Siguiente II Premio Consuelo Mendizábal
El Ayuntamiento de la capital vizcaína entregó a finales de 2025 los premios Ilustres de Bilbao, entre cuyos elegidos se hallaba el notario y presidente de Euskaltzaindia (Academia de la Lengua Vasca) y de la Academia Vasca de Derecho-Zuzenbidearen Euskal Akademia, Andrés M. Urrutia Badiola. En la entrega de los galardones, el alcalde de Bilbao, Juan María Aburto, reconoció en Urrutia “un verdadero espejo en el que queremos que se reflejen los más jóvenes”. En esta entrevista hablamos sobre Derecho Civil Vasco, euskera y dos iniciativas que Urrutia dirige desde el Colegio Notarial del País Vasco: la colección de libros jurídicos Minor Bilduma y la revista Egiunea.
Primera hora de la mañana. El notario bilbaíno Andrés M. Urrutia Badiola está corrigiendo las galeradas del número 26 de Egiunea, la publicación trimestral que codirige y cuyo primer número vio la luz en 2019 con motivo del décimo aniversario de la constitución del Colegio Notarial del País Vasco. “Una revista que supone la plasmación por escrito de algo que flotaba en el aire y que nadie se había atrevido a formular hasta entonces”, y en cuyas páginas se pueden encontrar desde entrevistas a personalidades del mundo jurídico, económico o cultural hasta artículos de índole académico, sin olvidar la multitud de actividades que desarrollan los notarios vascos.
Licenciado primero y luego doctorado en Derecho por la Universidad de Deusto, “en la especialidad jurídico-económica que se llamaba entonces”, fue a partir de segundo o tercer curso de carrera cuando entendió que lo suyo era la fe pública notarial y el Derecho civil vasco. “Fue un camino casi rectilíneo, no carente de dudas, aunque siempre entendí que el Notariado había de estar muy implicado con el lugar en el que lo practicabas. En mi caso: el País Vasco. Mi familia tenía ascendentes en Urdaibai y Lea-Artibai, y al sacar las oposiciones se me brindó la posibilidad de venir a Ondarroa (un pueblo de la costa vizcaína, en los duros años ochenta en el País Vasco). Estuve allí casi catorce años. Fueron mejores que cualquier máster universitario. Tuve la oportunidad de aplicar mis conocimientos, de prestar un servicio a la gente, y hacerlo respetando su lengua, el euskera, su Derecho propio y, en definitiva, construyendo con ellos y para ellos. Fue una experiencia muy satisfactoria, que se sumó a la posterior en la notaría de Bilbao. La verdad es que no he sido un notario de muchas notarías, sólo Ondarroa y Bilbao. En ambas he procurado siempre impulsar esa vocación de servicio que todos los notarios intentamos predicar con mayor o menor éxito”.
-En su caso, ¿cómo llevó a cabo esa vocación?
– Impulsando cuestiones de acción social para el progreso de la sociedad, prestando mi conocimiento a mejorar las condiciones de vida de las personas que conforman esa sociedad en la que vivo… Otros se dedican a la literatura, a la investigación jurídica y sociológica e incluso a la política. Son formas de proyectar el saber que hemos ido acumulando y que a los notarios se nos olvida muchas veces en nuestro quehacer diario. De ahí vino mi imbricación con el Derecho civil vasco que ha ido cuajando en diferentes textos normativos, así como mi relación con otras fuerzas sociales para avanzar en una mejor regulación; en una mayor libertad civil.
-Hay dos elementos que le identifican: su apuesta por el euskera y por el Derecho civil vasco.
– Mi familia es euskaldun, pero mi hermano y yo vinimos muy jóvenes al Bilbao de los años cincuenta en el que el euskera prácticamente no podía estar en la calle. De alguna forma tuvimos que reeuskaldunizarnos. Nos rodeaba ese mundo euskaldun pero no podíamos acceder a él. Esta labor me permitió descubrir una cultura propia y un mundo diferente, ni mejor ni peor, tan válido como cualquier otro. Una cultura que luego se proyectaba en la sociedad. Y me permitió atender a la gente, que venía a la notaría de Ondarroa, en su propia lengua. También trabajar con ella en otros ámbitos o abrirla al mundo jurídico con la creación, por ejemplo, de diccionarios. De aquí vino otra derivada, que fue poder ayudar al padre Aranzadi —que fue quien generó una línea de trabajo en euskera en la Facultad de Derecho de la Universidad de Deusto, en la que he sido profesor durante treinta y dos años— en la enseñanza y en publicaciones jurídicas en euskera que sirviesen a los alumnos y formasen a los profesores y a los profesionales del Derecho que desearan trabajar en euskera. Ese compromiso se desarrolló posteriormente con mi ingreso en la Real Academia de la Lengua Vasca – Euskaltzaindia. Al final mis compañeros me eligieron presidente, y aquí sigo hasta que llegue el momento de que otros cojan el relevo.
«SI NO ESTÁ ATENTO A LOS CAMBIOS DE LA SOCIEDAD, EL DERECHO CIVIL ES UNA CÁSCARA VACÍA»
-El euskera está muy unido al Derecho civil vasco.
– Efectivamente. Lo que hemos hecho ha sido rescatar términos o expresiones en euskera que eran parte de ese Derecho civil vasco y las hemos socializado. El alkarpoderoso, por ejemplo. Algunos compañeros guipuzcoanos me preguntan qué es. Y les digo: una denominación en euskera vizcaíno que singulariza el testamento por comisario. El Notariado es la punta de lanza en la aplicación de los Derechos civiles territoriales. Los notarios somos, en nuestros despachos, a través de nuestros documentos o formando parte de comisiones de trabajo, quienes defendemos y actualizamos los Derechos civiles territoriales. Sin el Notariado, muchos de esos Derechos civiles territoriales tendrían hoy muy poca vida o habrían desaparecido. Y con ellos temas como la libertad civil, fundamental en Aragón, Navarra o en el País Vasco.
-¿Nos podría esbozar algunas las diferencias entre Derecho civil vasco y el común?
– Los juristas de territorios en los que existen Derechos civiles territoriales somos, por utilizar el símil lingüístico, bilingües; es decir, trabajamos en Derecho civil común y en Derecho civil territorial. Ese bilingüismo tiene su lado bueno, porque somos partícipes de dos culturas jurídicas, y a veces su lado no tan bueno, porque podemos trasladar esquemas de uno a otro sistema sin darnos cuenta. Ambos no son exactamente compatibles, ni responden a unas mismas necesidades sociales. Los canadienses hablan de un bijuridicismo —como en Quebec que funciona el Código Civil y el sistema del Common Law—, enriquecedor siempre que seamos conscientes de la situación en que vivimos. El problema es que a veces el operador jurídico, el notario, insiste mucho en el Derecho civil común sin darse cuenta de que en determinadas comunidades se aplica el territorial.
-Participó en el proceso que llevó a la Ley de Derecho Civil Vasco del 2015.
– Y en la de 1992. Un proceso difícil, complejo, porque en el País Vasco cada territorio tenía su propio fuero, su propia regulación y realidad jurídico-civil. Alguna vez se ha comentado, gráficamente, que éramos un archipiélago jurídico. Como en Baleares, aunque allí el archipiélago sea físico. En el País Vasco hay un arraigo muy fuerte en cada uno de los territorios, algo que llevó a que la ley de 1992 intentase poner al día lo que venía de la Historia. Luego, y gracias al impulso del jurista Adrián Celaya, se planteó un Derecho civil común para los tres territorios de la Comunidad Autónoma del País Vasco. Y pensamos que sería demasiado avanzado, que crearía controversias. Pero tuvimos el apoyo de los partidos políticos. A veces se le imputa a la Ley de 2015 que consistiera sólo en traer instituciones vizcaínas al resto de los territorios. No fue así. También el mundo sucesorio en Bizkaia hubo de cambiar, adaptarse a la nueva Ley.
«HE PROCURADO SIEMPRE IMPULSAR ESA VOCACIÓN DE SERVICIO QUE TODOS LOS NOTARIOS INTENTAMOS PREDICAR CON MAYOR O MENOR ÉXITO»
-En ese impulso tiene mucho que ver la Academia Vasca de Derecho, ¿no?
– La AVD-ZEA sirvió de nexo entre los diferentes operadores jurídicos en torno no solo al Derecho civil vasco sino también al Derecho autonómico vasco. Es decir, todo lo que jurídicamente se mueve en la CAPV. En su formación participamos el maestro de juristas Adrián Celaya, el letrado Javier Oleaga, ambos ya fallecidos y de recuerdo imborrable, y yo mismo, que veníamos de la Real Sociedad Bascongada de los Amigos del País, con la ayuda inestimable de Javier Muguruza y Santiago Larrazabal y de la propia Sociedad. Queríamos crear una Academia con personalidad y autonomía que pudiera trabajar en el Derecho civil vasco. Eso es lo que somos, gracias al vínculo con el Colegio Notarial, y con los Colegios de la Abogacía, de Registradores, Magistratura e incluso el profesorado de las diferentes facultades de Derecho. La Academia fue la que formuló el texto que acabaría siendo la proposición de ley que el Parlamento aceptó. Pero debíamos ir más allá: la Academia lo que busca es que ese Derecho se socialice, se practique, sirva para que los que lleguen detrás tengan precedentes en forma de textos jurídicos. Nuestro Derecho civil vasco ha sido un derecho de práctica; no olvidemos que en el País Vasco en el siglo XIX no había una universidad, desaparecieron las instituciones de carácter judicial, se dio una pérdida foral y desaparecieron las Juntas Generales. Había, por tanto, que reconstruir ese conocimiento jurídico práctico y teórico. Algo que ha hecho la profesora Itziar Monasterio, que ha recogido esa historia de doscientos o trescientos años de documentación civil y procesal foral. De hecho, este año se cumple el 500º aniversario de la publicación del Fuero Nuevo de Vizcaya y la Academia realizará en noviembre un ciclo de conferencias, exposiciones y publicaciones al respecto.
-Dentro de ese proceso están Minor Bilduma, la colección que publica la AVD/ZEA y el Colegio Notarial del País Vasco, o la revista Egiunea, que edita el propio Colegio.
– Siempre he dicho que uno de los déficits del País Vasco es que hemos sido ágrafos en materia jurídica. Había gente que escribía, sin duda, pero contada con los dedos de las manos. Lo importante es que el operador jurídico tenga cauces para expresarse. Y a eso responde Minor Bilduma: la creación de una bibliografía jurídica surgida desde aquí y para aquí. Egiunea es, por su parte, el elemento de cohesión que necesitaba el Colegio Notarial del País Vasco. Desde el siglo XIX el País Vasco estaba dividido notarialmente: Guipúzcoa y Navarra iban por un lado mientras que Vizcaya y Álava pertenecían al Colegio de Burgos. Eso llevó a que cada territorio tuviera su propia vida: Bilbao, con su evolución industrial, económica y financiera, constituyó su delegación del Colegio de Burgos; San Sebastián y Guipúzcoa miraban más a Navarra, incluso a Iparralde. Con la constitución del Colegio Notarial del País Vasco en 2009 se adecuó el Notariado al territorio de la CAPV. Pero hacía falta un elemento que lo cohesionara, una publicación en la que todos los colegiados de este nuevo Colegio nos sintamos implicados y reflejados.
«HEMOS RESCATADO TÉRMINOS O EXPRESIONES EN EUSKERA QUE ERAN PARTE DE ESE DERECHO CIVIL VASCO Y LAS HEMOS SOCIALIZADO»
-¿Los Derechos civiles territoriales evolucionan? ¿La Ley de 2015 puede cambiar?
– La sociedad cambia y el Derecho civil, si no está atento a la sociedad, es una cáscara vacía. Y es lo que vamos a hacer. Y ahora, al calor del aniversario del Fuero Nuevo, aún más. Se sabe que el libro más leído en Bizkaia en el siglo XVII era el Fuero Nuevo. Y no lo digo yo, lo dice el historiador Carmelo Echegaray a partir de las ediciones de imprenta que se hacen en aquel momento. Si la Ley no evoluciona no tenemos nada que hacer. Nuestra labor es detectar, en ese contacto con la gente, cuáles son las líneas de evolución por las que van las cosas y saber adaptar la legislación a ellas. Hace cuarenta años, el divorcio, la separación, la nulidad eran realidades apenas incipientes. Como lo eran también las segundas nupcias, las familias en las que conviven los hijos de un matrimonio y los del otro, las parejas de hecho, las nuevas formas de organización familiar y de transmisión del patrimonio familiar… La regulación civil ha de estar atenta a esas realidades para darles una salida. Porque si no quedará obsoleta y no servirá para nada. Que es lo que les ocurre a algunas instituciones de Derecho civil común, por cierto.
-En diciembre se jubila. ¿Qué va a hacer Andrés Urrutia a partir de entonces?
– Aún me quedan dos años de mandato en las instituciones académicas, pero mientras pueda seguiré en la misma línea de trabajo académico y social que hasta ahora. Una línea que me permite estar al día de las novedades, pero sin ánimo de perpetuidad. Buscaré ayudar a nuevos operadores jurídicos a través de la Universidad de Deusto, una de las cosas que más me han satisfecho en la vida. En la medida en que me lo permitan mis posibilidades tanto físicas como mentales. Siempre he tenido inquietudes intelectuales y creo que seguiré teniéndolas. Pero ya me lo preguntaré cuando me jubile.
Andrés Urrutia es el actual presidente de la Academia de la Lengua Vasca – Euskaltzaindia y presidente de la Academia Vasca de Derecho – Zuzenbidearen Euskal Akademia. Participa en redes sociales: LinkedIn, Twitter e Instagram.
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