Siguiente Protege a ´tu yo´ digital, por Luis Jiménez
Si la autoría reviste tanto interés, en el mismo nivel se sitúa la procedencia de la obra, que perteneció al poeta y músico sevillano Juan de Arguijo
Autora: Giovanni di Benedetto Bandini
Fecha: Hacia 1548
Material: Mármol
Ubicación: Sala 49
Medidas: Alto: 165 cm; Ancho: 57 cm; Fondo/Profundidad: 53,5 cm; Peso: 327 Kg
jefe de colección de escultura del Museo del Prado hasta 1700
Al lado del pie derecho aparece la cabeza de un delfín que sirve, en la parte posterior, como asiento de un pequeño Cupido desnudo, que lleva colgando el carcaj mientras juega con la cola del animal. En la base del grupo, una inscripción señala el nombre del artífice y su patria florentina: “IOHES BANDINUS FLORENTINUS F.”, no sólo como consideración orgullosa del artista, sino como aval de calidad y gesto de propaganda. Giovanni di Benedetto Bandini del Castello o Giovanni dell’Opera (1540-1599), llamado así por los abundantes encargos que llevó a cabo en la catedral de Florencia, es una de las personalidades más destacadas en el panorama plástico toscano de la segunda mitad del siglo XVI. Bandini trabajó en el coro de Santa Maria del Fiore. Hizo diferentes retratos y participó en una empresa de largo alcance simbólico dirigida por Giorgio Vasari, como fue la tumba de Miguel Ángel Buonarroti en la iglesia de Santa Croce, realizando la escultura que representa la alegoría de la Arquitectura.
Procedencia de la obra
Si la autoría reviste tanto interés, en el mismo nivel se sitúa la procedencia de la obra, que perteneció al poeta y músico sevillano Juan de Arguijo (1567-1623). Su casa, sede de tertulias y academia literaria, donde se daban cita figuras como Francisco Pacheco, Pablo de Céspedes o Fernando de Herrera, tuvo también como huésped a Lope de Vega. Y fue él quien en su libro La hermosura de Angélica, con otras diversas rimas dedicado a don Juan de Arguijo Veintiquatro de Sevilla y publicado en 1602, escribía un hermoso soneto que tenía por objeto esta escultura:
A don Juan de Arguijo, viendo un Adonis, Venus y Cupido de mármol
Quien dize que fue Adonis convertido
en flor de lirio, y Venus en estrella,
no vio, señor don Juan, la imagen bella
que a España avéis de Génova traído.
Transformación, que no escultura, ha sido,
y porque no quedó beldad sin ella,
ni amor sin él, a las espaldas della,
también en piedra se mudó Cupido.
Los mismos son; que no pudiera el arte
vencer al cielo en perfección tan rara:
testigos son las piedras de Anaxarte.
Y si todas ansí las transformara,
yo os diera un mármol tan divino en parte,
que el olvidado amor resucitara.
Aspectos de tanto interés, como la procedencia de la obra desde Italia a través del puerto de Génova, y todas las conexiones entre el lenguaje poético y mitológico, relacionado con las Metamorfosis de Ovidio, sirven para dar una idea muy aproximada de las dimensiones trascendentales que adquiere una escultura como ésta en la colección del Museo del Prado.
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