisión hasta la fecha fueron los de la última temporada de Juego de Tronos, 18 millones cada uno.

La cifra puesta sobre la mesa por Jeff Bezos (que según los últimos datos no sólo es el hombre más rico del mundo, sino de toda la historia en términos comparados) parece que no va a quedarse sola. Los números que se han filtrado sobre la adaptación para Netflix de la novela El problema de los tres cuerpos, del chino Cixin Liu, que correrá precisamente a cargo de los responsables de Juego de tronos, están en parámetros similares. El libro original inicia una trilogía que es el último éxito de culto de la literatura de ciencia ficción, y quizá en cualquier otro momento hubiera sido considerado como un material demasiado complejo como para su adaptación audiovisual.

Dentro del panorama de incertidumbre, pueden mencionarse también fenómenos curiosos, como la reaparición de los autocines en Estados Unidos, aunque es un tipo de experiencia que parece difícil de exportar. En España la apuesta más frecuente de las salas está siendo la de reforzar servicios premium, como entradas que incluyen comida, butacas que pueden alzar totalmente los pies para convertirse en divanes o beneficios y descuentos externos.

Otras fuentes

Es posible tener una idea completa de todos los retrasos de estrenos en este reportaje gráfico.

Aunque Netflix, HBO y Prime Video sean los principales actores de la guerra de las plataformas de streaming, la sucesiva llegada de nuevos contendientes (Apple y Disney ya, Peacock y HBO Max muy pronto) y su posible impacto se analiza en:

Una explicación completa de cómo Unsubscribe consiguió llegar al número uno de taquilla en Estados Unidos con sólo dos espectadores.

Grandes estrellas en nuestro salón

La realidad señala una tendencia ya incuestionablemente manifiesta en el último lustro, con la presencia creciente de los principales talentos de Hollywood en los créditos de producciones para las plataformas de contenido. Martin Scorsese, tras rodar el año pasado El irlandés para Netflix, prepara ahora Killers of the Flower Moon junto a Leonardo di Caprio y Robert de Niro; Alfonso Cuarón acarició el Oscar hace un par de años con Roma, también para Netflix; Woody Allen hizo una serie para Amazon Prime Video; Ridley Scott, Steven Spielberg, David Fincher o Spike Lee son otros cineastas entre los más conocidos del mundo cuyas actividades y proyectos se centran ahora en contenidos para ser consumidos directamente en casa.

Dos récords absurdos para la historia

The Wretched, una película de terror de bajo presupuesto y muy escasa originalidad, se convirtió este verano en la tercera en la historia que consigue ser la más taquillera en Estados Unidos durante seis semanas consecutivas. Sólo Avatar y Titanic consiguieron antes ese hito. En general, su productora, IMF, es la gran beneficiada del cine en la época de la pandemia: estrenó sucesivamente productos en unas semanas en las que sólo un porcentaje reducido de las salas americanas estaban abiertas, y las grandes distribuidoras se limitaban a enviar reposiciones. Con todo, el caso más curioso de este periodo es el de Unsubscribe, que en la semana del 10 de junio se convirtió en la película más taquillera con menos presupuesto de la historia: 0 dólares. Un par de youtubers rodaron por Zoom este corto de 29 minutos con amigos; alquilaron una sala de cine por menos de 500 dólares, y se vendieron a sí mismos todas las entradas por 22.000 dólares. Todo legal, de acuerdo a las normas y con el único coste del alquiler de la sala, porque ellos recaudaron íntegramente el precio de las butacas. Ninguna película vendió más entradas en Estados Unidos esa semana.

Todo hace indicar que las candidaturas a los Oscar de este año llegarán trufadas de estrenos directos para plataformas digitales

Pasar por caja

De todas las series candidatas al premio a la mejor del año en los Emmys que se anunciaron en el pasado verano, ocho comedias y ocho dramas, sólo dos se emiten en televisión en abierto: The Good Place (NBC) y Schitt’s Creek (en la televisión pública canadiense, CBC). En el conjunto de candidaturas, Netflix obtuvo 160 y HBO 104, muy por delante del primer canal generalista, NBC, con 47. Ninguna de las series candidatas pueden verse en televisión en abierto en España: incluso The Good Place está en Netflix, y Schitt’s Creek en Movistar.

Entrevista a Arancha Aguirre, cineasta

ESFERA CULTURAL

Arancha Aguirre, cineasta

«Me da una pena enorme perder este mundo de las salas de cine, donde he aprendido tanto y he sido tan feliz»

Doctora en filología hispánica, hija de director cinematográfico y actriz, el ADN de Arantxa Aguirre delataba rastros de celuloide antes de decidirse a centrar su actividad en esa parcela del séptimo arte que le ha llevado dos veces al borde del Goya. Si su primer libro, Buñuel lector de Galdós, revela la pasión de esta madrileña por el autor canario, el segundo, 34 actores hablan de su oficio, evidencia su debilidad por el mundo de la farándula, que tan bien conoce.

JUAN ANTONIO LLORENTE

[email protected]

Llegó al cine de la mano de genios como Camus, Almodóvar o Saura. ¿De quién aprendió más?
Como persona abierta, trato de ser una esponja. Al haber trabajado más con Mario Camus, lo considero mi maestro, pero cada uno me ha enseñado algo en lo que trato de profundizar para seguir adelante en mi propia carrera. Soy un producto de todos ellos más mi aportación personal y lo que he aprendido de las películas que veo.

Especializada en homenajes y biografías, el centenario en 2021 de García Berlanga, de quien fue ayudante en Moros y cristianos, ¿no le tienta?

Claro que me gustaría. Pero mi actividad, más que en biografías, se centra en un tipo de película documental que se suele demandar y, como profesional, hago lo que se me solicita. De ahí tantos trabajos sobre personalidades de nuestra cultura. Y con muchísimo gusto, porque los encargos son una manera magnífica de poder trabajar y de hacer algo tan bueno como cuando se trata de una idea tuya. Lo que importa no es la idea, sino como la lleves a cabo. Siendo Berlanga uno de nuestros grandes directores, que además brilló como nadie en la comedia, algo que apenas hacían otros, su sentido del humor me fascina, y estaría muy contenta de poderle dedicar tiempo para hacer algo que mereciese la pena. Pero al no poder elegir habitualmente, y costando tanto dinero las películas, creo que tengo algunas ideas por delante antes de llegar a un documental sobre García Berlanga.

«El de cineasta es mi trabajo, y me llamaron galdosiana porque hice la tesis sobre Buñuel y Galdós»

Destacaba el género de la comedia, en el que usted no ha incidido como cineasta…

Aun centrada en el documental, donde no hay diferencia entre comedia y drama, en todas mis películas hay algún toque -y así lo señala mucha gente-, de humor sutil, más de sonrisa que de risa. He tenido el gusto de estar en una sala de cine y ver que el público ríe en un momento en el que yo lo había buscado. Pero una película sólo de reír, no he hecho nunca. Ojalá pudiera, porque el género de la comedia me parece el más complicado, y uno de los que más admiro.

El documental ¿es más o menos arriesgado que el cine convencional?

No se puede generalizar. Más arriesgado, por ser más difícil conseguir que las personas vayan a las salas de cine a verlos. Pero al ser producciones menos ambiciosas desde el punto de vista económico, no te expones tanto como en una película de ficción.

Dancing Beethoven, su segunda nominación a los Goya, ha tenido una excelente acogida del público y de la crítica. ¿Es su trabajo más personal?

Todas las películas que hago, al final lo son. Pero sí, es muy personal. Y la de mayor repercusión, después de El esfuerzo y el ánimo, con la que también estuve nominada para ese premio.

¿En cuántos países se ha estrenado?

En seis, si hablamos de exhibición en salas comerciales, Si es de festivales, etc., en muchísimos más. No llevo la cuenta.

La respuesta ¿le anima a tirarse a una piscina más profunda?

Da cierta seguridad saber que lo que haces tiene buena recepción y que los espectadores no permanecen ajenos ni impasibles ante tu propuesta. De haber sido un fracaso, me hubiera costado más tiempo hacer la siguiente. Aunque hablamos de un éxito relativo, como siempre nos ocurre a los documentalistas, la respuesta a Dancing Beethoven me ha hecho pisar más fuerte en los siguientes trabajos.

Al ballet de Maurice Béjart, donde estudió en su adolescencia, ¿cuántos títulos le ha dedicado?

Muchos. Un cortometraje me sirvió como carta de presentación ante la compañía para poder realizar el largometraje El esfuerzo y el ánimo. Le siguieron Palais Garnier, Gira por China, American swan, Dancing Beethoven, el corto Juan y Teresa y un montón de grabaciones de espectáculos en vivo, resultado de cuatro o cinco temporadas yendo dos veces al año a rodar sus creaciones. Esa es otra vertiente de mi carrera que en España no se conoce, porque no se han difundido aquí, pero ahí están. Cuando había poco trabajo por la crisis económica, no paré de trabajar, que es tanto como decir que no paré de aprender. Además, trabajar con música, porque se trataba de ballets, me ha hecho evolucionar muchísimo en mi carrera, porque la música es una estructura, que a la hora de procesarla sirve para ordenar el tiempo y organizar una historia. El ritmo es fundamental para lograr la atención del público. Si vives en ese mundo, si estás acostumbrado a montar con buena música, cuando vas a hacer una película narrativa, ves que cuentas con armas que antes no tenías.


“En todas mis películas hay algún toque -y así lo señala mucha gente-, de humor sutil, más de sonrisa que de risa”

 

Los dos rasgos, esfuerzo y ánimo del título del film, ¿dibujarían su retrato?

Creo que sí (sonríe). La cita viene de una frase en la segunda parte de El Quijote: “bien podrán los encantadores quitarme la ventura, pero el esfuerzo y el ánimo será imposible”. La descubrí releyendo la novela de Cervantes y como me sentí muy identificada con ese espíritu quijotesco, la recuperé para titular mi primer largometraje en solitario.

Siendo doctora en filología hispánica, hay quien la ha definido como cineasta y galdosiana. ¿Son dos obsesiones?

No son obsesiones: son grandes aficiones. El de cineasta es mi trabajo, y me llamaron galdosiana porque hice la tesis sobre Buñuel y Galdós, que publiqué en un libro premiado por la casa museo del escritor. A partir de ese momento se me invitó a los congresos galdosianos y pude entrar en el mundo de los grandes galdosistas, de los que he aprendido muchísimo.

Declaraba en 2015: “no descansaré hasta hacer mi documental sobre Galdós”… pero en las celebraciones del aniversario no ha sido posible, por el Covid-19.

Lo de “no descansaré” creo que fue una reescritura, porque no me reconozco en esa manera de hablar. Probablemente dije algo parecido, porque tenía la idea, y sigo teniéndola, de hacer algo sobre Galdós, y espero llegue la posibilidad de hacerlo en los años de profesión que me quedan. Pero en ningún momento pienso que haya que hacer las cosas para los centenarios, aunque sean ocasión propicia para encargos. Con la película sobre Enrique Granados, que se pensó para aprovechar los preparativos del centenario, al no conseguir apoyos no llegamos a tiempo y salió un año más tarde. En torno al homenaje se publicó su correspondencia y se tradujo del inglés la magnífica biografía, escrita por el musicólogo americano Walter Clark, lo que hizo que el autor viniera a España. Pude entrevistarlo en Barcelona, y su testimonio fue fundamental para la película. Quiero decir con esto, que llegamos más tarde, pero nos aprovechamos de todo lo que se organizó en aquel año. Con Galdós, es posible que pase lo mismo. Hasta ahora he hecho seis cortometrajes para la exposición de la Biblioteca Nacional, centrados en entrevistas a escritores, y acaba de presentarse otra en la Academia de Bellas Artes de Madrid, para la que he preparado un audiovisual de doce minutos, que creo cuenta muy bien lo que podría o querría hacer si me surgiese la oportunidad de ese largo sobre Galdós, que sigo sin descartar.

Codirige una productora junto a José Luis López Linares. En La noche americana, de Truffaut, se dice: “en estos tiempos mejor que a productor de cine, hay que dedicarse al mundo inmobiliario”. ¿Las cosas hoy son mejores?

Creo que nunca han sido buenas. Viniendo de una familia dedicada al cine y al teatro, toda mi vida he visto que hay vacas gordas y vacas flacas. En el mundo del cine y de la farándula estamos muy acostumbrados a problemas como los contratos temporales. Ahora, gracias a las series de televisión, por ejemplo, hay contratos más largos. Antes, una película era ocho semanas de trabajo para un técnico, y de nuevo vuelta al mercado. Desde ese punto de vista, quizá estemos un poco más capacitados para sortear los vaivenes de la crisis consustancial a estas profesiones.

En 2021 podrán ser candidatas al Oscar películas que no se hayan visto en salas cinematográficas. La demanda en plataformas digitales -algunos de sus trabajos sólo se pueden encontrar en ellas-, que arrasa con producciones de presupuesto astronómico, se ha disparado con el confinamiento. ¿Hablamos de crisis en el modelo de “cine”?

Desde luego vamos hacia un nuevo modelo, aunque no sé si eso significa avanzar o retroceder. Me da una pena enorme perder este mundo de las salas de cine, donde ha aprendido tanto y donde he sido tan feliz. Creo que esa impresión nunca se podrá reemplazar viendo la película en tu casa. Entre otros motivos, porque en la sala vives una experiencia colectiva y muy particular, que va más allá de la película, con personas a las que no conoces, pero de pronto compartes con ellas risas, miedo, llanto… Además, en un momento en el que, por respeto al resto de los espectadores, no puedes levantarte a contestar al teléfono ni para ir a buscar una cerveza. Tienes que estar verdaderamente atento a la película, y esa circunstancia no se da en tu casa. Algo terrible, que nos lleva a los profesionales a pensar cómo conseguir que el espectador no pueda ni respirar.

Siendo ayudante de dirección, tuvo ante la cámara a su madre, Enriqueta Carballeira. ¿Será algún día protagonista de una película suya?

A ella está dedicada mi película Hécuba, donde aparece como una de las entrevistadas, y forma parte del libro 34 actores hablan de su oficio. Pero trabajar con tu madre es complicado. Ella tiene su carácter y yo el mío (risas). Moviéndome siempre en formato documental, no ha surgido la posibilidad de trabajar con actores. Pero sí, sería muy bonito hacer algo con ella, que es una gran actriz.

Dónde encontrarla

Aunque las plataformas digitales permiten conocer a fondo su trabajo, sirvan como muestra un aperitivo del más premiado https://cutt.ly/Df08xU7 y del que hasta enero ilustra en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando la exposición Galdós en el laberinto de España https://cutt.ly/Zf08AVl , germen tal vez de un homenaje más ambicioso.

Leer cuadros: ‘Grindelwald’: Los Alpes, visión europea de Beruete

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CONVENIO EL PRADO-FUNDACIÓN NOTARIADO

Al visitar la última sala de las colecciones del Prado, que entra ya en el siglo XX, nos llama la atención un paisaje de los Alpes. Esta cordillera, corazón montañoso de Europa, ejerció, especialmente a partir del Romanticismo, un gran atractivo para los artistas. Sin embargo, fueron pocos los pintores españoles que abordaron el motivo. Entre las más de 2.700 pinturas del siglo XIX del museo no existía, hasta 2019, ninguna obra con este tema.

'Grindelwald': Los Alpes, visión europea de Beruete

 
JAVIER BARÓN,

jefe del área de conservación de pintura del siglo XIX del Museo del Prado

POR ESO, cuando Hans Rudolf Gerstenmaier planteó la posibilidad de una donación al Prado de once pinturas del siglo XIX, insistí para que este paisaje fuera incluido. El coleccionista poseía otras obras interesantes de Aureliano de Beruete, pero esta era la que completaba mejor la representación del artista conservada en el museo y aportaba además un motivo nuevo y relevante al elenco de paisajes de aquel siglo.

Es una de las mejores obras entre las que pintó en los veranos de 1905 a 1907. Fue en este último año cuando sacó mayor provecho de su estancia en los Alpes. En lugar de los amplios e impresionantes panoramas que prefirieron los artistas románticos, el pintor madrileño captó las cumbres con mayor cercanía. El ferrocarril que unía la aldea suiza de Grindelwald, en el Oberland de Berna, con el puerto de la Kleine Scheidegg, a más de dos mil metros de altura, le permitía acceder a una buena vista sobre las cumbres de la Jungfrau y el Silberhorn, que pintó aquí.

Dominio de los recursos
Beruete trabajaba durante toda la jornada al aire libre y utilizaba tonos puros para representar los colores que veía, al modo impresionista. Lo conseguía gracias a una técnica rápida y a una atención máxima para captar el natural con una luz determinada en el escaso tiempo en que esta se mantenía. Elegía con cuidado el lugar en el que pintaba, de modo que el primer plano y el último aparecieran en una transición medida. Aquí, del prado en verde intenso, a las cumbres, que no son blancas, sino teñidas de violetas, azules, malvas y rosas. Las nieblas de las laderas, que dan un sentido de tránsito al paisaje, lo mismo que las pequeñas figuras que se mueven en el camino.

Es una de las 19 obras que realizó en tan solo 9 días. Esto atestigua un aprovechamiento intenso de las posibilidades de pintar del natural y también un dominio de los recursos pictóricos para resolver satisfactoriamente cada cuadro. A ello le ayudó el uso de una pincelada larga y fluida, que había estudiado en la obra de Velázquez, en la que llegó a ser un gran experto, y que constituye una de las peculiaridades de su estilo de madurez.

Beruete ya había abordado el paisaje de montaña en los Picos de Europa, con su primer maestro, Carlos de Haes, y en la Sierra de Guadarrama. Allí había practicado el excursionismo, desde sus años juveniles junto a sus amigos, miembros, como él, de la Institución Libre de Enseñanza. Artista cosmopolita, buen conocedor de Europa, su mirada a los Alpes revela la frescura de una aproximación libre de otra pretensión que no fuera la captación del natural, incluso allí donde este resulta más espectacular.

Claves de la obra

Autor: Aureliano de Beruete (1845-1912)
Fecha de creación: 1907
Técnica: óleo sobre lienzo
Tamaño: 56 x 81 cm
Ubicación: Sala 60A del Museo del Prado