Entrevista a Ángel Rojas, director artístico, coreógrafo y bailarín

ESFERA CULTURAL

ÁNGEL ROJAS,

DIRECTOR ARTÍSTICO, COREÓGRAFO Y BAILARÍN

“El flamenco transforma a los seres humanos”

Pronto descubrió que su corazón enraizaba en la danza, pero también que su pensamiento apuntaba hacia la creación, fundando (con sólo veinte años) su propia compañía, el Nuevo Ballet Español, rebautizado posteriormente como Rojas & Rodríguez. Su meta es hoy la gestión, como la puesta en marcha de la Bienal Flamenco Madrid que ha llenado la capital de España de ese arte que Ángel Rojas siempre ha defendido.

JUAN ANTONIO LLORENTE

Iniciativas como la Bienal, ¿apuntalan Madrid como capital mundial del flamenco?

La capital del flamenco es el mundo. Por algo es Patrimonio de la Humanidad. Madrid es un lugar donde se ha querido al género desde tiempos remotos, y se le sigue queriendo. Y los flamencos aman Madrid porque les acoge bien.

Define su proyecto como un diálogo entre la tradición, el presente y el porvenir. Cuando recibió el reconocimiento de la UNESCO, José Mercé también evocaba esa mirada nueva. ¿La necesita el flamenco?

La necesita el arte en general y el flamenco en particular. Y más por estar construido sobre muchas culturas diferentes. Es imprescindible que se siga defendiendo como evolutivo, conociendo sus raíces, pero mirando hacia todos los puntos cardinales. Eso nos da una seña de identidad y un punto geográfico para entender la creación a lo largo de los tiempos.

Las nuevas generaciones, incluso las más conservadoras del flamenco, están abiertas a entender y a discrepar de manera positiva, construyendo un diálogo. Decía mi padre que toda discusión genera una conclusión, y eso es importante. No podemos ser todos complacientes con lo que hacemos y con cómo lo hacemos. Hay que debatir y estar de acuerdo o no, entendiendo que, aunque vengamos de la misma fuente, tenemos diferentes puntos de vista.

Usted lo ha tenido siempre claro. Hace más de una década, en una de sus coreografías, Titanium, fusionaba flamenco y danzas urbanas. ¿Se entienden bien?

Perfectamente. Siempre que se conozcan y se reconozcan ambas, no tiene por qué haber conflicto alguno. Toda relación tiene un límite, y nosotros, conociendo la raíz de ambas, definimos ese límite desde el principio, después de mucho tiempo de trabajo. Nueve meses duró aquel proceso de investigación y creación.

 


“ERA EL MOMENTO DE ENFRENTARME A UN PROYECTO TAN ESPECIAL COMO LA ‘BIENAL FLAMENCO MADRID’, QUE VA A QUEDAR PARA LA HISTORIA”


 

Citaba una coreografía suya. ¿Cuántas lleva?

No podría decir un número. Ni lo he pensado. Al margen de que no importa tanto la cantidad, sino la impronta que queda en el espectador cuando las ve. Aparte de eso, me siento más director que coreógrafo. Aunque haya desarrollado mucho el apartado de la coreografía.

¿La creación le ha apartado de la danza como ejecutante, como bailarín?

Por una decisión muy meditada determiné retirarme dejando el escenario sin ningún pesar hace un año, cuando consideré que era el momento de cerrar esa etapa y dejar descansar al intérprete, que llevaba treinta y cinco años sin parar, dando la vuelta al mundo varias veces; actuando en los grandes coliseos durante veinticinco años de carrera ininterrumpida. Con muchísimas lesiones, dos cirugías de rodilla, y todas las vicisitudes que uno tiene que pasar, asumiendo que es el precio de la profesión. Pero muy agradecido a toda esa carrera, por haber sido tan feliz y, creo, haber podido arrojar algo de luz en esta disciplina desde el escenario. Lo dejé muy convencido, consciente de que me lo pedía el corazón para darle lugar a otras cosas, y ser más útil para los demás que para mí mismo. Era el momento de enfrentarme a un proyecto tan especial como arrancar la primera Bienal Flamenco Madrid, que va a quedar para la historia.

Pensaba en su colega Antonio Najarro, cuando dijo que seguiría bailando hasta que el cuerpo le dijese lo contrario. Usted notó que el suyo daba el aviso…

Y yo sigo bailando. Cuando me apetece, voy al estudio y lo hago. Bailar es una necesidad vital y yo la ejerzo cada vez que lo necesito. Lo que no necesito es hacerlo ante el público.

Una de sus coreografías, Dualia, la creó en 2007 para el Ballet Nacional. ¿Se ha planteado dirigir una compañía estatal? ¿Le apetece?

En su momento sí. De hecho, estuve en la terna final de la anterior elección. Pero digo siempre que a quien nace para martillo del cielo le caen los clavos. Y si no eres martillo no te van a caer. Puedes pensar ser útil en un momento dado y la vida no darte ese lugar para asignárselo a otra persona. En este caso a Rubén Olmo que está haciéndolo maravillosamente bien. Muchas veces pretendes ir hacia un lugar y la vida te lleva a otro. Yo soy de proyectar mi carrera a largo plazo, pero después muchos factores hacen que pueda cambiar ese plan. Lo que tengo claro es que mi siguiente década estará dedicada a la gestión de proyectos públicos y privados y a la dirección artística.

Bailar es lo que más satisfacciones le ha dado, ¿no es así?

No podría afirmar si he sido más feliz en el mejor escenario de Tokio, en el del Lincoln Center de Nueva York, o si voy a serlo como responsable de la Bienal Flamenco Madrid. Ni creo que sean cosas comparables. No me quedo con un hijo antes que con los otros. Sobre todo, porque vivo la vida de forma muy intensa.

Desde su atalaya, bailando o como docente en Estados Unidos, Canadá, Latinoamérica, ¿reivindica la universalidad del flamenco? ¿Se entiende igual, se ve con los mismos ojos?

No se entiende igual, porque los lugares no son los mismos. No es lo mismo un taller para un grupo de aficionados en Chile que en Helsinki. El flamenco muta porque no hay sólo uno. Hay tantos como corazones lo quieren habitar. Existe uniformidad sólo con respecto a las reglas o las normas que nos hemos marcado. Después, el flamenco es corazón. La tortilla de patata puede saber mejor en España, pero si quieres tomar un buen pisco, tienes que ir a Chile o a Perú, porque aquí no sabe igual. Se trata, pues, de amoldar el traje a las medidas de cada uno. Para mí ha sido una experiencia transformadora viajar por el mundo como maestro y como conferenciante, invitado por alguna escuela o universidad porque, a diferencia de cuando iba como intérprete y no podía entregarme a nada más que al escenario, me he dado cuenta de cómo el flamenco transforma a los seres humanos de cualquier parte del planeta.

 


“BAILAR ES UNA NECESIDAD VITAL Y LA EJERZO CADA VEZ QUE LO NECESITO, PERO NO ANTE EL PÚBLICO”


 

En su programación para la primera Bienal ha contado con artistas de otras latitudes.

Sí. Es una coproducción con el museo Aga Khan, de Toronto, con músicos españoles, y con la compañía finlandesa con base en Helsinki, Kaari & Roni Martin, de grandes artistas y creadores, que han planteado con Lorca, una incursión en el flamenco contemporáneo en la que han trabajado veinte años. Y aquí han recurrido como invitados con Carmen Linares, Rafaela Carrasco y Pablo Suárez.

En Francia existe tradición arraigada por el flamenco. El Festival de Mont-de-Marsan se anota este año la 36 edición. ¿Piensa tender lazos con este u otros similares?

Esta vez hemos contado con Toronto y Helsinki, pero estamos trazando líneas internacionales de colaboración con otros festivales y otros eventos. Va en mi idiosincrasia y en mi forma de pensar, porque veo el flamenco como una herramienta muy democrática para entendernos como sociedad porque democratiza el acto cultural. En este mundo, y en un tiempo donde se pone en tela de juicio la palabra democracia y lo que significa, el flamenco tiene un significado muy especial. Por eso, la vinculación con otros territorios nacionales e internacionales es prioritaria.

¿Está ya proyectando el cartel de 2027?

De hecho, ya tiene forma, espacios, lugares y propuestas. Trabajamos así. Cuando te implicas en un proyecto de esta magnitud, debes pensarlo a largo plazo. Sin improvisar. Después, para corregir pequeños errores, la capacidad de improvisación será importante. Pero en la base debes establecer unas líneas de trabajo muy férreas y muy sólidas con la institución y con los artistas. Esos detalles nos hacen fuertes como sector y como industria, proyectando eventos como la Bienal con el mayor rigor y también la máxima excelencia para el público. Así que estamos ya trabajando el veintisiete, esperando que sea un éxito, y se consolide.

¿Le queda tiempo para la Escuela de Danza Ciudad de Móstoles, nacida por su iniciativa?

Soy mostoleño. Llevo a gala mi ciudad y para ella me propuse crear un proyecto docente, para que otros niños y niñas no tuviesen, como fue mi caso, que irse para estudiar danza a nivel profesional. Con esa finalidad construimos hace dieciséis años un proyecto muy sólido que puse en marcha. Una vez afianzado, pasé el testigo de la dirección a Arancha Hoyos, totalmente capacitada para comandarlo. Es la devolución que hago a Móstoles y a sus habitantes por haberme dado la oportunidad de tener una carrera, un teatro, un espacio consolidado de trabajo durante veinte años. Móstoles ha sido y sigue siendo mi talismán.

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‘Conversión del duque de Gandía’, de José Moreno Carbonero

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CONVENIO EL PRADO-FUNDACIÓN NOTARIADO

CLAVES DE LA OBRA

Autor: José Moreno Carbonero
Medidas: 315 × 500 cm
Material: Óleo sobre lienzo
Ubicación: Sala 75

Conversión del duque de Gandía

Esta gran pintura es la obra principal de su autor, José Moreno Carbonero, que gracias a ella se consagró como uno de los maestros en la pintura de historia, género al que se dedicaría con frecuencia durante el resto de su prolongada carrera.
PEDRO J. MARTÍNEZ PLAZA,

doctor en Historia del Arte. Colección de Pintura del Siglo XIX

Se trata de una obra pintada en Roma, donde su autor malagueño disfrutaba de una pensión en la Academia de España. Como ejercicio final, debía realizar un cuadro de especial envergadura, que después se enviaría a Madrid, para su correspondiente evaluación. Su éxito fue tal que, en los años siguientes, muchos jóvenes pintores de historia decidieron representar escenas parecidas, “de túmulos y catafalcos”, como señalaría un crítico.

 


EL ÉXITO FUE TAL QUE, EN LOS AÑOS SIGUIENTES, MUCHOS JÓVENES PINTORES DECIDIERON REPRESENTAR ESCENAS PARECIDAS


 

Su historia. Al morir Isabel de Portugal, esposa de Carlos V, su cadáver fue llevado a Granada. Allí, Francisco de Borja, encargado por el emperador de dirigir este traslado, mandó abrir el féretro antes de su enterramiento definitivo. Es aquí donde el relato literario se confunde con la historia. El joven, que siempre había sentido especial cercanía por la reina, queda desencantado al comprobar la putrefacción del cadáver. A esto alude el caballero que en el externo derecho tapa su nariz mientras él, desconsolado, se echa en brazos de su compañero. Los desencantos forman parte de nuestra vida cotidiana, pero aquí tuvieron una trascendencia mucho mayor: para Francisco de Borja supuso el principio de su conversión, como bien recuerda la cartela inferior del marco, que reproduce una de las sentencias más conocidas del que habría de fundar, años más tarde, la Compañía de Jesús: “Nunca más, nunca más servir a señor que se me pueda morir”. La gorra en el suelo, al lado del escudo, se convierte en la mejor imagen del abandono de lo terrenal. En manos del pintor, el asunto, de escasa relevancia para la historia de España, nos ofrece una lectura universal.

Fácilmente se adivina el esmero puesto en las vestiduras litúrgicas, la riqueza del ataúd o el lujo de la indumentaria de los hombres y mujeres que completan la escena. Aquellas copian el famoso terno de las calaveras que se conserva en el Monasterio del Escorial, y que se sigue empleando para los entierros de la familia real. Siempre he pensado que, aunque sabía que por su cronología (último tercio del siglo XVI) nunca pudo haber sido empleado en un funeral de la corte de Carlos V, decidió incluirlo por su significado. Hay multitud de detalles más: el rostro de Francisco de Borja tiene la misma nariz afilada y huesuda que presentan las imágenes de devoción realizadas tras la muerte del santo, la heráldica corresponde con la del periodo, etc. El pintor, empeñado en mostrar la belleza de todos ellos, ha trabajado, además, con el rigor científico del historiador que busca conocer la verdad para ofrecernos, así, la más infalible de las verdades: aquella que nos recuerda nuestra propia condición humana.

Entrevista a Sara Blanch, soprano

ESFERA CULTURAL

SARA BLANCH,

SOPRANO

“Cada representación es una búsqueda para poder aprender del personaje que interpreto”

Su claridad en los razonamientos desdice la presencia frágil, casi infantil, de la joven soprano Sara Blanch, que divide su domicilio entre Barcelona y Bolonia, solicitada por los grandes coliseos operísticos. Tras el triunfo como Aspasia, protagonista femenina de Mitrídates, en el Teatro Real (papel al que regresa este verano en el Festival de Salzburgo) su nombre ya se inscribe en la selecta panoplia internacional de grandes voces.

JUAN ANTONIO LLORENTE

Nacer en una familia musical, ¿le facilitó las cosas?

Todo me vino dado como algo natural. Desde muy pequeña empecé a tocar el piano con mi madre y a cantar en coros. Enseguida me apuntaron a la escuela de música, me animaron a estudiar danza rítmica y clásica, considerando toda esa formación muy importante para mí. La preparación física y conocer un instrumento eran dos grandes ventajas, que había sumado sin necesidad de decidirlo. Desde ese punto de vista, lo considero una gran suerte. De todas formas, mis padres, que conocían este mundo de primera mano, me advirtieron de que esta vida no es fácil y me preguntaron si estaba segura de que quería ir por ahí.

Ni por esas se desanimó.

Dedicarme al canto fue una necesidad. Lo hice casi sin pensarlo, porque me gustaba el arte. Podría haberme decantado por la danza, pero, al saber que poseía una voz que me permitía hacer esto, fue como un instinto, una llamada, un “tengo que hacerlo”.

De los premios que ha recibido en los distintos concursos, ¿cuál refleja mejor su actitud frente a la música?

El del público, que al final es quien viene al teatro. Buscar esa conexión a través de la música y poder conectar con mi trabajo para mí es lo más importante.

 


ME MANTENGO EN MI REPERTORIO, PERO PUEDE QUE EN EL FUTURO VAYA A UN REGISTRO MÁS LÍRICO


 

Lo supo pronto. Con 16 años aparece en el Teatre Nacional de Catalunya en una ópera infantil. Volvió al contemporáneo en el Liceu con L´enigma di Lea. ¿Le interesa la música que se hace hoy?

Sí me interesa, pero por ahora no tengo ninguna propuesta.

¿La aceptaría?

Al tratarse de una obra nueva, sin referencias, antes tendría que mirar y estudiarla bien para ver si se adecúa a lo que puedo hacer. Si veo posibilidades, me apetece la trama y encaja con lo que considero bueno para mi voz, entonces claro que sí.

¿Cantaría una ópera de su padre, que también compone?

Por supuesto. En algunos conciertos he incluido cosas suyas, como unos divertimentos a partir de canciones populares. Nos gustaría grabarlos, esa opción la tenemos pendiente.

 


ME PROPUSIERON ‘LA TRAVIATA’ Y, SIENDO UNA ÓPERA QUE QUIERO CANTAR, NO ACEPTÉ AL CONSIDERAR QUE AÚN NO ERA EL MOMENTO


 

¿Cuántas óperas acumula ya?

La última vez que las conté eran 27, así que estarán por encima de las 30.

Con la balanza inclinada hacia Rossini.

Hasta el momento, sí. La mayoría de las óperas que he cantado son suyas. Pero al final Mozart y Rossini se van a igualar.

Sus colegas destacan la labor terapéutica de Mozart para la voz. ¿Cuál sería el efecto Rossini?

No sabría decirlo. A mí me enganchó por tener tanta coloratura, una de las cosas que al principio más me fascinaba. Siempre he tenido mucha curiosidad por indagar cómo la produzco y cómo hacerlo mejor. En eso Rossini es un maestro. A medida que iba conociendo su lenguaje y su mecanismo, porque al final hay también un componente técnico, me sentí muy cómoda. Además, cantar Rossini (por ahora no he hecho ninguna de sus obras serias) te pone siempre de buen humor. Se nota en las producciones. Cuando interpretamos una ópera suya, en el equipo siempre hay buen ambiente, una energía fresca.

En una carrera como la suya, ¿lo más importante es mimar el instrumento?

Y a ti mismo. Debes mimar también a la persona que hay detrás puesto que, al llevarlo dentro, cualquier dolencia o alteración emocional, puede desestabilizar. El año pasado perdí a dos personas muy queridas y, en este tiempo, lo he notado. En un primer momento sigues por inercia, pero luego hay que pasar el duelo y sale. Es un proceso lento. Estando siempre lejos de casa, al volver eres más consciente. Te das cuenta de que las cosas han cambiado y debes adaptarte a la nueva situación en medio de tantos viajes, cambios, la exigencia de querer hacerlo bien. Ahora empiezo a salir del bache, tras comprobar que circunstancias como estas hacen que te sientas más frágil, pero hay que saber llevar la profesión en esos trances tan difíciles.

¿Sabe renunciar a papeles que no le han funcionado o cree que no le van a funcionar?

Hasta la fecha creo que todos los que he hecho me iban bien. Pero en el pasado me propusieron La Traviata y, siendo una ópera que quiero cantar, no acepté al considerar que aún no era el momento. Todo llegará. Hay que saber decir no cuando es preciso, porque al final la voz es lo más importante.

¿Se ha fijado alguna meta? La soprano Ángeles Blancas decía que el único límite es el que tú te pongas.

Completamente de acuerdo. Yo la verdad es que no tengo como objetivo llegar a cantar esto o aquello. Para mí lo más importante siempre era cantar y hacerlo lo mejor posible. Cada representación es una búsqueda para poder aprender del personaje que estoy haciendo, de la técnica, de lo que me pide la partitura… En ese punto estoy abierta a todo, sin límites para lo que venga.

¿Se mueve por instinto, intuición?

Confío en la necesidad de escucharse a uno mismo. A veces hay que pararse y decir: “Estoy haciendo lo correcto”. Eso me ayuda a tomar la decisión final.

¿Cuándo llegará Gilda, un papel que ha confesado apetecerle?

Uno de ellos. Pero Gilda ya tiene fecha: será en 2027, en Múnich, para mi debut en ese teatro, si no aparece algún imprevisto.

De Puccini ha cantado ya Musetta. ¿Vendrán más heroínas?

Vuelvo a ser Musetta este verano en Torre del Lago, en Italia, pero pienso que sí. Intuyo cosas. Noto que mi voz va a evolucionar. Por ahora me mantengo en mi repertorio, pero puede que en un futuro vaya hacia un registro un poco más lírico.

¿Tiene ya ese instante que considere el más extraordinario de su carrera?

Citaría varios. El más reciente fue en Viena, haciendo Zerbinetta, de Ariadna en Naxos. Recuerdo que con las últimas notas se me empezaron a caer las lágrimas. Cantar el papel en ese lugar, para mí era muy significativo.

¿Cómo se sintió encabezando el cartel de Mitridate?

La verdad es que lo he hecho como me gusta, como mejor me funciona. Aunque haya quien entienda sus carreras empezando de golpe, con primeros títulos y en teatros importantes, a mí me asusta. Me gusta hacer las cosas paso a paso, poco a poco. Conocer en cada lugar cómo funciona el teatro, su engranaje interno. Tengo que aprender todo eso para ganar en seguridad y presentarme de la mejor manera. Me habría retraído ese papel con veintitrés o veinticuatro años.

Este verano se anotará su primer recital de lied en la Schubertíada de Vilabertran.

Su director, Víctor Medem, me convenció diciendo que a mi voz el lied le iba a proporcionar recursos para trasladar a la ópera y cantar de un modo diferente. Porque todo lo que puedas hacer (oratorio, sinfónico, etc.) que no perjudique tu voz, te enriquece como músico.

 


EN VIENA, HACIENDO ZERBINETTA, DE ‘ARIADNA EN NAXOS’, CON LAS ÚLTIMAS NOTAS SE ME EMPEZARON A CAER LAS LÁGRIMAS


 

En 2024 sustituyó a Lisette Oropesa en un recital de zarzuela junto al tenor Ismael Jordi. ¿Ha hecho alguna completa?

Sólo el doblete de La viejecita y Château Margaux, en 2017, desde entonces hasta el recital con Ismael Jordi no volví. Tenía previsto Policías y ladrones, pero se suspendió por la pandemia.

¿Le interesa el repertorio?

Mucho. Cantando las romanzas he pensado alguna vez que me gustaría hacer un disco de zarzuela. Porque en el género hay música que fascina a numerosos cantantes de fuera de España, viendo que pueden abordarlo; que para nada les está vetado. Aunque no hablen nuestra lengua. Si empezamos a romper esas barreras, la zarzuela dará el salto definitivo

DÓNDE ENCONTRARLA

En su página web se puede seguir su agenda, consultar su biografía y las noticias y piezas publicadas en prensa sobre su trabajo.

Leer un cuadro: ‘La Atención’, de Rosario Weiss

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CONVENIO EL PRADO-FUNDACIÓN NOTARIADO

CLAVES DE LA OBRA

Autora: Rosario Weiss
Medidas: 69 x 57,5 cm
Fecha de creación: 1841
Material: Óleo sobre lienzo
Ubicación: Sala 62 A

La Atención

No todas las firmas que vemos en las obras de arte son auténticas y el caso de La Atención, de Rosario Weiss, es un ejemplo de ello. Este óleo, que permanecía en paradero desconocido desde 1843, fue identificado recientemente como una de las pocas obras originales de la famosa pintora romántica madrileña: se sospechaba que la firma que la identificaba como obra de un pintor francés era falsa.

CARLOS G. NAVARRO,

conservador de pintura del siglo XIX

Las pruebas técnicas revelaron que la firma de la obra era apócrifa. Había sido añadida sobre el barniz en fechas recientes. En el taller de restauración del Museo fue cubierta por Lucía Martínez Valverde con pigmento reversible para devolver a Weiss el pleno dominio de su creación. Este gesto no solo reivindica la autoría de la pintora, sino que también subraya la importancia tanto de la investigación técnica como de la labor de la restauración en el proceso de recuperación de los artistas y sus obras.

Pintada entre 1841 y 1842, La Atención es un autorretrato en el que Weiss se representa como Diana cazadora, elevando su mano izquierda hacia el oído, alegoría de la atención. Formaba pareja con otra pintura alegórica titulada El Silencio -también autorretrato-, con la que Weiss obtuvo la medalla de plata en la exposición de la Société Philomatique de Burdeos en 1841. Mientras que El Silencio fue adquirida por el Musée des Beaux-Arts de Bordeaux en 1843 -en paradero desconocido desde mediados del siglo XX-, La Atención ha sido recientemente localizada y ha ingresado en el Prado, gracias a la generosa colaboración de Carlos Sánchez Díez y la amable oferta hecha por Marcos Larriba, convirtiéndose en el único autorretrato al óleo conservado de la pintora.

La identificación de La Atención se basa en las coincidencias con un dibujo titulado Alegoría de la Atención, del Museo del Romanticismo. Aunque inicialmente se pensó que el dibujo era un apunte para el óleo, las diferencias en la composición, como el fondo neutro ocre del óleo frente al árbol del dibujo, sugieren que se trata de una versión a lápiz del mismo tema. Este descubrimiento confirma la teoría ya adelantada por Sánchez Díez, en su catálogo razonado de los dibujos de Rosario Weiss, que ha de considerarse como la recuperación ejemplar de una artista decimonónica.

 


LA LABOR DE LOS MUSEOS ES FUNDAMENTAL PARA DEVOLVER A LAS ARTISTAS EL LUGAR QUE LES CORRESPONDE EN LA HISTORIA DEL ARTE


 

Sus creaciones

La importancia de La Atención radica en la escasez de obras al óleo de Rosario Weiss, de las cuales solo se han localizado diez, según este autor. Entre estas, destacan copias de obras de Goya y de otros artistas, así como algunas creaciones, siempre particularmente originales, como su Ángel Custodio o su Genio de la Libertad. Este nuevo hallazgo no solo enriquece el corpus de pinturas de Weiss, sino que también reivindica su talento imaginativo como creadora.

La labor de los museos es fundamental para devolver a las artistas el lugar que les corresponde en la historia del arte. La recuperación de La Atención no solo repara una injusticia histórica, sino que también nos invita a reflexionar específicamente sobre el papel que desempeñaron las mujeres en el arte y la necesidad de seguir investigando para rescatar su memoria del olvido.

Entrevista a Lorenzo Caprile, modista

ESFERA CULTURAL

LORENZO CAPRILE,

modista

“Lo de si la moda es o no arte, es un dilema desfasado que no me interesa”

Madrileño con sangre italiana, el nombre de Lorenzo Caprile trasciende al mundo de la moda por sus premiadas aportaciones para la escena y su trabajo al frente de un popular concurso televisivo. Caprile impone un sello personal a sus diseños, algunos de los cuales ha reunido la Comunidad de Madrid en una magna exposición junto a obras maestras de diversas manifestaciones artísticas.
JUAN ANTONIO LLORENTE

“LA ELEGANCIA ES SENTIDO COMÚN. ES INTELIGENCIA Y ES TENER MUCHOS ESPEJOS EN CASA DONDE MIRARNOS”


 

– ¿Sus trajes dialogan mejor con Zurbarán o con otros modistas?

Ni idea. Para eso están los comisarios, los que escriben de moda, los historiadores… Yo me esfuerzo en que el traje esté lo mejor hecho posible, buscando siempre esa perfección tan difícil de alcanzar. Que mi clienta quede satisfecha -aunque a veces haya algún melodrama, porque como seres humanos podemos meter la pata- y fidelizarla para que regrese, y que sus amigas y sus hijas lleguen a ser clientas del taller. Para todas esas cosas tan filosóficas, tan intelectuales, no me da la cabeza.

-El Museo del Traje de Madrid le dedica un espacio. ¿Siente pudor cuando se califica su trabajo como expresión artística?

Lo de si la moda es o no arte, es un dilema desfasado que no me interesa. Para empezar, tendríamos que preguntarnos hoy, en el siglo XXI, con todo lo que está sucediendo a nivel social, económico y tecnológico, qué es el arte y cuál es su función. Si un plátano pegado con cinta americana en un panel es arte, a lo mejor mis trajes lo son. Es un debate infinito, lleno de matices para alguien centrado en el trabajo en su pequeña-pequeñísima-mediana empresa. Para colmo, cada día nos lo ponen más difícil a las pymes con todo tipo de regulaciones, de palos en la rueda. El objetivo de mi trabajo es que mi clienta esté estupenda. Hablo en femenino, porque en mi caso, como modista, me dedico a la ropa de mujer.

-¿Qué es la elegancia y quién la tiene?

La elegancia es sentido común. Es inteligencia y es tener muchos espejos en casa donde mirarnos, porque todo el mundo sabe cómo es su cuerpo y qué le sienta bien y qué le sienta mal. Mirarse es algo que cada vez le cuesta más a la sociedad; tan contradictoria, siempre mirando hacia afuera. En las casas modernas, de gente joven, hay poquísimos espejos. Preferimos disfrutar del mundo idealizado, tergiversado de Instagram, Facebook, Twitter… que es un yo imaginario. Enfrentarnos a nosotros mismos nos cuesta mucho. Lo que veo por la calle es gente que no se gusta a sí misma y no se mira en el espejo, porque le tienen terror.

 


“YO ME ESFUERZO EN QUE EL TRAJE ESTÉ LO MEJOR HECHO POSIBLE, BUSCANDO SIEMPRE ESA PERFECCIÓN TAN DIFÍCIL DE ALCANZAR”


 

-¿Sigue las pautas de algún maestro o se considera un verso suelto?

Si conoces la historia de tu oficio y observas sus pautas, muchos problemas te vienen resueltos. Pero no tengo ningún mito. No soy fetichista. El personaje al que más sigo, no por su trabajo, que es sobresaliente, sino por su manera de ver la vida, sus claroscuros, sus luces, sus sombras y su fuerza vital es Coco Chanel, de cuyo legado, sus lecciones de lógica y de sentido común, seguimos bebiendo desde hace más de un siglo. Quitando a Chanel, de todos y ninguno. Siempre estás descubriendo cosas nuevas, nombres nuevos y firmas ya olvidadas. Con cualquier prenda, incluso la más humilde de un mercadillo, aprendes soluciones: qué hay que hacer o qué no hay que hacer, que también es un aprendizaje.

-¿Las nuevas generaciones qué buscan? ¿Qué ve más de positivo en ellas?

Esta generación de cristal se ha hecho un poco de mala fama, aunque a mi alrededor veo que todos mis sobrinos y sobrinos-nietos trabajan, haciendo lo que pueden. Creo que están muy intoxicados. La gran diferencia es que tienen otra mentalidad y otro modo de enfrentarse a la vida -no sé si mejor o peor-, diferente a la que tuvimos nosotros. Es el antes y el después de esta revolución tecnológica y las benditas redes sociales. En ese punto, ni soy un experto ni tengo los datos ni me atrevería a opinar de manera superficial. Simplemente, anoto como observador y como ciudadano desde fuera, que creo que está cambiando la manera de pensar y de afrontar los problemas. Tiene sus cosas buenas y sus cosas malas. Cada dos por tres leo noticias de chavales, de emprendedores -y no hablo de influencers-, que con una maquinita se están ganando fenomenalmente la vida. Gracias a las redes y a internet, llegan a un público mucho más amplio del que pude llegar yo cuando empecé. También hay muchas muñecas rotas, porque a veces esos éxitos son flor de un día, y luego caen. Creo que viven muy al momento en lo relativo a las cosas de moda.

-El dilema de llegar y mantenerse…

Mantenerse es lo más complicado en la vida del ser humano. Cuesta mantener una relación, un trabajo, mantener tu peso, tu forma física, tu salud, mantener un matrimonio, una familia, una empresa, un partido político, una mayoría…

-Balenciaga decía: “El prestigio queda, la fama es efímera”.

Pero eso es válido en todas las profesiones, no solo en la moda. Al final es la famosa frase de Chanel “La moda pasa, el estilo permanece”. Pero creo que eso las nuevas generaciones no lo han asimilado.

-En su taller, ¿es más fácil convencer o que le convenzan?

Las dos cosas. Al ser un trato tan directo con la clientela, tienes que estar dispuesto a escuchar, porque se trata mucho de absorber lo que te están diciendo e intentar traducirlo para hacer su sueño realidad. Pero también tener mano izquierda para decir: “oye, mira, fenomenal, pero ¿y sí vamos por aquí? ¿Qué te parece esto?” Es un intercambio: un trabajo en equipo, dispuesto a convencer y a dejarte convencer.

-¿Quién es más duro en ese toma y daca? ¿El director de teatro o una clienta?

Los dos. Hay directores que confían en ti, creen en tu criterio y se muestran agradecidísimos de que alguien les quite ese marrón que al final es la ropa, y otros más puntillosos que pretenden saber hasta con qué hilo se está cosiendo una canilla. Con las clientas, igual. No se puede generalizar. En ambos casos hay que aprender a lidiar con los seres humanos. Hay gente que sabe que está frente a un profesional y confía, y otra a la que le encanta buscar problemas donde no los hay.

-¿El teatro le ayuda como modista y viceversa? ¿Se retroalimentan?

Son vasos comunicantes. Cosas que aprendes en el taller, las aplicas luego al teatro, y al contrario. Estás vistiendo a personas (personajes en el caso del teatro), que quieren estar cómodos y lo más favorecidos posible dentro de las limitaciones del papel. Al final, es ropa que tiene que funcionar.

 


“EN EL TEATRO ESTÁS VISTIENDO A PERSONAS QUE QUIEREN ESTAR CÓMODOS Y LO MÁS FAVORECIDOS POSIBLE DENTRO DE LAS LIMITACIONES DEL PAPEL”


 

-Como cantaba La Lupe, ¿lo suyo es puro teatro?

En el taller hay mucho de teatro. Lo de “vivir la experiencia” está de moda. Estamos en un momento difícil. Antes, hacerse ropa a medida era muy frecuente. Desde los más privilegiados, que podían ir a un Balenciaga, un Pertegaz o un Berhanyer, a las clases más humildes. La máquina de coser era como un electrodoméstico en los hogares españoles. Y la cuñada, la portera o la amiga, tenían un mini taller en el barrio. Lo que no encontrabas en las tiendas, te lo hacías. Incluso por una cuestión de ahorro familiar. En una o dos generaciones, eso ha desaparecido. Ahora, encargarte un traje a medida es una experiencia, que vas a tener como mucho una o dos veces en la vida: cuando te casas y cuando eres madrina de tu hijo. Entonces, tienes que hacer un poquito de teatro, porque forma parte del juego.

-Por el cine ha pasado de puntillas. ¿Volvería por un argumento o por un director?

Ni por una cosa ni por otra, porque no soy nada mitómano. La mitomanía es una enfermedad que uno tiene de joven y la superas cuando, por tu trabajo y tu trayectoria, empiezas a conocer personalmente a esos mitos y se te caen. Que te va a llamar Woody Allen o no sé quién: ¡estupendo!, Que vas a vestir a una de esas actrices tan guapas que están en el “candelabro”: ¡fenomenal! Con casi sesenta años y todo lo que tengo encima, siendo sincero volvería por el dinero; si hay detrás una recompensa económica importante. Así de claro. Porque es mucho trabajo, mucha paliza, mucha responsabilidad y bastante tengo ya con mi taller. Mis egos están cubiertos y mis satisfacciones también muy resueltas.

-El trabajo en televisión con el programa Maestros de la costura, ¿es muy absorbente?

Sí, pero está muy concentrado en dos meses, o dos y medio por temporada, y cada año, una aventura. Nunca sabemos si van o no a renovarnos, pero más o menos reservas esas semanas. Luego, ya sabes a lo que vas. Raquel, Palomo, María y yo, somos una pequeña gran familia, y es como volver a hacer el campamento de verano, disfrutando con los amigos, los colegas. Mientras dure, es una experiencia muy bonita. Cada edición intento hacerlo lo mejor posible, como si fuera la última, porque no sabemos realmente si va a serlo. Dicho esto, ojalá nos renueven, porque el programa funciona y los datos de audiencia están siendo muy buenos. Pero, como todo en esta vida, planes a largo plazo no se pueden hacer muchos hoy por hoy.

 


“CON CUALQUIER PRENDA, INCLUSO LA MÁS HUMILDE DE UN MERCADILLO, APRENDES SOLUCIONES”


 

-¿Qué aconseja a los participantes en el concurso fuera de cámara?

Que se lo pasen fenomenal. Igual si son anónimos o celebrities. Que se diviertan. Que vivan la experiencia, que al margen de que ganen o no ganen, lleguen o no a la final, disfruten cada momento.

En el monólogo de Jardiel Cuentos y chismes del oficio, la intérprete, tras enumerar las vicisitudes de su profesión afirma “si volviera a nacer volvería a ser actriz”…

…si yo volviera a nacer, sabiendo todo lo que sé de la industria, no lo sé. A lo mejor me metería en la moda bajo otro punto de vista: el de los museos, la historia de la indumentaria, la investigación… Pero mi trabajo también me ha dado muchas satisfacciones que, a lo mejor, investigando y publicando un libro sesudo al año no las tendría.

DÓNDE ENCONTRARLE

Mientras obras como El médico siguen acumulando éxitos y pendiente de si su incesante actividad le permite retomar en la temporada de ópera de Bilbao su producción de Otelo de hace una década, la icónica sala del Canal de Madrid muestra hasta finales de mes con entradas agotadas alguno de sus trabajos más mediáticos

Leer un cuadro: ‘El aquelarre’, de Goya

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CONVENIO EL PRADO-FUNDACIÓN NOTARIADO

CLAVES DE LA OBRA

Título: El aquelarre o El gran cabrón
Autor: Francisco de Goya y Lucientes (1746-1828)
Fecha de creación: 1820-1823
Material: Óleo, revestimiento mural trasladado a lienzo
Ubicación: Museo Nacional del Prado, Sala 067
Medidas: 140,5 x 435,7 cm

El aquelarre

El aquelarre o El gran cabrón es parte de las denominadas Pinturas negras donadas al Museo del Prado por el barón d´Erlanger en 1881. Estas catorce escenas de predominantes tonos oscuros decoraban dos habitaciones de la casa de campo de Goya, entonces situada junto al río Manzanares.

GRUDRUN MAURER,

conservadora, Colección de Pintura del Siglo XVIII y Goya

Goya había adquirido esta casa con su amplio terreno en 1819, a la edad de 73 años. Cuatro años después legó la hacienda convertida por el artista en una huerta a su único nieto Mariano, entonces de 17 años, como base de un futuro en la economía agrícola. Destaca y sorprende el sombrío de los asuntos representados en ese conjunto de pinturas destinadas, además, a un joven como Mariano que efectivamente estableció, por unos años, una sociedad de agricultura con su padre Javier.

 


CON SU NOVEDOSA CREACIÓN DE UN ASUNTO COMO ‘EL AQUELARRE’ EN TAMAÑO MONUMENTAL, GOYA ENNOBLECIÓ EL GÉNERO DEL ‘CAPRICCIO’ CON SU CAPACIDAD DE CRÍTICA


 

La imagen del aquelarre, de origen medieval, visualizaba la idea de una reunión nocturna de brujas en presencia del demonio, que habitualmente aparecía en la figura de un gran macho cabrío. Aquí, ese demonio habla ante una masa de brujas en cuclillas y de rasgos grotescos, mientras una joven sentada en una silla, aislada del escalofriante público, absorbe las palabras del falso predicador. Sus manos ocultas en un manguito contrastan con la actitud de una hechicera a la izquierda que, obedeciendo a las instrucciones del macho cabrío mira sus manos, como si leyera en ellas el futuro, asustada, como el resto de las brujas.

La ignorancia humana. Goya había representado ya anteriormente unas escenas de brujas, como en la serie de aguafuertes de los Caprichos, de 1799, que reflejaban, según el artista, la imaginación humana oscurecida por la ignorancia, la superstición o el desenfreno de las pasiones y servían para censurar los errores y vicios de los hombres. Concibió así esa realidad humana que la Ilustración europea del siglo XVIII, al seguir la máxima de la Razón, había tildado como potencias contrarias a esta. Con ello, utilizó el género pictórico del capriccio, tradicionalmente de pequeño formato, en el que un artista podía expresarse con libertad, sin oponerse contra la jerarquía académica de los géneros pictóricos. Por tanto, con su novedosa creación de un asunto como El aquelarre en tamaño monumental y reservado hasta entonces a la pintura de historia, mitología o alegoría, ennobleció el género del capriccio con su capacidad de crítica. En El aquelarre, como en otras escenas de las Pinturas negras pintadas durante el Trienio Liberal, tematizó nuevamente el poder que pudo ejercer sobre el ser humano el temor a las fuerzas invisibles y el espanto de las brujas, todo ello alimentado por las falsas enseñanzas y la ignorancia. Ambas fueron criticadas por los liberales en la prensa de estos años, impulsados por la restitución de la Inquisición por Fernando VII. Mariano, que había recibido una educación ilustrada, pudo entender fácilmente la aguda escena del aquelarre en la que las espeluznadas son las brujas, tal vez por ver su futuro cuestionado, y que, hasta hoy, en tiempos de una continua distribución de las más variadas comunicaciones, no ha perdido de su actualidad.

Julio Verne: Veinte mil recuerdos

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Julio Verne: Veinte mil recuerdos

El 120 aniversario del fallecimiento del autor francés arranca una serie de conmemoraciones que culminarán con el bicentenario de su nacimiento en 2028.
JULIÁN DÍEZ
Fotografía tomada por Gaspard-Félix Tournachon, “Nadar”, en torno a 1878. FOTO MUSÉE JULES VERNE

Julio Verne se refugió en los sueños. Pero lo hizo de una manera singular: soñando con lógica y limitándose a aquellos que creía que podrían hacerse realidad. Eso convierte su recuerdo en imperecedero. Un recuerdo que se reavivará aún más en el ciclo de conmemoraciones que arranca en 2025, con el 120 aniversario de su muerte, y que se cerrará en 2028, con el bicentenario de su nacimiento.

La exposición interactiva Jules Verne 200 se estrenó en el Centre d’Arts Digitals de Barcelona el pasado mes de septiembre, y recorrerá diversas capitales europeas hasta culminar con su presentación en París en 2028, cuando se cumplirán 200 años del nacimiento del autor. Se trata de la producción más ambiciosa de las creadas por la productora IDEAL (Layers of Reality), con salas inmersivas, realidad virtual, zona de metaverso y salas de exposición tradicionales.

También habrá actividades singulares en los dos museos dedicados a la vida del escritor: el de su ciudad natal, Nantes, y el de la localidad en que falleció, Amiens (situado de hecho en la casa en la que vivió los últimos años de su vida, y en la avenida a la que hoy da nombre). Nantes incentivará el contenido verneano de su festival veraniego Le Voyage à Nantes, en el que extrañas criaturas a vapor recorrerán las calles de la ciudad combinando las fantasías del autor con las de Leonardo da Vinci y otros visionarios anteriores al siglo XX.

 


LA EXPOSICIÓN INTERACTIVA JULES VERNE 200 SE ESTRENÓ EN EL CENTRE D’ARTS DIGITALS DE BARCELONA EL PASADO MES DE SEPTIEMBRE


 

Familia de juristas. Todos estos reconocimientos hubieran complacido sin ninguna duda a Verne, que, pese a su descomunal éxito literario, era una persona de ego sensible. No en vano tuvo que enfrentarse a la oposición paterna para desarrollar su carrera de escritor, ya que la familia esperaba que se dedicara a la abogacía. En su lugar, Verne apostó por la literatura, inicialmente en teatro con el apoyo de los Dumas.

Gabriel Verne, abuelo del escritor, del que recibió su poco utilizado segundo nombre, llegó a ser consejero notario del rey Luis XV en los últimos años de su reinado. Este cargo conllevaba la autenticación de documentos, el registro de actas, la supervisión de procedimientos legales y el asesoramiento en asuntos administrativos para el monarca. Después fue el presidente del colegio de abogados de Nantes, donde ejercería más tarde su hijo Pierre durante décadas.

Pese a estos vínculos y a las fuertes presiones que ejerció su padre sobre él cuando le envió a París para proseguir sus estudios, Julio no mostró jamás verdadero interés por el derecho. En cambio, además de la escritura, siempre se sintió atraído por el mar, que había sido el campo de actividad profesional de su familia materna. Si bien el escritor se limitó a la navegación como aficionado, su hermano Paul se convirtió en marino profesional. Pierre Verne debió reconciliarse con las aficiones de sus hijos al cabo de los años, ya que les regaló un pequeño foque cuando terminaron sus estudios.

Verne se centró algo con su matrimonio en 1857 con Honorine, viuda con dos hijas, pero la ilusión le duró poco: ni siquiera estuvo en el nacimiento de su único hijo, ya que se marchó de viaje a Noruega y Dinamarca. Sin embargo, sus singladuras (el mar siempre fue su más verdadero amor; tuvo tres barcos denominados todos ellos Saint Michel) y esa heterodoxa acumulación de conocimientos encontró al fin un destino cuando conoció al editor Pierre-Jules Hetzel.

Tras rechazar su primera y revolucionaria propuesta (París en el siglo XX, editada finalmente en 1994, que es mucho más cercana a lo que hoy entendemos como ciencia ficción que sus trabajos posteriores), Hetzel publicó en 1863 la aventura Cinco semanas en globo, que fue un éxito inmediato. Con poco más de 35 años, firma un contrato por dos novelas anuales, los llamados Viajes Extraordinarios, por una cantidad inédita hasta el momento: 20.000 francos al año. Y los éxitos se sucederán: Viaje al centro de la Tierra (1864), De la Tierra a la Luna (1865), Veinte mil leguas de viaje submarino (1869), La vuelta al mundo en 80 días (1872, su novela más vendida), La isla misteriosa (1874), Miguel Strogoff (1876),…

Sueños científicos. Desde el principio, Verne tuvo la idea de presentar de forma divulgativa al público lector potenciales adelantos científicos. Y hasta hoy es recordada su capacidad no tanto profética, sino deductiva. Aunque ya existían pequeños submarinos, dotó al Nautilus del capitán Nemo de una autonomía y tamaño que sólo se alcanzarían años después, por ejemplo. Otros de sus hallazgos más recordados, como estimar que el primer viaje lunar partiría de Florida, pueden también atribuirse a cierta fortuna aliñada por la lógica.

“Todo lo que un hombre puede imaginar, otro podrá convertirlo en realidad” es una de sus citas más celebradas. En su caso, así ha ocurrido con ideas tan variadas como las videoconferencias, los ascensores, las bombas de racimo, los helicópteros o las muñecas capaces de hablar.

Con el paso de los años y los sinsabores personales (tampoco se entendió nunca con su hijo), Verne fue alejándose del optimismo inicial de sus primeras obras para denunciar los peligros de las armas de destrucción masiva en Ante la bandera (1896); de la ciencia sin control en Dueño del mundo (1897); o incluso tomar partido sin recato por el anarquismo en Los náufragos del Jonathan (1897). Estas obras suelen ser más breves, sin el conformismo de las precedentes, y sólo hoy se las reivindica críticamente como una aportación valiosa y distinta, más próxima al imaginario de H.G. Wells.

 


HABRÁ ACTIVIDADES EN LOS DOS MUSEOS DEDICADOS A LA VIDA DEL ESCRITOR: EL DE SU CIUDAD NATAL, NANTES, Y EL DE LA LOCALIDAD EN QUE FALLECIÓ, AMIENS


 

Tras su fallecimiento todavía se publicarían varios de sus libros pendientes; algunos se considera que tuvieron una intervención excesiva de su hijo Michel para culminarlos (por ejemplo, omitió el uso del esperanto al que Verne se había comprometido en uno de ellos). Dos años después, en su tumba, el escultor Albert Roze añadió una estatua del autor saliendo de la piedra, buscando la luz como hizo siempre en sus obras: la tituló Hacia la inmortalidad y la eterna juventud. Si no el propio escritor, desde luego sus obras sí son inmortales y se mantienen eternamente jóvenes.

Verne y Wells, pioneros complementarios
Verne es una excepción en el panorama de la literatura popular del fin del siglo XIX. Mientras que casi todos los padres fundadores de los que serían luego llamados géneros literarios (Edgar Allan Poe, Robert Louis Stevenson, Arthur Conan Doyle…) eran anglosajones, y la literatura francesa se centraba en derivaciones del realismo (folletín, novela histórica), Verne dio comienzo de forma casi involuntaria al «romance científico», que décadas más tarde sería rebautizado como «ciencia ficción» por el mercado estadounidense. Sin embargo, no tardó en aparecer un rival anglófono: H. G. Wells. Ambos dieron lugar a las grandes tendencias del género hasta hoy: la del rigor científico de Verne frente a la preocupación por las consecuencias sociales de los cambios tecnológicos de Wells. Todo podría resumirse en una frase que el francés dijo del inglés cuando le preguntaron por sus libros: “¡Él se inventa las cosas!”
El anacronópete, un triunfo español

El éxito internacional de Verne provocó la aparición en casi todas las lenguas de escritores de «romance científico». En España, el más recordado hasta hoy es el madrileño Enrique Gaspar y Rimbau (1842-1902), un diplomático de carrera que estrenó una veintena de obras de teatro. En 1881, escribió en formato de zarzuela la obra por la que es recordado y que se ha reeditado en múltiples ocasiones: El anacronópete, la primera historia jamás publicada con una máquina del tiempo. Se ha especulado con la posibilidad de que Gaspar (que hablaba y leía francés con fluidez) visitara en alguna ocasión a Verne, dado que desarrolló la mayor parte de su carrera profesional en distintas ciudades francesas, pero no existen pruebas fehacientes de ello.

Trenes de proyectiles para la luna. Ilustración para De la tierra a la luna (edición de 1968). Henri de Montaut (autor) y Adolphe François Pannemaker (xilograbador). FOTO BIBLIOTECA PÚBLICA DE BOSTON
Paisaje submarino de la Isla Crespo. Ilustración para 20.000 leguas de viaje submarino (edición de 1971). Alphonse Neuville (autor) y Henri Théophile Hildibrand (xilograbador). FOTO BIBLIOTECA DE ST. MICHAEL'S COLLEGE
Mural en la calle de L’Échelle, en Nantes. FOTO TRAVESÍAS.
Leer a Verne hoy

Dado que se estima que el autor francés es el segundo más publicado en todo el mundo, solo por detrás de Agatha Christie (y sin contar los libros religiosos por no tener autores identificados), es fácil entender que las posibilidades de leerle en español son incontables. Sin embargo, dado que sus obras están libres de derechos, abundan las publicaciones de mala calidad, que en ocasiones se nutren de traducciones decimonónicas que hoy resultan anticuadas al lector. También son numerosas las ediciones (como las de Molino o Susaeta) en que se resumen los textos, eliminando por ejemplo las partes más centradas en explicaciones técnicas. Veinte mil leguas de viaje submarino es hoy una de las novelas mejor tratadas, con ediciones recientes en Cátedra y Penguin Classics. La colección Tus Libros Selección de Anaya o las editoriales Valdemar y Akal tienen traducciones recientes de calidad. Esta última cuenta con la única edición disponible hoy de la pionera París en el siglo XX.

PARA SABER MÁS

La web del museo de Julio Verne en Nantes da cuenta de su sensacional fondo de publicaciones y curiosos objetos conmemorativos

La Biblioteca Virtual Universal creada por entidades académicas argentinas es una de las iniciativas online que recogen los textos de Verne, que ya son de dominio público y por tanto pueden (en traducciones antiguas) leerse de forma gratuita y legal. 

La única estatua consagrada en España al escritor francés está en Vigo, ciudad muy hermanada con su recuerdo por distintas razones. En la cercana Redondela hay otra estatua del Capitán Nemo con dos buzos.

“Los Caminos de Santiago en Europa», por Jorge Martínez-Cava

ESFERA CULTURAL

JORGE MARTÍNEZ-CAVA,
presidente de la Federación Española de Asociaciones de Amigos del Camino de Santiago

“Los notarios han sido testigos privilegiados de la experiencia de los peregrinos a Santiago. Gracias a su labor, disponemos de una valiosa fuente documental”

Los Caminos de Santiago en Europa

Cuando hablamos del Camino de Santiago siempre pensamos en el denominado Camino Francés, que transcurre entre Roncesvalles o Somport hasta Santiago de Compostela; no puede ser de otro modo. Es el Camino que describe el Codex Calixtinus, y que vienen recorriendo millones de peregrinos desde el siglo IX.

Es el gran camino, histórico, referencia absoluta de la peregrinación y con todos los reconocimientos posibles.

Pero los Caminos de Santiago no acaban en el Camino Francés.

En 1987, el Consejo de Europa, presidido por Marcelino Oreja Aguirre, declaró al Camino de Santiago como Primer Itinerario Cultural Europeo. En su resolución dejaba claro que se refería a todos los caminos que se dirigen a Santiago en Europa y que son rutas de peregrinación vivas en la actualidad. Se trataba, en definitiva, de promover la recuperación de las rutas de peregrinación a Santiago y necesitaban un impulso para su revitalización.

Definía cuatro criterios para que una ruta fuese Camino de Santiago: que tuviese restos históricos jacobeos; que estuviese debidamente señalizada; que hubiese lugares de hospitalidad, y que pasasen peregrinos en la actualidad.

A partir de ahí, un movimiento imparable de asociaciones jacobeas en toda Europa se puso en marcha para recuperar los viejos caminos de peregrinación que atraviesa el continente. Ha sido, y es, un movimiento civil de voluntarios sin precedentes y apenas ayudas oficiales, que han buceado en archivos, señalizado y desbrozado caminos, creado albergues y casas de acogida. Ha sido, y es, un movimiento que ha logrado poner en pie más de 300 caminos de Santiago, con 80.000 km. señalizados, 2.000 lugares de hospitalidad que unen toda Europa en una red de solidaridad y cultura común, con valores que hacen al Camino de Santiago la red de peregrinación más grande del mundo y con una vitalidad creciente.

Desde ese año, 1987, el movimiento asociativo jacobeo tuvo claro que debía organizarse a nivel internacional, sobre todo en Europa, porque los Caminos de Santiago se explican desde Europa por su historia, su geografía y, por encima de todo, sus valores, basados en la solidaridad, hospitalidad, encuentro entre culturas y sentimiento común espiritual.

No ha sido sencillo lograr este objetivo. Hemos tardado más de treinta años en lograrlo.

Pero el pasado mes de julio, más de 150 asociaciones de amigos del Camino de Santiago, con 40.000 asociados de 18 países, hemos creado la federación de asociaciones Camino Europa Compostela para dar la máxima visibilidad a los Caminos de Santiago y atención a los peregrinos que atraviesan Europa, desde Ucrania, Noruega, Finlandia y todos los rincones de la península ibérica, que caminan para unirse al río común que entra en Galicia y llega a Santiago de Compostela y, a veces, sigue hasta el fin del mundo, Finisterre.

Los Caminos de Santiago explican la historia de Europa de los últimos siglos y unen los pueblos del viejo continente sin que las fronteras o las múltiples lenguas nos separen y es un orgullo participar en esta hermosa tarea de voluntarios por dar vida a estos caminos de peregrinación.

Por otro lado, la declaración como Primer Itinerario Cultural Europeo ha permitido profundizar en otros elementos que son fundamentales en el devenir de los Caminos de Santiago. En la última resolución del Comité de Caminos del Consejo de Europa se hace hincapié en recuperar el patrimonio material, inmaterial y natural jacobeos que nacen alrededor de los caminos, pero que se expande mucho más allá.

La resolución nos invita, nos insta, a trabajar en este sentido.
No hay duda de que el arte románico o el gótico se explican en gran medida por el Camino de Santiago y el catálogo de monumentos alrededor de los Caminos de Santiago es inmenso.

Pero toca identificar todas las historias, milagros y leyendas que se plasman en un rico acerbo de sagas, canciones, milagros y cuentos que refuerzan el sentido de la peregrinación.

Un ejemplo es la leyenda del ahorcado que transcurre por primera vez en Santo Domingo de la Calzada. Un joven es ahorcado por la falsa denuncia de una posadera y permanece vivo hasta la vuelta de la peregrinación de Santiago de sus padres, que acuden al alcalde para pedirle que lo descuelguen, quien responde que el ahorcado está tan vivo como la gallina asada que se está comiendo, y la gallina se pone a cantar en ese momento.

Este milagro se repite a lo largo de toda Europa y es un símbolo de la tradición común de la cultura de la peregrinación.
Deseamos recuperar todos los elementos del patrimonio inmaterial que giran alrededor del Camino de Santiago.

Por esta razón pensamos que en algún momento habrá que bucear en los archivos de las notarías para buscar los escritos que hacen referencia a los actos jurídicos, como donaciones, testamentos, compra y venta de propiedades, matrimonios y demás documentos legales que se han ido depositando por los peregrinos en los despachos de las notarías a lo largo de los siglos porque, estamos convencidos, encontraremos un auténtico filón de la historia de la peregrinación.

Los notarios han sido testigos privilegiados de la experiencia de los peregrinos a Santiago. Gracias a su labor, disponemos de una valiosa fuente documental que nos tiene que permitir reconstruir la historia de los Caminos de Santiago y comprender mejor la vida de quienes la recorrieron: los peregrinos.

Entrevista a Muriel Romero, directora de la Compañía Nacional de Danza

ESFERA CULTURAL

Muriel Romero,

directora de la Compañía Nacional de Danza

“Mi propuesta es versátil y brinda su espacio a coreógrafos y dramaturgos nacionales”

Bailarina, coreógrafa, pedagoga, gestora cultural o investigadora, son algunos de los méritos que acreditan a Muriel Romero como directora de la Compañía Nacional de Danza (CND), puesto que no ocupaba una mujer desde hace más de tres décadas. Asume el cargo después de haber sido recompensada en grandes certámenes como primera figura en conjuntos internacionales de danza y de haber creado la compañía Stocos.
JUAN ANTONIO LLORENTE

Cuando usted bailaba para la Compañía Nacional de Danza (CND) que dirigía Maya Plisetskaya, ¿imaginó que ocuparía ese cargo en el futuro?

No, era muy pequeña entonces, solo tenía quince años. En aquel momento lo que me interesaba era bailar, bailar y bailar. Quizás pensé en dirigirla en la época de Nacho Duato pero tampoco muy conscientemente. La coreografía y la dirección siempre han estado dentro de mí pero las fui incorporando a mi vida un poco más tarde, como una consecuencia lógica, orgánica. Llevo dedicándome a esto desde los once años, cuando salí de mi casa en Murcia, y acabo de cumplir cincuenta y dos. Toda mi vida sacrificada a la danza en activo: en compañías institucionales y grandes conjuntos. Hasta que me pasé al mundo independiente, creando Stocos, mi propia compañía.

¿Seguirá bailando?

En la Compañía Nacional de Danza no voy a hacerlo, pero he bailado hasta ayer. Entre los 35 y los 40 años se produce un cambio en los seres humanos. En el caso del bailarín, llegando a los 40, el cuerpo requiere otros cuidados, otro tipo de actividad. Después de tanto tiempo de aquí para allá, me apetecía conocer otros ambientes, otras formas de crear.

Sucede a Joaquín de Luz, que recuperó el neoclásico, y este a su vez sucedía a José Carlos Martínez, devoto del clásico. ¿Hacia dónde apunta su propuesta?

En la línea que empezó José Carlos, volviendo a esa oferta versátil de los siglos XIX, XX y XXI: al repertorio clásico, neoclásico y a las coreografías actuales, contemporáneas. También me interesan las piezas de absoluta vanguardia, con miradas únicas de grandes artistas del presente y brindar su espacio a coreógrafas, coreógrafos y dramaturgos nacionales. Como, por ejemplo, La Ribot, la primera española con un León de Oro de la Bienal de Danza de Venecia. También quiero mostrar un Onegin de John Cranko, que no se ha visto aquí. Para el primer programa voy a rescatar Serenade, una pieza de Balanchine que trajo la bailarina María de Ávila. Esas obras maestras que forman parte de la compañía hay que sacarlas del cajón y volver a darles vida. Sin olvidar la danza del futuro.

 


AL BAILARÍN LE DOY LIBERTAD PARA QUE SEA ARTISTA, NO MERO EJECUTANTE


 

Ese aspecto futurista me descoloca.

Si no se conocen mis trabajos en Stocos, es fácil tener ese sentimiento. En este momento estoy al servicio de una compañía que, después de veinte años con Nacho Duato, tiene un repertorio muy amplio. Suyo, y de otros coreógrafos como Ohad, Forsythe, con los que también vamos a contar. En la Compañía no puedo apostar por un extremo. Bailando en Múnich o en Berlín, tenía una pieza de Momix de 1989 y luego La Bella durmiente. Debe haber variedad, para lo que es preciso que los bailarines sean de lo más versátil.

¿Cómo transmite sus ideas al bailarín? Su colega Tamara Rojo aboga por darle libertad para que sea valiente.

Yo le doy libertad para que sea artista, no un mero ejecutante. Mi asistente de dirección, Ana Catalina Román, ha trabajado veinte años con William Forshythe, la casa donde se han fabricado cantidad de movimientos, porque los bailarines eran creativos a través de esa búsqueda, mediante la improvisación y la composición. Estoy trabajando mucho desde esa libertad el aspecto de mente abierta-bailarín creativo y valiente, por todo lo que sacrifica desde muy pequeño por su pasión y porque, de forma natural, se expone desde una corta edad ante mil, dos mil personas. Es algo que conozco bien. Y esa disciplina, te da libertad.

Hasta ayer mismo, el baile en España era la “Cenicienta de las artes” y Madrid, el “yermo de la danza”. Usted se encuentra con un ballet flamenco de la Comunidad, y con María Pagés gestionando un teatro del ayuntamiento. Tanta oferta ¿funciona a favor de la danza o puede confundir?

Cuanto más se multiplique y más centros coreográficos y compañías haya, mejor. La crisis de 2008 se cargó muchos festivales: el famoso de Escena Contemporánea y el de Música de Alicante desaparecieron. Yo apuesto definitivamente por que se hagan cosas y pasen cosas. Cada propuesta de cualquier comunidad y de cualquier color político redundará en favor de este arte sublime. ¡Que surjan compañías, que hay muchísima gente interesada! A mi audición se presentaron casi quinientas personas. Necesitamos más espacios y más teatros, y para ello abogo por la unión del sector. Desde mi estancia en Roma, tras nueve meses con veintiún artistas de diferentes disciplinas, mi amor por la danza se multiplicó. Con esa perspectiva, ves tu propio arte en otra dimensión, y lo valoras mucho más. El bailarín es un ser frágil, en conexión constante con su cuerpo, su psique, su espíritu y sus emociones.

 


CUANTO MÁS SE MULTIPLIQUE EL ARTE Y MÁS CENTROS COREOGRÁFICOS Y COMPAÑÍAS HAYA, MEJOR


 

¿Pugna o colaboración con Pagés?

Siendo vecinas y amigas ¡cómo no va a haber colaboración! Así es el arte. La Compañía va a actuar en su sala del Centro de Danza Matadero el 7 de junio en un proyecto europeo muy interesante, compartido a través de un agente de Londres. Y tenemos programa también en mayo de 2026.

Van como invitados, después de tanto tiempo luchando por un teatro propio…

Que tras cuarenta y cinco años la Compañía Nacional de Danza no tenga teatro, sólo prueba que no existe voluntad política. Que nadie ha dicho: esta gente necesita un teatro ¡que es la Compañía Nacional y hay un dinero público que los españoles estamos pagando y tiene que revertir en más espectáculos! Yo estoy dirigiendo esta compañía de cien personas, pero haciendo casi la misma labor que hice quince años en Stocos: buscar teatros, hablar con ellos. Algunos nos programan regularmente, pero eso no quita que, hasta que me vaya, siga reclamando nuestro teatro en cada entrevista.

Habla de los que se han ido. ¿También en la danza hay fuga de cerebros?

Sí. En mi programa está un “No a la fuga de puntas”. Yo no me he quedado como primera bailarina en Berlín haciendo veinte o treinta años Bellas durmientes cada dos semanas, ni me ha interesado nunca ser una estrellita. Quería ver, vivir, otras cosas. Estaba de primera bailarina, y de repente me venía con Nacho Duato para un contrato de cuerpo de baile, para luego volver como solista. Siempre me ha importado bailar y aprender y conocer más sobre este mundo que no eliges tú; te elige.

Un objetivo al que quiera apuntar en estos cinco años…

El proyecto que pretendo sacar adelante es complicado. Ante todo, por la falta de ese teatro en que hacer cada año tres programaciones y cinco o seis creaciones, que luego fueran girando. Sería lo ideal. Mi objetivo es intentar que el bailarín esté bien alimentado de una versatilidad de estilos, que crezca artísticamente. Y poder satisfacer al público, intentando darle lo que pide, porque es el deber de esta compañía.

Parte de ese público se ha preocupado al escucharle que no quiere tantas Bellas durmientes y tantas Cármenes.

Cuando hablo de mis preferencias por la creación contemporánea, nueva, actual, es porque prefiero programar un Onegin, y voy a intentarlo. Pero no por ello estoy en contra del repertorio. Hay grandes trabajos, como la Sylphide que presentamos el mes pasado, para la que vino de Copenhague Petrusjka Broholm, que procede de esa tradición y es única reflejando el romanticismo. A lo que me refería es a las reposiciones, que se presentan como esta es “mi Carmen” o este es “mi Romeo y Julieta” y en el noventa y nueve por ciento de los casos no valen nada. Tienes que ser un gran coreógrafo como Massine o Petipa -y genios así salen tres cada siglo-, de los que hay reposiciones maravillosas, que puedes comprar, alquilar o coproducir con otros teatros. Fuera de eso anda que no hay historias interesantes en la literatura, como para vender “tu” Bella Durmiente o “tu” Cascanueces. Con diez vídeos del mercado, hacen su versión y se forran, porque sólo les interesa ganar dinero.

¿Dónde encontrarla?

Responsabilizándose de la Compañía Nacional de Danza en cada actuación dentro y fuera de España. O en su despacho resolviendo el gran puzzle para celebrar en 2029 el medio siglo de vida de la compañía.

Leer un cuadro: La mujer barbuda o Magdalena Ventura con su marido

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CONVENIO EL PRADO-FUNDACIÓN NOTARIADO

CLAVES DE LA OBRA

Autor: Ribera, José de
Fecha de creación: 1631
Material: Óleo sobre lienzo
Ubicación: Almacén
Medidas: 194 x 125,5 cm

La mujer barbuda o Magdalena Ventura con su marido
Pintado en Nápoles en 1631 por José de Ribera y en depósito en el Museo del Prado desde 2004, el imponente doble retrato de Magdalena Ventura con su marido, y el bebé al que ella ofrece un único gran seno, acariciado por su espesa barba negra, es indudablemente uno de los cuadros del siglo XVII más analizados en nuestro siglo XXI.
BÉNÉDICTE SAVOY,

profesora de Historia del Arte en Technische Universität de Berlín

A través de los tiempos, y en una bella frontalidad, dos venerables personajes barbudos nos plantean cuestiones de plena actualidad: la virilidad, la maternidad, la fluidez de los géneros y los modelos de vida, la tolerancia respecto a la ambigüedad, o el paso del tiempo visible en nuestros cuerpos. Se ha escrito mucho sobre este lienzo últimamente, y a buen seguro no es más que el principio de un largo camino.

Sin embargo, el cuadro de Ribera encierra otra historia, también de actualidad pero menos conocida: la del desplazamiento forzoso de obras de arte en tiempos de guerra, ocupación y conquistas territoriales, así como su restitución. En este caso hablamos en concreto de la agresiva apropiación por parte de la Francia revolucionaria, y posteriormente napoleónica, del patrimonio cultural de las naciones europeas sometidas a sus ejércitos. El retrato de Magdalena Ventura, ‘seleccionado’ bajo el reinado de José I Bonaparte para ser mandado a París junto con otros centenares de pinturas pertenecientes a la aristocracia española, llegó efectivamente a la capital francesa a finales del año 1813, justo unas semanas antes de la primera caída de Napoleón y del restablecimiento de la monarquía francesa en la primavera de 1814. Apenas derrotado Napoleón, una serie de emisarios de todos los países europeos, incluida España, exigieron al recién restaurado monarca que retornase a sus legítimos propietarios las decenas de miles de obras que les habían sido confiscadas. Se concluyó entonces un acuerdo diplomático secreto: con objeto de preservar la integridad del Musée Napoléon, “el más importante museo del universo”, que pasaría a denominarse Musée Royal (el actual Musée du Louvre), París se comprometió a devolver obras, pero solo las que no estuvieran expuestas públicamente. Se iniciaron entonces las labores de embalaje, pero los comisionados europeos no tardaron en comprender que, en el museo parisino, ni el director, Dominique-Vivant Denon, ni sus empleados, ponían mucho interés en el cumplimiento del acuerdo y solo buscaban ganar tiempo.

 


EL LIENZO FUE RESTITUIDO A ESPAÑA TRAS EL PERÍODO DE LOS CIEN DÍAS Y LA SEGUNDA ABDICACIÓN DE NAPOLEÓN EN 1815


 

Las tensiones alcanzaron su punto álgido en el verano de 1814, cuando Denon, alegando causas de importante interés científico, decidió presentar en el Gran Salón del Louvre una exposición de obras inéditas. En su diario personal, un emisario prusiano anotaba, exasperado: “Constato con indignación la insolencia de los administradores del museo, que ahora se ponen a exponer cuadros que mantenían guardados en sus almacenes, ¡y entre otros cuadros expuestos desde hace tiempo! ¡Eso es mala fe!”. La exposición se inauguró el 25 de julio de 1814. Junto a los llamados pintores primitivos alemanes e italianos, se presentaron obras maestras de la escuela española, entre ellas el retrato de Magdalena Ventura. Un cronista de la época procedente de Alemania escribiría: “Parece ser que a los treinta años a esa mujer le creció una barba de hombre. Esa extraña circunstancia no le impidió encontrar un marido, con quien tuvo varios hijos. El pintor español la representa a sus cincuenta y dos años, amamantando a su bebé. Cuesta imaginar algo más impactante que ese pecho asomando bajo su larga barba negra”. El lienzo fue finalmente restituido a España, tras el período de los Cien Días y la segunda abdicación de Napoleón en 1815. Fue por aquel entonces cuando, a modo de guiño, Goya realizó, en su célebre cuaderno de bordes negros, un dibujo de un bebé en los brazos de una mujer barbuda, anotando a lápiz en la parte inferior las siguientes palabras: “Esta mujer fue retratada en Nápoles por Jose Ribera o el Españoleto, por los años de 1640”. Queda por ver dónde y cuándo vio el cuadro Goya… Magdalena Ventura sigue interpelándonos.