Lo que leerá aquí no saldrá en televisión (se lo dice un conspiranoico)

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Lo que leerá aquí no saldrá en televisión (se lo dice un conspiranoico)

SI YA HA EMPEZADO a leer es que ha caído en la trampa. En este caso, es la del “principio de escasez”. Una de tantas que lanzan los conspiranoicos a través de las redes sociales para captar su atención y tratar de influirle. Hay muchas más. Se las contaremos para que no le pille desprevenido. Sobre todo ahora en tiempos de pandemia, el terreno más fértil para manipular a las personas.

GABRIEL CRUZ

@Gabrielcruztv
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Charlar con el psicólogo Ramón Nogueras es lo menos parecido a hacerlo con un sesudo investigador que se pierde en discursos enrevesados. Habla directo y con él no hay confusión en el mensaje. Si no me creen, aquí tienen el título de su último libro: Por qué creemos en mierdas. (Cómo nos engañamos a nosotros mismos) (Ed. Kailas). Viene desde Barcelona a Madrid para dar una charla divulgativa. Momento en el que nos atiende en una cafetería de la capital para explicarnos cómo es posible que creamos en… eso mismo.

Todo empieza porque los humanos tenemos una gran capacidad para ver patrones. Es lo que nos ha hecho evolucionar. Por ejemplo, nuestros antepasados descubrieron que tirar una semilla al suelo iba unido a que después creciese una planta que comería, y así nació la agricultura. Pero, como señala Nogueras, “esa gran capacidad para relacionar a veces no la frenamos y unimos cosas que no lo están. Por ejemplo, una vez que había sequía sacaron un santo en procesión y llovió. Con lo que entendieron que sacar a un santo traería lluvia”. El problema es que una vez convencidos de que la relación existe tenemos una tendencia muy fuerte a proteger esa creencia. “Reconocer que esa regla es falsa es muy aversivo para nosotros, nos hace sentir que podemos haber estado equivocados en muchos temas”. A nadie le gusta sentirse así. La mayoría lo asume, pero una pequeña parte no y ahí se convierte en un conspiranoico.

Es el caso del movimiento antivacunas, que surgió en 1998 cuando el científico Andrew Wakefield sugirió en la revista científica The Lancet que podría haber una relación entre vacunación y autismo. Estudios posteriores lo descartaron; incluso dos coautores del artículo se retractaron. Daba igual; la gente que lo creyó ya no dejó de hacerlo. Como ven, los conspiranoicos son inflexibles mientras la ciencia es flexible. Va cambiando conforme se saben más cosas. De hecho, cuanto más tiempo creen en una teoría sin respaldo científico, más inflexibles son porque más daño les hace reconocer su equivocación pues todo ese tiempo que han invertido no ha servido para nada. A esto le suman otros mecanismos de refuerzo, por ejemplo, el sesgo de confirmación. “Es la tendencia que tenemos de prestar una atención exagerada a cualquier información que confirme nuestra creencia y desechar la que la contradice. Incluso ésta se verá como refuerzo. Por ejemplo, en los antivacunas, acusar a los que difieren de ellos de que están a sueldo de las farmacéuticas”, apunta Nogueras.

Pero hay más mecanismos para fortalecer nuestra falsa creencia. Por ejemplo, “el principio de escasez” con el que intenté atraparle en esta lectura (“Lo que leerá aquí no saldrá en televisión”). “Si es una información que no sabe mucha gente, seguramente es muy valiosa y por tanto tiene que ser cierta”, señala Nogueras. Traducido al movimiento antivacunas sería algo así como “este estudio demuestra que tenemos razón y no lo verás en la tele, porque lo quieren silenciar”. Otro puntal es el “principio de autoridad”. Como señala el psicólogo: “tengo más posibilidades de acertar con la verdad si hago caso a esta persona. Lo que sucede es que algunos eligen como autoridad en el coronavirus a cantantes como Miguel Bosé”. El caso es que la creencia en bulos afecta a personas con gran nivel intelectual. De hecho, algún premio Nobel ha caído en ellos. Kary Mullis, lo ganó en 1993 por su trabajo sobre la reacción en cadena de la polimerasa (la PCR). La misma que permite descubrir si en su cuerpo tiene el SARS-CoV-2. Pues bien, el bioquímico, fallecido en 2019, discutía el cambio climático, defendía la astrología y el consumo de LSD.

El acelerador de las redes sociales. Las teorías conspiranoicas han existido toda la vida. El problema, ahora, es su rápida propagación, mayor que la de una noticia verdadera. Así lo contrastó una investigación en Twitter del Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT) de 2018. Concretamente, las noticias falsas llegan un 70% más lejos y más rápido que las ciertas porque las falsas parecen más novedosas y la gente es más propensa a compartir información nueva. Además, triunfan porque apelan a sentimientos primarios como el temor, la indignación y la sorpresa.

 

El problema ahora es grave. Si alguien antes creía en los ovnis no perjudicaba a nadie, pero si no cree que la pandemia existe u opina que es malo vacunarse, nos afecta a todos porque propaga la enfermedad. Como nos señala el neurovirólogo Juan Antonio López: “la Organización Mundial de la Salud declaró a los antivacunas como uno de los 10 factores más peligrosos para la salud. Su efecto es tal que resulta inconcebible que por ellos en California haya menos vacunados de sarampión que en Sudán del Sur”.

Y en Twitter, ¿qué opinan?

Las redes sociales son el mejor medio para extender bulos que afectan a nuestra salud. Sin embargo, en ese territorio existen algunas referencias para frenarlas como @lagamez (Luis Alfonso Gámez periodista y creador de la web magonia) @cescept (Promoción del pensamiento racional y crítico) @apetp (Asociación para Proteger al Enfermo de Terapias Pseudocientíficas). @escepticos (Sociedad para el Avance del Pensamiento Crítico). @maldita_ciencia (divulgación científica).

Cuanto más tiempo creen en una teoría sin respaldo científico, más inflexibles son porque más daño les hace reconocer su equivocación

¿Estudias o teletrabajas?

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¿Estudias o teletrabajas?

LA PREGUNTA más socorrida para iniciar una conversación cambiará. La pandemia y el respaldo jurídico que ha dado el Real Decreto-ley 28/2020 al modelo de trabajo a distancia lo transformará en la forma en la que cada vez nos ganaremos más la vida. 

GABRIEL CRUZ

@Gabrielcruztv
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Cuántas veces lo habremos escuchado, hasta en el hilo musical del supermercado, entre las ofertas del día, nos recordaban: “todo pasará”. Pues no, no todo. Volveremos a saludarnos con la mano, los dos besos tardarán un poco más… pero entre lo que se quedará estará el teletrabajo o se le puede decir ¿trabajo a distancia?

Éxodo pandémico. Antes del Real Decreto-ley 28/2020 de 22 de septiembre de trabajo a distancia, lo que teníamos era la Ley 3/2012 de 6 de julio de medidas urgentes para la reforma del mercado laboral. Esta fue modificada por el artículo 13 del Estatuto de los Trabajadores, que daba en cinco puntos unas líneas generales sobre el trabajo a distancia. Ahora, con el éxodo pandémico de la oficina al salón, parece que era necesario regular con más prolijidad esta modalidad y de ahí salió el Real Decreto 28/2020 “de trabajo a distancia” que consta de 22 artículos. ¿Merecía la pena hacerlo? Pues parece que no mucho si escuchamos a expertos en derecho laboral como Jordi García Viña, director en el área de Laboral de KPMG Abogados, que nos apunta que “todo lo que sea ordenar las relaciones laborales es positivo. sin embargo, España legisla pensando en la pequeña parte que comete fraude y no piensa en la mayoría que no lo comete. Antes de este Real Decreto-Ley, en el trabajo a distancia funcionaban perfectamente los acuerdos entre empresa y empleado. De hecho, había un centenar de convenios colectivos que lo contemplaban. Sin embargo, con la nueva ley crecerá la burocracia y eso puede ponerle trabas al teletrabajo”. En eso coincide Martin Godino, abogado director de Sagardoy. En un reciente congreso laboral organizado por Lefebvre aseguraba que “muchas empresas van a huir del trabajo a distancia por el volumen de costes y burocracia”. En definitiva, se disminuye la flexibilidad que hasta ahora existía entre la empresa y el trabajador. De hecho, el Ministerio de Trabajo y Economía Social reconoce en la memoria de impacto de la ley en más de 790 millones de euros al año el coste que tendrán que afrontar las empresas en cargas administrativas a partir de la nueva regulación (desde entregas de contratos hasta envío de copias a la administración). Todo ello sólo en burocracia, sin entrar en costes materiales a los que el empresario deberá hacer frente porque es él quien los pagará para que el empleado los use en casa. No le hemos empezado a hablar de la ley y ya empezamos a ver nubarrones. Veamos si podemos despejar algunos.

¿Trabajo a distancia o teletrabajo? Las primeras dudas aparecen con la confusión entre trabajo a distancia y teletrabajo. ¿Es lo mismo? Algunos los usan como sinónimos y otros consideran que son distintos. Sería desperdiciar líneas explayarnos en eso: como si son galgos o podencos. Lo más acertado sería decir que el trabajo a distancia es el que se realiza fuera de los establecimientos de la empresa (casa u otro lugar) y el teletrabajo es una especialidad de la anterior, pero en el que se usa exclusivamente o de forma prevalente las nuevas tecnologías. Por ejemplo, una costurera sería el primer caso, pero no el segundo. Ahora bien, como aclara Jordi García Viña: “el hecho de que hagas tu labor fuera del centro de trabajo no significa que sea trabajo a distancia. Por ejemplo, un comercial que realiza visitas”. En eso coincide Ángel Ureña Martín, abogado laboralista y creador de la web tuasesorlaboral.net que nos comenta que cuando el trabajador “se desplaza fuera de la sede empresarial, como un comercial, sería trabajo fuera de la oficina pero no tiene por qué ser trabajo a distancia o teletrabajo”. Ahora bien, apunta Jordi: “si ese trabajador realiza visitas tres días a la semana y al menos un día y medio está informando desde su casa a sus jefes elaborando informes, llamadas, etc., entonces ese día y medios se considera que entran dentro del teletrabajo”.

Pero, cuidado, porque si es menos de día y medio dentro de una semana clásica de lunes a viernes se considerará flexibilidad laboral y no teletrabajo. La ley lo dice claro: para que esta normativa se aplique hace falta que las horas trabajadas en remoto sean por lo menos el 30% de la jornada semanal (de lunes a viernes) teniendo como referencia un periodo de tres meses. Es decir, el equivalente a un día y medio a la semana.

Ángel Ureña añade más distinciones: “El teletrabajo es ocasional y se desarrolla fuera de la sede de la empresa, pero estando el trabajador conectado a través de sistemas tecnológicos. Mientras, el trabajo a distancia, se realiza de manera continua y no ocasional fuera de la sede empresarial. Además, aquí la función del trabajador se evalúa, por lo general, en base a los objetivos cumplidos. Mientras que en el teletrabajo es por las horas dedicadas, ya que se encuentra bajo la vigilancia del empresario”.

Si creía que estar en su casa era liberarse del jefe, se equivoca. Puede tenerlo más tiempo detrás de su hombro que cuando estaba en la oficina. Existen software de vigilancia empresarial en los que, además del registro de la jornada, queda reflejado qué webs visita durante la jornada de trabajo, cuánto tiempo le dedica a un documento o qué interacciones tiene con otros grupos. Puede, eso sí, negarse a que le instalen software de la empresa si utiliza su propio ordenador, pero si pertenece a su empleador tiene que aceptarlo.

De hecho, el Real Decreto-Ley 28/2020 lo dice muy claramente en su artículo 22: “La empresa podrá adoptar las medidas que estime oportunas de vigilancia y control, incluida la utilización de medios telemáticos, guardando en todo caso la consideración debida a la dignidad del trabajador”. Es decir, si es de los que les gusta calentar la silla y lleva el “presentismo” en las venas, mejor opte por seguir en la oficina. Nadie le puede obligar a teletrabajar porque es voluntario. A no ser que le obligue el Gobierno.

Voluntario por ambas partes. Es decir, con que el trabajador o la empresa no lo quieran no se llevaría a cabo. Entonces surge la siguiente paradoja: la norma de teletrabajo se impulsó por la pandemia. De hecho, la fórmula real decreto-ley es la que se prevé para casos de extraordinaria y urgente necesidad. Sin embargo, como señala Jordi García, en caso de que nos obliguen a confinarnos “tanto la empresa como el trabajador no han aceptado voluntariamente esa situación, les ha obligado la autoridad. Es decir, el fundamento de la ley (que ambas partes quieran) no se cumple, con lo cual no debería aplicarse la norma”. Hasta el gobierno ha tenido que admitir que, efectivamente, en caso de confinamiento no se aplicaría.
Si desgranamos la normativa podemos destacar estos otros aspectos:

-La decisión de teletrabajar debe ser un acuerdo firmado y se incorpora al contrato. No sirven acuerdos verbales. Precisamente esta era la elasticidad que había anteriormente. Si entonces al empleado y a la empresa le venía bien el teletrabajo, se ponía en marcha; por ejemplo, en los meses de verano se hacía sin más. Sin embargo, ahora conlleva una burocracia.

-Las empresas pagan todo el material: ordenadores, internet, consumibles, gas o electricidad. Aquí puede ser una pesadilla cómo calcular el incremento de gasto por ejemplo en calefacción o limpieza. Por eso, algunas empresas dan un complemento fijo al salario de la misma forma que hay un complemento de transporte. Las empresas se encuentran ante un cara o cruz en el que aún la moneda está girando en el aire. Tienen que asumir el coste de los equipos que se llevan a casa los empleados, pero a su vez tienen los equipos en su sede física, además de alquiler de la oficina. Por eso algunas empresas prefieren la vuelta de sus empleados a las centrales: se quitan de problemas.

-Los empleados que trabajen a distancia tendrán los mismos derechos que los que estén en la sede de la empresa: mismo sueldo, formación, promoción, etc. 

-El teletrabajador tiene derecho a la desconexión digital ya que su disponibilidad sólo es en los tiempos de horario de jornada.

– La más importante: la decisión de trabajar a distancia será “reversible” en cualquier momento tanto para la empresa como para el trabajador. Pruebe a ver qué tal y si no, ya sabe, podrá volver a su querida oficina.

Pros y contras del teletrabajo

Entre los problemas que sufre el teletrabajador se encuentran el aislamiento, la desvinculación con la empresa (que a su vez genera inseguridad) y el trabajo autogestionado sin posibilidad de hacerlo en equipo. 

En el caso de la empresa, los problemas son las inversiones en tecnología y la formación a los empleados, los costes burocráticos, la vulnerabilidad en la transmisión de la información entre empresa y empleado y la pérdida de sentimiento de unión de los empleados. Además, es más difícil trabajar en equipo y surgen los problemas de comunicación con el empleado (llamarle y comunica, etc.).

Entre las ventajas: mejora del medioambiente pues se evitan traslados a la oficina, ahorro en comidas fuera de casa, mejora la conciliación laboral. Beneficios para la empresa: puede contratar a los mejores profesionales allá donde estén sin el condicionamiento de la distancia, ahorro en instalaciones, fomento del trabajo en lo importante: consecución de objetivos, no pasar horas en la oficina.

Para saber más

Muchos de los estudios sobre teletrabajo que nos hemos encontrado no están actualizados con la nueva normativa. Entre los que sí lo están encontramos la “Guía Sindical Sobre Teletrabajo” del sindicato USO y otro de la consultora KPMG.

¿Qué sucede con los funcionarios?

Para empezar, el Gobierno central publicó su Real Decreto-ley 29/2020 de 29 de septiembre de medidas urgentes en materia de teletrabajo en las Administraciones Públicas. Se aplica a 2,5 millones de trabajadores públicos. Esa es la base y partir de aquí las comunidades tienen 6 meses para adaptarlo a su personal propio. Pero algunas se han adelantado, como el decreto 79/2020 del 16 de septiembre de la Comunidad de Madrid.

«Teletrabajo, una nueva -y peor- vida», por Pilar Cernuda

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PILAR CERNUDA, periodista


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Teletrabajo, una nueva -y peor- vida

Zoom, Hangout, Skype … no hay día en el que no incorporemos una nueva palabra a nuestro vocabulario, pero desde hace tiempo la mayoría de ellas son tecnicismos, relacionadas con el proceloso mundo de internet y sus innumerables aplicaciones.

Internet. El mejor instrumento de comunicación desde que se inventó el teléfono, aunque eso no significa que su utilización haya significado siempre una mejor calidad de conocimiento ni tampoco que las relaciones sean tan enriquecedoras, tan cercanas, tan cálidas, como las que se mantienen cara a cara o a través de conversaciones telefónicas. Las redes sociales, paradigma del mundo asombroso e infinito que se abre a través de internet, pocas veces cumplen el objetivo que debía ser prioritario: participación, comunicación, conocimiento, y en excesivas ocasiones han sido utilizado por desaprensivos, delincuentes informáticos y personajes de la peor calaña para lanzar noticias falsas, destrozar biografías o colocar en las alturas a personajes que no lo merecían; han cambiado gobiernos, promovido partidos extremistas y captado ingenuos con engaños para introducirlos en peligrosos mundos, entre ellos el del terrorismo islamista.

Internet sin embargo ha sido providencial ante una pandemia que asola el mundo; se puede llevar por delante millones de muertes y ha provocado una crisis económica que puede dejar atrás la del 29. Solo en España se calcula que en los próximos meses se triplicará el número de parados, y eso tirando por lo bajo. Si no son más es gracias al teletrabajo. El bendito teletrabajo que se puede realizar gracias a sistemas como los ya mencionados y muchos otros que hoy manejan con total normalidad un porcentaje inimaginable de la población mundial. Teletrabajo que tiene su prolongación en el mundo educativo, con la enseñanza online en colegios y universidades. Una forma también de teletrabajo, pues tanto profesores como alumnos se empeñan en aprender, divulgar y comprobar si funcionan o no las fórmulas que ha sido necesario inventar con urgencia para sustituir las clases presenciales.

El teletrabajo se ha convertido en manual de supervivencia ante un virus letal que nos encierra, cercena los contactos con familiares y amigos, e impide recorrer paisajes más allá del tantas veces recorrido, tantas veces repetido. El teletrabajo permite mantener una mesa y una silla en la que desarrollar lo que uno puede aportar al negocio o empresa al que se dedica profesionalmente, y tangencialmente ha obligado a cambiar hábitos y sumar nuevos conocimientos. Tecnológicos casi siempre –lo que hemos aprendido sobre metodologías que nos parecían inalcanzables por su complejidad…- pero también nos ha enseñado a vivir de otra manera. Con una disciplina en casa que nunca habíamos tenido, con el cumplimiento de un horario estricto. Hemos creado en casa un rincón solo nuestro, con un ordenador que no siempre ha sido fácil conseguir, menos aun cuando son varios en familia, todos ocupados en horario escolar o laboral. No son baratos y no siempre las empresas facilitan el material.

Una ley redactada con urgencia ha llevado al BOE el mes de octubre las normas para teletrabajar, pero en la mayoría de los casos somos nosotros mismos, y nuestros jefes, los que marcamos las propias reglas. Ha habido abusos, con horarios que se prolongaban mucho más allá del que se cumplía en una oficina, pero pocos se atreven a quejarse; es un lujo contar con un trabajo en estos tiempos aciagos.

El teletrabajo ha traído costumbres e incluso manías que no formaban parte de nuestra rutina. Además de la disciplina llevada a rajatabla, se ha acabado estar en casa descuidadamente y sin arreglar; ante los compañeros que nos observan y hablan a través de la webcam aparecen casi siempre librerías, lo que demuestra que se ha intentado colocar el ordenador de manera que salga algo parecido a un despacho, una mesa bien ordenada, un mueble bonito, un cuadro que demuestre nuestro gusto. El teletrabajo es un poco como recibir en casa, y la casa la queremos presentable, acogedora, bien.

La mejor cara de esa fórmula de trabajo es que mantenemos el empleo, nos salvamos de la angustia del paro que en estos tiempos de pandemia nos parece irreversible; es difícil afrontarlo con esperanza. La cara más amarga es que perdemos algo tan sano, sobre todo para los españoles, para los latinos, como es vernos las caras de frente, no a través de una pantalla. El teletrabajo desmonta una forma de vivir, de tratar a familiares y amigos, de compartir unas copas al llegar la hora de la salida. Impide conocernos mejor, intercambiar confidencias, ampliar el círculo, coger una mano al amigo o amiga, abrazar, consolar con un gesto de cariño.

Sobrevivimos al destrozo de la pandemia, sí … pero no vivimos la vida que queremos vivir, que merecemos vivir.

Empleo digital: la revolución laboral

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Empleo digital: la revolución laboral

LLEVAMOS AÑOS hablando de la revolución digital que viene, pero ya estamos en ella. Para los que dudaban, los cambios laborales y en la enseñanza provocados por la pandemia han acabado de convencerles. Su trabajo no será como antes o incluso no existirá. Pero no se agobie: ¡adáptese!: Hágase líquido.

GABRIEL CRUZ

@Gabrielcruztv
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Ha sido la historia de empleo digital más importante ocurrida en España. En septiembre, un fondo sueco compró la web inmobiliaria idealista.com por 1.300 millones de euros. La mayor venta de un portal de internet creado y gestionado en España. Lo fundó Jesús Atienza con su hermano y un amigo hace 20 años. Atienza se inspiró en “Rentech” un portal rudimentario de alquiler de Silicon Valley, California. Cuando vino a España creó el suyo, “idealista”, se autoempleó y acabó con ese gran final. Esta historia se cita a menudo en medios y en escuelas de negocios porque nos encantaría que nos sucediese lo mismo. Es el relato de un triunfador de la revolución digital. Sin embargo, como en todo gran cambio, habrá gente que no se adaptará, frustrará sus expectativas profesionales o incluso irá al desempleo. El silencio del fracaso hará el resto. Sus historias no se escucharán. Para que no le pille de improviso, lo que sigue es lo que tenemos encima.

La encuesta (2.400 entrevistas) de la III percepción social de la innovación de la fundación Cotec señala que dos de cada tres trabajadores confiesa que la automatización afectará a su trabajo. Sin embargo, disminuye a uno de cada dos los que aseguran contundentemente que de “ninguna manera” podrá ser reemplazado por un robot o algoritmo. Lo cierto es que, hasta el que escribe esto, es susceptible de ser sustituido. Desde hace años la agencia Associated Press usa programas para redactar noticias. Eso sí, muy mecánicas, de poca profundidad y solo sobre mercados bursátiles y deportes. Pero quién sabe…

Mi trabajo por un algoritmo. Un algoritmo es un listado de operaciones “si haces esto sucede esto otro”. Pueden ser desde una receta de cocina (pelo las patatas, las frío…) a una tabla de multiplicar. Pero si se une algoritmo y computación, ahí es cuando viene la revolución. Porque sus cálculos son inimaginables para la mente humana. No por nada, el algoritmo más famoso del mundo es el PageRank que utiliza Google para rastrear la web dando los resultados de búsqueda ordenados por su importancia. Para que se hagan una idea: un ordenador doméstico de cuatro gigahercios puede hacer 4.000 millones de operaciones en un segundo. Multiplique esa capacidad trillones de veces según el volumen de la empresa y de sus computadores. Entonces, esa fórmula, ese algoritmo, responderá a preguntas como ¿me podrá pagar un préstamo?, ¿cómo mandar este paquete para que cueste menos?, ¿cuáles son los gustos de mi cliente?, incluso ¿qué enfermedad padece? Los que piensan que esta revolución no les afectará deberían preguntarse cuánto de creativo o de mecánico tiene su trabajo. La diferencia con las anteriores revoluciones industriales es que esta no sólo afectaría a actividades físicas, sino, sobre todo, a las intelectuales.

Para saber más

La era de la disrupción digital , de Javier Andrés y Rafael Doménech
Escrito por dos catedráticos de economía. El ensayo traza las líneas de por dónde irá el crecimiento. No es una guía de empleo, sino que habla en términos generales sobre cómo será la distribución de la renta, la polarización del empleo o el rediseño del Estado de bienestar, entre otros.

La imparable marcha de los robots, de Andrés Ortega.
Sin dejar de lado los efectos económicos se centra, sobre todo, en las capacidades que pueden desarrollar estas máquinas incluyendo la inteligencia artificial.

Una muestra de posibles cambios, por ejemplo, en la concesión de un préstamo hipotecario. Ahora depende del departamento de riesgos donde una persona analiza los datos que le facilitan (su nómina o historial de impagos). Pero desde hace años las entidades ya cuentan con ordenadores que trabajan con algoritmos que hacen ese trabajo. Conforme vayan sumando millones de datos de otros casos, cada vez acertarán más sobre la fiabilidad de un préstamo. Analizarán todos los datos que usted genere y los compararán con lo que ha sucedido en otros supuestos. Como señala Kai-Fu Lee, uno de los mayores expertos de inteligencia artificial, hasta se fijará en las veces que se queda sin batería en el móvil. ¿Qué tiene eso que ver con una hipoteca? Ni el propio banco lo sabe, pero sí que los millones de datos, el big data, que maneja, eso significa algo. Seguramente mínimo, pero algo. Aplíquelo a otros casos, un algoritmo que tras analizar millones de sentencias encuentra la jurisprudencia perfecta para defender su caso.

Ha empezado el debate entre los denominados tecno pesimistas que piensan que esta revolución acabará con el trabajo y los tecno optimistas convencidos de todo lo contrario; simplemente que se cambiarán unas actividades laborales por otras.

La voz de Susana Marcos, CEO de Peoplematters, una de las más prestigiosas consultoras de Recursos Humanos, suena con la veteranía de la que ha lidiado con la misma pregunta durante 30 años: “En esto hay mucha literatura y mucha imaginación”, nos dice. “Lo que es cierto, es que esta revolución, de la que se lleva hablando años, se ha acelerado. Esto lleva a las empresas a ser mucho más flexibles, lo que nosotros llamamos organización ALF (ágiles líquidas y flexibles), no tan piramidales como antes. Creo que se generará más empleo.” En eso coincide Rafael Doménech, catedrático de economía: “trae riesgos, pero supone muchas oportunidades. Hasta ahora el balance es positivo porque nunca ha habido en el mundo tantas tasas de empleo como ahora. De hecho, aquellos países en los que más está avanzada la robotización son los que más empleo han generado. Además, hemos mejorado nuestra calidad de vida como nunca en la vida”.

Como apunta Susana Marcos “será un empleo distinto, aunque si no aumenta la productividad no habrá más puestos de trabajo”. De hecho, el informe Adecco Institute 2020 asegura que lo que en 1970 se hacía en una jornada laboral, hoy está terminado en hora y media. Además, el último informe correspondiente a 2019 de la institución pública Red señala que el sector de las empresas de tecnologías de la información es el que más crece anualmente en nuestro país, un 3,2%, empleando a más de 532.822 personas. Trabajos de los que nadie había oído hablar hace un par de décadas.

Serían otros y cambiaron, se adaptaron. Por eso sea “líquido”, como dice Marcos o si lo prefiere Bruce Lee: “Be water, my friend” (sé agua, amigo). Así que no se obsesione con ser un nuevo Jesús Atienza. Quizá lo sea, pero seguro que otro diferente. Adáptese a lo que vaya surgiendo. Recuerde la sentencia de John Lennon: “la vida es lo que sucede mientras te empeñas en hacer otros planes”.

Tik Tok: cuando el objetivo son los jóvenes

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Tik Tok: cuando el objetivo son los jóvenes

EL OBJETIVO de una red social es mantenerte el mayor tiempo posible pegado a la pantalla para mostrarte anuncios e incluso intentar manipularte. Hasta ahora, eran patrimonio de EE.UU. Facebook, Instagram, YouTube y Twitter. Sin embargo, la red que más está creciendo es la china TikTok. Hasta el punto de que Trump le ha declarado la guerra. ¿Quién dijo que eran necesarias las armas para ir al combate? Ellos juegan; los jóvenes son ahora las fichas y así funciona la partida.

GABRIEL CRUZ

@Gabrielcruztv
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Hace años mi hija me confesó entre lágrimas que en el colegio le habían dicho que los Reyes Magos no existían. No quiso escuchar mi justificación: “búscalo en Google”. Las primeras pantallas de resultados unánimemente negaban su existencia. Cerré el ordenador justificando que se había roto. “¿Cómo era posible que en un buscador donde se daba cabida a miles de teorías conspiranoicas o extremistas, etc. no quedase hueco para una ilusión que te hace mejor persona?”, pensé. Entonces supe de casos de niños que habían dejado de creer en los Reyes al buscarlo en un móvil.

Esa misma noche, sin apenas conocimientos, creé una web www.losreyesmagosexisten.com en la que justificaba su existencia y, sobre todo, pedía a los niños que se alejasen de los móviles o tabletas… que jugasen, leyesen, corrieran, etc. La bola creció…, salió en medios nacionales e internacionales la singular lucha de un padre por mantener viva la ilusión de su hija frente a la voracidad tecnológica. Nadie la quiso patrocinar, incluidas multinacionales que hablan de “humanizar la tecnología”. “¿Cómo pretendes que pidiendo que los niños se alejen de los móviles te apoyen empresas que viven de la publicidad?”, me confesó un profesional del marketing.

Quizá mi frustración también la sintió Tristan Harris, de Silicon Valley. La diferencia es que él fue ingeniero de tecnología persuasiva y trabajó cuatro años para Google. Elaboró un informe interno (A Call to Minimize Distraction & Respect Users’Attention) en el que denunciaba que la compañía, aprovechando su conocimiento de las debilidades psicológicas humanas, perseguía que estuvieran el máximo tiempo posible enganchados a la web. “Al principio tuvo un gran impacto, pero luego su efecto desapareció”, confesó Harris. Salvando las distancias, como le pasó a mi proyecto. Pero Harris no tiró la toalla. Abandonó Google en 2016 y desde entonces no ha parado de denunciar cómo las redes sociales nos manipulan para volvernos más adictos a ellas.

¿Pero cómo es posible semejante enganche? Alfredo Oliva es profesor especializado en la adolescencia en la Facultad de Psicología de Sevilla. Fue el primero que hizo un estudio sobre el tema en España. Su conclusión es que los jóvenes entre 14 y 19 años son más vulnerables a la adicción en redes. Sucede así: “la corteza prefrontal del cerebro controla los impulsos; es como el pensamiento racional. Mientras, hay una parte más emocional, el sistema mesolímbico, que pone en marcha los impulsos y la dopamina, lo que nos genera placer”. La sociabilidad del ser humano es clave para su evolución, nos viene de “serie”. Buscamos la validación social, que nos quieran y admiren y para eso hay que interaccionar con otros. Por eso los “likes” y comentarios nos gustan, liberan dopamina, nos hacen felices. En el caso de las personas hasta los 29 años, ese efecto se dispara, porque su corteza prefrontal (la que controla los impulsos) aún no está lo suficientemente madura.

Las redes sociales. Todas las redes sociales se basan en el placer que genera nuestro cerebro. Tim Kendal, ex ejecutivo de Facebook y ex presidente de Pinterest, lo resumió así: “lo que buscamos es cuánto tiempo de tu vida podemos captar”. Todos compiten por mantener el mayor tiempo posible tu atención. Es la misma masa de pizza a la que se le cambian algunos ingredientes. Si Google engancha mostrando información, en Facebook son las fotos de amigos, y en TikTok videos divertidos… La máxima es que cuando nos dan gratis algo, es porque nosotros somos el producto. “La atención de las personas” es lo que venden las redes sociales a los anunciantes. El algoritmo de la red social recoge los gustos del consumidor y le vuelve a ofrecer contenido apetecible. En psicología se llama “refuerzo positivo intermitente”. Está en tu teléfono y sabes que lo que te va enseñar te gustará.

Ya lo comentó Guillaume Chaslot, ex ingeniero de YouTube en su charla (Quand l’IA nous dresse les uns contre les autres) del think tank TED. “Los vídeos más agresivos y los más extremos, como las teorías de conspiración, tienen mejores resultados y, como tal, son los que más tiende a recomendar el algoritmo al usuario”.

Empieza la guerra. Ya hemos visto cómo funcionan las armas, pero hasta ahora solo un país las tenía: EE.UU. Todas las redes sociales con éxito eran suyas hasta que apareció TikTok. Ahora es cuando viene la batalla, porque quien la controla es una empresa china, ByteDance. Son 800 millones de usuarios activos. Es la red social con mayor crecimiento. En TikTok se cuelgan videos de 15 segundos de duración máxima, pero se pueden encadenar cuatro para conseguir 60 segundos. La aplicación incluye música y efectos para que los videos sean más atractivos. Es como un “pica-pica” visual tan adictivo como una bolsa de patatas fritas: empiezas por una… Pero el problema aquí es que la bolsa (los videos) no se acaba. Su algoritmo es muy eficaz y cuando termina un video recomienda con gran acierto otros más. Además, si en otras redes sociales solo se ve el contenido de las personas que se sigue, aquí también se recomiendan otros fuera de ese grupo. Cuando en la pantalla aparecen las mismas caras llega un momento en que ya no se perciben como desconocidas. Como señala el psicólogo Javier Urra: “al final eso puede acabar en un contacto por mensajería privada y citarte con un completo desconocido”.

Otros enfoques

El código de la persuasión
Christophe Morin y Patrick Renvoise
Ed. Alienta.

Digamos que este es el manual del “enemigo”. Este manual nos explica cómo persuadir a las personas a través de cómo entendemos y sentimos un mensaje.

Sus autores ofrecen el primer modelo integral de persuasión basado en las últimas investigaciones en neurociencia, psicología de los medios y economía del comportamiento.

Are You Lost In The World Like Me?

Video del grupo musical Moby y que se puede ver en YouTube. (Paradójico, ¿verdad?) Resume muy gráficamente el camino que para estos artistas está trazando nuestra sociedad tan hiperconectada.

Diez razones para borrar tus redes sociales de inmediato
Jaron Lanier
Es el gurú de la realidad virtual y uno de los precursores de la web 2.0. Nos explica con una contundencia abrumadora cómo las redes sociales están convirtiéndonos en personas rencorosas, tristes, asustadizas, poco empáticas, aisladas y triviales. Por si le quedaban dudas.

Una red espía

En TikTok pueden aparecer mensajes extremistas, sexuales. Pero lo que preocupa a EE.UU. es que además, recaba información del usuario. Asi que, para que esta riqueza de datos no acabe en manos del gobierno chino, Donald Trump la quiso prohibir. No hizo falta, porque TikTok se asoció con la empresa estadounidense Oracle para que los datos de usuarios se queden en sus servidores. Por si acaso, el gobierno chino ha prohibido la venta de TikTok a EE.UU. y con ella por tanto su algoritmo de recomendación. Es su pócima secreta que recomienda a sus 50 millones de usuarios diarios estadounidenses (1 de cada 4 habitantes) que es lo que le conviene ver. Y contra ese poder de manipulación ni los Reyes Magos pueden luchar, ¿o sí?

Pegados al móvil

Un estudio de 2019 de Multiópticas (2.000 encuestas) señala que a los 6 años de edad el 54% de los niños ya tiene un dispositivo con pantalla y a los 9 años manejan su primer teléfono móvil. El resultado de toda esa siembra es esta cosecha: 1 de cada 3 menores de 18 años pasan más de 4 horas diarias mirando una pantalla. Algunos estudios (Clickeando del Ayuntamiento de Valencia, encuesta a 792 alumnos) lo reducen a tres horas y otros (I Observatorio de la Generación Z a través del Smartphone. Encuesta a mil jóvenes entre 18 y 24 años) lo aumentan a cinco horas y 15 minutos.

«Tik-Tok en el punto de mira», por Esther Esteban

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ESTHER ESTEBAN,

periodista

[email protected]
Twitter: @estherestebanh

 

Tik-Tok en el punto de mira

Si nos quedamos con el nombre original de la aplicación, la llamaríamos Douyin y si nos preguntamos por su significado, es «sacudir la música» en chino. Este concepto podría decirse que le viene como anillo al, dedo si la popular red social TikTok, como se la conoce en todo el mundo, se ciñera solo al fin para que fue creada: compartir pequeños clips musicales, editar y subir videoselfies de 1 minuto, y aplicarles varios efectos especiales y filtros… pero la realidad es otra muy distinta.

Esta red tiene 800 millones de usuarios en todo el mundo, en su mayoría adolescentes y preadolescentes y, según dicen, es absolutamente adictiva, por lo que ha pasado de ser algo inocuo y solo de divertimento a convertirse en transmisora de intereses ocultos.

Y ahí está el eterno “quid“ de la cuestión de las redes sociales que son tan útiles en algunos temas, pero tienen una cara oscura, mucho más peligrosa y esta no es una excepción para la regla. ¿Está absolutamente demostrado que pueden servir para manipular y también ser un campo de actuación inmenso para todo tipo de delincuencia y ahí es donde se deben encender todas las alarmas? ¿Estamos seguros y lo están nuestros hijos, sobre todos los más jóvenes cuando usan TikTok o están recibiendo información que justifica el odio, el, racismo la xenofobia y se utiliza como un espacio de expresión política, activismo e ideologización radical? Todos los expertos señalan que hay que estar alerta y, de hecho, el mayor peligro está en que suele ser un entorno libre de supervisión paterna y eso posibilita el acceso a material sensible incluso ilegal sin que los usuarios tengan conciencia de ello.

Un amigo psicólogo me contaba hace días el impacto que las redes sociales tienen en nuestras emociones, un tema polémico que está en constante estudio. Se sabe que las redes forjan una suerte de adicción incitando a su uso mediante recompensas subliminales. Se conoce como el “hit de dopamina“ el efecto que producen sus notificaciones en el cerebro que es semejante al que inducen las drogas en las mentes de un adicto y TikTok no es ajena ello, a pesar de su nacimiento de “buenrollismo”. Sabemos que los algoritmos que rigen las redes sociales provocan una mayor cantidad de interacciones posibles a partir de un análisis profundo de los datos introducidos por el propio usuario, con lo cual cada vez que interactuamos estamos diciéndole que nos muestre más contenido semejante.

El efecto a la larga, según me comentaba el experto, es el de una cámara de eco en la que solo consumimos opiniones semejantes a la nuestra y nos reforzamos en la idea de que quienes no están en nuestra sintonía son poco menos que idiotas, seres despreciables. De ahí que las redes se hayan convertido en un lugar repleto de opiniones radicales y de mucho extremismo en materia política, de religión y de otros temas polémicos.

La seguridad en esta red es un tema vital y , aunque TikTok se ha unido al código de conducta de la Comisión Europea para luchar contra la incitación ilegal al odio en internet las sospechas son muchas. Por mucho que en la compañía insisten en señalar que TikTok prohíbe cualquier forma de discurso de odio así como como las cuentas que están vinculadas a la supremacía blanca, el nacionalismo extremo, el antisemitismo, el machismo o cualquier ideología violenta, lo cierto es que en un mundo tan polarizado eso es casi misión imposible.


                                    Esta red tiene 800 millones de usuarios en todo el mundo, en su mayoría adolescentes y preadolescentes y, según dicen, es absolutamente adictiva

Desgraciadamente la realidad, al final, es en blanco y negro y hay muchas paradojas que nos deben hacer reflexionar. Por ejemplo hace días con motivo de la vuelta al cole, TikToK fue utilizada con mucho éxito por un profesor de Murcia para explicar a sus alumnos las medidas de prevención del. COVID -lo cual pone en valor las ventajas de utilizarla para mandar mensajes en positivo a los jóvenes- pero mientras esto ocurría y prácticamente a la vez circulaba un vídeo en el que se mostraba a un marine del ejército americano suicidándose de un disparo en la cabeza, una escena de una violencia brutal no apta para menores.

Nuestros hijos no están a salvo y nuestra responsabilidad es estar alerta porque aunque muchos de nuestra generación nos consideramos casi analfabetos tecnológicos, debemos ser padres responsables y cualquier esfuerzo merece la pena. Si de muestra vale un botón los fabricantes de un conocido medicamento antihistamínico advirtieron a los padres sobre un nuevo desafío de TikTok, después de que una adolescente americana muriese debido a una sobredosis. El desafío viral consistía en pedir a los chicos/as que tomasen la suficiente cantidad del medicamento como para que llegasen a alucinar y después que publicaran el vídeo con el resultado en la plataforma. La chica de 15 años de Oklahoma murió por sobredosis tras participar en esta peligrosa moda. Lo llamativo es que la víctima fue descrita como una adolescente feliz que no sabía que experimentaba con una droga porque creía que ese medicamento no lo era. Casos como este ponen de relieve que una información falsa puede convertirse en un arma letal en personas especialmente vulnerables.

Sea como fuere, lo que significa la irrupción de TikTok depende del cristal donde se mire. Hemos asistido últimamente a una enorme polémica en Estados Unidos donde el gobierno de Trump ha pretendido, sin conseguirlo, su prohibición al menos temporal afirmando que es una amenaza para la seguridad. Su principal argumento es que recogen datos sobre los usuarios y al ser una empresa china, debe colaborar obligatoriamente con los servicios de inteligencia de este país. Por su parte sus defensores han dicho sin más que el objetivo del presidente americano es restringir la libertad de expresión, pero verdad en torno a esta polémica es que se pretendía que la empresa china vendiera su aplicación en una americana para operar en ese país. Al final detrás de todo este ruido mediático solo había negocios, pero lo que se esconde detrás de TikTok es la seguridad de nuestros hijos y en eso no podemos bajar la guardia.

Aplicaciones contra el aislamiento

LA @

Aplicaciones contra el aislamiento

Zoom fue la segunda aplicación más instalada en abril tras Tik Tok (una red social de vídeos cortos).

Quizá el Covid-19 no le ha afectado, pero sí esta “infección” y sin acercarse a nadie: las aplicaciones de videollamadas, cuya descarga en el confinamiento ha aumentado de forma supercontagiadora.

¿Necesita vacuna?

GABRIEL CRUZ

[email protected]@gabrielcruztv

EN TIEMPOS de crisis unos lloran y otros venden pañuelos”. Es lo que dice la popular frase de origen incierto, pero de cuya certeza pocos dudan. Porque si pensaba que durante la pandemia los únicos beneficiados iban a ser los proveedores de material sanitario es que no hizo un rastreo dentro de casa. Sí, su teléfono, tableta u ordenador están seguramente “infectados” por las apps de videollamadas que les ha inoculado para superar mejor el confinamiento, tanto para teletrabajar, aprender o hablar con sus amigos y familia. App es una abreviatura del inglés application (aplicación). Son programas informáticos destinados principalmente a smartphones o tabletas (como el iPad o equipos Android).

No es lo mismo hablar con tu jefe que con tu primo

SON muchas las aplicaciones que permiten las videollamadas, pero hay que saber cuál usar para cada caso. Por ejemplo, Snapchat e Instagram se usan para amigos ya que permiten filtros de imágenes para deformar caras, por eso no es recomendable si habla con su jefe.

Houseparty además de videoconferencia permite jugar online. Skype, Zoom, Google Meet, Hangouts, Microsoft Teams, JitsiMeet y Discord pueden compartir pantalla y son las mejores para teletrabajar o dar una clase online. El número de participantes puede ser ilimitado en JitsiMeet y además no necesita registrarse.

Y en Twitter, ¿qué opinan?

El Deber. @grupoeldeber. 23 jun. Las más leídas. El confinamiento ha generado un aumento considerable del uso de las redes sociales y apps de todo tipo, las cuales han servido para comunicarse, entretenerse, informarse, trabajar y aprender.

eldiario.es. @eldiarioes. 2 abr. El Gobierno utilizará los datos de movilidad y las apps sanitarias para definir la estrategia de salida del confinamiento.
eldiario.es/politica/contr.

Acer España. @ES_Acer. 15 may. Con estas apps de fitness no querrás volver a ir al gimnasio (aunque puedas).

EL PAÍS Tecnología-Retina.
@elpais_tec. El confinamiento está sacando al artista que llevamos dentro. Repasamos las apps de edición más populares para que las fotos que hacemos estos días para entretenernos luzcan más.

Triplicar resultados. Durante el confinamiento las descargas de aplicaciones de videollamadas se han multiplicado exponencialmente si comparamos los datos con el año anterior. Zoom fue la segunda aplicación más instalada en abril tras Tik Tok (una red social de videos cortos) según datos de la compañía de análisis Sensor Tower. El décimo puesto fue para Microsoft Teams, por detrás de Google Meet. Zoom multiplicó por 60 las descargas respecto a abril de 2019. En abril de 2020 tuvo 131 millones de instalaciones en todo el mundo. En mayo, fueron 94 millones; aun así multiplicó por 43 las descargas respecto a ese mes en 2019.

Sin embargo, al principio la aplicación reina tuvo sus problemas como señala a ESCRITURA PÚBLICA Leire Nuere, directora online en la Universidad Francisco de Vitoria. “Zoom es muy potente, pero al comienzo de la pandemia tuvo una brecha de seguridad en la que sufrió suplantaciones de identidad, se metieron videos porno, etc. Luego lo solucionaron”. Por su parte, Google tiene aplicaciones como Hangouts orientada a usar entre amigos mientras que si buscamos algo más profesional está Google Meet. Nuere señala que “sus ventajas son el almacenamiento casi ilimitado y su fiabilidad. Ahora bien, yo usaría plataformas como Zoom o Webex Meeting que ofrecen muy buena seguridad. Además, en el caso de Zoom la curva de aprendizaje es mucho mayor; es decir, la gente está más familiarizada con ella por lo que es más fácil que el interlocutor con el que hagas una comunicación se una a ti sin problemas”. ¿Y por qué no a través de las plataformas de Google?, le preguntamos. “Están muy bien, pero, honestamente, siempre me han parecido un poco Gran Hermano y de una forma u otra siempre toman información y con temas tan sensibles como los de una notaría, mejor no arriesgarse.” sentencia.

 


Su teléfono, tableta u ordenador están seguramente ‘infectados’ por las apps de videollamadas que les ha inoculado para superar mejor el confinamiento


 

Tras la desescalada, la descarga de programas de videollamadas como Skype, Duo, y Hangouts cayeron. Pero como señala Leire Nuere: “indudablemente, muchos procesos se recuperan por la normalidad, pero la tecnología es un camino en el que no hay vuelta atrás. Poca gente se plantea escribir ahora una carta. De la misma forma que ya no se mandan mensajes de texto y se prefiere el whatsapp. Se ha superado la parte más difícil que es la implementación de una herramienta. Una vez que la conoces la incorporas a tu vida”. De hecho, con la preparación de la enseñanza online ante un posible rebrote asistimos a una demanda mantenida de aplicaciones como Google Classroom con 17 millones de descargas en mayo en todo el mundo.

La pandemia pasa examen a la universidad

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La pandemia pasa examen a la universidad

La Universidad reclamaba desde hace años una tercera ley universitaria que le diese mayor flexibilidad. Finalmente ha sido un virus el que la obligará al mayor cambio de su historia.

GABRIEL CRUZ

[email protected]

@Gabrielcruztv

 

Quien ha dado la sorpresa ha sido la UNED con su aplicación Aula Virtual de Examen (AvEx), marca España vaciada.

ES BIEN conocida la anécdota que se le atribuye a Fray Luis de León en 1576, aunque se relató dos siglos después de suceder. Al ser absuelto de un proceso en el que estuvo cuatros años encarcelado volvió a sus clases en la Universidad de Salamanca y dijo: “Dicebamus hesterna die” (“como decíamos ayer”). Como si el tiempo no hubiese pasado. Ahora, lo hará vertiginosamente tras sólo un par de meses de verano que equivaldrán a un cambio de siglos.

Si visitamos el aula de Fray Luis de León en la Universidad de Salamanca, que se conserva tal cual era hace 500 años, advertimos que no se ha modificado sustancialmente la enseñanza. Un aula en la que el profesor recita unos conocimientos y al que los alumnos prestan atención. Lo que sí ha cambiado han sido titulaciones y normativas. La primera ley universitaria de la democracia fue la 11/1983, después pasamos a la vigente, la norma de 2001 que fue modificada sustancialmente en 2007. Últimamente se reclamaba otra ley nueva que la dotase de mayor flexibilidad, y justo en ese momento… irrumpe la pandemia. ¿Su consecuencia directa? Nuestro “Fray Luis de León” podría estar en un aula vacía enseñando a unos alumnos repartidos por todo el mundo… ¿o no?

Ensayo general. Porque lo cierto es que el primer ensayo general que hemos tenido antes del verano ha sido bastante pobre y ha demostrado que las universidades y el sistema educativo no estaban preparados para las clases online. A no ser que creamos que las clases virtuales consisten en mandar enlaces de web y ejercicios en documentos adjuntos. Esta es más o menos la impresión que se desprende de las opiniones de muchos profesores y bastantes alumnos. Así lo recoge uno de los pocos estudios existentes, dirigido por Ingrid Gil, profesora de traducción de la Universidad de Comillas. Gil realizó una encuesta a más de 200 docentes universitarios: el 60%nunca impartió una asignatura online y el 65,8% reconocía tener poco o ningún conocimiento previo. Cada docente inició esta etapa como buenamente pudo, de forma individual, sin que hubiese una estructura coordinada. Lo llamativo viene con el grado de satisfacción. Mientras que la mayoría de los profesores, un 61%, se mostraba satisfecho con el resultado, para los alumnos la experiencia resultó negativa o muy negativa (36,6% de los encuestados) o directamente, indiferente (40,7%). El caso es que en el mundo hay 800 universidades que ofrecen formación en línea. Sus estudiantes no tienen nada que ver con los de las clases presenciales: tienen cargas familiares, una media de edad mayor a los 35 años y una tasa de abandono muy superior.

Volvamos a los universitarios tradicionales, los veinteañeros que acuden a clase. ¿Cómo ha sido su experiencia durante la pandemia? Los entrevistados coinciden en el resumen que nos hace Clara, estudiante de periodismo: “muchos profesores se limitaban a enviar-nos emails con enlaces a textos sobre la materia y en el mejor de los casos, hacían videollamadas. La sensación era la de ir tirando, que pareciera que se hacían cosas”.

Evaluación polémica. También el sistema de evaluación ha sido polémico. Algunas facultades han optado por el examen presencial con medidas de seguridad (distanciamiento, mascarillas…) porque era la única forma de tener un mínimo de calidad. Los que prefirieron los exámenes online se han encontrado con varios problemas. Por ejemplo, modificar el tipo de preguntas. Pruebas del tipo “papel de un minuto”: preguntas concretas y con un tiempo muy limitado de tal forma que solo el que sabe la respuesta tiene tiempo a responder y, si necesita más, es porque estará copiando.

Quien ha dado la sorpresa ha sido la UNED con su aplicación Aula Virtual de Examen (AvEx), marca “España vaciada”, diseñada en su centro de Barbastro, Huesca. El sistema evita comportamientos como la suplantación de examinados. La aplicación toma fotografías aleatoria-mente que se envían al profesor junto con el ejercicio. Carlos Gómez, el director del centro de la UNED en Barbastro confiesa que “no hay un 100% de seguridad de que el alumno no nos engañe y copie, pero en los exámenes presenciales tampoco”. Esta aplicación la usan los 155.000 alumnos que tiene la UNED. Para el resto, el único documento oficial acordado que habla sobre los exámenes en línea es el Informe sobre Procedimientos de Evaluación no Presencial elaborado por la CRUE, la conferencia de rectores, y que merece un recuadro aparte.

Pasos futuros. Pero entonces, ¿cómo serán las clases? Eso mismo es lo que se preguntan las propias universidades ante el silencio del Gobierno y las Comunidades Autónomas. Hemos hablado con diferentes portavoces universitarios y admiten que ni el Ministerio de Sanidad ni el de Educación dan instrucciones claras para el nuevo curso. Una muestra de lo que sucede es que ambos abogan por educación presencial para colegios e institutos. En el caso de las Universidades, sin embargo, prefieren cupos en las aulas e incluso, hacer algunas clases en exteriores. ¿Por qué? ¿Acaso el virus ataca más a los universitarios que a los escolares? La ausencia de líneas claras revela la falta de planificación de nuestro sistema educativo. Si no, recuerden las paradojas del comienzo de la desescalada: los jóvenes podían juntarse en grupos de diez en las terrazas pero no podían entrar en un aula, con distancia de seguridad y mascarilla, para hacer un examen.

 


El primer ensayo que hemos tenido ha sido bastante pobre y ha demostrado que las universidades no estaban preparadas para las clases online


 

En este momento las universidades optan por tres posibilidades: presencial con distanciamiento social, completamente online y una intermedia, o sistema híbrido que sería una mezcla de ambas. Si bien los centros prefieren ser políticamente correctos y no quejarse de la falta de instrucciones claras, quien sí lo hace es José Antonio López, profesor de biología molecular de la Universidad Autónoma de Madrid. Nos enseña un aula de su facultad. “Aquí es donde doy clase. Caben unas 200 personas y en un día normal aparecen unos 60 alumnos. Es decir, es posible respetar una distancia de seguridad. Si a esto le sumas que van con mascarilla, que estarán callados y que el único que hablaría soy yo, a mucha más distancia de ellos, no veo tanto problema para venir a clase. El problema viene cuando se juntan fuera.”

 


Las universidades optan por tres posibilidades: presencial con distanciamiento social, completamente online o sistema híbrido


 

Más complicado lo tienen las escuelas en las que sí es necesario el contacto físico; por ejemplo, las sanitarias. Desde la Escuela de Enfermería y Fisioterapia San Juan de Dios Comillas, Julio de la Torre, su jefe de estudios, señala a ESCRITURA PÚBLICA que además de impulsar la enseñanza online con la adquisición de cámaras y plata-formas, “en las clases de prácticas se reduce el número de personas. Todos con máscaras de protección, geles y lavado frecuente de manos. De hecho, en todas las aulas prácticas tenemos lavabos”.

Otro enfoque

Lector, vuelve a casa: Cómo afecta a nuestro cerebro la lectura en pantallas.

Maryanne Wolf

La lectura en enseñanza online es digital. En esto no hay escapatoria, pero ¿tiene efectos secundarios? Wolf es especialista en lectura y aprendizaje en la Universidad de California. Señala que incluso los lectores de toda la vida están cambiando sus hábitos y su capacidad de concentración. En el cerebro manda la norma de que, si no se usa una capacidad, ésta se pierde. La lluvia de información a través de las plataformas digitales, no permite “detenernos y entender” lo que estamos leyendo. El papel, sin las distracciones de la pantalla (sus constantes ventanas abiertas) es más simple y directo. La pregunta es evidente: ¿aprenderán peor los universitarios de la tablet que los que toman apuntes a bolígrafo?

“Triste y sola …”

“… sola se queda Fonseca. Triste y llorosa queda la Universidad.” Esta popular canción de la tuna sonará más a partir de ahora. La enseñanza online tiene otro efecto secundario y, si no, que se lo pregunten a ciudades como Santiago de Compostela, Salamanca o Granada. Si bien Barcelona o Madrid tienen la mayor concentración de sedes universitarias, las anteriores viven en gran parte de los miles de estudiantes que van a ellas y con la explosión de la enseñanza online eso no sucederá. En España hay un millón y medio de alumnos matriculados en universidades. Los extranjeros son 139.708, pocos, pero suponen un 20% de los que se matriculan en másteres y doctorados (las matrículas más caras) y como reconocen desde la CRUE ningún alumno viene para quedarse encerrado sino para disfrutar de la vida estudiantil.

Si tomamos como ejemplo el caso de Granada, el estudio Generación de Valor de la UGR en su entorno, del profesor Teodoro Luque, señala que la universidad aporta 217 millones a la economía de la provincia y genera casi el 8% de sus empleos. Principalmente mueve alquileres, residencias, hostelería o servicios. Por ejemplo, la asociación de Hostelería de Compostela reconoce que la facturación bajará hasta un 50%. Salamanca triplica la media nacional de estudiantes extranjeros, un 10%. Por eso insisten en que la enseñanza en línea será excepcional. El agujero económico será mayor en las universidades de Reino Unido, Suiza y Austria donde casi un tercio de sus ingresos por matrícula proviene de estudian-tes extranjeros. Sin embargo, algunas universidades, como la de Cambridge, han anunciado que el próximo curso será absolutamente online. Es decir, estamos ante un verdadero examen global pero no para alumnos, sino para saber si las universidades están a la altura de la era post pandemia.

Evaluación no presencial

A falta de unas directrices claras de Ministerios y Consejerías, este informe, del Grupo de Trabajo Intersectorial de CRUE Universidades Españolas, es el único documento que concreta procedimientos de evaluación. Propone que en las pruebas por videoconferencia, el estudiantado esté provisto de documentación acreditativa de su identidad que podrá ser exigida en cualquier momento por el profesorado. También trata de las cuestiones normativas, en especial la protección de datos, que en España es de las más restrictivas de Europa. Advierte de los pros y contras de cada plataforma. Por ejemplo, en los exámenes por videoconfe-rencia destaca el peligro de sobrecarga en el sistema por un almacenamiento masivo. Un informe que todo alumno debería conocer para saber, por ejemplo, cómo reclamar adecuadamente sus calificaciones.

Cada docente inició esta etapa como buenamente pudo, de forma individual, sin que hubiese una estructura coordinada.

«La educación superior en un futuro post-Covid», por Ricardo Mairal

Ricardo Mairal.

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RICARDO MAIRAL,

rector de la UNED

@UNED

La educación superior en un futuro post-Covid

HACE apenas unos meses en la universidad trabajábamos con una visión clara de cuáles eran nuestros retos a corto, medio y largo plazo. La llegada de la crisis del Covid-19, primero sanitaria y ya social y económica, nos ha golpeado como al resto de la sociedad. Aquellos claros objetivos de principios de marzo quedaban desplazados por la necesidad de adaptarnos a la nueva situación.

Durante las semanas de confinamiento la actividad en las universidades no ha cesado: el personal de administración y servicios ha trabajado desde sus casas; las autoridades académicas han buscado soluciones ante los nuevos desafíos que conformaban un escenario absolutamente inédito, y los profesores y profesoras han seguido con su labor, trasladando la docencia a sus hogares y transforma-do sus clases en tutorías virtuales a las que los estudiantes se han conectado, dando sentido a todo el proceso.

Ciertamente, en este tiempo la universidad ha redoblado su actividad con el fin de garantizar la formación, la investigación y la transferencia e innovación que tan fundamentales son para la sociedad, como se ha demostrado con especial intensidad en estas últimas semanas.

Con la mirada puesta en el futuro más próximo, cumple preguntarse sobre el papel que tendrán las universidades en una etapa que podemos denominar “post-Covid”. Tras la pandemia, retomaremos aquellos retos de principios de marzo. Pero no nos equivoquemos, lo ocurrido nos marcará. La universidad saldrá herida, pues ya no podremos olvidar a quienes han quedado en el camino. Pero, a la vez, la universidad saldrá fortalecida. En lo humano, por el esfuerzo realizado por quienes son parte de esta gran comunidad, que han demostrado contar con el dinamismo y la solidaridad que exige un mundo en constante cambio. En lo tecnológico, porque hemos ampliado y madurado nuestras capacidades para dar respuesta a los retos que vienen.

Pero, sobre todo, de esta experiencia sale fortalecido un concreto modelo de enseñanza: el online y el semipresencial. La necesidad de mantener la docencia, de evaluar a nuestros y nuestras estudiantes durante la crisis, lo ha puesto a prueba y lo ha certificado como el modelo de la universidad del futuro, en la que las enseñanzas presencial y virtual se han de combinar como respuesta a las necesidades y características de la sociedad del siglo XXI. Un modelo que, sin duda, perdurará en el tiempo.

Y, si convenimos que el futuro de la universidad es un modelo online y también semipresencial, el ejemplo de la UNED, universidad pionera en la doble concepción, desarrollo e implantación del mismo, que cuenta con una tupida red de 61 centros en España y 13 en el exterior a la que asisten más de doscientos mil estudiantes, es decisivo para el resto de la Academia.

En una sociedad interconectada, nuestras universidades deberán ser capaces de llegar a los hogares de sus estudiantes, ampliando el abanico de experiencias y posibilidades de estudio. Siendo ya este objetivo una realidad en el caso de la UNED, deberemos seguir trabajando para fortalecer su papel como elemento vertebrador de la España vaciada e impulsor de ese país urbano en el que tan importantes son la formación a lo largo de la vida y la conciliación. Acercar el mundo del conocimiento y de la investigación es una aspiración legítima y realista.

En este nuevo marco, también resultará fundamental la apuesta decidida de nuestras universidades por la innovación y la investigación, de modo que la metodología del modelo online y semipresencial sea sensible a los avances logrados en disciplinas como la inteligencia artificial. En la UNED ya trabajamos en la utilización de las tecnologías basadas en datos masivos para adaptarnos aún más a las necesidades de nuestros y nuestras estudiantes. El objetivo es mejorar su proceso formativo, logrando automatizar y simplificar los procesos administrativos, mejorar el modelo de enseñanza aprendizaje y la eficacia y la productividad de nuestra institución, pero siempre de acuerdo con un marco ético prudente y garantista y contando con la participación de todos quienes forman la comunidad universitaria.


«En una sociedad interconectada, nuestras universidades deberán ser capaces de llegar a los hogares de sus estudiantes»


Pero, alcanzar todos los retos que quedaron en un segundo plano a principios de marzo y los que vayan surgiendo no será posible sin un apoyo institucional claro. Este apoyo, siempre al margen de la contienda política, de la lucha partidista, debe establecer los marcos normativos y de financiación necesarios para contar con los recursos humanos y tecnológicos que proporcionen la formación, investigación, transferencia e innovación imprescindibles para el resto de la comunidad. Un apoyo institucional que permita que la Academia se sitúe en el lugar trascendental que ha de ocupar como motor del desarrollo del conjunto del país, tal y como se ha hecho tan visible en estos momentos de crisis.

Si en estos tiempos trufados de posverdad hemos conseguido que los ciudadanos miren de nuevo a la universidad y a sus investigadores como pilar de su desarrollo, incluso de su seguridad, estamos en la senda correcta. Ahora, es crucial que Política y Ciencia se den la mano. Quizá en este momento, más que nunca.