Una nueva era para los museos

ESFERA CULTURAL

Una nueva era para los museos

El 1 de junio los museos españoles comenzaron su transición hacia esa normalidad distinta que nos guarda.

Como el resto de los espacios culturales dirigidos al gran público, las pinacotecas reabrieron con nuevos enfoques con los que combinar seguridad y atractivos.

 

JULIÁN DÍEZ

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EL 1 DE JUNIO los museos españoles comenzaron su transición hacia esa normalidad distinta que nos aguarda. La incertidumbre que aún domina el medio plazo no ha impedido que muchas salas hayan llenado la capacidad permitida en estas últimas semanas, siempre bajo cuidadosas medidas de seguridad, y que incluso se abra la puerta a la esperanza de nuevos proyectos.

Más espacios. Es el caso del Museo del Prado, que en su calidad de pinacoteca nacional es una entidad siempre de enorme simbolismo para la cultura española. El pasa-do día 17 de junio, pocos días después de su exitosa vuelta a la actividad, confirmaba la ampliación de su espacio expositivo con un proyecto pospuesto desde 2016, y que debería arrancar con los Presupuestos Nacionales del Estado del año próximo.

El Prado asumirá las antiguas instalaciones del Museo del Ejército, el conocido como Salón de Reinos, para albergar doscientas pinturas más que actualmente se encuentran archivadas. La rehabilitación cuenta con planos de Norman Foster y Carlos Rubio, que en los 5.700 metros cuadrados útiles previstos también albergarán un área con una exposición sobre la historia del Museo.


Los aforos se redujeron de entrada en torno a un tercio del habitual y se tomaron una serie de estrictas medidas de seguridad


En la presentación del proyecto, el presidente del Patronato del Museo del Prado, Javier Solana, insistió en la relevancia de afrontar justo ahora un reto de estas características, con un coste que se estima que estará en torno a los 40 millones de euros: “es importante reforzar nuestro principal referente cultural en el mundo en un momento de necesaria revitalización de la imagen de España”. Sin olvidar que es una apuesta que busca apoyar la candidatura del conjunto museístico del Paseo del Prado y aledaños como Patrimonio de la Humanidad ante la Unesco.

La reapertura del Prado en sí se produjo el 6 de junio con una atractiva exposición de los cuadros más valorados de la pinacoteca, bajo el título Reencuentro. En total son 249 obras maestras concentradas en una porción del edificio, con acceso numéricamente limitado: las entradas se agotaron rápidamente al reducirse el aforo a 2.000-3.000 personas en lugar de las 12.000-15.000 que acuden en un día de gran afluencia, con el consiguiente descenso de ingresos.

El atractivo adicional de esta cita, que permite limitar a un tercio el espacio expositivo hasta entrado septiembre, es poder ver juntas algunas pinturas que normal£mente se encuentran en distintos lugares del museo pero que mantienen una íntima relación, caso de Los Saturnos, de Rubens y Goya, o de Las Hilanderas y Las Meninas, de Velázquez.

Tras este accidentado final de su bicentenario, en el que por cierto El Prado también ha abierto su propia tienda en Amazon, se espera retomar el ritmo normal en octubre con una exposición, Invitadas, en la que reivindicará el papel de la mujer en el arte español de los últimos siglos, tanto en cuanto a tema como con la presencia de las más destacadas creadoras. La apertura de la muestra estaba prevista para el 31 de marzo, pero no peligra porque la mayor parte de lo que se expondrá corresponde a fondos del museo.

Además del Prado, otro destacado museo madrileño recibió en los últimos días del confinamiento noticias positivas sobre su futuro. El Museo Sorolla incorporará dos inmuebles cercanos para dotarse con todos los equipamientos que exige en la actualidad un recinto de su relevancia (cafetería, librería, tienda de regalos…). Además, el edificio principal, antiguo domicilio del maestro, abrirá su planta superior y zonas hasta ahora restringidas de los jardines, para permitir la exhibición de obras del valenciano que hasta ahora permanecían archivadas. Sin embargo, sus responsables insisten en que la inversión de 4,5 millones de euros no supondrá que el Sorolla pierda su encanto como “casa museo”, quizá la más destacada en el panorama español. 

Algunos recintos poco espaciosos obligan a seguir un recorrido determinado para no propiciar el contacto.

Más inmediata será la ampliación del Museo Nacional Reina Sofía, que ha seguido sus obras durante este periodo para sumar el curso que viene 21 salas. Acogerá obras de la colección permanente en un total de dos mil metros cuadrados adicionales para la exposición. Enmarcado igualmente en el objetivo de la candidatura ante la Unesco, este incremento en el espacio de la pinacoteca estará protagonizado por obras españolas y latinoamericanas de autores contemporáneos. Este museo, por cierto, es uno de los que han cuantificado las pérdidas en ingresos que supuso el periodo de confinamiento, en torno a medio millón de euros sólo en la venta de entradas, sin contar las derivadas de la reducción de afluencia a la cafetería, tiendas, etc.

El Thyssen madrileño ha sido especialmente visitado desde su reapertura. Ello se ha debido a los nuevos capítulos vividos en los pasados meses del culebrón para mantener la colección en España, que viene prolongándose desde hace veinte años. Carmen Cervera, viuda del barón Thyssen y propietaria de buena parte de los lienzos expuestos, retiró en junio para su venta el próximo otoño una de las principales obras del museo, Mata Mua, de Paul Gauguin. El Ministerio de Cultura ha accedido a la salida del cuadro debido a las especiales circunstancias en que se produjo la última prórroga del préstamo, pero ha aprovechado para señalar que los siete millones de euros anuales acordados como renta no se corresponden a la realidad económica que se prevé en la llamada “nueva normalidad”. La incertidumbre que siempre ha rodeado a esa pinacoteca se ha acentuado con esa muy cinematográfica salida de una obra maestra en un vehículo blindado, por lo que las visitas y el interés por una maravillosa colección de futuro incierto se ha redoblado.

A ello ha debido contribuir también sin duda la prórroga hasta el 30 de agosto de la exposición temporal Rembrandt y el retrato en Amsterdam, 1590-1670. Una extraordinaria muestra con una importante cantidad de obras prestadas por museos extranjeros que apenas pudo estar abierta tres semanas antes del estado de alar-ma. En cambio, ha quedado pospuesta de forma, por el momento, indefinida la exposición prevista del gran promotor del arte pop, Alex Katz, mientras se mantiene para octubre la anunciada del belga René Magritte. El Prado, por cierto, también ha prorrogado los préstamos más importantes que realizó poco antes del cierre de fronteras: los dos Rafael que prestó a la Scuderie del Quirinale romana para la magna muestra conmemorativa del quinto centenario del genio renacentista.

 


Los museos de Barcelona abrieron de forma coordinada el 10 de junio, con el fin de potenciar el uso de la entrada colectiva Articket BCN


 

Aperturas en toda España. Los museos de Barcelona abrieron de forma coordinada el 10 de junio, con el fin de potenciar el uso de la entrada colectiva Articket BCN que incluye los seis principales recintos de la ciudad. Además, hasta el 31 de julio era posible adquirir vía web dos de estos “pasa-portes artísticos” por el precio de uno. El Museu Picasso ha sido uno de los que ha sufrido de forma más directa los meses de cierre, ya que el 8 de mayo se conmemoraba el 50 aniversario de la donación de obras del pintor a la ciudad, que forma el núcleo del museo. La exposición conmemorativa, Picasso y las joyas del artista, en la que está previsto que recalen obras pintadas por el artista en su etapa barcelonesa pero repartidas por museos de todo el mundo, queda pospuesta al año próximo.

También se han coordinado los dos principales museos de Bilbao, el Guggenheim y el de Bellas Artes, para abrir de forma alterna desde el 1 de junio. No lejos de allí, en Santander, el Centro Botín fue el primer museo de gran nivel que reabrió sus puertas, el 12 de mayo, beneficiado por el reducido número de casos detectados en Cantabria.

En todos los casos, los aforos se redujeron de entrada en torno a un tercio del habitual y se tomaron una serie de estrictas medidas de seguridad: toma de temperatura, obligación de mascarillas, ascensores automatizados para no tener que pulsar botones, preferencia para las entradas electrónicas, retirada de folletos y audioguías, disponibilidad de productos desinfectantes para las manos, intensificación de las tareas de limpieza y vigilancia de las concentraciones de público. Algunos recintos poco espaciosos, caso del Museu Dalí de Figueras, obligan a seguir un recorrido determinado para no propiciar el contacto.

 


El Prado espera retomar el ritmo normal en octubre con una exposición, Invitadas, en la que reivindicará el papel de la mujer en el arte español


 

Tanto el Consejo Internacional de Museos como el Comité Internacional de Museos y Colecciones de Arte Moderno han hecho públicos amplios informes con procedimientos a tomar, basados en la experiencia de los grandes centros museísticos orientales que pasaron primero por la experiencia del Covid-19.

En el sector, de todas formas, campa la sensación de que, más allá de la superación del confinamiento en sí, el periodo que se abre es totalmente nuevo para los museos, y ha puesto punto y seguido (al menos por algún tiempo) a los modelos conocidos hasta ahora. Se anhela que terminen las limitaciones de aforo en un periodo razonable, pero es difícil pensar en un futuro inmediato en el que se repita la masificación de lugares como el Louvre o los Museos Vaticanos, y en general en un retorno de los viajes de placer con contenido turístico como algo que una parte sustancial de la población podía permitirse de manera regular.

Otras fuentes...

La turbulenta intrahistoria del Museo Thyssen está resumida a grandes rasgos en este reportaje de El País.

Un balance de la forma en que han afrontado los distintos museos españoles las pérdidas generadas por el confinamiento y el cierre durante casi tres meses.

Un balance de la forma en que han afrontado los distintos museos españoles las pérdidas generadas por el confinamiento y el cierre durante casi tres meses.

El impacto en los seguros

POCAS cosas más complejas que la organización de una gran exposición temporal. Es necesario coordinar fechas con otras entidades de todo el mundo, en algunos casos incluso apelando a influencias diplomáticas. Hay que trasladar bienes de valor incalculable en las máximas condiciones de seguridad concebibles. Y organizar espacios adecuados al contenido y las sensibilidades de los arrendadores. A todo eso se sumará ahora una dificultad adicional: si es frecuente que el mayor coste económico en cualquier iniciativa de este tipo sea asegurar las piezas, las previsiones es que se encarezca. Hasta el momento, los seguros incluían sobre todo coberturas de robo y daños, pero se sumará un nuevo factor: retraso en la devolución por causas justificadas. Todo ello hace sospechar que el ritmo de préstamos va a ralentizarse en los próximos años.

Nuevas experiencias audiovisuales

EN los últimos años, cines de toda España han acogido en pases limitados documentales en alta definición sobre la obra de grandes pintores mundiales, en los que es posible acercarse con una capacidad de detalle, inalcanzable en directo, a grandes obras de la historia del arte. En esa línea, el Museo Reina Sofía ha puesto en marcha una web, en la que es posible observar en altísima definición y acercarse a un nivel inédito hasta ahora, a algunas de las obras maestras de su colección permanente, caso del Guernica, de Picasso; La tertulia del café Pombo, de Gutiérrez Solana, o Un mundo, de Ángela Santos. Mientras, Pamplona acoge hasta septiembre otra iniciativa novedosa, Van Gogh Alive, en la que se reproducen sobre paredes, techos y suelo, a gran tamaño, hasta 3.000 imágenes del pintor holandés.

Audioguías en el móvil

DESDE MadPixel, una empresa española que es referente mundial en la digitalización de arte y la creacion de guías multimedia, son contundentes: “el coronavirus ha dado el empujón definitivo al uso de guías en el móvil para visitar un museo”. Los conocidos “zapatófonos” deberían ser desinfectados después de cada uso, y han sido desechados de entrada por la práctica totalidad de las pinacotecas españolas.

El proceso de implantación de las guías en cada móvil del usuario, más cómodas y con la posibilidad de soporte audiovisual, se ha acelerado para convertirse en el futuro estándar. Second Canvas, la app principal de MadPixel, está disponible ya para 70 museos de todo el mundo, mientras que la empresa ya ha digitalizado obras con la máxima resolución en un total de 400 entidades, que abrieron sus puertas fuera de horario para llevar a cabo un proceso de escaneo detallado.

Entrevista a Pedro Lavirgen, tenor

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Pedro Lavirgen, tenor

«Para cantar zarzuela se necesita la misma preparación que para la ópera»

A Dickens le habría gustado contar su historia. La del niño sin infancia que soñó con ser cantante y, tras mil vicisitudes, ofició en el Olimpo de la lírica entre los grandes tenores del siglo XX. Distinguido con numerosos reconocimientos, su nombre rotula hoy una avenida en Córdoba; en Bujalance, el Conservatorio y un busto en una plaza testimonian su gloria, mientras una placa señala la casa donde nació un 31 de julio este artista universal, que ahora cumple 90 años, conservando su acento andaluz, prueba de la fidelidad que ha orientado su vida.

JUAN ANTONIO LLORENTE

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Pedro LaVirgen, tenor.

«Con quien más a gusto he cantado ha sido con Montserrat Caballé. Sin la menor duda»

¿Cuál recuerda como su noche más memorable?

– Unas veces escojo una y en otras ocasiones, otra. Señalo la del 15 de diciembre de 1962, con 32 añitos maravillosos, cuando uno está en plena potencia de sus posibilidades en todos los sentidos (risas), porque fue prácticamente mi debut en Madrid, donde ya había cantado, sustituyendo a Miguel Sierra en una producción excelente de La bruja, que pasó un tanto inadvertida a los críticos, al ser una reposición. Por eso cito aquel diciembre de 1962, cuando Tamayo presentó en el Teatro de la Zarzuela la misma Doña Francisquita con la que seis años antes se reabrió el teatro, con Alfredo Kraus como Fernando. Si entonces formaba yo parte del coro, esta vez me tocó defender el papel de mi querido Alfredo, después de rodarlo en los Festivales de Vera-no. Fue un día afortunado, de éxito clamoroso. Aplaudieron tanto, que el director, Odón Alonso, me preguntó con un gesto si me atrevía con el bis que pedía el público. Lo hice, y eso me catapultó. Julián Cortés Cavanillas, que después de haber sido corresponsal de ABC en Roma se había reincorporado en Madrid como el hombre más considera-do del periódico, me hizo un reportaje que tituló Del cero al infinito. Desde ese momento, todos se volcaron con críticas fantásticas y me contrataron para grabar Doña Francisquita. De ahí que considere esa noche la más importante de mi vida, a pesar de no tratarse de una ópera.

– Para ese apartado, ¿qué hito señalaría?

– Mi debut en el Liceo con Carmen en 1964 junto a Inés Rivadeneira, una de las mejores Carmen con las que he cantado, por la veracidad, el vigor y el carácter con la que interpretaba el papel. Sin olvidar, claro está, a la gran Teresa Berganza. Ni a la excelente mezzo rumana, Viorica Cortez, con la que hice docenas de producciones, por-que nos compenetrábamos muy bien.


«Mi director predilecto, y el que más afecto y mayor como artista me tomó fue el maestro Molinari Pradelli»


– Repetir aquel día Por el humo… ¿Le inoculó el veneno del divo?

– No diría tanto. El bis no se pide en todos los sitios, ni siquiera al mejor tenor. He cantado en teatros ante un público entendido, muy serio y muy formal, que no lo solicitaba. Surge a veces por un determinado tipo de audiencia como respuesta a algo muy espectacular que consigas en tu actuación. Recuerdo cuando en la ópera de Budapest, en los años del presidente János Kádár, me pidieron repetir la Pira de Trovatore después de terminar con un alarde de agudos la famosa cabaletta. Porque era un público muy apasionado, entusiasta y emocional. Similar al del San Carlos de Nápoles cuando canté el Calaf de Turandot y me esforcé, poniendo un granito más de lo que acostumbraba. Hay quien prefiere lanzar el caudal de voz de manera estentórea, mostrando la potencia vocal. Yo procuré cantarlo con la mayor energía, pero cuidando el fraseo. Hice un final muy espectacular con un agudo muy alto. En un si natural, que puedes mantener el tiempo que quieras, algo que popularizó Pavarotti, que se tiraba media hora con esa nota. El público aplaudió tres minutos seguidos, que en el escenario son una eternidad, y como el maestro me hizo una señal con la batuta, canté ese bis tan difícil. Me dijeron que era el primer tenor que lo hacía en Italia.

– Calaf, uno de sus papeles de referencia junto a Otello, el Pollione de Norma, Radamés de Aida o Don José de Carmen –que interpretó en 200 ocasiones–, lo había debutado en México junto a la mítica Birgit Nilsson…

–… en septiembre de 1965. Un novato, con ella, ese auténtico monstruo vocal, como Turandot, Montserrat Caballé como Liù y Nicola Rescigno dirigiendo. Pocos tenores han contado con ese reparto.

– Grandes voces no faltan en su haber si sumamos las de Jessye Norman, Grace Bumbry, Leontyne Price, Suther-land, Freni, Kabaivanska, Christa Ludwig… ¿Ha echado en falta algún nombre?

– El de Renata Tebaldi. Antes de que Montserrat fuera famosa. era mi ídolo. Ni siquiera la Callas. La Tebaldi para mí era lo más grande. La voz más bella. Me sentaron a su lado en una cena a la que estaban invitados ella y Core-lli, y estuvimos charlando. Al preguntarle si, siendo aun relativamente joven volvería a cantar, contestó: “Desde el momento en que dije adiós a los escenarios, colgué mi voz en un clavo.”

– No es menor la nómina de batutas, incluido el joven Zubin Mehta que le dirigió en la Scala.

– Hice buena amistad con Claudio Abbado, un hombre muy educado, muy cordial. Me trató muy bien cuando me dirigió las cinco funciones de Carmen en el Festival de Edimburgo. Pero mi director predilecto, y el que más afecto y mayor como artista me tomó fue el maestro Molinari Pradelli, que dirigió tanto a la Callas.

– Le ha faltado Muti…

– Con él no pude cantar, porque cuando iba a hacerlo con una Aida en el Festival de Viena, desgraciadamente, enfermé. El día de la función amanecí muy mal, y esa ópera no puedes cantarla si no estás bien, porque ciertos números requieren mucha energía, y puede surgir un accidente grave en diversos momentos de la función. Cancelé con todo el dolor de mi corazón, porque era un reparto maravilloso, con Martina Arroyo, Sherrill Milnes …. Hasta lloré un poco de rabia por no poder cantar.

– ¿Ha tenido pareja escénica referencial?

– Con quien más a gusto he cantado ha sido con Montserrat Caballé. Sin la menor duda.

– En el vaivén de la supremacía director de escena/director musical… ¿Qué dictadura ha soportado mejor?

– Aunque parezca extraño, la del director de orquesta. Alguno puede tener mal genio, pero yo he tenido mucha suerte con ellos. López Cobos y García Navarro fueron grandísimos amigos míos. Como el citado Molinari-Pradelli, un maestro severísimo, que conmigo fue siempre una persona encantadora, a quien llegué a convencer para que dirigiese en el Liceu. De los escénicos, a los que en general considero más dictadores, algunos que me han querido mucho, pero también otros han torcido el gesto cuando han visto mis limitaciones, por la secuela en mi pierna, que estuvieron a punto de amputar. Pero he procurado ponerle buena cara al mal tiempo porque, después de haber trabajado con auténticos genios como Tamayo, Zefirelli, o Visconti… ¡la nada!

– Al margen de los 40 papeles que ha cantado, ¿se ha quedado con ganas de algún título?

– Manon Lescaut, de Puccini. Lo llegué a aprender esperando que alguien me lo ofreciera, pero la propuesta nunca llegó. No sé por qué, porque me iba bien. También es verdad que, excepto en teatros de temporada, no está entre esa docena de óperas que más se programan.

– Para afrontar el personaje con verdad, ¿qué se exige?

– Sentirlo. Kraus me decía que él procuraba aislarse totalmente, y si tenía que fingir algo, lo hacía. Elena Cernei, una mezzo rumana bellísima y con mucho talento con la que canté Carmen en Barcelona, dijo un día lo mismo: que debes ser frío, fingiendo lo que quieres expresar sin llegar a emocionarte con el personaje. Pero yo no lo podía remediar. Me entregaba a fondo, convencido de que si podía emocionar a veces al público era por meter-me en el papel con toda mi alma.

– ¿Comprende a quien minusvalora al cantante de zarzuela frente al de ópera?

– Eso lo dice gente más bien poco informada, porque para cantar zarzuela se necesita la misma preparación que para la ópera. Tener que hablar, quizá afecte un poco al canto. Pero si lo haces técnicamente bien, en una tonalidad que no te suponga un esfuerzo que pudiera reflejarse al cantar, es lo mismo. No hay más diferencias. Hay romanzas tan difíciles como las de ópera. Las de Doña Francisquita o Luisa Fernanda son tremendamente comprometidas. Otra cosa es si puedes o no cantarlas, dependiendo de tus facultades.

 


«Después de haber trabajado con auténticos genios como Tamayo, Zefirelli, Visconti… ¡la nada!»


 

– ¿Por qué usted no ha dejado suficientes rastros grabados?

– También yo me lo he preguntado mil veces. Muchos especialistas echan en falta más discos de ópera míos, teniendo una docena de zarzuela, que empecé a grabar siendo aún corista.

– Es muy difícil para sus colegas bajarse del barco. ¿Le costó trabajo hacerlo con la voz en plenas facultades?

– No mucho. Por las restricciones que implica cuidarse. El cantante tiene que hacer vida de cantante, que implica dormir lo más que puedas, para estar descansado y conseguir una musculatura sana y buena; ejercitarte mucho para estar en forma –por lo que iba a un gimnasio, hacía pesas…–; cuidar mucho las comidas y controlar las bebidas: alcohol, muy poco; coñac y licores espirituosos, fuera… Así durante los veintitantos años que fueron el grueso de mi carrera, porque he sido muy riguroso. He conseguido que en cincuenta o sesenta años mi peso apenas oscilara, hasta tener el mismo cuerpo ahora que con cuarenta años. Cuando me retiré, empecé una vida normal, no de tenor, y una de mis metas era pasarlo bien en la vida en todos los aspectos: poder comer de esto y de lo otro. Cosas que pueden sentar mal al estómago, y con una mala digestión no se puede cantar… Por eso no me arrepiento de mi decisión. La vida ofrece muchas oportunidades, y yo disfruto de ellas. 

Dónde encontrarle

ANOTÁNDOSE récords dignos de Guinness, como 19 temporadas seguidas en el Liceu o 12 en la ópera de Viena, es fácil rastrear sus huellas en internet. Dos muestras podrían ser su bis en Nápoles o dos participaciones en el Teatro de la Zarzuela: en Norma, junto a Caballé, y en El Dúo de la Africana, uno de sus últimos papeles zarzuelísticos.

Leer cuadros: La Madonna Durán, de Rogier van der Weyden

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CONVENIO EL PRADO-FUNDACIÓN NOTARIADO

Claves de la obra

Autor: Rogier van der Weyden
Tamaño: 100 x 52 cm
Fecha creación: 1435-1438

Ámbito creativo: pintura neerlandesa del siglo XV

Ubicación: Sala 58 del Museo del Prado

Cuando Rogier van der Weyden pintó esta Virgen con el Niño en el siglo XV, planteó con gran maestría una cuestión indisociable a toda la creación artística y que ha hecho reflexionar a innumerables autores desde entonces: el conflicto entre realidad e imagen.

La Madonna Durán

JOSÉ JUAN PÉREZ PRECIADO,

Área de Conservación de Pintura Flamenca y Escuelas del Norte

DESDE EL ESTUDIADO lugar que ocupa en las salas del Prado, en el punto en el que converge la perspectiva creada por una sucesión de puertas, la Madonna Durán atrae inevitablemente la mirada tanto de visitantes neófitos como de observadores expertos. Sin embargo, al situarnos ante ella, unos y otros dudamos sobre qué estamos contemplando exactamente.

La realidad inmediata nos muestra una tabla de madera de roble pintada en el siglo XV por Rogier van der Weyden al óleo, una técnica impactante en ese momento por su novedad. Pero lo que la tabla representa, que en principio parece evidente, no lo es tanto. Jesús sentado en el regazo de María juega de manera verosímil con un libro, como haría cualquier niño, arrugando sus páginas, inconscientemente. Mientras, su madre, con una leve inclinación de cabeza, se muestra pensativa y contemplativa, conocedora del sombrío futuro que le espera al Niño. Como se nos muestra a los ojos, la Madonna Durán es la representación de una escena humana, es la narración de un momento real.

Escena simbólica. Pero como se nos muestra al intelecto es, además, la representación de una escena simbólica de gran trascendencia religiosa. María y el Niño no están solos. Sobre ellos un ángel porta una corona que se dispone a colocar sobre la cabeza de la Virgen. Con ese gesto se pretende llamar la atención sobre su condición de Reina del Cielo, combinando en la misma obra el naturalismo y la veracidad de la relación entre madre e hijo con la supranaturalidad del dogma religioso. Ambas cuestiones plasmadas en una única imagen. Se apela con ello a las emociones y al intelecto, al pathos y al ethos, siempre desde el punto de vista de la devoción cristiana, propia de la época tardomedieval en la que fue creada la pintura.

Sin embargo, para un espectador inquisitivo que continúe mirando con más detenimiento, estas evidencias son insuficientes para desentrañar el sentido de la obra. Sigue sin estar del todo claro qué es exactamente lo que estamos contemplando. Siendo, como es, la representación de una escena viva y real, que parece que realmente está sucediendo, ¿dónde tiene lugar?, ¿cuál es el escenario en el que se desarrolla? Madre e Hijo están sentados en lo que presumimos un banco o sillar, situado en una hornacina de piedra con un saliente arquitectónico semicircular, lo que de nuevo hace dudar al espectador. No es una escena doméstica pese a la espontaneidad de los gestos; no es la escena de María y su Hijo en la cotidianeidad de su casa. Lo que pinta van der Weyden es una escultura policromada en un nicho; es la representación de una imagen sagrada, tal y como la veríamos en una iglesia. De hecho, hay sobre las figuras un arco gótico de tracería que simula de nuevo un escenario arquitectónico y que refuerza la idea de que no estamos contemplando un acontecimiento sino una imagen que en principio debería ser estática. Y sin embargo, nos enfrentamos a una nueva paradoja cuando observamos el movimiento del ángel y su situación bajo la tracería, sobrevolando la estatua para coronarla.

El juego visual planteado por Rogier van der Weyden, su dominio de los volúmenes y la perspectiva, la parado-ja entre imagen real e imagen religiosa, o entre creación pictórica y creación escultórica, hacen que esta pintura sea algo más que una típica Virgen con el Niño medieval. El pintor reflexiona en ella sobre la creación artística y su poder, tal y como harán más tarde los artistas del Renacimiento.