ESPECIAL VISITA A CEUTA
El valor de la cercanía y la seguridad jurídica en Ceuta
Desde que llegué a Ceuta, en marzo de 2018, he sido testigo de la evolución de una ciudad con características muy particulares y de la importancia que tiene la función notarial en su vida económica y social. Comencé con una notaría que partía de cero y un equipo de tres empleados. Hoy somos cinco, con una sexta persona que se incorpora durante parte del año. Algunos profesionales llegaron con experiencia notarial, mientras que otros procedían de la abogacía o de gestorías y se han formado directamente en el despacho.
Esta evolución refleja también la diversidad de servicios que demanda la sociedad ceutí. La actividad inmobiliaria es fundamentalmente urbana, con un volumen importante de compraventas de viviendas de segunda mano y una notable rotación de inmuebles. Las operaciones sobre fincas rústicas son prácticamente inexistentes.
Otra de las particularidades de Ceuta es su situación geográfica, que condiciona muchas de las operaciones notariales. Es habitual que se autoricen documentos que posteriormente deben ratificarse en la Península, una circunstancia que exige una coordinación frecuente con compañeros de otras localidades. A ello se suma una actividad mercantil importante, vinculada a empresas y sociedades cuya presencia y dimensión pueden sorprender a quienes desconocen la realidad económica de la ciudad.
Pero, más allá de las cifras y de los servicios, hay algo que distingue especialmente el ejercicio de la profesión en Ceuta: el respeto y la confianza que los ciudadanos depositan en el notario. Existe una relación muy cercana, una fidelidad que se manifiesta incluso en la disposición de los clientes a esperar a que su notario habitual pueda atenderlos. Se consulta mucho, se valora el asesoramiento y se reconoce la importancia de nuestra función. Ese respeto se percibe también en el ámbito institucional y constituye uno de los aspectos más satisfactorios de mi trabajo.
La función notarial ante situaciones excepcionales
La entrada masiva de personas desde Marruecos supuso un momento especialmente delicado para Ceuta. Aunque era una situación que, de alguna manera, se veía venir, tuve conocimiento de lo que estaba sucediendo a través de los medios de comunicación.
Durante aquellos días mantuvimos la notaría abierta y no sufrimos ningún incidente especial. La actividad continuó con relativa normalidad y, en un primer momento, los servicios demandados fueron los habituales de la época estival.
Sin embargo, transcurridas dos o tres semanas, comenzaron a plantearse solicitudes de documentación cuya finalidad suscitaba dudas. En algunos casos, parecía que el verdadero objetivo no era formalizar un acto jurídico, sino disponer de un documento con fecha y firma de un funcionario público español que pudiera servir para acreditar la presencia de una persona en Ceuta.
Se planteaban situaciones relacionadas con declaraciones de convivencia, relaciones de pareja o estancias en domicilios de familiares. También comenzaron a llegar expedientes matrimoniales en los que, por las circunstancias apreciadas, surgían dudas sobre la existencia de una auténtica finalidad matrimonial.
Estas situaciones exigían especial atención. En muchos casos, las personas acudían con pasaportes perfectamente válidos y vigentes, aunque su entrada en territorio español se hubiera producido sin los requisitos legales correspondientes. Muchas de ellas llegaban asesoradas por abogados procedentes de la Península.
La cuestión no era tanto la documentación identificativa que presentaban como la finalidad que se pretendía alcanzar mediante la intervención notarial. Ante determinadas solicitudes, resultaba necesario preguntarse qué se quería acreditar realmente y si el instrumento jurídico solicitado respondía a su verdadera finalidad.
Esta experiencia puso de manifiesto la importancia del control de legalidad que ejercemos los notarios y de nuestra responsabilidad a la hora de evitar que los documentos públicos puedan utilizarse para fines distintos de aquellos para los que están previstos.
La colaboración entre profesionales, una fortaleza de Ceuta
Una de las grandes ventajas de trabajar en Ceuta es la proximidad entre quienes desempeñamos funciones jurídicas, administrativas e institucionales.
Existe una comunicación muy directa con otros notarios, registradores, abogados, gestores, responsables políticos y miembros de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad. Nos conocemos, mantenemos relaciones de respeto profesional y podemos compartir inquietudes sobre situaciones que afectan a nuestro trabajo.
Durante aquellos acontecimientos, esta cercanía resultó especialmente útil. El contacto con la Policía, por ejemplo, permitió intercambiar información y comentar determinadas prácticas que comenzaban a observarse.
Se trata de una colaboración que, en muchas ocasiones, se apoya más en las relaciones personales que en los cauces estrictamente institucionales, pero que funciona gracias a la confianza y al conocimiento mutuo.
En una ciudad como Ceuta, esta comunicación constituye una herramienta especialmente valiosa para afrontar situaciones complejas y contribuir, desde nuestras respectivas responsabilidades, a la seguridad jurídica.
La recuperación de la confianza
Los acontecimientos también tuvieron consecuencias sobre la actividad económica. En la notaría percibimos un descenso de las firmas, aunque no se produjo una bajada de precios, sino más bien una paralización temporal de las decisiones.
Creo que fue una reacción comprensible. Ante la incertidumbre, muchas personas prefirieron esperar y observar cómo evolucionaban los acontecimientos antes de realizar determinadas operaciones.
Con el paso de las semanas, la situación comenzó a cambiar. Y, aunque en el despacho la recuperación de la actividad se apreciaba todavía de forma leve, el cambio más importante se produjo en el ánimo de los ciudadanos.
Durante los momentos más difíciles se percibía una ciudad triste, seria y preocupada. Esa sensación de incertidumbre afectaba a la vida cotidiana y a las expectativas de futuro.
Posteriormente, comenzó a recuperarse una actitud más positiva. La gente volvió a mirar hacia delante, a pensar en sus proyectos y a plantearse decisiones a medio plazo. Ese cambio de ánimo es fundamental, porque la confianza social acaba trasladándose también a la actividad económica.
Después de más de ocho años ejerciendo como notario en Ceuta, tengo la convicción de que una de las principales fortalezas de esta ciudad es precisamente la cercanía entre las personas y las instituciones.
La función notarial forma parte de esa realidad. Nuestro trabajo consiste en ofrecer asesoramiento, garantizar la legalidad de los actos y contratos y proporcionar seguridad jurídica, tanto en las operaciones habituales como en las circunstancias excepcionales.
Y hacerlo desde la proximidad, el conocimiento de la sociedad a la que servimos y la confianza que los ciudadanos depositan en nosotros constituye, sin duda, uno de los mayores valores de ejercer esta profesión en Ceuta.


