Mayores offline

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Mayores ‘OFFLINE’

Internet se ha convertido en la llave más rápida para las gestiones del día a día: hacer una inscripción, pedir una cita, consultar el saldo de la cuenta bancaria o presentar la declaración de la renta. El mundo aplaude la comodidad de no hacer colas y poder solucionar los trámites desde el salón de casa. Pero hay un sector que asiste, impotente, al proceso. Los mayores se quedan fuera de juego.

GABRIEL CRUZ

@Gabrielcruztv

Soy mayor, pero no idiota. La frase se ha convertido en un grito de guerra. Lo lanza Carlos San Juan, médico jubilado de 78 años. Asegura haber llegado a sentirse humillado al pedir ayuda en un banco y que le hablaran como si fuera idiota por no saber completar una operación. Lanzó su queja en la plataforma change.org y en apenas un par de semanas había conseguido más de 500.000 firmas respaldándole. Conscientes de las dificultades de algunas personas con la digitalización, los bancos están poniendo medidas encima de la mesa para facilitar su adaptación progresiva a las nuevas posibilidades que ofrece la diversidad de canales bancarios. Estas se suman a las múltiples iniciativas que ya están en marcha para facilitar la accesibilidad de los mayores a los servicios bancarios tanto en la red de oficinas como vía online. Y es que solo el 6,5% de los mayores de 65 años cuenta con habilidades avanzadas a la hora de utilizar internet, según datos de Eurostat. Leonor, con 72 años y ajena a redes sociales y procedimientos tecnológicos, entiende muy bien a Carlos: «me han llegado a cobrar seis euros al mes por pagar la comunidad del edificio en el que vivo en ventanilla. Me insistían en que tenía que domiciliarlo yo a través de la web, pero era incapaz. Hasta que no lo ha hecho mi hija por mí, no me ha quedado más remedio que pagar. También necesito su ayuda para hacer transferencias o coger cita para algunos trámites». Y es que los bancos son solo a punta del iceberg

 


ACTUALMENTE LA MAYOR PARTE DE LA BUROCRACIA ADMINISTRATIVA SE SOLUCIONA A TRAVÉS DE INTERNET

 

Comunicando. Actualmente la mayor parte de la burocracia administrativa se soluciona a través de internet. La pandemia ha venido a reducir la presencialidad y las pocas cosas que se pueden hacer en persona también necesitan que la cita se solicite online. Trámites obligatorios, como presentar la declaración de Hacienda, se convierten en un auténtico suplicio para los más mayores. «Soy viuda y no tengo hijos», apunta Toñi López, 79 años, «en mi casa no hay ordenadores así que el año pasado fui varias veces a pedir cita para hacer mi declaración a una de las oficinas. Cada vez que iba me insistían en que tenía que hacerlo online. ¡Pero si yo no tengo ordenador! Les decía, pero ni caso. ¿Por teléfono? pero es que no lo cogen nunca.» La solución vino de la mano de uno de sus sobrinos, pero a ella no le parece justo que tenga que depender de nadie. Estos mayores tampoco se benefician del ahorro de tiempo y la comodidad que supone poder hacer las cosas desde casa: pedir cita en el médico, hacer la compra o sacar las entradas del cine. «Entiendo que todos estos avances son imparables, pero yo no puedo seguirlos. ¿No podrían explicarnos fácilmente cómo hacerlo? Pero una persona, no una máquina, que es lo que encuentro habitualmente», dice Josefa García, 80 años. Los mayores de 65 años ya eran el 20% de la población de España en enero de 2021, según el Instituto Nacional de Estadística. La cifra seguirá creciendo y la brecha, también.

Mayores rurales. El pequeño pueblo de Tamajón, en Guadalajara, lucha por mantener vivo su cajero. Se estropeó el pasado diciembre y la entidad bancaria que lo sostiene no planea repararlo. A partir de ahora su centenar de habitantes tendrán que desplazarse al menos 20 km, simplemente, para sacar dinero. Muchos de sus mayores ya no conducen y no tienen a nadie cerca que les pueda llevar. El problema se extiende por toda España. Según datos publicados por la Asociación de Usuarios Financieros (Asufin), desde el año 2008 hasta 2021 ha descendido un 54,2% el número de oficinas bancarias y han desaparecido un 22,1% de los cajeros automáticos. La sociedad más comunicada de la historia deja aislados a los que no siguen el ritmo. ¿Cómo integrar a los mayores de 65 años en la revolución digital? «A mí tratan de enseñarme mis nietos», dice Leonor. Mientras tanto exigen que haya otras alternativas. Y su grito cada vez es más fuerte. |EP|

Notarios de ‘pueblo’

En la mayoría de los pueblos de España hay una notaría. Y en caso de no haberla en el suyo seguro que tendrá una muy cerca, porque hay casi 3.000 notarios repartidos por toda la geografía española. Lo habitual es que sean los interesados los que se desplacen al despacho notarial para hacer consultas o para la elaboración y firma de los documentos, pero, si es necesario, el notario también puede acercarse hasta el domicilio de los más mayores cuando hay problemas de movilidad o desplazamiento. En la época virtual, la cercanía también marca la diferencia en el servicio. Si quiere localizar al notario más cercano, tiene un buscador en www.notariado.org.

Notarios de ‘pueblo’

@EdadyVida es la fundación para la mejora y promoción de la calidad de vida de las personas mayores.

@65ymuchomas es el primer diario online para mayores. Cuenta con el asesoramiento de sus asociaciones más representativas.

@Jubilares es la asociación que promueve una mejora del entorno físico y social para el envejecimiento activo y con autonomía.

La ciberdelincuencia acecha a los escolares, por Margarita Sáenz-Diez

Margarita

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MARGARITA SÁENZ-DÍEZ, peiodista

 

A estas alturas resulta que, agazapada en mi veterano PC, acaso exista una fábrica de dinero… ¿Quién me lo iba a decir?

La ciberdelincuencia acecha a los escolares

Confieso que cuando estaba preparando este artículo he pasado por varias fases. La primera, de incredulidad. Porque… ¿para qué va a querer un sofisticado pirata informático entrar en el ordenador de un niño de primaria? Después, la del asombro, al averiguar las elevadas cifras de incidentes informáticos motivados por los hackers que se han producido últimamente en los centros educativos y universitarios.

Después, he empezado a alarmarme al comprender, como forzada navegante por el ciberespacio, los riesgos y peligros que nos acechan a los que, como yo misma, somos confiadas y no creemos que lo mío tenga demasiado interés para nadie.

Por último, el conocimiento de los aspectos técnicos de los ataques, la somera descripción de lo que significa el ransomware, el IoT o el sigiloso cryptojacking, me han llevado a un estado cercano a la perplejidad.

El hecho de que, en la última primavera, solo en un mes, escuelas de educación infantil, de primaria y secundaria, colegios y universidades se hayan visto afectados en todo el mundo por ataques de ransomware da mucho que pensar. Ese aumento que señalan los expertos tiene que ver, sin duda, con la necesidad derivada de las medidas preventivas contra la pandemia, como estudiar online con preferencia a las clases presenciales.

En su máxima expresión, los ladrones de datos se apoderan del control de los sistemas informáticos y piden un rescate para liberarlo. Rescate que la policía desaconseja que se haga efectivo.

He ido descubriendo que los más jóvenes resultan atractivos para los ciberdelincuentes porque sus datos están limpios y se les puede robar la identidad sin que nadie se entere hasta bastantes años después. Y parece que en el mercado negro se llega a abonar por ellos hasta 350 dólares.

Especialistas en estas áreas comentan que, de forma genérica, puede decirse que ocurre en el mundo académico, igual que en el caso de ayuntamientos, agencias de seguros u hospitales, en bases de datos muy bien estructuradas y, muchas veces, poco defendidas.

El auge de lo online hace a las bases de datos más ubicuas y golosas por su tamaño. En muchas ocasiones no se trata de un objetivo personal concreto, sino de engordar bases y bases de datos para entrenar algoritmos. Pero sucede que cuánto más crítico es un servicio, su propietario es más proclive a pagar para recuperar el acceso a los datos.

Desde el punto de vista de un alumno avispado, hay determinadas informaciones muy críticas: las preguntas de un examen, las notas, los datos sensibles de un profesor. Porque, explican, “si se pueden ver, se pueden modificar”. Y no hay que olvidar un aspecto crucial en el caso de las universidades, quizás el que más, porque en esos centros docentes superiores se generan muchas patentes y mucho conocimiento. De este modo, los ataques se convierten en un tipo de espionaje industrial para vender el botín capturado.

En una entrevista al responsable de sistemas tecnológicos de la Universidad de Comillas decía que el incremento de la tele docencia ha supuesto a su vez el aumento del uso de dispositivos particulares y se ha hecho necesario para la institución elevar la seguridad a los servicios en la nube y a los dispositivos que no son propios, pero se conectan a la red. Problemas que hasta hace poco no estaban presentes y que están obligando a las instituciones académicas a intentar ponerse al día en aspectos hasta ahora impensables pero que cuando llegan, desbaratan la actividad.

A mediados de octubre, la Universidad Autónoma de Barcelona ignoraba, después de varios ataques sufridos de ransomware, si podrían tener restaurado el sistema para Navidad. ¿Se imaginan el trastorno? Es una situación que corre en paralelo en diferentes países. A finales de noviembre, la pontificia Universidad Javierana, en Colombia, se encontraba con los servidores bloqueados y avisando a alumnos y docentes de la situación. Tampoco sabían hasta cuando podría darse por acabado el incidente.

Pero también los expertos hablan de una luz de esperanza al final del camino. Platean como posibilidad la experiencia de otros países que están trabajando en la instauración de planes de rescate que facilitan fondos a las instituciones docentes para que puedan abordar formulas para dotar de ciberseguridad a sus instalaciones o incluso para abonar los rescates exigidos. El problema, es que aún falta tiempo para llegar a ese horizonte de apoyo económico mientras los delincuentes no descansan.

 Ángel Gómez de Ágreda autor de Mundo Orwell, manual de supervivencia para un mundo hiperconectado afirmaba en una entrevista: “Cuando ves lo que hacen algunos chavales en concursos de ciberataques, inquieta y mucho. Tengo muy claro que para conseguir armas atómicas hace falta mucho dinero, tiempo, medios y talento. Para el equivalente en el mundo digital solamente hace falta talento. Y ganas de utilizarlo para buscarle a alguien las cosquillas. Cualquiera puede construirse armas de distracción masiva, aunque no de destrucción masiva”.

La sensación de vulnerabilidad e indefensión que provocan esas situaciones añade un punto más de vértigo a la vida cotidiana ante impensables amenazas tan sorprendentes como el control remoto de tu ordenador para extraer toda tu vida allí almacenada. O que alguien lo utilice de manera silenciosa para acumular criptomonedas, que es lo que hacen quienes atacan mediante el temido cryptojacking.

 A estas alturas resulta que, agazapada en mi veterano PC, acaso exista una fábrica de dinero…  ¿Quién me lo iba a decir?

Hackeo a la educación

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‘HACKEO’ A LA EDUCACIÓN

Los asaltos a centros educativos no son algo anecdótico, obra de un francotirador del ciberespacio. Forman parte de un bombardeo a muchos sectores

El sector educativo está entre los tres objetivos preferidos de los piratas informáticos. La inmersión en el mundo digital de escuelas y universidades durante la pandemia las ha expuesto más a sus ataques. El gran número de datos que manejan es un gran botín de los hackers.

La imagen que tenemos de un pirata informático que ataca a una universidad es la de un joven con capucha o gorro de lana, aunque esté calentito en su habitación.  En su monitor se suceden infinidad de números verdes fluorescentes hasta que le aparece el mensaje: “acceso permitido”. Accede a la base de datos de la universidad y cambia sus calificaciones. Bien.. pues nada más lejos de la realidad.

Los asaltos a centros educativos no son algo anecdótico obra de un francotirador del ciberespacio. Forman parte de un bombardeo a muchos sectores. Sin embargo, cuando una “bomba” , en forma de email pernicioso, revienta en una organización educativa, la explosión es en cadena por el alto número de usuarios a los que alcanza. Además la educación tiene una gran superficie de exposición a los ataques por  su gran interconexión para recibir clases online o por su número de redes wifi públicas.

Los estudios son diversos pero coinciden. El de Ciberamenazas 2021 de SonicWall, una empresa de seguridad informática con más de 1,1 millones de sensores repartidos por 215 países, señala que los ataques a gobiernos se han multiplicado por nueve, al sector educativo y sanidad prácticamente por seis. Otro estudios también de empresas de ciberseguridad como SecurityHQ o Check Point Research (CPR)  coinciden en que la educación está entre los tres sectores más ciberatacados. 

¿ El objetivo  es la educación?

Presentar a Marta Beltrán es difícil o bien porque  su currículum es muy largo:  ingeniería electrónica, licenciada en Físicas, doctora en Informática, etc. o porque estudia sobre áreas poco comunes para el resto de los mortales: “sistemas distributivos, seguridad en Cloud, Edge, gestión de identidades y accesos, etc.”  Pero es de las más adecuada para hablar de  ciberataques a centros educativos: es profesora y coordina el Grado en Ingeniería de la Ciberseguridad en la Universidad Rey Juan Carlos.

 


LA EDUCACIÓN TIENE UNA GRAN EXPOSICIÓN A LOS ATAQUES POR SU INTERCONEXIÓN PARA RECIBIR CLASES ‘ONLINE’ O POR SU NÚMERO DE REDES WIFI PÚBLICAS

 

“Los ataques no se dan porque los piratas tengan especial manía  a la educación sino por su alto grado de digitalización”. ¿Por qué hay tan pocos ataques en la administración de justicia? “Porque todavía siguen con papel. En cambio, en la universidad hay miles de alumnos  conectados, sobre todo después de la pandemia que nos trasladó completamente al mundo digital. Por probabilidad hay más posibilidades de éxito. Basta que un profesor/alumno se infecte de un virus y, si no hay la seguridad suficiente, caigan miles” , señala.

“Tenemos tus datos”

La mayor parte de los ataques son ransomware o “secuestro de datos”. Se trata de un software malicioso que cifra todos los archivos y piden un rescate a cambio de descifrárselo para que pueda volver  a trabajar. Pero todo puede ir a peor, como señala Beltrán: “desde hace medio año a este chantaje se suma otro: si no pagan filtrarán todos los datos en internet”.

Es decir, aumentan la tensión en la víctima. Por un lado, por no poder trabajar al  bloquear  miles de historiales académicos, clases…y por otro, la fuga de datos supone un daño reputacional grave. Lo primero, se puede resolver si se han hecho copias de seguridad de los archivos.  Pero en la fuga de datos no hay subsanación posible y es denunciable por alumnos o pacientes, si es un hospital.  En España hay obligación de notificar una brecha se seguridad con fuga de datos personales antes de 72 horas a la Agencia Española de Protección de Datos. A continuación se le hace un examen  para cerciorarse de que tenía las medidas adecuadas para proteger los datos según la ley (Reglamento General de Protección de Datos (GDPR) 2016/679 y Directiva (UE) 2016/1148). A partir de ahí,   si concluyen que esa brecha de seguridad era inevitable no habría sanción pero si se descubre que no se tomaron las medidas adecuadas se multaría. Ahora bien, si no hay fuga de datos privados no hay obligación para una empresa privada de comunicar un ciberataque, por lo que muchos de estos no nos enteramos. 

 ¿Pagar el chantaje?

Hay algo que no cuadra. Una institución pública no puede pagar un chantaje a un delincuente  entonces: ¿qué sentido tiene atacar a una organización educativa si saben que no conseguirán dinero? Beltrán lanza tres claves :

Primero, porque el ataque se lanzó  de forma indiscriminada. Por ejemplo, en una campaña de  tres millones de correos fraudulentos es muy probable que uno de ellos acabe en una cuenta de un alumno o profesor porque son miles. Con que uno de ellos funcione puede contaminar al resto.  No es un ataque dirigido, fue probabilidad.

Segundo, el criminal que puede estar en un lejano país no sabe que la mayoría de universidades en España son públicas y que no pagarán. Pero lo lanza creyendo que se pueden comportar como una privada, como son la mayoría en EE.UU, que son autónomas para pagar o no un rescate.

Tercero, esta vez sí, el criminal busca el ataque concreto contra una universidad que sabe que no pagará por el rescate de sus datos. Pero lo comete para conseguir prestigio o también por interés político o estratégico para dañar la imagen de una universidad reconocida, por ejemplo.

 


EN ESPAÑA HAY OBLIGACIÓN DE NOTIFICAR UNA BRECHA DE SEGURIDAD CON FUGA DE DATOS PERSONALES ANTES DE 72 HORAS A LA AGENCIA ESPAÑOLA DE PROTECCIÓN DE DATOS

 

El ciberataque a la Autónoma

Fue el último y más importante contra una institución educativa en España. Ocurrió el 11 de octubre y aún tres meses después se notan sus efectos. Nos enteramos del ataque por los propios usuarios.  Anuló 1.200 servidores, 10.000 ordenadores y afectó a más de 50.000 usuarios entre alumnos y empleados. El tipo de ataque fue un  ransomware que encriptó los datos y solicitaba dinero para volver a hacerlos accesibles. La UAB ha negado pagar el rescate. Sin embargo, ha tenido que recibir una ayuda de casi 4 millones de euros para volver a la normalidad y garantizar su seguridad.  Si este es solo el coste para una universidad, a nivel mundial es difícil  imaginar el de todos ellos. Aún así, algunos medios especializados como  “Cybersecurity Ventures” señalan que el coste de todos los ciberataques en el mundo, no solo educación, es de cinco billones de euros.

 Sin embargo, pese a que la educación recibe muchos asaltos informáticos, Luis Blanco, jefe de tecnologías de la Información de la Universidad de Comillas, que apuesta fuerte por la seguridad, apunta a que  “de las 72 universidades, diría que un 50% está preocupado por la seguridad y tomando medidas, y el otro 50% está expectante a ver qué hace el resto”. Es decir, parece que se hace más bien poco. De hecho, no hay medidas estandarizadas entre universidades,  cada una se protege como quiere o puede.  Ahora bien, su título no corre peligro. Lo habitual es que el acceso a la información más importante (titulaciones, expedientes, etc.) tenga doble autentificación y cuentan con hasta cuádruple copia de seguridad. Pero como siempre la seguridad no existe al 100% . Por si acaso, no quite el diploma que tiene colgado.

AQUÍ HAY TRABAJO (Y MUCHO)

El mayor problema de las redes es la falta de profesionales bien formados. Así, según los datos de noviembre de 2021 del INCIBE (Instituto Nacional de Ciberseguridad) en Europa no se cubren 168.000 puestos en ciberseguridad, cifra que asciende a 3,1 millones a nivel mundial. Antes de dejar corriendo la revista y apuntarse a un curso. En esta dirección… tiene los centros reglados. 

¿Somos una potencia en ciberseguridad?

España tiene varios organismos que se encargan de la seguridad digital: el Consejo Nacional de Ciberseguridad, el Foro Nacional de Ciberseguridad, el Centro Criptológico Nacional , el Instituto Nacional de Ciberseguridad (Incibe), etc. Además, somos el cuarto país más ciberseguro según el Global Cibersecurity Index de 2020, el principal informe sobre ciberseguridad internacional de la Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT), organismo dependiente de Nacionales Unidas. Sin embargo, nuestro país quedó fuera de la reunión virtual que convocó EE.UU. en octubre y que reunió a 30 naciones para coordinarse frente a los ciberataques.  Nos dejaron fuera como a Rusia, y eso que en nuestro país no hay hackers organizados.

Suspenso en protección

Eduardo Brenes (en Twitter @BrenesEdu) es jefe de la división ibérica de Sonic Wall, empresa estadounidense de ciberseguridad.  Viendo los fallos que han detectado en el sector educativo es fácil el remedio: hacer lo contrario. Según sus datos el 63% de las escuelas no revisan los permisos de forma regular; el 22% no sabe cómo se otorgan los derechos de acceso e incluso el 24% otorgó acceso directo a toda solicitud.  Sólo el 18% de las instituciones educativas tiene un profesional de ciberseguridad dedicado a tiempo completo.

Internet también contamina

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INTERNET
TAMBIÉN
CONTAMINA

Que no salga humo no significa que no contamine. Lo que sucede es que la “chimenea” está lejos de su casa, concretamente allí donde están los servidores que albergan el contenido. Se calcula que el sector de las tecnologías de la información produce el 2,5% de CO2 de las emisiones mundiales, superior al de la aviación comercial con un 2%.
GABRIEL CRUZ

@Gabrielcruztv

Calculadoras de carbono.

Para saber cuál es la huella que deja desde nuestra empresa a una explotación agrícola e incluso un ayuntamiento, el Ministerio de Transición Ecológica dispone de una calculadora. Otras empresas privadas también lo hacen y a cambio piden aportaciones para sus proyectos de reforestación con el fin de neutralizar esa huella de carbono.

¿Cuándo fue la última vez que consultó una palabra en un diccionario de papel?

No se trata de regresar a tiempos pretéritos. Contamina menos una videoconferencia que viajar todos sus participantes a un lugar común. Incluso conocí a un dirigente ecologista que estaba en contra de los vehículos eléctricos porque las micropartículas de los neumáticos contaminaban (¿pensaría moverse a caballo?). En cualquier caso, se trata de ser conscientes de que también internet contamina para poner soluciones. 

Un dato muy extendido y muy gráfico lo calculó Rabih Bashroush, profesor de infraestructuras digitales de la escuela de la Universidad Este de Londres. Según este ingeniero los cinco mil millones de veces que se reprodujo por internet el video musical de la canción Despacito, el éxito de 2017, consumió 250.000 toneladas de dióxido de carbono en solo un año. Es el equivalente a lo que consumieron Chad, Guinea-Bissau, Somalia y Sierra Leona.

Netflix reconoce que ver una hora en España provoca una emisión de 55 gramos de CO2, como si hiciera cuatro bolsas de palomitas en un microondas. A esto se suman la ingente producción de redes sociales (Tik Tok, etc. ) que generan contenidos sin parar. 

Nubes negras

Billones de archivos o cientos de miles de películas, a los que se conecta a través de internet, están en un lugar físico. Son los servidores conocidos como la “nube”. Aunque su nombre evoque algo etéreo y neutro consume una gran electricidad. Nosotros visitamos una en Alcobendas (Madrid). Para empezar, no son blancas sino enormes pasillos negros llenos de discos duros funcionando sin parar. Hay mucho ruido de los ventiladores del sistema de refrigeración que evitan que los discos duros colapsen por el propio calor que generan en su funcionamiento. Consumen tanta energía, que en caso de corte de suministro funcionarían generadores de barco para abastecerles de electricidad.  Sobre esto tenemos un claro ejemplo de ese interés del que hablábamos al principio por buscar soluciones: el proyecto Natlick de Microsoft, que ha comprobado que sumergiendo sus centros de datos en el mar del Norte en Escocia se reduciría al máximo su consumo de energía para refrigerarlos.

 


Un estudio de la Universidad de Cambridge calculó que la red Bitcoin consume anualmente la misma energía que Noruega

 

Todo deja huella

Si bien las estadísticas son dispares, coinciden en que el consumo energético de internet genera más contaminación que la aviación mundial, ya que algunos expertos incluyen la contaminación que provoca la extracción de minerales para componentes, su fabricación y transporte.  Es decir, aunque no nos conectemos ya se ha creado una huella ecológica. Así, hay cálculos que apuntan a que para que un ebook sea más “ecológico” que un libro de papel tendríamos que leer 33 obras digitales de 360 páginas cada una.  Otros cómputos aseguran que un correo electrónico de una lectura de un minuto equivale a unos 3 gramos de CO2 si lo enviamos por el móvil, pero si es por el ordenador, que consume más, supondría 5 gramos.

Aunque lo que de verdad llama la atención es el caso de las criptomonedas, lo que para algunos es una estafa piramidal para otros es una oportunidad de especulación basada en la minería de datos. Es decir, en tener miles de ordenadores trabajando sin descanso para descifrar los códigos en los que se basa el sistema. El 70% de estas granjas se encuentran en China, otra cruz más para el país más contaminante del mundo. Un estudio de la Universidad de Cambridge calculó que la red Bitcoin consume anualmente la misma energía que Noruega. El consumo anual de electricidad usado en la extracción de monedas digitales es de alrededor de 66 Terabatio hora TWh por año, una cuarta parte del consumo anual de España. A esto súmele productos de lo más variados. Por ejemplo, el arte criptográfico o NFT que hace único a través de un código un video o foto digital del que en realidad se pueden hacer copias. La desconfianza es la misma que con las criptomonedas, pero da igual, genera dinero que es lo importante.

Lo que está claro es que conforme aumentan los beneficios de una empresa digital crece su huella ecológica. Greenpeace en su informe sobre contaminación en internet (Clicking  Clean 2017, aún no ha publicado uno más actualizado) señala que Amazon  solo usaba un 17% de energía renovable, Youtube un 54% y Facebook un 60% .

Ahora surgen empresas certificadoras especializadas en otorgar sellos de neutralidad de carbono a páginas web. Lo entregan a cambio de invertir en proyectos de deforestación en los que por ejemplo se entrega 9,75 euros por cada tonelada de dióxido de carbono producida. Lo que nos llama la atención es que al pinchar en algunos de esos certificados descubrimos que las entidades que lo otorgan son empresas de marketing y comunicación. Todo es negocio. 

Nomofobia: no sin mi móvil

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Nomofobia: no sin mi móvil

Para comprobar si está “enganchado” a su smartphone es necesario ser sincero. ¿Tiene insomnio? ¿Ansiedad y estrés inexplicable? ¿Se vuelve violento si se lo quitan? ¿Padece un vacío permanente cuando no lo tiene? Si suma muchos síes, en este reportaje sabrá lo que le sucede. O podrá orientar a alguien de su entorno. Porque según las estadísticas es una de las adicciones actuales más frecuentes.

GABRIEL CRUZ

Fue en 2004 cuando hice el reportaje. Entonces me tomaron por alarmista, y al psiquiatra que entrevisté, Blas Bombín, de Valladolid, de exagerado. Apenas quince años después la “adicción al móvil” es habitual en la prensa, incluso hay clínicas psicológicas especialistas en su desintoxicación. El trastorno tiene denominación propia: nomofobia, la abreviatura, en inglés, de “no-mobile-phone phobia”. Es decir, miedo a quedarse sin móvil, desconectado.

Se da una confusión al convertir en sinónimos la nomofobia (miedo a quedarse sin teléfono) con la adicción al móvil (estar constantemente con él). Hay un tercer trastorno unido a estos dispositivos, la textaphrenia: la ansiedad de pensar que ha llegado un mensaje cuando no es así o las “vibraciones fantasmas”, la sensación de que su teléfono le envía una notificación cuando no lo hace.

El caso es que por su cercanía conceptual la nomofobia está absorbiendo el significado de adicción al móvil. Y ¿en qué consiste este problema? En el fondo hablamos de adicción a las redes sociales; el móvil es solo su vía de consumo. Un alcohólico no es adicto a la botella sino al alcohol que contiene.

Hay varias estadísticas sobre el tema. La consultora Ditrentia, extrapolando datos, señala que hay 7,6 millones de españoles que se consideran “adictos” al móvil y que “los españoles pasan 5 horas y 14 minutos diarios conectados a internet”. La ONG Protégeles señala que el 21% de los adolescentes españoles es adicto a la Red, casi el doble que la media europea. Entre tanto dato, quizá el estudio más concluyente sea el de Ana León y Mónica Gutiérrez, de la Universidad de Internacional de La Rioja. En 2020 analizaron los 108 estudios científicos publicados desde 2010 a 2019 sobre el tema. Su dictamen muestra la disparidad de conclusiones: las personas en riesgo de nomofobia podrían variar desde el 13% hasta el 79% y los que la padecen entre un 6% y 73%. Es decir, casi 60 puntos de diferencia según cada estudio. Al menos, encontraron un punto en común entre todos ellos, y es que las mujeres y los jóvenes tienen mayor riesgo a padecer ese miedo irracional a separarse del móvil.

Una adicción como cualquier otra. Algunos psicólogos creen que no deberíamos hablar de adicción a las redes sociales en los mismos términos que a las drogas o el juego. Aunque la mayoría los equipara. De hecho, un estudio de la Universidad Estatal de San Francisco (EE. UU.) publicado en la revista NeuroRegulation aseguraba que la adicción al móvil generaba las mismas desviaciones en las conexiones neuronales que los opiáceos. Su abstinencia también genera comportamiento agresivo. El popular juez de menores Emilio Calatayud, de Granada, ahonda en esta idea: “nos traen a los chicos porque han agredido a los padres, pero en cuanto se escarba un poco aparece la adicción a los móviles y las tabletas.”

Blas Bombín, psiquiatra, señala que el tratamiento de los adictos a las redes sociales es muy parecido al de cualquier otra sustancia. Su colega Marian Rojas Estapé lo corrobora: “se les trata con fármacos semejantes a los adictos a la cocaína”. Pero, ¿cómo es posible llegar a esa situación? “Somos adictos a sensaciones y la sensación más placentera es la de sentirse querido. Así que cada vez que hay un like o una notificación en el teléfono, se genera un chispazo en nuestro cerebro de dopamina, la hormona del placer”. Los adolescentes y niños al no tener desarrollado aún el lóbulo frontal, que es el encargado de dominar los impulsos, son los que tienen más riesgo de quedarse enganchados. Y es que esta droga sin sustancia destroza vidas. Bombín me narra el caso de un muchacho de 22 años que además de destrozar a su familia cayó en otras drogas y se acabó suicidando.

¿Y cómo conseguir tener una buena relación con su móvil? Piense que un buen trabajo es reconocido sin necesidad de que tuiteen sobre él. Elimine aplicaciones (como nos confesó una joven bachiller: “quité Instagram porque me daba ansiedad”), marque un momento del día para acceder a las redes sociales por un tiempo determinado y realice pequeñas salidas sin móvil. Verá como no se ha perdido absolutamente nada.

¿Y en Twitter qué dicen?

Si quiere información de última hora en Twitter, no busque por adictos al móvil, muchas son cuentas vacías. Mejor busque #nomofobia. Verá multitud de tweets relacionados con el tema, muchos de ellos, de psicólogos. Por ejemplo, este profesor universitario @joaquinmgc nos advierte de cuándo tenemos un problema.

 «¿Tu relación con el teléfono móvil incluye esto?

  • ansiedad
  • nerviosismo
  • usar el móvil en reuniones de amigos
  • tener siempre cerca el móvil
  • sentirse mal cuando no lo llevas
  • justificar el uso excesivo del móvil

Empieza a preocuparte. Son indicadores de #nomofobia»

 Por otro lado, esta pedagoga @NuVallejo nos recomienda:

  1. Apaga el móvil por las noches
  2. Elimina notificaciones de redes sociales
  3. Aleja el móvil cuando estés concentrado en otra tarea
  4. Planifica espacios y salidas sin el móvil

Las ventajas de las videollamadas son indiscutibles. Ahorran desplazamientos y suponen un balón de oxígeno para el medioambiente

«Metaverso»: vivir en otro mundo sin salir de este

LA @

'Metaverso'. Vivir en otro mundo sin salir de este

¿Qué tal esquiar en los Alpes, escalar acompañado de Spiderman, jugar al fútbol con su equipo preferido o seducir a la mayor estrella de Hollywood? No le diremos eso de que “deje volar su imaginación”. Hasta eso nos parece cansado. Simplemente, póngase sus dispositivos de realidad virtual y sea lo que quiera en el metaverso: el nuevo mundo digital. También puede ser más prudente respetar las leyes físicas del mundo real y ensayar su último producto. Habrá entrado en el omniverso. Eso sí, ambos se ven, pero no se tocan.

GABRIEL CRUZ

Quizá la introducción le haya parecido exagerada pero casi todo es posible cuando hay dinero de por medio, y aquí lo hay. Las empresas más potentes del planeta como la red social Facebook o el mayor fabricante de procesadores Nvidia aseguran que invertirán cientos de millones de dólares en el mundo virtual paralelo. Facebook tiene su propia división de realidad virtual “Reality Labs” y está dispuesto a contratar a unas diez mil personas en Europa para desarrollar su metaverso. Gigantes de videojuegos como Epic Games gastarán mil millones de dólares en crear su universo virtual. Los gigantes tecnológicos chinos son los últimos que también se unen a la iniciativa.

Un espacio virtual. Básicamente, el metaverso es un espacio virtual donde se puede interaccionar con otras personas que también han creado su personaje, denominados avatares. ¿Que quiere ser alto y guapo? pues con unas plantillas que le proporciona la plataforma ya lo es. ¿Prefiere ser una jirafa con alas? pues lo mismo. Unas gafas de realidad virtual y unos mandos en las manos ayudan a crear la sensación inmersiva. Pero podría ir a más: en el mercado hay trajes como el tesla suit que transmite a través de sus 128 conexiones sensaciones como frío o calor, incluso hace sentir el impacto de un disparo, pero sin ese mismo dolor, claro.

La realidad virtual ha dado un paso más. Pasamos de interaccionar con una máquina a hacerlo con una multitud de personas. Es como si fuera una red social, pero con una sensación mucho más real. Tanto que en algunos metaversos, por ejemplo Roblox, se han creado clubes de striptease. No se asuste, las imágenes son bastante pobres, con un aspecto de jugadores de Lego. Todavía quedan años para que se mejore la tecnología. Aun así, varios metaversos están funcionando: Decentraland, Cryptovoxels, Somnium Space, Axie Infinity, Webaverse o Earth 2.

Además del mundo virtual lúdico, Facebook se ha decantado por una versión más productiva y ha creado Horizon Workrooms para reuniones de trabajo. Cada participante crea su réplica virtual para reuniones. A primera vista, se abren tantas opciones como tenía internet en sus comienzos. De hecho, Mark Zuckerberg, presidente de Facebook, está convencido de que se convertirá en el nuevo internet.

Quizá todo esto les recuerde a esa red social de hace varios años: ‘Second Life’ una especie de videojuego en línea que cayó en desuso… La pregunta es inevitable: ¿Está la industria tecnológica volviendo a vender humo con el metaverso? ¿Se acuerdan de la burbuja de las puntocom? Un dato para recordar: en el año 2000, Telefónica pagó 9.768 millones de euros por el buscador Lycos. Cuatro años después vendió la mayor parte de la empresa por 73 millones. Es decir, el 0,75% del precio por lo que la compró. Para algunos, el problema que tuvo Second Life fue llegar demasiado pronto a un mercado inmaduro. Faltaban avances tecnológicos como los que ahora proporcionan los equipos de realidad virtual.

Cesar Córcoles, profesor de estudios de informática de la Universidad Oberta de Catalunya, cree que se trata de una apuesta arriesgada. “Nada nos asegura que en cinco años esto sea la forma natural de comunicarnos. Es una opción. Pero lo que para nosotros es una inversión enorme, para un gigante como ellos no lo es tanto. Veo complicado que esto sea nuestra forma de interactuar. Triunfará cuando la mayoría de gente decida pasar más tiempo con unas gafas virtuales que fuera de ellas. Pero ahora no creo que la sociedad acepte vivir con un casco delante de los ojos”. Algunas fuentes señalan que actualmente son un millón los participantes activos en los diversos metaversos.

Cesar Córcoles apunta a que en el futuro seguramente “serán más millones los que pasen de un videojuego en línea a un metaverso, pero no es nada comparado con los millones de personas que tienen internet, usan móviles o abren cuentas en el propio Facebook”.

El metaverso de las empresas. 6+De todos los universos que existen, uno podría, aparentemente, tener más proyección. Es el que está orientado al mundo empresarial, como omniverse, creado por Nvidia, el fabricante más importante de microprocesadores. Aquí no se puede ser una jirafa que vuela; no queda más remedio que respetar las leyes de la física que rigen el mundo real.

Su objeto es crear un gemelo digital de nuestra fábrica para poder probar todas las modificaciones que queramos implantar (pero sin romper nada, que para eso es virtual).  El secreto está en una buena recogida de datos mediante sensores. Así se recrea una fábrica virtual idéntica a la original. Con las mismas limitaciones.

Según Nvidia, varias empresas se han lanzado a hacer sus ensayos en su metaverso. Por ejemplo, BMW prueba si sus canales de producción pueden ser más eficientes. Pero omniverso va más allá de una fábrica: Ericsson, la multinacional de telecomunicaciones, quiere ensayar sus equipos de telecomunicaciones en ciudades virtuales, y el estudio de arquitectura Foster simula el comportamiento de sus futuras construcciones. A primera vista, las ventajas parecen claras. La contrapartida está en el esfuerzo de trasladar detalladamente el comportamiento del mundo real al virtual para que estos ensayos sean lo más realistas posibles.

Cuidado con el 'metaverso' que visita

En algunos de estos universos paralelos se proponen negocios que a los más escépticos les pueden parecer un absurdo que, incluso, rozan la estafa piramidal. Casos polémicos son los de Earth 2 o Decentreland, donde se ponen a la venta parcelas de terrenos virtuales que se pagan en criptomonedas. Luego puede venderlos a terceros e intentar sacar un margen de beneficio. Parece raro pero así funciona el mercado. Si para alguien algo tiene valor y lo quiere comprar, hay negocio. Un ejemplo: se están creando mundos virtuales en los que el avatar es un jardinero y hay que estar pendiente de regar las plantas.

Y es que lo que para algunos puede ser una pérdida de tiempo, para otros es un gran negocio. De hecho, en el mundo real se puede invertir en los negocios de metaverso a través de un fondo cotizado en la Bolsa de Nueva York, el “Roundhill META ETF”. A finales de octubre, el valor de todas sus acciones era de 121 millones de dólares.

El origen del metaverso

La primera idea de metaverso o universo paralelo digital se lanzó en la novela Snow Crash de Neal Stephenson de 1992, que se convirtió en superventas.  Ambientada en Los Ángeles de principios del siglo XXI, narra la historia de un joven repartidor de pizzas que vive en una realidad paralela a través de su avatar, su otro yo virtual.

Horizon Workrooms

Es un paso más en las videoconferencias para ser más inmersivas. Cada participante crea su réplica virtual o avatar. Es aconsejable contar con un equipo de realidad virtual (gafas y puños). Como no podía ser de otra forma, Facebook fabrica las suyas: oculus quest, con un precio alrededor de los 400 euros. Los que no tengan equipo pueden participar, pero aparecerán en una pantalla plana dentro del universo, como en una videoconferencia tradicional. El sonido de reverberación da la sensación de estar delante de la persona.

«La metatrampa del metaverso», por Esther Paniagua

LA @

 
ESTHER PANIAGUA, 

periodista y autora especializada en tecnología

 

La metatrampa del metaverso

www.estherpaniagua.com

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El metaverso. La idea mágica de caminar por el ciberespacio sin barreras. De experimentarlo con nuestro cuerpo: del clic a la integración del movimiento, la voz, la mirada y los gestos. Un entorno donde ya no media la pantalla, sino un visor y unos sensores que nos sumergen en una reproducción digital en 3D del mundo físico, y de cualesquiera otros mundos por imaginar.

El metaverso, multiverso, omniverso o como lo quieran llamar, es un planeta virtual con sus tiendas, bancos, cines, escuelas y parques de atracciones y de entretenimiento. Un lugar donde trabajar, crear, reunirse, socializar, jugar, bailar, viajar… pero, sobre todo, un lugar donde consumir y donde comprar. Todo ello sin moverse del sofá. Un nuevo reino de reinos en el que múltiples corporaciones (Facebook o Meta, Nvidia, Microsoft, Epic Games, Google, Apple, Fortnite…) compiten por reinar.

Ninguna de ellas construirá por sí sola el metaverso, o al menos no uno que funcione como tal. En un entorno digital amurallado no puede haber libre movimiento, que es condición necesaria para una experiencia de inmersión real sin fricciones. Un entorno digital hipercentralizado como el actual no es terreno para ese universo, por lo que al menos en sus comienzos será un campo abierto.

Sin embargo, por lo que sabemos y por cómo hemos visto actuar a las empresas que dominan el espacio digital, es esperable que quieran afianzar su dominio cerrando ese espacio, una vez el metaverso sea un entorno consolidado. A ello aspiran: a ser los dueños de la galaxia digital. O, al menos, de uno de los planetas de ese universo del más allá virtual. La gran oportunidad de convertirse en poder supremo. El sueño totalitario.

Es también el sueño de la eficiencia. Por una parte, en el ámbito industrial y corporativo, con la generación virtual de réplicas de los productos y componentes antes de crearlos, y la posibilidad de hacer seguimiento y predicciones. Son los ‘gemelos digitales’, que pueden ayudar a las organizaciones a simular escenarios que requerirían mucho tiempo o serían caros de probar en entornos físicos. Y también -dicen- ahorrar mucho dinero y CO2.

Por otra parte, conecta con el anhelo humano de la inmortalidad. Como dice Sara Lumbreras en Respuestas al transhumanismo, la virtualización de la vida representa la eficiencia frente a un cuerpo biológico que requiere sustento. El metaverso confina la existencia humana a una representación, aunque de momento sin desaparecer los límites biológicos. Si algún día se lograse descargar nuestro cerebro en un sustrato digital, como intentan transhumanistas como Elonk Musk, toda nuestra ‘vida’ sucedería dentro de una simulación. ¿Es eso lo que queremos?

Incluso sin llegar a ese extremo, con una versión más rudimentaria del metaverso, existe el riesgo de que este resulte tan atractivo que las personas quieran trasladar la totalidad de sus vidas a ese mundo virtual. ¿Qué supondría eso para la humanidad? ¿Cómo afectaría al desarrollo de los niños?

Poco importa eso al puñado de empresas de Silicon Valley que se han propuesto presentar el metaverso como algo inevitable y asociado al progreso: «la tercera generación de internet». El metaverso -dicen- «va a ser la revolución más grande en plataformas informáticas que el mundo haya visto: más que la revolución móvil y que la revolución web». Algo que seguirán repitiendo hasta la saciedad para generar un entorno favorable al desarrollo de ese universo virtual tan conveniente para sus negocios.

Por supuesto, en ese mundo no solo seguirán presentes todos los problemas asociados a nuestras vidas conectadas, sino que muchos de ellos, como el de la adicción a internet, se exacerbarán. «El metaverso es una pesadilla distópica», dice John Hanke, fundador y director general de Niantic (la empresa creadora de Pokémon GO).

Las violaciones sistemáticas de la privacidad y los derechos humanos continuarán y se agravarán. Los ciberataques aumentarán (desde avatares pirateados hasta estafadores que suplanten otras identidades mediante tecnologías de falsificación hiperrealista o deepfakes). Los ciberdelincuentes aprovecharán las vulnerabilidades de esos mundos emergentes, y se requerirán nuevas tecnologías y protocolos para tratar de hacerles frente.

Muchos problemas de la digitalización y de la automatización vienen de que estamos trasladando a lo digital las mismas estructuras y procesos que sabemos que no funcionan, en lugar de aprovechar para repensarlos: para desburocratizar, para mejorar los servicios públicos y privados, para facilitar la participación democrática y el acceso.

En lugar de pensar en llevar el mundo virtual que conocemos a un siguiente nivel, reproduciendo y perpetuando sus lacras, debemos centrarnos en arreglarlo primero: en hacer que funcione para todo el mundo, en construir espacios democráticos, cívicos y saludables basados en el respeto a los derechos humanos.

Si queremos apostar por ese mundo virtual y que funcione para todo el mundo, ha de ser con reglas dirigidas a evitar que unas pocas grandes empresas centralicen el sistema -como ha pasado hasta ahora con los recursos de internet- y que basen su modelo de negocio en la extracción y explotación de nuestros datos más íntimos.

Para eso necesitamos reglas claras y valores guía que nos ayuden a no perder el rumbo en la construcción de esos mundos. Pero hay un paso previo: pensar si realmente queremos desarrollarlos y si estaríamos dispuestos a vivir en ellos. De momento, el metaverso es una broma, una diversión mediática sobre algo que está por venir. Pero mañana, sin darnos cuenta, puede convertirse en una realidad de la que queramos huir.

Dímelo a la cara

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Dímelo a la cara

Las videoconferencias fueron la gran solución para superar el distanciamiento provocado por las restricciones de la pandemia. Tras el entusiasmo de su llegada llegó el cansancio de su uso continuo. Después de más de un año como herramienta diaria de trabajo, ¿frenaremos un poco? Videoconferencias sí, pero para algunos asuntos “mejor quedamos y me lo cuentas”.

GABRIEL CRUZ
Era una reunión de “lluvia de ideas» en la que participaba para la elaboración de un documental. Tras media hora de videoconferencia el productor sugirió: “esto no funciona. ¿Os parece bien si nos vemos físicamente y lo zanjamos? Creo que va a ser más productivo”. Finalmente, no nos citamos porque había algún participante con síntomas de covid. El caso es que, como asegura el estudio Cybersecurity in the Age of Coronavirus realizado por la empresa informática Twingate en junio de 2020, parece que se nos ha ido la mano con lo de las videollamadas. Su encuesta, entre más de mil empleados, señala que el 45% de ellos asistió a más reuniones durante la pandemia que cuando trabajaba en la oficina. Otro de estos estudios es Collaborating During Coronavirus: The Impact Of Covid-19 on the Nature of Work (“Colaboración durante el coronavirus: el impacto de COVID-19 en la naturaleza del trabajo”) de Harvard Business School. Lo que nos dicen estudios como este, es que, pese a que aumentan las reuniones, éstas son más cortas. Es decir, que en muchos casos se podrían haber resuelto simplemente con un correo electrónico o una llamada. Contrastando en más publicaciones científicas todas inciden en que han aumentado las reuniones al ser por videoconferencia. Hasta ahí nada nuevo. ¿Qué esperaban con una pandemia a la salida de casa? Ahora bien, el que sean tan habituales ha tenido un efecto curioso: una gran mayoría de los trabajadores se sienten fatigados y agotados tras sus reuniones virtuales. En este sentido, el Laboratorio Virtual de Interacción Humana de la Universidad de Stanford (¿Qué pasará en esta universidad, que aparece en tantos estudios?) señala que la fatiga de las videollamadas se produce porque al estar mirándonos cara a cara, a pocos centímetros, y durante mucho tiempo, el cerebro lo percibe de forma agresiva. Aunque suceda a través de una pantalla. Es decir, a nadie le gusta tener a su jefe mirándole permanentemente. Es estresante. Además, hay que tener los ojos puestos en la pantalla ya que de no hacerlo parece que no se está prestando atención. Por tanto, la sensación que percibe el cerebro es que todo el mundo nos está mirando, incluso en los momentos en los que no se habla. Por el contrario, en una reunión presencial el no hablar es un momento de relajación. Por eso, uno de los consejos para evitar esta fatiga es hacer nuestra pantalla más pequeña o alejar lo más posible la cámara de nosotros. ¿Llegan los locos 20?
De momento, ha pasado un año y medio, y no sé usted, pero por mi parte no he visto ese desenfreno de esa histórica década un siglo atrás. Pero como señala Nicholas Christakis, catedrático de Sociología y de Medicina en Yale, “llegan los locos años 20. La gente empezará a gastar dinero y vendrá el desenfreno. Aumentará la intensidad de las relaciones sociales”. En esto, las videollamadas tienen poco que hacer. Este es un formato rígido, se pierde espontaneidad ya que la interrupción, aun siendo respetuosa, provoca que ninguno de los dos se oiga. Son muy útiles para una reunión programada, pero si es necesaria pasión y energía, esta no fluye por mucha fibra óptica que tengamos. De la misma forma que no es lo mismo escuchar en casa un disco que ir a un concierto o ver un partido de fútbol que ir al estadio. Por mucho que en su equipo de música o en la pantalla de alta definición de su televisión pueda apreciar muy bien los detalles. Las ventajas de las videollamadas son indiscutibles, ahorran los desplazamientos y suponen un balón de oxígeno para el medioambiente. Telefónica calculó que sólo durante los tres meses de confinamiento en 2020 se evitó en España la emisión de más de 2,2 millones de toneladas de dióxido de carbono, el equivalente a plantar un bosque de 36 millones de árboles. Pero ojo, que también las videollamadas tienen su huella ecológica; aquí nadie se libra. Es infinitamente menor que el desplazamiento, pero se produce por su consumo eléctrico tal y como señala el estudio The overlooked environmental footprint of increasing Internet use, de la universidad de Yale. Para evitar tanto gasto, si no es imprescindible, apague la cámara: el consumo bajará. Ya tiene la excusa perfecta por si no se quiere estresar con su interlocutor mirándole a la cara. Y si no, siempre podrá decir: “mejor en persona”.

Las ventajas de las videollamadas son indiscutibles. Ahorran desplazamientos y suponen un balón de oxígeno para el medioambiente

Plataforma para videollamadas

Todas estas son gratuitas en sus funciones básicas y son suficientes para mantener una reunión con un grupo numeroso de personas. Las ampliaciones de pago varían en función de los participantes, duración de las llamadas y grabación.

ZOOM. Quizá es la plataforma de referencia. Tiene un límite de 40 minutos para reuniones de tres hasta las 100 personas. La versión de pago llega a las mil.

SKYPE. Aunque fue de las primeras que comenzó, su mayor problema era que había que crearse una cuenta para poder hablar. Finalmente, esta opción fue eliminada por el Skype Meet Now.

GOOGLE HANGOUTS. Al pertenecer a Google está sincronizado con el correo de gmail.

MICROSOFT TEAMS.  La más popular de todas. La versión de pago permite reuniones de hasta 24 horas, pero teniendo la gratuita de una hora. ¿Necesita más?

Sana, sana. La tecnología que te curará mañana

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Sana, sana...
La tecnología que te curará mañana

Desde la predicción de enfermedades por inteligencia artificial hasta un implante corporal impreso en 3D o una rápida operación con unas gafas de realidad aumentada… La tecnología del futuro será tan común en el quirófano como los guantes y la mascarilla.

GABRIEL CRUZ

Cuando en diciembre de 2018 me invitaron en el Hospital Gregorio Marañón (Madrid) a una demostración de un novedoso sistema quirúrgico, esperaba ver un robot con unos brazos de precisión extraordinaria. Me equivocaba. En su lugar, un cirujano con gafas de diseño futurista hacía extraños gestos con las manos en el aire. Como un director de orquesta, o como el actor Tom Cruise, cuando examinaba la información policial en la futurista “Minority Report”. Se trataba de un sistema de «navegación quirúrgica y realidad aumentada». El médico podía proyectar en sus gafas todas las pruebas radiológicas (TAC, RM, PET) del paciente, haciéndolas coincidir con su cuerpo con un margen de error submilimétrico. Algo así como dotar al cirujano de Rayos X al mismo tiempo que opera, por lo que las cirugías se acortan enormemente.

Cuando salgo de presentaciones sobre «sorprendentes avances» pienso en si no se quedarán solamente en eso: presentaciones. Tres años después de aquello llamé a este y otros hospitales y me confirmaron que este tipo de cirugías con gafas 3D o realidad aumentada ya se hacen regularmente en determinadas intervenciones. En realidad, es solo una parte de todo lo que nos espera. Hay quien dice, incluso, que no enfermaremos…

¿Iremos a los hospitales? Lo asegura la segoviana María González, ingeniera biomédica. Trabajó en una multinacional de dispositivos médicos y, tras completar un master en innovación, se ha lanzado a crear su propia startup (Tucuvi) para el cuidado a distancia de ancianos. “La sanidad del pasado está basada en el diagnóstico y tratamiento en hospitales. Pero la sanidad del futuro se basará en la predicción y los pacientes estarán en su hogar”. Por eso “no enfermaremos”, en realidad, no nos sentiremos enfermos. La tecnología detectará lo que nos pasa antes de que nos sintamos así. González continúa: “Si puedo comprar comida o hacer operaciones bancarias por el móvil: ¿por qué tengo que ir al hospital existiendo sensores que me puedo poner por mi misma? Esa información a través de la inteligencia artificial (IA), que recoge millones de variables y de datos, nos dirá qué nos pasa y cuando no lo sepan nos derivarán a un médico humano para diagnosticarnos. Digamos que los hospitales serán grandes centros tecnológicos y en todo caso se harán algunas operaciones o pruebas”. Es decir, la medicina estará basada en la prevención gracias a la inteligencia artificial. Este será su gran campo de avance. Combinar millones de datos, cuantos más mejor, para sacar patrones de enfermedades y actuar en el enfermo cuando aparezcan los primeros síntomas. Hay un ejemplo indiscutible: los datos de dos millones de termómetros inteligentes adelantaron la llegada de la pandemia covid-19 (véase cuadro) antes que los organismos oficiales.

Otra vez, la inteligencia artificial. La aplicación médica de la IA es la capacidad de dictar un diagnóstico increíblemente fiable y la capacidad para predecir enfermedades. Digamos que en vez de tener enfrente a un doctor que guarda en su memoria patrones de cientos, quizá miles de historiales clínicos, ahora se encuentra con un algoritmo que guarda millones. También es útil para interpretar pruebas de imagen y otras tareas rutinarias que alivian el trabajo de los sanitarios.

Parece el remedio maravilloso… pero tiene un problema: es un glotón de los datos. Sus algoritmos se basan en millones de ellos a partir de los cuales crean los patrones de diagnóstico. Cuantos más mejor. Sin datos la IA no sirve absolutamente para nada, es como un coche fórmula 1 aparcado porque no tiene quien le eche gasolina. Y los datos siempre son información sensible para la administración pública. Como señala Susana Solís, ingeniera industrial y miembro de la comisión sobre inteligencia artificial del Parlamento Europeo: “Durante la pandemia hemos sido incapaces de compartir los datos médicos entre países. Esto nos serviría para luchar contra nuevas infecciones y así tener prioridades en política de salud. Incluso dentro de nuestro país en cada comunidad autónoma hemos visto un mosaico de datos en formatos diferentes, y así no se puede funcionar”. Una de las prioridades de la Unión Europea es crear un sistema común para la salud, sólido para el intercambio de datos. Sin embargo, como señala Solís: “Necesitamos que las historias clínicas electrónicas sean compatibles en sus formatos entre los países europeos. Que sean anónimas asegurando la confidencialidad, porque solo así un paciente cedería sus datos. Para lograrlo se necesita transparencia y explicar bien a los ciudadanos los beneficios de la inteligencia artificial en sanidad; que no la perciban como una caja negra que toma decisiones de forma autónoma”.

Así que, la clave está en la formación digital. Sin embargo, según Solís, incluso un 46% del personal sanitario considera que no ha recibido la suficiente. Allí donde hay una carencia hay una oportunidad, en este caso de empleo. El sector de la tecnología sanitaria factura anualmente en España 8.840 millones de euros y tiene un crecimiento del 11%.

Como se habrá figurado, uno de los puestos más solicitados es el de experto en big data para inteligencia artificial. Pero hay muchos más, como especialista en nanomedicina, por la continua miniaturización de los aparatos médicos. Incluso se ensaya con minúsculos robots capaces de localizar tumores y acabar con ellos. Otro campo es el de especialista en impresión 3D. De hecho, el Hospital Gregorio Marañón, donde comenzamos este reportaje, es pionero en este campo. Han conseguido, incluso, implantar los huesos de la cuenca de un ojo realizados con una malla de titanio sobre un modelo impreso en 3D. Todavía hay un paso más: conseguir hacerlo con material biológico. Se cree que en 10 o 20 años se podrían crear órganos para ser trasplantados a un humano. En teoría ya es posible hacerlo, aunque aún no se han podido probar en personas. Aún.

Este termómetro acertó con la pandemia del covid 19

Al comienzo de la pandemia algunos médicos comprobaron que se enfrentaban a un virus desconocido, pero no podían hacerse a la idea de lo extendido que estaba. Sin embargo, la predicción más exacta llegó a través de los dos millones de termómetros conectados de la empresa estadounidense Kinsa Health. Avisaron de que había una epidemia 18 días antes de que lo hiciesen los sistemas de salud. Son termómetros que se conectan por cable al teléfono móvil y donde se visualiza la temperatura. El móvil reporta a una central de datos que le advierte si hay brotes cerca. Como señaló el director de Kinsa, Indar Singh: “Vimos que los datos que se registraban estaban por encima de lo que estaba previsto por esas fechas. Había brotes inusuales por todo Estados Unidos”.

Cirugías con gafas 3D o realidad aumentada ya se hacen regularmente en determinadas intervenciones

Y en Twitter ¿qué opinan?

@Berci. Twitter del divulgador búlgaro Dr Meskó, director de “The Medical Futurist Institute” (https://tmfinstitute.org/). Encabeza un equipo de 4 personas que hace previsiones sobre por dónde evolucionarán las tecnologías sanitarias. Está convencido de que la telemedicina será la futura normalidad, gracias a dispositivos que llevaremos en las muñecas y que controlarán nuestros niveles de salud.

En España se pueden seguir:

@fenin_es. Federación Española de Empresas de Tecnología Sanitaria. Suya es la campaña #TecnologíaparaVivir, que pretende difundir la tecnología sanitaria entre la población. Una de sus series informativas es Espías de laboratorio, en la que explican cómo funcionan las más de 700 millones de pruebas diagnósticas que se realizaron en España en 2020, poniendo en valor su importancia. De hecho el 70% de las decisiones médicas proceden de los resultados de las pruebas de laboratorio.

@SEEIC_Spain. Sociedad Española de Electromedicina e Ingeniería Clínica. Engloba a organismos públicos y empresas que trabajan en el Desarrollo, Fabricación y mantenimiento de los equipos Electromédicos.

«Médicos ingenieros e ingenieros médicos», por Esther Esteban

LA @

 
ESTHER ESTEBAN, periodista
 


Médicos ingenieros e ingenieros médicos

Mi sobrina Eva Esteban Velasco, ingeniera de telecomunicaciones, -que estudió su Carrera primero en el Reino Unido en la Universidad de Surrey y luego en Nueva York en la Universidad de Cornell- tuvo muy claro desde el principio que su especialidad sería la aplicación de su carrera a la medicina y la salud. Hizo sus prácticas en General Electric, donde trabajó en varios software para aparatos de electromedicina, y en concreto diseñaba programas de ordenador para detectar automáticamente diagnósticos a partir de radiografías del cerebro.

Ella se especializó en las personas con Alzheimer, porque su abuela Carmen padece esa enfermedad y quería averiguar el desarrollo que pueda tener la maldita dolencia a través de algoritmos. También en la misma empresa utilizó realidad virtual para hacer una aplicación de cara a enseñar a estudiantes de medicina, cosa que ahora ya hacen muchas compañías.

Como trabajo fin de máster, hace apenas dos años, Eva nos sorprendió a todos diseñando una especie de casco con sensores que captaban las señales cerebrales y, con ellas conectadas a un programa de un ordenador, solo con el pensamiento podía hacer pequeñas acciones. Su idea final era conseguir, por ejemplo, que los parapléjicos pudieran manejar una silla de ruedas solo con pensar en hacerlo, dando órdenes a la silla a través del casco y las señales cerebrales. Como es lógico ella lo hizo de manera rudimentaria: compró unas piezas de un juguete que se vendían para la realidad virtual y cuando consiguió mover pequeñas cosas solo pensando en hacerlo, a mí me pareció algo increíble, mágico. Me dejó impresionada porque nos hizo visualizar, de repente, una realidad que ya intuíamos, que nos situaba en un futuro esperanzador y sobre lo que muchos investigadores de todas las especialidades llevan avanzando hace años.

 

A nadie se le escapa que en el futuro, o mejor dicho casi ya en el presente, el sector sanitario será “inteligente”. El avance digital, ya imparable en todo el mundo, ha obligado a las facultades de Medicina en España a incluir una pincelada de tecnología puntera: desde la robótica hasta la impresión en 3D, pasando por el uso de la realidad virtual y la telemedicina.

 

A partir de ahora el reto es formar a los médicos y sanitarios del futuro para que, con la ayuda de las tecnologías digitales, puedan mejorar nuestra salud y calidad de vida en temas tan variopintos como la diabetes, el Alzheimer, el envejecimiento de la población, los problemas de salud mental y un larguísimo etcétera que incluye prácticamente todo lo referido al cuerpo humano. El campo es amplísimo porque es muy probable que cualquier desarrollo e innovación tecnológica con potencial aplicación en el ámbito clínico pueda ser adaptada.

En los próximos años los estudiantes de medicina y de todo el sector sanitario serán formados en el conocimiento de aparatos conectados a los humanos (internet de las cosas), el uso de análisis de información, tanto para la gestión hospitalaria como para la investigación (big data) y la inteligencia artificial (el uso de algoritmos que ayuden a tomar decisiones sobre algún diagnóstico, por ejemplo). Así lo ha advertido el informe El futuro de los trabajos, publicado por el Foro Económico Mundial, que es una excelente plataforma de divulgación.

 

Otro de los avances significativos de la medicina del futuro será sin duda el desarrollo de implantes biónicos. A través de la nanotecnología y la tecnología microscópica, el cuerpo humano podrá ser monitoreado en todo momento para medir sus funciones con el fin de estar más alerta frente a posibles situaciones de riesgo.

De hecho mi sobrina -que fue contratada por la empresa americana OpenBCI, precisamente por su proyecto fin de máster- trabaja ahora en un sistema muy sofisticado para dar órdenes con el pensamiento. Ellos fabrican un producto de nombre Galea: desarrollan el software , los sensores y todo lo necesario para instalarlo bien en un casco, bien en unas gafas de realidad virtual, y manejarlo como si fueran los controles. Galea es un sistema integrado con realidad virtual o realidad aumentada que incorpora sensores para leer actividad cerebral, ocular, muscular, cardiaca, y de la sudoración de la piel. Esta empresa, de hecho, ofrece gratuitamente el software para que las universidades, los hospitales, o los médicos puedan utilizarlo.

En España ese software se está empleando para desarrollar aplicaciones de ayuda a los parapléjicos, mover un exoesqueleto, una máquina, o por ejemplo, con el movimiento de los ojos apuntar a una pantalla de un ordenador. Estos ingenieros y estas empresas son por decirlo de alguna manera, los facilitadores, es decir, no hacen proyectos de medicina ni de salud directamente, sino que fabrican los instrumentos que permiten manejar distintos aparatos con las ondas cerebrales.

Se ha dicho y es cierto que la medicina y los avances tecnológicos suelen ir de la mano, lo que ha permitido transformar estos sectores a través de la Inteligencia Artificial, Big Data o Internet de las cosas. Cada vez con más frecuencia veremos a ingenieros dando clases en la Universidad de Medicina y, de hecho, este campo abre muchas y muy amplias posibilidades laborales a medio y largo plazo. Sin duda habrá médicos que sean ingenieros e ingenieros que sean médicos, dos disciplinas que antaño hubieran tenido un maridaje imposible.

Otra derivada muy interesante es cómo se utiliza la realidad virtual para ayudar a ver zonas del cuerpo humano que, de otro modo, sería imposible observar si no fuera a través de una disección. Los alumnos de medicina pueden estudiar y practicar con detalles muy minuciosos cualquier zona del cuerpo humano y crear escenarios casi reales en intervenciones quirúrgicas, por ejemplo, lo cual de cara a la formación ya es algo fundamental. Sea como fuere la realidad es que el sector sanitario no solo será en un futuro plenamente digital: es que ya lo es. El futuro ya está aquí.