Criptoarte, una moda inversora que exige atención

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"Criptoarte", una moda inversora que exige atención

La rentabilidad de algunas inversiones en obras artísticas inmateriales ha sido notable, pero una potencial volatilidad similar a la de las criptomonedas y la complejidad del mercado, plantean dudas de su viabilidad para no expertos.

JULIÁN DÍEZ

La moda de 2021 es comprar el título de propiedad de cosas inmateriales. Naturalmente, la explicación es algo más compleja, pero en líneas generales se trata de un fenómeno en el que es difícil determinar qué tiene más peso, si la similitud con un mercado de arte confuso pero muchas veces rentable o con la burbuja especulativa de las criptomonedas, de incierta evolución.

Hay quien piensa que entrar a tiempo en este fenómeno supondrá ganancias, y quien ve en él un nuevo caso de tulipomanía, término que se utiliza para las distintas inflaciones artificiales, inspirado en la locura por los tulipanes de la Holanda del siglo XVII.

Objetos no fungibles. Intentemos explicar este tipo de comercio artístico de la manera más sencilla y desapasionada posible. Los NFTs (Non-Fungible Tokens), objetos no fungibles, es decir, que no se desgastan) son títulos de propiedad de ficheros digitales que, de hecho, están disponibles y al acceso de cualquier persona. Pueden ser fotos, composiciones artísticas, columnas de periódico, tuits o literalmente cualquier cosa digitalizable, y por la que su creador haya abonado unos euros (en criptomonedas) para crear un título de propiedad con una tecnología conocida como blockchain.

Pero pese a que esas «obras» sean accesibles, sólo habrá un dueño: quien tenga el título de propiedad de blockchain, único, intransferible e inviolable debido a que la tecnología con la que se crea es descentralizada y tiene las mismas posibilidades de venirse abajo que la propia internet en su conjunto (al menos, esa es la teoría ahora mismo). Cualquiera puede ver el primer tuit de la historia, que publicó el CEO de la empresa, Jack Dorsey; pero dueño sólo hay uno, una persona anónima que pagó 2,9 millones de dólares por el derecho a serlo de manera oficial.

Para muchos, esta revolución lleva el concepto del arte ya demasiado lejos, pero la historia está repleta de momentos en los que se han operado cambios que pudieron parecer igual de chocantes en su momento. Recordemos, por ejemplo, el impacto de la fotografía, una reproducción fidedigna de la realidad de la que se podían llevar a cabo incontables copias, en contraste con todo lo asumido previamente en torno a la pintura. Los desafíos de Marcel Duchamp convirtiendo un urinario en objeto artístico, la asunción progresiva del cine, el cómic o los videojuegos como formas de arte, la comercialización de manifestaciones artísticas intangibles como el videoarte o las performance, o la venta de las litografías certificadas por los autores (copias, al fin y al cabo), como «obras de arte originales al alcance de la clase media», son algunos de los fenómenos que ha vivido el arte en el último siglo y pudieron considerarse en su momento tan disruptivos como el de los NFTs.

¿Una buena inversión? Precisamente, según los defensores de este fenómeno naciente, los NFTs vienen a dar respuesta a una cuestión abierta: ¿cómo dar valor a una obra que puede reproducirse de forma exacta e ilimitada? Si se considera que «la propiedad» es un concepto demasiado etéreo para servir de respuesta, se puede tener en cuenta otro fenómeno reciente: la revitalización del mercado de los discos de vinilo en una era en que la música está al alcance de cualquiera, gratis o por una reducida suscripción mensual. Sin embargo, en ese caso está implicada la posesión física de un objeto, la mística incluso que le puede rodear, que es justo lo que no pueden tener los NFTs.

Más allá de las cuestiones puramente artísticas, ¿son estos títulos de propiedad una buena inversión? La respuesta es difícil de dar, justo en el momento en que sus hermanas con mayor protagonismo financiero, las criptomonedas, atraviesan una fase de volatilidad, después de años en los que han multiplicado su valor, y no faltan incluso los vaticinios de derrumbamiento. Las voces que insisten en una u otra dirección son igual de abundantes en los dos sentidos. Indudablemente, habrá quien se enriquezca con el criptoarte lo mismo que habrá quien se equivoque en las compras, sin contar con que se intuye que será un mercado propicio para avispados faltos de escrúpulos ante la necesidad de conocimientos técnicos de cierto nivel (o un asesoramiento fiable) para garantizar la validez y rentabilidad de las adquisiciones.

Por el momento, lo que sí puede asegurarse es que las cantidades en juego han crecido sustancialmente en el último año. Según un departamento especializado de BNP Paribas, el sector movió 338 millones de dólares en 2020, un incremento de un 138% respecto al año anterior, y en abril de 2021 ya se había alcanzado esa cifra, que por tanto en teoría podría fácilmente triplicarse a lo largo del año. Pero sufrió un parón en seco en mayo. La venta estrella hasta el momento fue la de «Everyday’s: The First 500 Days», un collage con 500 fotos de las que lleva haciéndose diariamente desde hace más de una década el artista conocido como Beeple (Mike Winkleman), que fue vendida en Christie’s por 69 millones de dólares.

Casos de éxito. Otros casos de éxito de los últimos meses han sido la venta en Sotheby’s de obras sueltas del colectivo Pak por 16,8 millones de dólares; la reventa del corto del propio Beeple «Crossroad 1/1» (diez segundos de duración) por parte del coleccionista Pablo Rodríguez-Fraile a un comprador anónimo con una revaloración de 66.666 a 6,6 millones dólares; o las ventas de algunos memes populares de internet, como el gato pixelado sobre un arcoiris Nyan Cat por 600.000 dólares, o la de la foto conocida como «Disaster Girl» de una niña sonriendo ante su casa en llamas, que la protagonista vendió por 400.000 dólares.

«Disaster Girl», Zoe Roth, que hoy tiene 21 años, tuvo el buen criterio de aprovechar una de las ventajas del blockchain: introdujo en el contrato de venta una cláusula, que figura en el propio fichero, por la que obtendrá un porcentaje de posibles reventas futuras. Un elemento que convierte en muy atractivo este formato para los artistas, que vienen reclamando hace tiempo ser partícipes en alguna medida de esa revalorización de sus obras cuando ya no están en sus manos. La tesis es que no es justo que un artista que vendió por unos cientos de euros sus primeras obras vea cómo luego se revenden por cientos de miles o millones sin percibir ni un euro.

Algunas productoras de cine, la NBA de baloncesto (que ha creado su propio mercado virtual, Top Shots), la BBC o Samsung, además de las principales casas de subastas, se cuentan entre las grandes empresas que han manifestado su interés por estas formas de comercializar sus productos y que se han puesto a la cabeza en una revolución cuyo alcance todavía no es fácil de adivinar. Sin que pueda descartarse, tampoco, un pinchazo súbito.

Una faena taurina y los derechos de la propiedad intelectual

Entre los NTFs ((Non-Fungible Tokens) que se han vendido en los últimos tiempos con gran notoriedad mediática están algunas jugadas deportivas. El hecho seguramente será empleado en la causa que viene emprendiendo en los últimos tiempos el torero Miguel Ángel Perera, respaldado por el abogado y matador retirado Hugo de Patrocinio, para registrar como propiedad intelectual una faena que realizó en 2014 en la plaza de Badajoz. La intervención de Perera esa tarde fue grabada y se presentó en el Registro de la Propiedad Intelectual junto con un libreto descriptivo, pero su registro fue rechazado. Comenzó un largo proceso que llegó el pasado mes de febrero al Tribunal Supremo, que confirmó la imposibilidad del registro: en su sentencia, se indicaba que la faena era irreproducible por tener elementos aleatorios, además de no poder determinarse cuáles de sus componentes eran originales. El ejemplo aducido por la defensa de Perera, que las coreografías sí son admitidas, servía al tribunal para incidir en que están pautadas y pueden repetirse sin factores como el que supone, por ejemplo, el comportamiento del toro. De Patrocinio aseguró en varias entrevistas que estaban meditando recurrir ante el Constitucional, y sin duda los elementos aleatorios presentes en un partido de baloncesto pueden ser usados como argumento. Eso sí, tendrán que considerar una cosa: quien ha vendido el NFTs de un tapón de Lebron James ha sido la NBA, la entidad en sí, no el jugador ni los cámaras que tomaron la imagen.

Otras fuentes

Uno de los aspectos polémicos del blockchain es el coste energético para su mantenimiento, que se explica en este reportaje.

El reportaje de la agencia Reuters sobre el fenómeno del vídeo de Beeple, revendido por 6,6 millones de dólares, comienza con el propio vídeo, de diez segundos.

El BBVA publicó recientemente un análisis del fenómeno original de la tulipomanía.

Un artículo muy crítico sobre todo el fenómeno, tras un par de meses de elevación de los precios.

Las esculturas invisibles de Salvatore Garau

Este mes de mayo, coincidiendo con todo el fenómeno del criptoarte, se anunciaba la venta de una escultura inexistente por 15.000 euros. El artista sardo Salvatore Garau sacó a subasta inicialmente su obra «Io sono» en una conocida galería milanesa por 6.000 euros, pero las pujas se elevaron. «Io sono» no es nada, en contradicción con su título. El comprador sólo recibirá el certificado de garantía del artista, con la descripción de la obra: «Escultura inmaterial para colocar en una casa particular dentro de un espacio libre de cualquier estorbo. Dimensiones variables, aproximadamente 150 x 150 centímetros». Según Garau, «en el vacío hay un contenedor de posibilidades positivas y negativas que son constantemente equivalentes; en definitiva, hay una densidad de eventos». Garau ya expuso ante la Scala de Milán un «Buda en contemplación» consistente en un cerco blanco sin nada en su interior, y ha anunciado nuevos trabajos de carácter similar en vista de la resonancia de estos. Aunque Garau ha conseguido atención mediática con estas propuestas, recordemos que otras similares jalonan la historia de otras artes: desde los lienzos en blanco (como los de Robert Rauchenberg) o monocromos que abundan en la pintura contemporánea hasta la obra «Cuatro, treinta y tres» del compositor de vanguardia John Cage, consistente en ese periodo (cuatro minutos y treinta y tres segundos) de completo silencio. Dividido en tres movimientos, eso sí.

Santo Domingo de Silos entronizado, de Bartolomé Bermejo

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Santo Domingo de Silos entronizado, de Bartolomé Bermejo

La monumental figura de santo Domingo de Silos pintada por Bartolomé Bermejo es una imagen impactante, una de aquellas obras que recuerda cualquiera que visite las salas de pintura gótica del Museo del Prado.

JOAN MOLINA FIGUERAS, Jefe del Departamento de Pintura Gótica española

Nos hallamos ante un auténtico icono, frontal e hierático, recreado mediante un lenguaje absolutamente ilusionista con el que se da forma a las ricas indumentarias del santo y al trono arquitectónico que preside. El resultado es una composición original y poderosa; una nueva vuelta de tuerca en la larga tradición medieval de imágenes mayestáticas de santos y autoridades eclesiásticas.

A menudo, los procesos de creación de grandes obras fueron difíciles. Este fue el caso de la tabla que nos ocupa, cuyos complejos entresijos conocemos gracias a los registros notariales, una fuente de información fundamental para historia del arte.

En 1474 Bermejo firmó un contrato para realización de un retablo dedicado a santo Domingo de Silos. La lectura del documento permite constatar que el pintor siguió a rajatabla algunas de las minuciosas cláusulas establecidas por los clientes –como la representación del santo a la manera de un obispo sentado en un trono decorado con las figuras de las siete virtudes– pero que, en cambio, hizo caso omiso de otras prescripciones de orden técnico y estético –como cuando decidió no aplicar relieves y pastillajes para los dorados-. En resumen, la libertad creativa del pintor acabó imponiéndose a las disposiciones establecidas en el contrato.

Cuando aceptó el encargo Bermejo era ya un reputado pintor, pero seguramente con cierta fama de informal. De ahí que en el registro notarial se estableciera una pena de excomunión si no finalizaba el conjunto pictórico antes de finales de 1475. Los temores eran fundados: en 1477 Bermejo tan sólo había concluido la gran tabla central con la imagen del santo entronizado. Decepcionados, los clientes decidieron hacer pública la sentencia de excomunión, que comportaba ciertas restricciones laborales más que penas espirituales. Eso sí, no desistieron de su empeño en que finalizase el retablo y ese mismo año le ofrecieron un nuevo contrato, ahora junto al pintor Martín Bernat. El hecho de que se encomendase a este último la supervisión de la obra y el control de las jornadas laborales de su conocido socio, señala hasta qué punto los clientes se temían que Bermejo volviera a incumplir los pactos establecidos. Y, en realidad, no les defraudó: las otras dos tablas del retablo que han llegado hasta nuestros días fueron ejecutadas por Martín Bernat, lo que señala que, por segunda vez, Bermejo incumplió sus obligaciones contractuales. Suponemos que hartos, los clientes ya no insistieron más.

Las intrahistorias del retablo de santo Domingo de Silos que nos cuentan los registros notariales señalan hasta qué punto, incluso en la Edad Media, algunos artistas pudieron sortear las reglamentaciones jurídicas. Primero con su personal interpretación de las cláusulas contractuales a la hora de ejecutar la solemne imagen del santo y, más adelante, con su decisión de abandonar el proyecto –desconocemos si por cuestiones económicas, artísticas o puramente personales–, Bermejo pone de relieve hasta qué punto un pintor con extraordinarias cualidades, y una no menos acusada personalidad, fue capaz de imponerse a cualquier norma o convención que limitase su arte. Deo gratias.

Claves de la obra

Autor: Bartolomé Bermejo

Tamaño: 242 x 130 cm

Fecha creación: Hacia 1474

Técnica: Óleo sobre tabla

Ubicación: Sala 51ª del Museo del Prado

Entrevista a Santiago Muñoz Machado, director de la Real Academia Española (RAE)

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Santiago Muñoz Machado,

director de la Real Academia Española

"Nos preocupa principalmente la unidad de la lengua"

Santiago Muñoz Machado nos recibe en su despacho de la RAE, sancta sanctorum del español para seiscientos millones de hispanohablantes englobados en la Asociación de Academias de la Lengua Española (ASALE). Da fe de sus palabras un busto de Cervantes, causa y razón de gran parte de lo que se “cocina” en la Docta Casa, que dirige este catedrático de derecho, escritor e historiador, impulsor de iniciativas como el Proyecto LEIA, que enseña a las máquinas a hablar correctamente nuestra lengua, o la elaboración de diccionarios como el Histórico de la Lengua Española o el Panhispánico del Español Jurídico.

JUAN ANTONIO LLORENTE

-En su gestión como director de la RAE: ¿pesan el jurista, el profesor y el escritor?

Esta es una institución que, como todas, necesita ser gestionada, y cuyo trabajo de administración no es distinto sustancialmente al de cualquier otra, pública o privada. No como una empresa, ya que no tenemos ninguna intención de lucro, ni esperamos beneficios económicos. Pero hay que gestionarla igual, cuidando los gastos, y procurando siempre tener ingresos suficientes para funcionar. En cuanto a las decisiones relativas a la lengua, no es el director quien las resuelve, sino el pleno de la Academia, donde somos 46 miembros numerarios. Nos reunimos cada jueves y resolvemos en marcos de debate muy interesantes sobre palabras, conceptos o ideas muy variopintas. Contribuyen, naturalmente, nuestros compañeros filólogos, pero también cualquier especialista en las distintas ramas del saber. Tener un médico, un arquitecto o un economista en el pleno da seguridad cuando tratamos palabras de esos campos, confiando en alguien que nos aportará ideas exactas y útiles.

-Hace dos años, al ocupar el cargo, algún medio escribió que entre sus objetivos estaba mejorar su solvencia económica. Superada la mitad del mandato: ¿podría evaluar lo conseguido hasta el momento?

El modelo de gestión necesitaba mejorarse. Pasada la mitad del mandato, me siento contento de los resultados, porque me encontré una RAE con graves problemas de financiación, que creo superados en su totalidad. Los Presupuestos Generales del Estado han sido más generosos con nosotros y un nutrido elenco de grandes empresas nos ayudan a financiar los proyectos más importantes de la institución. Todo está funcionando y me parece que hay que estar contentos con lo que estamos haciendo. Tenemos numerosos proyectos, estamos trabajando mucho, cuento con un equipo extraordinario y estoy muy a gusto.

“El español lo hablan seiscientos millones de personas y es muy importante que sea en una misma lengua, basada en las mismas reglas”

-¿Con qué fuentes de financiación se sostienen, aparte del capítulo mencionado de los Presupuestos Generales del Estado?

La Academia se nutre en primer lugar de los Prepuestos Generales del Estado, como le decía, de donde procede su aportación principal, asegurando los gastos corrientes. Luego, de los ingresos que producen nuestras obras y aquellos trabajos por los que nos retribuyen y, como tercer pilar, de las generosas aportaciones de un buen número de empresas a las que les gustan nuestros proyectos y los patrocinan, muchos de ellos a través de la Fundación pro-RAE, que se constituyó a instancias del Rey Juan Carlos. Ahora la preside Felipe VI, y en su patronato están algunas instituciones del Estado, autonómicas, de ayuntamientos y, sobre todo, aquellas grandes empresas que aportan las sumas necesarias para desarrollar nuestro trabajo.

-Esa ley de mecenazgo que nunca llega, la estarán esperando como agua de mayo…

No tenemos muchas esperanzas de una Ley de mecenazgo que solucione nuestros problemas ni los de ninguna gran institución sin ánimo de lucro. Llevo trabajando toda la vida en el mundo de las fundaciones y a la Ley de mecenazgo le he dedicado cuarenta años, para sólo llegar a hacer buenos proyectos que nunca hemos conseguido que compartan los gobiernos sucesivos. No se entiende muy bien en España el papel que tiene el mecenazgo de las grandes empresas. Supondría un cambio en la filosofía. Lo vamos a intentar, celebrando incluso con la Asociación de Fundaciones -que contribuí a crear y que hoy reúne a mil de estas instituciones-, unas jornadas que hemos dado en llamar Filantropía, para ver si conseguimos llegar al alma de los grandes políticos con lo que significa, ha significado y es realmente un filántropo.

-Hasta 1979 no tuvieron una mujer académica. La primera fue Carmen Conde…

Las mujeres tardaron en incorporarse en numerosos estamentos por un problema de cultura. Me resulta curioso cuando me preguntan por qué la RAE las marginó. La RAE no: la Sociedad y la Historia entonces no consideraban a las mujeres. Tenían una posición determinada en la sociedad y en la familia, y se las dejó al margen del sistema general del trabajo, de la política… La RAE no fue una excepción. Hizo exactamente lo mismo que, por ejemplo, el Consejo de Ministros, que tampoco incorporó a ninguna ministra hasta bien entrado el presente siglo.  

Si me pregunta si había mujeres con méritos bastantes para entrar en la RAE, la respuesta es si. ¡Qué bien habría estado, de haber existido en sus tiempos la Academia, tener en sus plenos a Santa Teresa de Jesús! O que se hubiera incorporado a ella Emilia Pardo Bazán, a quien se negó la entrada por ser mujer. Así fue y así hay que decirlo. No se le negó como escritora, porque era la mejor de su siglo. Y posiblemente, junto a Santa Teresa, la mejor escritora de la Historia de España.

¿Se está ganando terreno en ese aspecto? De las cuarenta y seis sillas, ¿cuántas están ocupadas por mujeres?

Al haber fallecido Margarita Salas, una de nuestras grandes científicas, quedó libre la suya y, para sustituirla, se ha elegido a Paloma Díaz-Mas, que será la octava. Pero aun no ha tomado posesión del cargo. Tenemos ocho, por tanto. Y en crecimiento, puede decirse, porque la voluntad de la Academia es tratar de ampliar el número de mujeres que forman parte de nuestro pleno.

-¿Cuentan en el mismo con algún representante extranjero?

No. Para ser académico de la RAE es condición ser español. Mario Vargas Llosa es el único miembro que no ha nacido en España, pero es español.

-¿Mantienen vinculación con otras academias de lengua no hispana?

Institucionalmente, ninguna. Pero las dos academias europeas que más próximas nos quedan por las funciones que desarrollan y los fines que persiguen son la Académie Francaise y la Accademia della Crusca. 

-¿No han pensado intercambiar experiencias?

Cada una tiene una lengua en la que trabajar y a la que proteger, como es su misión, y son muy distintas. En la francesa, por ejemplo, los académicos son fundamentalmente escritores, mientras aquí sólo son un tercio del pleno. Aparte de que nuestro abanico de preocupaciones y de trabajos es más amplio que el suyo. Pero mantenemos todo el respeto y la colaboración personal con alguno de los académicos franceses, y también con los italianos.

-Pocas campañas en la Historia han calado tanto con un slogan: Limpia, fija y da esplendor

Ese fue el lema originario, obtenido en un pequeño concurso de ideas que se hizo entre los académicos de 1713. Venció Limpia, fija y da esplendor frente al otro que se propuso: Aprueba y desaprueba. Era mejor lo de fijar y dar esplendor, que tanta gente conoce y ha dado mucho juego en la historia de la Academia. No obstante, lo hemos abandonado casi del todo, porque la idea de limpiar, fijar y dar esplendor, la Academia la tiene resuelta. En sus obras principales; con un diccionario que ha “limpiado” mucho; fijando las palabras del uso léxico; una gramática que enseña a escribir, o una ortografía que explica como hacerlo con corrección. Ahora nos preocupa principalmente la unidad de la lengua. Si hubiera que elegir un lema hoy, en los carteles, los membretes y las vidrieras habría que poner “Unidad”. Porque el español lo hablan seiscientos millones de personas, y es muy importante que sea en una misma lengua, basada en las mismas reglas. Con un vocabulario si no igual, porque no es exactamente el mismo, por lo menos, unificado. Reconocible por unos y por otros. A esto nos dedicamos principalmente. Y para esto nos sirven nuestras colegas las academias americanas y las academias de la lengua de todo el mundo.

-La ASALE, que usted preside ¿Cuántas academias reúne?

Con la nuestra, 23. Y nos coordinamos aquí, al ser el director de la RAE presidente nato de ASALE desde que se fundó hace 70 años.

-¿Han apostado por la modernización? ¿Cómo se llevan con las redes?

Debemos atender los retos de cada día. En una sociedad que evoluciona mucho y a toda rapidez, no podemos desatender lo que está pasando con la tecnología; qué ocurre con las máquinas que hablan nuestro propio idioma; qué pasa con los aparatos que traducen automática pero incorrectamente…

Hay mucho que hacer en ese campo, y la RAE no es la de hace 300 años. Ahora la Academia es digital.

“No podemos desatender lo que está pasando con la tecnología. La RAE no es la de hace 300 años. Ahora la Academia es digital”

Un movimiento ganador para el ajedrez

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Un movimiento ganador para el ajedrez

La serie Gambito de dama impulsa el número de practicantes del juego milenario, uno de los grandes beneficiados por las horas de ocio aislado en la pandemia.

JULIÁN DÍEZ

La pandemia ha tenido consecuencias inesperadas incluso en el apartado del ocio. Por ejemplo, difícilmente se podría haber esperado hace poco más de un año que un sutil y bien conocido juego milenario multiplicara su número de practicantes. Y que el impulsor de ese fenómeno fuera una serie de televisión basada en una novela publicada hace 35 años, y que se tradujo hace diez al castellano pasando totalmente inadvertida.

Sin embargo, el hecho es que Gambito de dama se ha convertido en uno de los fenómenos de los últimos años, y que su impacto ha trascendido a las multimillonarias audiencias mundiales (unos 70 millones de hogares la han visto) que es capaz de obtener una plataforma de servicio global como Netflix. Las consecuencias han sido tan llamativas como que los tableros de ajedrez estuvieron agotados durante semanas en muchas tiendas, en lo que supone un singular colofón a un periodo que ha sido en líneas generales muy positivo para el mundo de los juegos de mesa.

Suben las ventas. Un ejemplo de esta singular moda es el del impacto en Rechapados Ferrer, modesta firma catalana con 14 empleados. Uno de sus tableros aparecía en la partida decisiva de la serie, que se desarrolla (y fue filmada) en Berlín. La marca vende la práctica totalidad de los 20.000 tableros que producen anualmente a través de distribuidores alemanes, y alguien de producción de la serie debió comprar el tablero allí. Los responsables de Rechapados Ferrer no sabían que uno de sus modelos con remates de marquetería rojos y amarillos había sido visto por millones de telespectadores y se vieron de repente desbordados por los pedidos. Ahora mismo tienen lista de espera de más de un año.

Goliath Games, una de las principales productoras mundiales de juegos, cifró en un 1000% el incremento de sus ventas relacionadas con el ajedrez durante 2020. La web Chess.com reconoció un aumento de un 400% en el número de visitas y un incremento del 160% en el número de partidas disputadas en su aplicación, con tres millones de jugadores activos. Según la Federación Internacional de Ajedrez, el número de estudiantes inscritos en torneos pasó de treinta a cincuenta millones a lo largo del pasado año. El impacto se ha percibido incluso en pequeñas academias de enseñanza del juego, como la madrileña Ajedrez con cabeza, que casi ha duplicado su número de alumnos.

La incidencia ha sido especialmente significativa entre mujeres, que siempre han sido un colectivo minoritario en el juego. Hasta el año pasado, apenas el 16% de ajedrecistas federados eran mujeres, pese a ser un deporte que de entrada no hace distingos entre sexos (si bien existe un mundial femenino específico). Tampoco les ha acompañado mucho el éxito, ya que sólo una mujer ha llegado a estar entre los diez mejores ajedrecistas del mundo (la húngara Judit Polgar, ya retirada) y hoy apenas son tres entre las cien mejores.

Tirón femenino. Sin embargo, el carisma de la protagonista de Gambito de dama, Beth Harmon (interpretada por la argentina Anya Taylor-Joy), ha impulsado sobre todo a mujeres, incluso adultas, a retomar esta actividad, con un impacto numérico significativo. Eso sí, los expertos avisan de que, a pesar de que la serie refleja el juego mejor de lo que es habitual, contiene bastantes inexactitudes. El ejemplo más notable es que no se muestra ninguna partida terminada en tablas, cuando es el resultado más frecuente entre jugadores de alto nivel. Tampoco merece aprobación el detalle de corte dramático sobre el consumo de pastillas de la protagonista, puesto que sería difícil que mantuviera un rendimiento alto con ese tipo de adicción. El más conocido experto en ajedrez español, Leontxo García, planteaba en su análisis de la serie un reto para el futuro: «Hacer una buena peli sobre las numerosas facetas apasionantes del ajedrez sin recurrir para nada al crimen, las drogas o la paranoia».

En cambio, se ha destacado la verosimilitud de las partidas retratadas, en las que se ha tenido el detalle de reproducir algunos grandes juegos de la historia del ajedrez. También gustó la falta de glamour que acompaña a la mayor parte de los eventos reales de este mundillo: conviene recordar que, según cálculos oficiales, las ganancias medias en torneos y campeonatos de los cien mejores jugadores del mundo andan en torno a los 29.000 euros anuales, y en la práctica totalidad de los casos complementan sus ingresos con tareas de enseñanza, redacción de artículos y libros, exhibiciones privadas…

La Beth Harmon de Gambito de dama pasa por ese tipo de vida un tanto insegura hasta llegar al campeonato del mundo, que como la propia serie termina convertido en un evento de interés global. De hecho, según los expertos, entraría en la historia del ajedrez en la misma categoría que el duelo entre Bobby Fisher y Boris Spassky en los años setenta; los sucesivos mundiales entre Garri Kaspárov y Anatoli Kárpov en los ochenta, o las partidas del propio Kaspárov contra programas, a caballo del fin del milenio.

Una novela recuperada

La serie Gambito de dama está basada en una novela de Walter Tevis, un escritor de notable prestigio en Estados Unidos pero relativamente poco conocido fuera. Su fama deviene sobre todo de las adaptaciones audiovisuales de otras de sus obras más notables, caso de El buscavidas, convertida en mítico filme protagonizado por Paul Newman, su continuación El color del dinero o El hombre que cayó a la Tierra, con David Bowie. Tevis, que murió relativamente joven y tuvo notables problemas de adicciones, tuvo una carrera de moderado éxito pero en la que nunca alcanzó las ventas que ha conseguido esta, su quinta novela (originalmente publicada en 1983), tras su adaptación televisiva, cuando llegó a colocarse en el primer puesto de ventas de The New York Times. Fue traducida al castellano por primera vez hace una década (con el título de Gambito de reina) por una pequeña editorial, Amarelle, y la misma versión realizada entonces por Rafael Marín ha sido la empleada por Alfaguara para su nueva edición del pasado enero.

Otras fuentes

Infografía sobre el impacto de Gambito de dama en las búsquedas de internet

Vídeo en el que Magnus Carlsen, mejor jugador del mundo de ajedrez, desentraña la popular serie de Netflix Gambito de dama.

17 películas y documentales para apasionados del ajedrez.

Nueva propuesta de Garri Kaspárov, la red social Kasparovchess, bajo el paraguas del conglomerado francés de las telecomunicaciones Vivendi.

La carrera por enfrentarse a Carlsen

La mejor prueba para saber si Gambito de dama tendrá efecto en la popularidad del ajedrez profesional la tendremos cuando Magnus Carlsen ponga en juego su título mundial del 24 de noviembre al 16 de diciembre próximos, en Dubai. Antes, los ocho mejores jugadores del momento se están disputando el derecho a desafiar al que muchos consideran el mejor jugador de la historia, en un proceso que se vio interrumpido la primavera pasada por la expansión del covid-19. El ruso Ian Nepomniachtchi y el francés Maxime Vachier-Lagrave encabezaban la clasificación tras la disputa de siete partidas, de forma sorprendente, dado que el galo es un jugador relativamente veterano y que accedió al torneo por la negativa a disputarlo por temor a la pandemia por parte de uno de los favoritos, el azerí Timur Radjanov. En todo caso, cabe esperar que los jugadores en el segundo y el tercer puesto del ranking mundial, el estadounidense Fabio Caruana y el chino Ding Liren, ofrezcan aún fuerte resistencia. Una final entre Carlsen, a estas alturas ya un mito, y Caruana, fuertemente respaldado por empresas estadounidenses, podría tener audiencias récord en la actual coyuntura. Sería además la revancha del último Mundial celebrado, en el que el resultado fue de empate a seis y Carlsen se impuso en una «prórroga» de partidas semirrapidas, su punto fuerte.

«El ajedrez vuelve a seducir», por José Fernando Cuenca

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JOSÉ FERNANDO CUENCA

ajedrecista

 

El ajedrez vuelve a seducir

José Fernando Cuenca Jiménez

NO HAY DUDA de que el ajedrez está de moda. Durante muchos años este deporte-ciencia fue considerado por algunos como elitista y reservado para mentes privilegiadas. Esta es una concepción errónea, ya que absolutamente todos podemos aprender las reglas del ajedrez en apenas diez minutos.

El ajedrez es una disciplina integradora, un idioma universal con el que personas de diferentes culturas, razas, sexos o edades pueden comunicarse a través de las 64 casillas. Las ventajas de practicar ajedrez son innumerables: mejora el cálculo, fortalece la memoria y perfecciona el reconocimiento de patrones.

Durante una partida de ajedrez se toman decisiones muy complicadas en un tiempo muy corto, algo equiparable a lo que ocurre en la vida misma. Además, el ajedrez nos enseña a perder desde que somos muy pequeños y a hacernos responsables de nuestros propios errores y decisiones.

Aún perviven muchos tópicos sobre el ajedrez o los ajedrecistas. Se piensa en ellos como ratas de laboratorio con gafas de culo de vaso, pelo engominado, carácter muy introvertido y por supuesto, carentes de cualquier habilidad social.

Esto se aleja bastante de la realidad. Los ajedrecistas estamos acostumbrados a viajar por todo el mundo para participar en competiciones desde muy pequeños, socializando con gente de diferentes culturas. Cuando alguien se da una vuelta por algún torneo de ajedrez, suele llevarse una sorpresa comprobando el carácter extrovertido de la mayoría de los competidores.

La imagen del ajedrecista ha mejorado una barbaridad en el último año y medio. La popularidad del ajedrez ha crecido gracias principalmente a la pandemia del coronavirus. El ajedrez es el único deporte que puede practicarse desde casa frente a un ordenador, y durante la cuarentena son muchas las personas que se han acercado a este apasionante mundo. También ha contribuido la serie Gambito de dama, de Netflix, que ha sido todo un bombazo. Muchos aficionados han buscado clases de ajedrez, han seguido retransmisiones o han participado en torneos tras ver esta serie. Aunque la participación femenina en el mundo del ajedrez es todavía muy escasa, los éxitos de “Beth Harmon” han sido un extraordinario revulsivo.

En este artículo, también quería hablarles sobre el papel de la inteligencia artificial y de “las máquinas” en el mundo del ajedrez. Cualquier jugador profesional “prepara sus partidas” en la soledad de la habitación de un hotel antes de la batalla. En la actualidad existen numerosas bases de datos donde estudiar las partidas del rival y buscar debilidades en el juego de nuestro oponente. Para ello nos ayudamos de máquinas o módulos de análisis muy potentes. Y es que quizás alguno de ustedes no lo sepa, pero lo normal es que cualquier aplicación que se descarguen en el teléfono móvil sea capaz de derrotar al campeón del mundo Magnus Carlsen; y no solo eso, sino de darle una soberana paliza.

En los años 90 se empezó a cuestionar si las máquinas de ajedrez podían ya vencer a los mejores jugadores del mundo. En 1997, Kasparov y Deep Blue se citaron en el Equitable Center de la ciudad de Nueva York, en un match que llegaría a ser histórico. El campeón del mundo realizó una jugada dudosa y muy arriesgada en plena apertura pensando que Deep Blue no la tenía programada en su base de datos. Un grave error, pues la había incluido unas semanas antes el equipo de Grandes Maestros asesores de IBM, entre los que se encontraba el ocho veces campeón de España Miguel Illescas. Kasparov perdió la partida y con ello los humanos fuimos derrotados por primera vez en una batalla ajedrecística contra las máquinas.

Desde entonces todo ha ido a peor y hoy en día la diferencia de nivel hombre-máquina es abismal. Es por eso que el “dopaje electrónico” es tan peligroso, ya que cualquier jugador decente que consulte su teléfono en el baño durante una partida de torneo podría derrotar a cualquier Gran Maestro. Por ello, en la mayoría de las competiciones internacionales se utilizan escáneres muy parecidos a los que hay en los controles policiales de los aeropuertos.

El 5 de diciembre de 2017 el mundo del ajedrez entró en shock y se puso patas arriba. Google y Deep Mind presentaron AlphaZero, un programa informático, creado mediante inteligencia artificial, que humilló en un match a 100 partidas a Stockfish, el motor de ajedrez más potente hasta la fecha. Todos los ajedrecistas quedaron muy sorprendidos sobre todo por el juego desplegado por AlphaZero, que realizaba movimientos que en un principio parecían estúpidos, sacrificando constantemente peones y material para después montar ataques en tromba sobre el rival.

Lo más espeluznante de todo es cómo se creó este “bicho”. Normalmente se programa a las máquinas de ajedrez a partir de conocimiento humano y se les “indica” cómo tienen que jugar. Con AlphaZero esto no ha sido así y aprendió por sí mismo proporcionándole únicamente las reglas del ajedrez. Tras jugar millones y millones de partidas contra sí mismo, y en solo cuatro horas, alcanzó su nivel de juego actual, con el que destrozó al mejor motor de ajedrez convencional y por supuesto infinitamente superior al nivel del campeón mundial. ¿Asusta? ¡Un poco sí! Pero lo bueno es que lo próximo será que nos cocine los huevos y nos haga el café del desayuno. El ajedrez está de moda y, en lugar de MasterChef, ¿no sería bonito ver un MasterChess?

Entrevista a José Miguel Pérez-Sierra, director musical

ESFERA CULTURAL

José Miguel Pérez-Sierra

director musical

José Miguel Pérez-Sierra (Madrid, 1981) cambió el piano por la batuta en 2005, frente a la Sinfónica de Galicia. Un año más tarde se convertiría en el director más joven en enfrentarse a un título rossiniano en el Festival de Pesaro. Reconocido internacionalmente por su labor -mejor director de ópera en la temporada 2019 de Santiago de Chile- estos días, tras la habitual presencia en el Teatro de la Zarzuela, se anota un doble debut operístico en el Teatro Real. 

JUAN ANTONIO LLORENTE

-El título de su primera ópera pareció marcar su destino.
No está mal que se llamase El viaje a Reims. Fue el pistoletazo de salida de 15 años en los que no he parado, moviéndome por medio mundo. Aunque no es la faceta que más me gusta de mi trabajo, porque soy muy casero, muy familiar. De verdad disfruto como ahora, haciendo música en mi casa, donde he crecido:  en los teatros en los que, desde pequeño, aprendí a amar la música. Pero al final, sin ser viajero de vocación, porque no me gusta hacer turismo, al exigirlo mi profesión, me resulta interesante la experiencia de conocer mundo, integrándome largas temporadas en la idiosincrasia de un país; de una ciudad. Estas experiencias son muy enriquecedoras para un artista.   

-¿Había planificado milimétricamente su carrera?
No. En cada momento he tratado de fluir, viendo las oportunidades que se presentaban para tomar la decisión más adecuada, tratando de escoger las que más se parecían a mí como artista y como persona. La carrera de un artista se debe parecer a uno mismo. Si echo la vista atrás, me siento orgulloso de lo fructífero que ha sido este tiempo. A lo mejor, hace quince años quería otras cosas. Pero planificándolas, posiblemente no habrían sido mejores.

-De la treintena de orquestas sinfónicas de España, ¿le falta alguna por dirigir?
Tres o cuatro, porque no se ha dado la situación. A lo mejor alguna me ha buscado y no estaba disponible o, simplemente, no me han buscado. Pero conozco casi todas, y estoy muy contento.

-¿Con alguna ha surgido especial feeling, como para haberle ofrecido su titularidad o, sopesando servidumbres, o prefiere el estatus de freelancer?
Esto enlaza con lo que decía sobre la planificación o no de mi carrera. En 15 años no he sido titular de nada, y no puedo decir que sea elección mía. Hace tiempo creo que ya me puede apetecer volcarme en cuerpo y alma en un proyecto propio que, día a día, crezca, mejore y se desarrolle, sintiendo en alguna medida que ese niño es mío. Pero lo mismo que digo que no se ha dado hasta ahora, digo que ha estado a punto hasta en una decena de ocasiones en España y en otros países donde trabajo habitualmente, pero no se ha llegado a un acuerdo. Porque han estimado que otro director era más adecuado, o yo que el proyecto, que un principio me resultaba interesante, luego no me lo parecía tanto. Eso ha dado lugar a una carrera que puede ser un poco atípica exclusivamente como director invitado.

-Sin parar.
Tengo la inmensa fortuna de contar con un volumen de trabajo casi mayor que los que tienen titularidades, y eso es una suerte para mí, porque no es lo habitual. ¿Que si me apetece afrontar algún proyecto como titular? Pues si. Cada vez más. A cambio, he tenido mi agenda a disposición, para moverme permanentemente entre unos sitios y otros. En estos 15 años habré dirigido treinta o cuarenta orquestas sinfónicas y en treinta o cuarenta teatros. Si desde el principio me hubiera ubicado con una titularidad, eso igual no habría sido posible. -Esa trashumancia le ha servido para crear vínculos.
A lo largo del tiempo se crean lazos muy firmes con orquestas en las que artísticamente llegas a una simbiosis similar a la de su director musical. La Oviedo Filarmonía la he dirigido unas 50 veces; la Sinfónica de Euskadi, otras 30. Pero a la ORCAM creo que han sido 115. No sé si llega a esa cifra alguno de sus responsables de los últimos años. También es verdad que quizás te llevas sólo la parte bonita, la artística. La administrativa y las decisiones más duras la evitas. Y eso tampoco está mal. -Otro de sus referentes es el Teatro de la Zarzuela, donde acaba de dirigir Benamor ¿Cuántas funciones se anota en este coliseo madrileño?
La número 100 se celebró hace dos años, cuando dirigía El Barberillo de Lavapiés. Con Benamor, mi novena producción en el Teatro, he llegado a 125. Dentro de mis ganas de hacer todo tipo de música, la zarzuela sin duda estará siempre. Un director español tiene el deber y el orgullo de contar con un repertorio maravilloso, que gusta a todo el que lo escucha. Habría que exportarla, globalizarla más, y creo que lo lograremos. Pero es bonito que, como factor distintivo complementario, sea una música muy nuestra, que casi-casi sólo hacemos los españoles. Hay directores estupendos haciendo opereta francesa o alemana, pero no es lo mismo. Como género popular, la zarzuela española es sin duda más potente, de más calidad y más abundante, porque el repertorio es inmenso. -De esa inmensidad usted ha rescatado títulos como Gloria y peluca o El estreno de un artista y, ahora, Benamor. ¿Ha valido la pena o, después de sacarlas a la luz, han vuelto al cajón?
Este tipo de recuperaciones suponen un esfuerzo adicional, pero hay que hacerlo con la fe de que en alguna ocasión pueda quedar en el repertorio algo de lo que recuperas. En Benamor tengo mucha fe. Aparte de que la partitura es digna de pertenecer al repertorio por pleno derecho, ha contado con una producción preciosa, que puede ir a muchos teatros. -También para su debut operístico en el Teatro Real ha optado por sacar del olvido Don Fernando el emplazado, de Zubiaurre ¿Lo ofreció usted?
Me lo propusieron. Empezamos a hablar de la obra en 2016 y después de diversos retrasos, quedamos emplazados (ríe) para esta temporada. La edición me ha costado hacerla. Han tenido que funcionar muchas sinergias para llegar a puerto, y ahí está. Es música muy bella. Zubiaurre es un compositor muy verdiano, de rasgos estilísticos peculiares que hacen creer que estás oyendo un Verdi joven, con alguna referencia a la trilogía popular. Por las fuentes con que contábamos, creímos que se había estrenado a finales del siglo XIX; luego supimos que fue en 1871, con lo que se acerca mucho a la música europea que se estaba haciendo en ese momento: un ejemplo de su época. Ahora nos preguntamos el porqué de 150 años desaparecida. -Complementa esta primera aventura operística con la producción de Viva la Mamma, firmada por Laurent Pelly.
Eso es. Tras mi debut con una ópera completa en forma de concierto, con esta ópera de Donizetti estaré por vez primera en el foso. Para el futuro tenemos otros proyectos, que como es lógico no se pueden contar todavía. -¿Ha echado en falta el apartado escénico en la ópera de Zubiaurre?
En una ópera como Don Fernando, tan compleja incluso desde el punto de vista vocal, resultaba complicada la puesta en escena. Ha sido bueno hacerla primero en versión concierto, para que el público se pudiese concentrar exclusivamente en la música. Esperemos que en el futuro tenga un gran recorrido. Porque, igual que en Benamor, un espectáculo completo favorece la valorización de la partitura. Y nos haría mucha ilusión, por tratarse de un proyecto muy largo y muy trabajado. -Las normas marcadas por la pandemia han obligado a reducir la duración de algunas obras para encajar en los tiempos marcados. ¿Le parece sacrílego a un especialista exigente como usted?
Los músicos, y más con el perfil musicológico, como yo, de alumno del maestro Zedda, tenemos esa obsesión por el respeto al autor y las versiones integrales, evitando cortes. Pero ahora nos toca preocuparnos por nosotros; por los vivos, porque hay que adaptarse a los tiempos que corren. Muchos artistas lo han pasado mal, porque no podían seguir pagando sus hipotecas. Las dificultades en muchos casos han ido más allá de la mera desesperación por no poder hacer música en público. Conozco muchísimos casos de colegas, cantantes, amigos, que lo que necesitan, también por su salud mental, es verse de nuevo en un escenario… Esos compositores a los que tanto respetamos y salvaguardamos, en una situación así también hubieran hecho de todo con tal de salir a escena. Si te dicen que una función de tres horas la tienes que reducir a una y tres cuartos, se hace con todo el dolor del corazón. En algún momento, seguro que Rossini tuvo que hacerlo, y lo hizo.

Dentro de mis ganas de hacer todo tipo de música, la zarzuela sin duda estará siempre

Se crean lazos muy firmes con orquestas en las que artísticamente llegas a una simbiosis similar a la de su director musical

¿Dónde encontrarle?

Hasta que los principales teatros vayan desvelando sus temporadas, la actividad de Pérez-Sierra podemos encontrarla en su propia página web o bien recurriendo al periscopio (www.operabase.com) infalible para la puesta al día en su actividad lírica.

Muchos artistas lo han pasado mal, porque no podían seguir pagando sus hipotecas

Noli me tangere, de Antonio Allegri «Il Correggio»

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Noli me tangere, de Antonio Allegri 'Il Correggio'

Hay ocasiones en que una sola pintura es capaz de encerrar en sí misma los rasgos esenciales del genio creativo de un periodo. Es el caso del Noli me tangere del italiano Antonio Allegri, conocido como «Il Correggio», en alusión a su lugar de nacimiento.

DAVID GARCÍA CUETO, jefe del Departamento de Pintura Italiana y Francesa hasta 1800

Pintada hacia 1525 al óleo sobre tabla -aunque pasada posteriormente a lienzo- la escena representa el encuentro entre Cristo ya resucitado y su discípula María Magdalena, según la narración del Evangelio de San Juan (20:17).

El título con el que la obra se conoce, Noli me tangere, es el inicio de una de las frases que Jesús dirigió a la Magdalena en aquel encuentro, que según la traducción al latín del Evangelio significaría “no me toques”. Sin embargo, parece ser que, en la versión original en griego de ese texto bíblico, el sentido exacto de la frase sería más bien “no me retengas”, pidiendo así Jesús a su apasionada seguidora que no le hiciera retrasar su deseada reunión con Dios Padre.

La escena transcurre en un paisaje de vasto horizonte con tierras de cultivo en primer término, siendo en ellas donde se produce el encuentro entre los dos protagonistas.

Cristo cubre su desnudez con una túnica azul que correspondería al sudario en el que se le amortajó en el sepulcro, mientras la Magdalena, arrodillada junto a él, luce un lujoso vestido con estampado de cardos que alude a la tradición de presentarla como una cortesana, cuando en realidad los más recientes estudios bíblicos consideran que se trató de una mujer de muy respetable posición.

La comunicación gestual de los personajes fue cuidadosamente estudiada por Correggio y ahí reside una de las claves de la armoniosa belleza de la pintura. Donde mejor se aprecia tal esmero es en la posición de la cabeza de la Magdalena, para la que el artista consideró, según desvelan las radiografías de la obra, tres soluciones posibles hasta dar por definitiva la que le permite establecer una conexión visual directa con Jesús.

Las figuras humanas están tratadas con gran delicadeza, difuminando suavemente sus contornos para acercarlas a la experiencia real de la visión humana. Ese recurso, conocido en pintura como sfumato, fue madurado y difundido por Leonardo da Vinci, y puede que el mismo Correggio lo aprendiera de las obras de ese maestro, aunque no hay constancia de que ambos se llegasen a conocer personalmente.

La definición precisa y hermosa del torso de Cristo es un rasgo que también remite a una posible influencia de otro genio del Renacimiento, el gran Miguel Ángel, con el que tampoco hay seguridad de que Correggio llegase a coincidir.

Un tercer elemento que conecta al artista con las influencias de su tiempo es el paisaje, que con sus delicadas luces y su sugerencia de un ambiente húmedo, remite a las propuestas de los artistas flamencos en este género. En reconocimiento a esta influencia, en la exposición Reencuentro, aún visitable en el Museo del Prado, este Noli me tangere está exhibido en un interesante diálogo con El paso de la laguna Estigia del flamenco Joachim Patinir, de hacia 1520-1524.

Con todo ello, Correggio se nos muestra con un artista de enorme sensibilidad, capaz de aunar las propuestas más interesantes del medio artístico de su tiempo con su propia personalidad, la que le hizo ser considerado “el pintor de la gracia”.

Claves de la obra

Autor: Antonio Allegri «Il Correggio»

Tamaño: 130 x 103 mm

Fecha creación: Hacia 1525

Técnica: Óleo sobre lienzo

Ubicación: Sala 025 del Museo del Prado

La pandemia impulsa la lectura

ESFERA CULTURAL

La pandemia impulsa la lectura

Al contrario que buena parte de las industrias culturales, el sector editorial emerge de la pandemia sin graves daños y con perspectivas de que el hábito de la lectura se haya reforzado.


JULIÁN DÍEZ

Los teatros a medio aforo y abiertos solo en contadas ocasiones, los museos potenciando sus escaparates virtuales, los conciertos suspendidos, sólo un 30% de los cines de toda España abiertos… Y, en una más de las sorpresas sociológicas que nos ha deparado la pandemia, el sector editorial, uno de los habituales enfermos de la cultura en los últimos años, no se ha visto seriamente afectado en sus balances del pasado año. Las caídas en determinadas fechas se compensaron ampliamente en otras; es más, según algunas fuentes del sector, las ventas subieron moderadamente.

“Aparte de las circunstancias generales, el comportamiento de cada libro es diferente, unos se venden más y otros menos, debido a su propia naturaleza y conexión con el lector. Es un tópico, pero cierto. La editorial Atalanta ha tenido una subida moderada”, explica su editor, Jacobo Siruela.

Quizá muchos lectores no sepan que entre dos de las grandes compañías se reparten una cifra variable de ventas, que se encuentran en torno al 80% del mercado español.

Tras muchos nombres conocidos, se esconden dos gigantes: Penguin Random House, que cuenta con Plaza & Janés, Alfaguara, Salamandra, Debate o Ediciones B, entre otras muchas, y Planeta, a la que corresponden también Tusquets, Seix Barral, Espasa, Destino o Grijalbo, entre otras.

Si vemos los diez libros más vendidos del pasado año, en los distintos listados que han publicado diferentes fuentes, el denominador común es la pertenencia a alguno de los sellos mencionados. No ha habido grandes sorpresas, más allá de la prolongación del éxito de El infinito en un junco, de Irene Vallejo. Valores seguros más que consolidados en ejercicios precedentes, desde Arturo Pérez-Reverte, hasta Juan Gómez Jurado, pasando por Elisabet Benavent, Ken Follet, Joël Dickert o Almudena Grandes.

Prima la calidad

Según Enrique Redel, editor de la editorial independiente Impedimenta: “Tras un segundo trimestre complicado, en el que las ventas bajaron al no estar las librerías abiertas, la vuelta fue muy fuerte y además hubo campaña de verano. El otoño fue potente y aunque la campaña de Navidad no fue buena, al final la subida fue notable. Eso pasó en las editoriales más prescriptivas y selectivas, en las editoriales dedicadas a la literatura de calidad, de fondo, cuyo punto fuerte son las librerías literarias”.

Porque Redel coincide con Siruela en que la demanda que ha crecido es la de textos exigentes, no masivos, pero que van más allá de la literatura que ocupa casi siempre las listas de bestsellers: “Quizás es porque hemos redescubierto la lectura, la buena lectura, como una opción premium de entretenimiento, frente a otras apuestas más gaseosas y volátiles. Algo que también han notado las librerías, con afluencias récord. En cuanto a géneros, nos ha funcionado sorprendentemente bien el western (A lo lejos, de Hernán Díaz y Basilisco, de Jon Bilbao, están entre nuestros cinco títulos más vendidos del año)”.

Los hechos provocan que las expectativas para este ejercicio mantengan también un discreto tono optimista: “La Covid-19 no perjudica a los lectores, al contrario, tienen más tiempo. Seguiremos en nuestra misma línea de trabajo, navegando contra viento y marea”, señala Jacobo Siruela. Enrique Redel apunta ideas similares: “Las perspectivas son buenas, pero porque hemos redoblado nuestra apuesta por títulos muy pensados, que van más allá del mero entretenimiento, que aportan “algo más.

Estas editoriales no tienen, en su mayoría, catálogo en libro electrónico, con lo que un potencial incremento de las ventas en ese formato durante el periodo en el que no fue posible comprar libros presencialmente no les ha afectado. Lamentablemente, las fuentes al respecto son bastante opacas y no hay todavía un balance sobre ventas del sector en formato ebook.

Las editoriales de menor tamaño dependen significativamente de la evolución de las librerías, donde se recomiendan títulos de manera personalizada, con atención específica al lector y sin tanta relevancia para el marketing. “Las cifras de enero han sido buenas, mejores incluso que las del año pasado, pero para que el año funcione es clave que las librerías estén abiertas. Sin las librerías independientes el negocio no funciona”, explica Enrique Redel. Y curiosamente, pese a los cierres que se acumularon en los años previos y los meses que han debido permanecer cerradas durante este pasado año, también desde la Confederación Española de Gremios y Asociaciones de Libreros (CEGAL) se envía un mensaje de moderado optimismo.

Apoyo social

Según Álvaro Manso, librero portavoz de la asociación y responsable de la librería burgalesa Luz y Vida, “todos los indicios apuntan a que la caída no ha sido tan grave como se preveía en los meses del cierre por el estado de alarma. La lectura ha sido uno de los hábitos culturales que ha experimentado un crecimiento durante estos meses y las librerías hemos recibido un gran apoyo, no solo de nuestros clientes fieles, sino de muchas otras personas que han tomado conciencia de la necesidad de apoyar al comercio de proximidad”.

Además, el movimiento de las librerías para conformar una plataforma web colectiva, todostuslibros.com, ha funcionado también de forma interesante en sus primeros meses de andadura: 167.891 usuarios dados de alta, 365 librerías registradas, y ventas por un importe superior a los 700.000 euros. “Es un ejemplo de colaboración de una rica diversidad de empresas culturales (editoriales, distribuidoras y librerías), que permite una competencia libre, distribuye las ganancias y no fomenta una única empresa ganadora”, señala Manso, en una clara referencia al gigante que les ha comido terreno en los últimos años. No hay datos en España, pero en Estados Unidos Amazon copa el 40% de la venta total de libros. “Los primeros estudios que vamos conociendo siguen señalando que las librerías y las cadenas de librerías somos el primer punto de encuentro de los lectores con los libros. La venta presencial tiene todavía mucha fuerza”, ratifica.

Este pasado año no hubo Feria del Libro de Madrid y Sant Jordi se aplazó al otoño, con lo que dos de los momentos álgidos del sector quedaron seriamente tocados. A cambio, las ventas en verano y en navidades estuvieron a un nivel excelente, por encima de las expectativas.

Todavía no se sabe al detalle lo que ocurrirá con esas grandes citas de primavera, nos explica Álvaro Manso: “Ya hemos conocido que la Feria del Libro de Madrid apuesta por el otoño como fecha de celebración; Sant Jordi no se ha pronunciado y todavía estamos esperando la concreción de qué pasará con este tipo de eventos por todo el territorio. Hay que esperar un poco más para saber si hay posibilidades de plantear propuestas alternativas hasta que las condiciones sanitarias sean más favorables y permitan la concentración de un mayor número de personas”.

El regreso de Camus

Entre los libros que han vendido más de lo normal en los últimos tiempos, destaca la forma en que el clásico La peste, de Albert Camus, se coló entre los más vendidos en las listas de algunos periódicos durante el pasado mayo. En Francia, llegó incluso al número uno de ventas durante una semana. El tono existencialista de esa obra maestra, en el contexto de una plaga, sin duda encontró eco en los sentimientos de algunos lectores. Curiosamente, en cambio, no han funcionado prácticamente los libros oportunistas surgidos a lo largo de estos meses, en algunos casos con firmas tan notables como la del filósofo esloveno Slavoj Zizek, que reflexionaba sobre este fenómeno en el breve Pandemia, de Anagrama.

Este pasado año no hubo Feria del Libro de Madrid y Sant Jordi se aplazó al otoño, con lo que dos de los momentos álgidos del sector quedaron seriamente tocados

Otras fuentes

Una descripción extensa de Los ojos de la oscuridad de Dean Koontz y los matices sobre su condición profética

Para conocer un panorama sobre la concentración del mercado editorial en España

El alta en la web colectiva de las librerías españolas es gratuita

Las librerías han lanzado su propia plataforma online y se ha capeado el confinamiento mejor que en otros sectores

Profecías relativas, éxitos de ventas

En Estados Unidos se colocó una semana como tercer libro más vendido en Amazon una novela de terror de 1981, Los ojos de la oscuridad. La novela es bastante mejorable, pero se mantiene en catálogo por la popularidad de su autor, Dean R. Koontz, un secundario de la literatura de terror contemporánea. La repentina fama de este título (que reeditó en España RBA) se basa en que describe una pandemia extendida en 2020 y llamada Wuhan-400. También ha sido reivindicada en los últimos tiempos una novela de terror pospandémica de mayor calidad, Apocalipsis, para muchos la obra magna de Stephen King, que además ahora ha sido llevada a serie de televisión con su título original: The Stand.

Método sucinto y compendioso…

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CONVENIO EL PRADO-FUNDACIÓN NOTARIADO

Método sucinto y compendioso...

La Biblioteca del Museo del Prado conserva una nutrida colección de las pocas cartillas de dibujo que han llegado hasta nuestros días. Surgidas en Italia a principios del siglo XVII, son conjuntos de estampas que ofrecen fragmentos corporales y figuras humanas.

 

MARÍA LUISA CUENCA,

jefa de Área de Biblioteca, Documentación y Archivo

La copia reiterada y progresiva de estos elementos posibilitaba el aprendizaje del dibujo de manera autodidacta. Estas cartillas, también conocidas como libros de principios, eran herramientas pedagógicas al servicio de los maestros en academias y talleres.

Entre el valioso fondo de cartillas de dibujo de esta biblioteca sobresale por su importancia en el contexto de la literatura artística española el Método sucinto y compendioso de cinco simetrías apropiadas a las cinco ordenes de Arquitectura adornada con otras reglas útiles de Fray Matías de Irala.

Pintor y, sobre todo, grabador al buril, Irala realizó retratos y estampas devocionales de gran complejidad ornamental y simbólica. En el ámbito editorial es preciso resaltar las numerosas portadas e ilustraciones que grabó para libros de jurisprudencia, religión, historia, literatura y medicina.

Como se indica en el propio título, el Método sucinto… es un resumen de las principales aportaciones de las cartillas y de los tratados que le precedieron. No se editó de forma convencional, por lo que es probable que Irala fuera vendiendo conjuntos de estampas sueltas, conformándose así las siete colecciones facticias conocidas, todas diferentes en cuanto al número y orden de los grabados. La Biblioteca del Museo del Prado tiene tres de estos siete ejemplares, incluido el más completo que perteneció a Antonio Bonet y se adquirió en 2019.

Predominio de la imagen. Como era habitual, en la cartilla de Irala predomina la imagen sobre el texto, que se limita a títulos o explicaciones grabadas en la lámina. Esta obra brinda lecciones visuales de anatomía y proporción para una correcta configuración del cuerpo humano, recogiendo las enseñanzas de Durero, Juan de Arfe y Jean Cousin el Viejo. Resulta fascinante la diversidad de cabezas y ojos emparejados que Irala muestra en sendas estampas, reflejando con maestría emociones como la alegría y la compasión o la ira y el espanto, bajo el influjo de los dibujos y las teorías de Charles Le Brun sobre la expresión de las pasiones.

Molduras, cartelas, ménsulas, orlas, guirnaldas, jarrones, cintas… y todo tipo de formas geométricas, antropomorfas, vegetales o animales saturan las estampas que proporcionan componentes decorativos. También el horror vacui domina las representaciones de arquitecturas fingidas para techos. Fray Matías de Irala graba en una plancha los cinco órdenes de la arquitectura y en otra plantea la relación entre la arquitectura y la figura humana, aprovechando para plasmar dioses de la antigüedad clásica. El elenco de imágenes se completa con estampas de perspectiva, óptica e iluminación, caligrafía -por los paralelismos entre la instrucción en la escritura y en el dibujo-, armaduras, frontispicios, angelotes, animales reales y fantásticos, personajes religiosos, escenas históricas de la Reconquista y dos estampas alegóricas de la pintura. En consecuencia, el Método sucinto i compendioso de Matías de Irala, con tan diversos y abundantes ejemplos, destacó como cartilla para la formación de los artistas y como repertorio de modelos para pintores, escultores, arquitectos, orfebres, ebanistas y otros artesanos del siglo XVIII.

Claves de la obra

Autor: Matías de Irala

Tamaño: 39 estampas en 36 hojas. 250 x 390 mm

Fecha creación: 1730-1739

Técnica: aguafuerte y buril

Ubicación: Biblioteca del Museo del Prado

Entrevista a Alberto Conejero, dramaturgo

ESFERA CULTURAL

ALBERTO CONEJERO, dramaturgo

«Escribir me concilia con mis fantasmas»

Multiplicándose en todas las facetas que brinda el teatro, reconocido entre otros por el Premio Nacional de Literatura Dramática y con sus obras representadas en más de una docena de países, Alberto Conejero (Vilches, Jaén, 1978) factótum de la escena en España, anuncia un golpe de timón en su carrera, tras presentarse estos días en calidad de autor, director y actor en una propuesta de la Compañía Nacional de Teatro Clásico. Mientras, ajusta los engranajes de la nueva edición del Festival de Otoño de Madrid, a cuyo frente está desde el pasado año.

 

JUAN ANTONIO LLORENTE

AlbertoConejero2

En Paloma Negra, la obra que acaba de estrenar en los Teatros del Canal, un personaje interpela al público: “¿Quién soy yo?”. Rebotando la pregunta: ¿Quién es usted?

No lo sé a ciencia cierta. La identidad es un camino. Nos vamos transformado día a día, año a año. Incluso las células, llega un momento en que no son las mismas. Hasta el cuerpo cambia. Pero si tuviera que responder de un modo conciso, diría que soy un amante del teatro.

… oficiante en el altar de García Lorca.
Uno tiene maestros entre los vivos y también entre los muertos. De éstos, Lorca para mí ha sido y es un gran maestro. No sólo como dramaturgo y poeta; también como ciudadano. Un glorioso ejemplo de lo mejor que puede dar este país. Y su final, un triste ejemplo de lo peor que este país puede dar.

¿Se transforma, según escriba teatro, poesía o cuento?

No lo creo. Al menos, no lo siento, porque esa distinción entre dramaturgo y poeta no voy a decir que es contemporánea, pero sí moderna. Pienso en Valle Inclán, Lorca o Angelica Liddell, por citar una autora más reciente. Y son todos poetas y dramaturgos. Los poetas han estado siempre en el corazón del teatro y el teatro muy cerca de la poesía, si es que no son la misma cosa. Yo no me transformo; las herramientas de escritura son distintas, pero la sustancia es la misma. Entiendo que la poesía siempre establece un tu y yo, y el teatro un nosotros: una primera persona del plural. La poesía tiene más que ver con el encuentro cuerpo a cuerpo, corazón a corazón. No siento que abandone al poeta cuando estoy escribiendo teatro, ni tampoco al teatro cuando escribo poesía. Es quizá una de mis potencias y a la vez de mis fragilidades.

¿En qué lugar deja el cine?

Deseo que alguna de mis historias llegue a la gran pantalla. Con Laura Belloso como coguionista, hicimos el guion de La piedra oscura y creo que la película está en preproducción. También se han interesado por La geometría del trigo para el cine. Pero al no tener mucha ambición en ese terreno, no creo que incursione más allá, porque me queda mucho por hacer para el teatro. Con eso y con la poesía, tengo bastante. Me han pedido escribir para televisión, pero creo que no sería un buen autor para el realismo que impone el medio.

Presente en todas las salsas teatrales… ¿de dónde saca el tiempo?

Duermo poco y mal, y el insomnio ayuda. No puedo estar en la cama más allá de las ocho de la mañana. Esos días que no tengo obligaciones, quisiera quedarme más tiempo, pero a las siete ya estoy en pie. Descanso muy poco, y es malo. Me lo dicen en casa. Pero este oficio requiere ciertas aptitudes atléticas, en el sentido en que llegan unos años de mucha actividad, que puede desaparecer en cualquier momento. Uno siente que debe aceptar los encargos porque no sabe cuándo va a volver a trabajar. De momento no me he caído, pero estoy como un equilibrista insomne. Como desde 2020 dirijo el Festival de Otoño, mis trabajos de creación los he colocado en el primer trimestre, para tener el resto del año libre. De modo que ahora, después de El Príncipe Constante, paro, y ya estoy volcado en el Festival.

Entre tantas actividades, ¿en qué apartado exigen -y se exige- más?

Lo que peor llevo es la autoproducción de mis obras. Ojalá tuviese mentalidad de empresario y me salieran las cuentas, pero no es así. Con mi compañía hago el teatro que nadie se atreve a estrenarme y yo deseo que exista. No voy a ganancias, sino a perder lo menos posible. Capitalizando mi propia fuerza de trabajo, sin otra remuneración a veces que el placer del aprendizaje. Lo paso muy mal y quisiera no hacer esa tarea de, digamos, empresario: auto producirse en mi escala es un auténtico ejercicio de autofagia, en el que sólo aspiro a no perder mucha masa.

Ha dicho: ”la escritura acontece en soledad”, y cita las palabras de Foster Wallace: “todas las historias de amor, son historia de fantasmas”. ¿Le visitan muchos en esa soledad?

Todos los autores, creadores y creadoras, tenemos cinco o seis obsesiones, no más. La gente comenta los temas que escoges, y yo pienso que los que te han escogido a ti son los temas, que tienen que ver con tus grietas convencionales: la pedrada -real o metafórica- que te pegaste siendo niño o adolescente, la familia, los primeros amores… Están ahí y uno los va llevando como puede. No concibo la escritura como un lugar de sufrimiento ni padecimiento. Escribir me hace mucho bien. Me concilia con mis fantasmas. Pese a ciertas miserias, sinsabores y aranceles, que puede tener, como cualquier otra profesión, me hace muy feliz. Desde adolescente. Me siento más libre; menos enfermo… Hay veces en que se liga la escritura al sacrificio o al sufrimiento. No, no. Lo que viene antes y después de la escritura, lo que tiene que ver con los padecimientos de la profesión teatral, es otra batalla (sonríe). Ojalá pudiera estar más tiempo escribiendo y menos tratando de que esa escritura llegue a algún lado.

En sus fuentes de referencia, ¿busca héroes, mitos?

Sobre todo, héroes olvidados; figuras de la Historia casi sepultadas por el tiempo, porque su conducta moral o sexual contravenía las normas, con las que siento que puedo hacer una especie de autobiografía especular.

El teatro de hoy debe inventar los mitos de hoy”. Son palabras de Pierre Boulez.

Es una asignatura que tiene pendiente mi teatro. La pieza de ahora en la CNTC es algo así como un hasta luego con la escena. Por eso estoy también sobre las tablas. Llevo seis años sin parar de escribir, y siento que me hace falta el silencio. Si hasta el momento ha habido en mis obras ese viaje al pasado, lo que venga a la vuelta de ese paréntesis tendrá que ver con nuestro presente y nuestro futuro inmediato. Porque creo que políticamente estamos en un momento muy crítico. Tengo cierto temor de que lo que vamos a ser dentro de dos o tres años. Dicen que tras la pandemia van a venir unos felices años 20, de hedonismo, placer y no sé qué más cosas. Yo no estoy tan convencido, y querría equivocarme.

Apostando por el futuro, ha creado el Proyecto Confín para alentar a los nuevos creadores.

En mi primer año al frente del Festival de Otoño tuve claro que se había caracterizado por traer producciones elocuentes y grandilocuentes avaladas por grandes nombres de la escena internacional. Esta vez no podíamos estar de espaldas a lo que ocurre en el mundo del teatro de nuestro país que, si ya era un sector precarizado, ahora vive un momento crítico. Por eso pensé que en la edición actual tienen que estar todos los creadores y creadoras de aquí, sin preocuparme porque digan que no he traído estrellas deslumbrantes o grandes montajes. ¿Cómo no va estar el Festival de Otoño con la creación local? ¿Cómo voy a hacer un festival ignorando el momento trágico que está viviendo la profesión? Así surgió Confín. Empezamos en abril y, tras la selección entre las más de 500 propuestas recibidas, se determinaron las diez bolsas con que otros tantos creadores pudieran trabajar desde sus espacios de confinamiento. Este año, cuando confío en que haya más presencia internacional, deseo que esto siga así, con la esperanza de que los creadores sientan el apoyo del festival.

¿Usted lo tuvo en sus comienzos?

He tenido suerte y he contado con ellos. Sobre todo, becas. No como creador, que también, sino como estudiante. Una de cuatro años para formación de profesorado universitario, me permitió hacer la tesis doctoral, y gracias a la Leonardo, de la Fundación BBVA, he podido hacer Paloma Negra. Cuando alguien se sienta ahora a proponerme un proyecto, me veo en su lugar. Pienso: “donde está, estaba yo hace diez minutos, y voy a estar dentro de otros diez”.

Los poetas han estado siempre en el corazón del teatro y el teatro muy cerca de la poesía

Dicen que tras la pandemia van a venir unos felices años 20, de hedonismo, placer y no sé qué más cosas

¿Dónde encontrarle?

Si rizando el rizo de su polifacética trayectoria, podemos verlo estos días en el Teatro de la Comedia de Madrid, pronto se desvelará la oferta que ha previsto para la nueva edición del Festival de Otoño de Madrid en más de 20 escenarios de la capital.

Lo que peor llevo es la autoproducción de mis obras. Ojalá tuviese mentalidad de empresario y me salieran las cuentas