«Digitalización: el riesgo de quedarse atrás», por David Cano Martínez

EL ESCAPARATE

David Cano Martínez.
 
DAVID CANO MARTÍNEZ

socio de Analistas Financieros Internacionales

@david_cano_m

 

Digitalización: el riesgo de quedarse atrás

La situación económica de cualquier país es el resultado de muchas variables y circunstancias. Algunas son “no buscadas”, como la posición geográfica o los recursos naturales; otras son fortuitas. Pero la fortaleza o debilidad de una economía también dependen, y de forma muy relevante, de las decisiones tomadas por parte de las autoridades. Por acción o por omisión.

En el siglo XIX los responsables chinos rechazaron la innovación tecnológica del momento: el ferrocarril. El grave error provocó un retraso en el desarrollo económico de las siguientes décadas. Conscientes de aquello, los mandatarios de los últimos 40 años han priorizado el liderazgo del país en la “Cuarta Revolución Industrial”, la vinculada al big data, al internet de las cosas (IoT), a la inteligencia artificial (IA), al blockchain, al 5G, a la computación cuántica, a la ciberseguridad o a la nanotecnología. China es ya, en varios de estos frentes, el líder mundial, habiendo superado a EEUU[1]. Y, desde luego, a Europa, que ha decidido defender a sus ciudadanos de uno de los efectos negativos de esta ola disruptiva: la pérdida de privacidad[2]. Mientras aquí pensamos en los daños colaterales, nos vamos quedando atrás en esta nueva “guerra fría”, ahora tecnológica, entre EEUU y China[3]. Y la brecha económica se amplía.

Y en este entorno surge el coronavirus que, en muchos campos (entre ellos el que nos ocupa), no supone tanto un punto de inflexión como una aceleración de las tendencias previas. Pero sirve (o debe servir) para algunos como un “despertador” a la nueva realidad. Riiiiiiinnnnng. La inteligencia artificial es útil para evitar (o minimizar) los contagios y, con ello, reducir los confinamientos y, en consecuencia, sortear el impacto negativo sobre la economía. Piensan que regulando (y, en este caso, evitando el desarrollo de la IA) están protegiendo al ciudadano ¡y resulta que es todo lo contrario: le están infligiendo un daño sanitario y económico! Riiiiiiinnnnng. La digitalización puede ser una de las palancas más eficaces de crecimiento económico en los próximos años. Puede ser uno de los caminos más rápidos para salir de la crisis económica. Puede ser la mejor alternativa para esa reformulación de la economía española tan en boca de todos ahora que “nuestro modelo” es vulnerable. Despertemos. Parece que esta vez sí lo vamos a hacer. Y con el apoyo de la Unión Europea (una nueva lección de las ventajas de estar dentro de un grupo más grande[4]).


                                                               «Existe un claro consenso en que el impacto económico del confinamiento se ha amortiguado por el desarrollo tecnológico»

Porque el pasado 21 de julio los dirigentes de la UE alcanzaron un acuerdo sobre el Next Generation UE, un conjunto de medidas extraordinarias que, con un monto de 750.000 millones de EUR (390.000 en subvenciones y 360.000 en préstamos), tiene como objetivo la “reconstrucción después de la pandemia de COVID-19”[5] y que ayudará en las transiciones ecológica y digital. “Ecológica y digital”. He aquí los dos ejes que deben vertebrar cualquier plan de crecimiento. Respecto al primero, en esto sí, Europa ha tomado la delantera en una necesaria concienciación sobre la sostenibilidad del planeta tierra. Otra de las lecciones del COVID19 es que hay que hacer más caso a los científicos. Venían advirtiendo de los riesgos de una zoonosis como la que, parece, se ha producido y que ha provocado un confinamiento y una crisis económica que serán coyunturales. Pero, ¿qué pasaría si por el cambio climático una región queda inundada por el mar de forma definitiva? ¿O si se transforma en un desierto? ¿O si pierde la fertilidad de sus tierras y bosques? El daño no sería temporal, sino estructural. Sirva el drama que estamos viviendo como advertencia de lo que puede pasar y la motivación para priorizar que la reactivación económica tenga una orientación sostenible.

Y el otro eje del plan de recuperación, que es el que aquí nos ocupa, debe ser la digitalización. Pero, ¿qué entendemos por digitalización? Este concepto ha evolucionado, de tal forma que creemos necesario detallarlo. Porque digitalización ya no es “usar internet”. Esa podría ser la acepción de hace una década. Ahora se entiende por digitalización una nueva manera de hacer las cosas, es decir, una disrupción. Ya no consiste en una evolución (una innovación) más o menos lineal, sino en un cambio (un salto exponencial) que implica una transformación radical del modelo productivo o de negocio. Pongo un ejemplo: Uber o Cabify son una innovación. Un coche conducido de forma autónoma que te recoja y te lleve al aeropuerto es una disrupción.

Los dos programas dentro del Next Generation EU que están vinculados al desarrollo tecnológico son Horizonte Europa y Fondo InvestEU. Con un presupuesto conjunto de 10.600 millones de euros están inscritos en Mercado único, innovación y economía digital (cuyo monto total es de 132.800 millones de euros).

Horizonte Europa es el futuro Programa Marco de Investigación e Innovación de la UE para 2021-2027 (es la prolongación del programa Horizonte 2020). En consecuencia, es la iniciativa principal de la UE para el fomento de la investigación y la innovación desde la fase conceptual hasta la introducción en el mercado y sirve de complemento a la financiación nacional y regional.

InvestEU, propuesto por la Comisión Europea en junio de 2018, busca agrupar la financiación del presupuesto de la UE en forma de préstamos y garantías bajo una misma estructura. En la actualidad, existen 14 instrumentos diferentes que contribuyen a apoyar la inversión de la UE, de los cuales, el Fondo Europeo para Inversiones Estratégicas (FEIE) es el principal. La CE propone aprovechar el éxito del modelo del FEIE y las economías de escala mediante la fusión de todos los instrumentos. Al atraer las inversiones públicas y privadas, la CE espera que el fondo InvestEU movilice más de 650 000 millones de euros en inversiones adicionales en toda la UE entre 2021 y 2027.

En sendos programas se remarca la idoneidad de la colaboración entre la iniciativa pública y privada. La crisis de la COVID-19 también ha servido para avivar el debate en torno al papel que deben jugar el Estado y las empresas privadas. Los dos planteamientos más extremos cuentan con defensores y detractores en el espectro de la ideología política. Y a los dos esta crisis les ha aportado argumentos para defender su posición, pero también para ser criticados. ¿Acaso no significa esto que debemos quedarnos con lo constructivo, es decir, que los dos modelos son posibles y que lo importante es que convivan? Pocas dudas para defender el papel de los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado y de los trabajadores de la sanidad pública (por ejemplo). El caos al que habríamos asistido en caso de que años atrás se hubieran impuesto las posiciones más liberales habría sido dramático. Al mismo tiempo, existe un claro consenso en que el impacto económico del confinamiento se ha amortiguado por el desarrollo tecnológico. Y el impulso de éste ha estado vinculado, con mucha diferencia, a la empresa privada. Por la extensión de este artículo no puedo profundizar más en este aspecto, pero creo que el lector se hace una idea de lo que quiero transmitir: el tejido empresarial con capital propiedad de agentes diferentes al Estado es imprescindible, más en aquellos sectores más dinámicos; el sector público también es imprescindible, claro. La colaboración es el mejor camino. En todos los frentes, también en la financiación. Y ojalá se dinamicen alternativas de inversión y financiación como son los mercados de capitales, los fondos de capital riesgo o figuras como los business angels, por ejemplo.


                                    «Mientras aquí pensamos en los daños colaterales, nos vamos quedando atrás en esta nueva “guerra fría”, ahora tecnológica»

Una última reflexión sobre la digitalización y, por extensión, sobre todos los avances tecnológicos que suponen una disrupción: ¿qué impacto tiene sobre la desigualdad? Los dos vértices son: “desigualdad de uso” y “desigualdad de renta”. En el primer caso, existen ejemplos muy claros. Por ejemplo, la digitalización del sistema financiero. Imaginemos la desaparición total de oficinas físicas bancarias y del dinero en efectivo (en línea con lo comentado antes, serían ejemplos de disrupción, no tanto de innovación). Sendos escenarios derivan en la obligatoriedad del uso de dispositivos electrónicos para, por ejemplo, consultar el saldo de la cuenta corriente, realizar un pago e, incluso, solicitar una hipoteca[6]. ¿Tienen el 100% de los ciudadanos acceso a estos dispositivos? ¿Saben utilizarlos? Si la respuesta es no, bien sea por una cuestión de renta o de localización de su residencia, por ejemplo, se produce una desigualdad. ¿Qué sucedería si se implantara la formación 100% a distancia en los colegios e institutos?

La otra desigualdad, la de “renta”, tiene que ver con las diferencias en la retribución del factor trabajo. Es obvio que a medida que se digitaliza la economía se requieren otros atributos en la mano de obra. Los más clásicos (y más abundantes) ya no se necesitan y su retribución cae. A cambio, se incrementa el precio de las capacidades que ahora se requieren. Atención, porque no sólo nos referimos a los tecnológicos, que también, sino a los más humanos, a los más propios de las relaciones personales. Cuanta más inteligencia artificial, más inteligencia emocional[7].

Consideramos que, al igual que sucede con la sostenibilidad, en el debate sobre el avance tecnológico se debe incorporar el ingrediente desigualdad. Pero con un enfoque diferente. No creo que se deba limitar el desarrollo por sus implicaciones negativas, sino articular mecanismos de compensación. La digitalización está provocando un aumento de la desigualdad, pero renunciar a ella generaría una mayor, en especial frente a los países que han apostado por ella y la están implantando. No sólo EEUU sino, como hemos señalado, China, que no quiere repetir el error de hace 150 años que supuso un lastre durante tres generaciones.

[1] Para un análisis en profundidad del liderazgo de China en ámbitos como, por ejemplo, 5G, ver Sendagorta, F. “Estrategias de poder”. Deusto.

[2] Ver Llaneza, P. “Datanomics”. Deusto. Y una reseña de Cano, D. en https://elalcazardelasideas.blogspot.com/2019/07/big-good-data.html

[3] Ver Moreno, L. y Pedreño, A. “Europa frente a EEUU y China. Prevenir el declive en la era de la inteligencia artificial”. Y una reseña de Cano, D. en http://www.afi-inversiones.es/b70.html

[4] Por caer fuera del ámbito de este artículo no voy a entrar en los beneficios para la economía española de su pertenencia al euro, pero estoy seguro de que para el lector son obvios, a tenor de evolución reciente de variables clave como la prima por riesgo de la deuda pública.

[5] Literal, lo que es la confirmación del drama económico que hemos sufrido, con una caída del PIB de entre el 5% y el 20%.

[6] Que un ahorrador de Francia pueda prestar dinero a una empresa en Alemania, sin ningún intermediario financiero, gracias al blockchain y a la capacidad de conocimiento mutuo de las partes (credit scoring) derivada del big data y de la inteligencia artificial es otro ejemplo de disrupción. Es obvio el impacto en el modelo de negocio de un banco tradicional; e incluso de una Fintech.

[7] http://www.empresaglobal.es/EGAFI/contenido/1946069/1601149/cuanta-mas-ia-mas-ie.html?bol=1816694-202003011155

Cómo cerrar la brecha digital en la educación

EL ESCAPARATE

Cómo cerrar la brecha digital en la educación

La pandemia del COVID-19 nos ha obligado a encontrar nuevas formas de trabajar, vivir y aprender. Solo en el ámbito educativo, el cierre de las clases ha afectado a cerca de 10 millones de estudiantes españoles, para quienes la educación a distancia se ha convertido en la única forma de continuar con su aprendizaje. Esta situación ha puesto de manifiesto la desventaja que para muchos alumnos supone no tener en su hogar acceso a internet o el equipamiento adecuado para hacer sus deberes. En septiembre está prevista la vuelta a las clases presenciales, pero es necesario dar soluciones a la brecha digital ante un posible repunte de la epidemia.

ELVIRA ARROYO
[email protected]

La utilización de las nuevas tecnologías entre los menores de 10 a 15 años está muy extendida en España. El 66% tienen teléfono móvil, el 89,7% utilizan el ordenador y el 92,9% usan internet, según los últimos datos publicados por el INE (Encuesta sobre Equipamiento y Uso de Tecnologías de Información y Comunicación -TIC- en los Hogares, de octubre de 2019). Sin embargo, muchos de ellos solo pueden conectarse a internet desde su centro de estudios, algo que, con el cierre de las aulas como consecuencia del coronavirus, les ha dejado en una posición de inferioridad en su avance escolar.

La educación virtual desde casa se ha convertido en la mejor alternativa para no interrumpir las clases, pero las familias con menos poder adquisitivo no siempre pueden proporcionar a sus hijos las herramientas necesarias para un buen aprendizaje online.

El informe Brecha digital y pobreza infantil, elaborado por el Alto Comisionado para la Lucha contra la Pobreza Infantil en marzo de 2020, destaca que en España hasta el 20% (unos 500.000) de los menores que viven en hogares con rentas bajas no tienen ordenador, frente al 0,9% de los pertenecen a hogares con mayores ingresos.

La brecha digital se abre además en dos aspectos. Por un lado, está la división entre quienes tienen acceso a internet y quienes no. En nuestro país, unos 300.000 menores viven en hogares que no pueden pagar internet. En segundo lugar, dentro de quienes disponen de internet, hay una diferencia notable entre aquellos que tienen conexión fija en el hogar y quienes acceden a través del móvil. Con frecuencia, los móviles son dispositivos poco adecuados para el estudio y su uso puede estar condicionado por los límites de descarga de datos, a diferencia de las tarifas planas de banda ancha fija.

Otro factor clave es el tipo de dispositivo electrónico utilizado, ya que un ordenador o una tableta son indispensables para realizar las tareas educativas desde casa. Una vez más, la economía familiar vuelve a marcar la diferencia porque el 23% de los hogares con niños y adolescentes del tramo más bajo de ingresos no tienen ordenador en casa -lo que afectaría a unos 500.000 menores- frente al 1,2% de las familias con ingresos más altos que carecen de ordenador. En total, hay 792.048 hogares con hijos sin dispositivos electrónicos.

Capacidad adquisitiva. La principal causa de este desequilibrio digital es la falta de recursos. La conexión a internet es un esfuerzo económico que las familias con más precariedad no pueden permitirse, más aún en las actuales circunstancias en las que muchas se han quedado sin empleo.

A la vez, hay que considerar si la oferta disponible en el mercado español es asequible para la mayoría y si ofrece un rango de precios similar a otros países de nuestro entorno. El informe del Alto Comisionado para la lucha contra la pobreza infantil utiliza como referente el Índice de la Economía y Sociedad Digital (DESI), que la Comisión Europea calcula anualmente teniendo en cuenta varios aspectos, entre los que se incluyen los precios de la banda ancha. La conclusión es que, salvo un paquete, los precios en España están por encima de la media europea, lo que nos posiciona como un país relativamente caro. No obstante, la Comisión matiza que algunas de estas ofertas pueden contener un componente móvil, por lo que los precios no son del todo comparables con los de la Unión Europea.


 

Las familias con menos poder adquisitivo no siempre pueden proporcionar a sus hijos las herramientas necesarias para un buen aprendizaje online.


Coalición mundial para un aprendizaje inclusivo

LA necesidad de subsanar las deficiencias que afectan al aprendizaje de millones de estudian-tes ha llevado a la Unesco a crear la Coalición Mundial para la Educación Covid-19, que agrupa a más de 90 asociados de los sectores público y privado. El objetivo es buscar soluciones equitativas y lograr que la revolución digital sea inclusiva durante este período de interrupción repentina y sin precedentes en la educación.

Entre los miembros de esta coalición figuran la Unión Internacional de Telecomunicaciones y grupos clave que apoyan a los docentes, como la Inter-nacional de la Educación, la Fundación Varkey, la Organización Internacional del Trabajo y el Equipo Internacional de Trabajo sobre Docentes para Educación 2030.

Para saber más

• Indicadores sobre uso de TIC por menores en España.

ONTSI (Observatorio Nacional de las Telecomunicaciones y de la SI). Abril de 2020. Dossier que recoge el de uso de las TIC por menores de 10 a 15 años en España y en cada comunidad autónoma. Analiza la tenencia de móvil, el uso del ordenador, el uso de internet y el lugar de acceso a la Red.

• Niños en un mundo digital. Estado mundial de la infancia 2017.

Unicef. Informe que analiza cómo afecta el mundo digital a las oportunidades de aprendizaje de la infancia.

• Aprendiendo en casa.

Ministerio de Educación y Formación Profesional, Gobierno de España. Portal web que facilita el acceso a diferentes recursos que aseguren al profesorado, familias y alumnado la continuidad de la actividad educativa durante el periodo de suspensión de las clases presenciales.

•Seguimiento mundial de los cierres de escuelas causadas por el Covid-19.

Mapa interactivo UNESCO

•Marco para la apertura de las escuelas (en inglés). Abril de 2020. Informe elaborado por la Unesco, Unicef y el Banco Mundial con recomendaciones que ayuden a los gobiernos de todo el mundo a preparar sus sistemas educativos para la reapertura de las escuelas.

Mapa mundial de la conectividad en 2019

ZONAS Hogares con acceso a internet Hogares con ordenador
España 91´4% 80´90%
Europa 86´50% 78%
América 71´80% 65´70%
Comunidad de estados independientes 74´20% 66´30%
Estados Árabes 57´20% 51´90%
Asia y Pacífico 50´90% 43´50%
África 17´80% 10´70%
El móvil no es suficiente para estudiar desde casa. Los alumnos necesitan un ordenador o una tableta para escribir y hacer sus tareas.

Ámbito global

La brecha digital es además un fenómeno mundial. Si miramos fuera de nuestras fronteras, comprobamos que estamos ante un desafío mundial sin precedentes para el sistema educativo porque el cierre de colegios y universidades por la pandemia ha llegado a afectar a 1.500 millones de estudiantes y a 63 millones de docentes de 191 países.

 


En España hay 792.048 hogares con hijos sin acceso a dispositivos electrónicos.


 

Más de la mitad de esos alumnos -unos 826 millones según la UNESCO- no tienen ordenador en casa y el 43% no tienen internet. Estas carencias son mucho más elevadas en los países con bajos ingresos. Casi 9 de cada 10 jóvenes que no usan internet viven en África, Asia o el Pacífico. Concretamente, en el África Subsahariana el 89% de los alumnos no tienen ordenador doméstico y el 82% carecen de acceso a internet.

La UNESCO advierte que estas desigualdades constituyen una verdadera amenaza para la continuidad del aprendizaje, más aún en el contexto actual. “Cuando las escuelas cierran, el rendimiento educativo sufre. La interrupción de la escolarización también conduce a otras pérdidas más difíciles de medir, incluidos los inconvenientes para las familias y la disminución de la productividad económica a medida que los padres luchan por equilibrar las obligaciones laborales con el cuidado infantil”, ha señalado esta agencia.

Un reto recurrente. La suspensión de las clases por el coronavirus ha reavivado el debate sobre el perjuicio que la brecha digital implica para millones de alumnos, pero la comunidad internacional lleva años recordando la urgencia de abordar este tema.

El informe Estado mundial de la infancia 2017, publicado por UNICEF, explica las oportunidades perdidas que conlleva la brecha digital para los niños de todo el planeta. A corto plazo, los menores que no están conectados pierden recursos educativos, acceso a información global y oportunidades de aprendizaje en línea. También se ven privados de la posibilidad de relacionarse con otras personas o de viajar sabiendo que pueden contactar con sus familias si lo necesitan.

Para los niños que viven con discapacidades, la conectividad puede significar la diferencia entre la exclusión social y la igualdad de oportunidades.

Cuando son adultos, el manejo de las tecnologías digitales aumenta las probabilidades de encontrar empleo. Según la Organización de Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE), la experiencia en TIC tiene un gran impacto sobre la participación en el mercado laboral y los salarios en países como Australia y Estados Unidos. Otros estudios de poblaciones adultas en países como la India y Túnez llegan a conclusiones similares.

Unicef recuerda además que, aunque los países más agraviados son los menos desarrollados, la desigualdad digital está presente en todos. Por ejemplo, en Estados Unidos se calcula que cinco millones de menores de entre 6 y 17 años no tienen internet en su hogar debido a que viven en zonas sin conexión o a que sus padres no pueden pagar la banda ancha.

 


El cierre de colegios y universidades por la pandemia ha llegado a afectar a 1.500 millones de estudiantes y a 63 millones de docentes en todo el mundo.


 

Esto ha dado lugar a la denominada “brecha de la tarea”, porque los profesores piden cada vez más deberes que requieren pruebas o aprendizaje online. Para com-pensar esta carencia, es habitual que los niños acudan a las bibliotecas locales o a los establecimientos de comida rápida para acceder a puntos de acceso gratuitos. En otras zonas, los autobuses escolares equipados con wifi estacionan por la noche en los barrios marginales para que los estudiantes puedan conectarse y hacer sus debe-res. Aun así, los estudiantes de secundaria que no tienen banda ancha se quejan de que sus notas son más bajas porque a menudo no pueden completar sus trabajos.

Otras barreras. Junto a los problemas de accesibilidad, los estudiantes de determinadas culturas se decepcionan cuando navegan por internet y apenas encuentran con-tenido relacionado con su entorno o identidad. Este podría ser un factor que les desmotive para conectarse y para descubrir la utilidad que las tecnologías digitales pueden tener para ellos.

A esto se suma el inconveniente que puede suponer el hecho de no encontrar contenidos en el idioma propio. Si bien es cierto que la diversidad lingüística de internet no para de aumentar; casi el 60% del contenido publica-do está en inglés. Por suerte, existen sofisticados traductores que ponen a disposición de los usuarios los contenidos en su idioma. Solo Google Translate traduce información a más de 100 idiomas, lo que supone un gran avance para los usuarios y en particular para los estudiantes.

Por otro lado, la falta de información que conlleva la exclusión digital aumenta la vulnerabilidad de la sociedad en situaciones como la que estamos viviendo. En las zonas más desfavorecidas, la propagación de una enfermedad puede estar muy relacionada con el conocimiento que sus habitantes tengan sobre cómo protegerse o actuar.

En el lado opuesto está el exceso de información que nos abruma en los países desarrollados, que incluye bulos que debemos aprender a identificar y a no difundir en las redes sociales. En la actual crisis sanitaria no solo proliferan teorías que identifican a supuestos responsables, sino que se ofrecen remedios milagrosos que pue-den provocar graves daños en la salud.

El principal desafío es difundir contenidos que ayuden a tener niños y adultos bien formados e informados en todo el planeta. Una información rigurosa ayudará a los menores a tomar decisiones que mejoren su salud, su calidad de vida, sus finanzas y cualquier otro aspecto de sus vidas.

Nuevo rol de los docentes. También los docentes han sufrido en los últimos meses las consecuencias de la brecha digital, incluso en los países dotados con medios tecnológicos de calidad y con una buena conectividad. El cierre repentino de las aulas les ha obligado a adaptarse a un escenario de enseñanza virtual que no habían podido planificar con antelación. Les faltaban medios materiales y formación para impartir con eficacia sus clases.

Aunque en España existen iniciativas privadas como Educa Internet y Conecta Educación, que ayudan a los educadores en su proceso de digitalización, es necesario reforzar su capacitación en competencias digitales y dotarles de las herramientas educativas adecuadas.

El regreso a las clases presenciales en septiembre no impedirá que se impongan las fórmulas online para generar contenidos, impartir las materias y motivar a los alumnos. Entre otras razones, porque tampoco se sabe con certeza cómo se desarrollará el nuevo curso. Es probable que la asistencia a clase se alterne con clases virtuales, pero el ritmo lo marcará la evolución de la pandemia.

Clases y exámenes virtuales

El coronavirus ha impuesto también métodos de evaluación online que han sustituido a los exámenes tradicio-nales. Los centros educativos han tenido que adaptar sus métodos de evaluación a los canales telemáticos, garantizando además un proceso seguro y sin posibles engaños, como copiar o suplantar la identidad del alumno que debe examinarse.

Las pruebas virtuales se han impuesto también en los centros tradicionales de educación a distancia como la UNED, que ha realizado por esta vía cerca de 300.000 exámenes.

Porcentaje de hogares españoles con menores sin acceso a internet según sus ingresos.

Ingresos netos mensuales % sin internet
Menos de 900 € 9.20%
De 900 € a 1.600 € 4.1%
De 1.600 € a 2.500 € 1.1%
De 2.500€ a 3.000 € 1%
3.000 € o más 0.4%

Fuente: Brecha digital y pobreza infantil. Alto Comisionado para la Lucha contra la Pobreza Infantil. Marzo de 2020.

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Cerrar brechas. Una de las lecciones aprendidas en esta crisis sanitaria es que la digitalización de la educación es apremiante, con independencia de que puedan darse emergencias similares a la vivida desde el mes de marzo. Por este motivo, el Gobierno de España ha lanzado el programa Educa en Digital, que empezará a implantarse durante el primer trimestre del curso 2020-2021. El objetivo es cerrar las brechas de capacitación y acceso a la tecnología.

Entre otras novedades, los centros pondrán a disposición de los alumnos más vulnerables, mediante préstamo, dispositivos que faciliten la educación digital tanto de forma presencial en el centro como desde el hogar. Esta actuación puede alcanzar los 500.000 equipos.

El programa establece la puesta en marcha de plataformas de asistencia al profesorado, alumnado y autoridades educativas mediante la aplicación de la inteligencia artificial. Este desarrollo permitirá establecer itinerarios personalizados para los alumnos, un seguimiento más efectivo de sus progresos y un análisis individualizado de su evolución por parte del profesorado.

Al mismo tiempo, es preciso seguir trabajando otras acciones para que el derecho a la educación no sea vulnerado. Como casi todos los hogares disponen de móvil, televisión y radio, hay que potenciar las iniciativas pues-tas en marcha a través de estos canales porque llegarán prácticamente a toda la población. Audrey Azoulay, directora general de la Unesco destaca que “si bien deben multiplicarse los esfuerzos para proporcionar conectividad a todos, ahora sabemos que la continuidad de la enseñanza y el aprendizaje no puede limitarse a los medios en línea. Para reducir las desigualdades existentes, debemos respaldar otras opciones, como el uso de programas de emisoras de radio y televisión comunitarias, y la creatividad en todas las formas de aprendizaje”.

Soporte imprescindible. El Covid-19 ha reafirmado el papel esencial que las TIC tienen en nuestras vidas para trabajar y estudiar sin salir de casa o para mantener el contacto con la familia y amigos. No solo se ha incrementado aún más el uso de internet, sino que hemos incorporado a nuestra rutina diaria videollamadas, webinars, reuniones y clases online.

Las herramientas digitales son además fundamentales en la lucha contra el coronavirus, ya que permiten acelerar la búsqueda de terapias, monitorizar la propagación del virus y reaccionar en consecuencia.

En definitiva, ahora más que nunca es indispensable estar conectados. Ante este desafío, la Comisión Europea ha anunciado que seguirá colaborando para que los Estados miembros de la UE refuercen la cobertura de las redes de alta capacidad, lancen servicios 5G, mejoren las competencias digitales de los ciudadanos y continúe la digitalización de las empresas y el sector público.

«Brecha digital, brecha social», por Alejandro Tiana Ferrer

EL ESCAPARATE

ALEJANDRO TIANA FERRER,

secretario de Estado de Educación

@atianaf

Brecha digital, brecha social

COMO ES BIEN sabido, la declaración del estado de alarma en España implicó la suspensión de la actividad lectiva presencial en los centros educativos. Y debo hacer énfasis en este último aspecto: se suspendió la actividad presencial, no la educativa. En efecto, de manera inmediata los centros y sus docentes comenzaron a suplir las actividades habituales por otras desarrolladas a distancia o en línea. En muy pocos días, con objeto de dar una respuesta urgente a una situación inesperada, comenzaron a ofrecer a su alumnado otro tipo de actividades utilizando recursos digitales muy diversos, a veces acompañados de otros medios, como los programas televisivos ofrecidos por Radiotelevisión Española en colaboración con el Ministerio de Educación y Formación Profesional. Fue necesario enfrentarse a una situación imprevista que nos puso a todos a prueba y ante la cual tanto docentes como estudiantes y familias supieron reaccionar con rapidez y decisión.

Es verdad que nuestro sistema educativo lleva varios años impulsando la digitalización de la enseñanza, incorporando dispositivos y plataformas, formando al profesorado, produciendo recursos digitales y mejorando notablemente la conectividad de los centros educativos. Pero debemos reconocer que ello no implica la utilización sistemática y generalizada de dichos recursos en las actividades cotidianas de enseñanza de todas las etapas. Las diversas Administraciones educativas han elaborado sus propios planes, desarrollado plataformas para la enseñanza, puesto en marcha iniciativas interesantes; pero estos recursos no habían tenido hasta ahora que ser utilizados como soporte fundamental de las actividades de aprendizaje. Ha sido en estas circunstancias anómalas cuando hemos tenido que probar sus posibilidades y su potencia, y extraer lecciones para el futuro.

Uno de los problemas ya detectados con anterioridad consiste en la existencia de la denominada brecha digital en la sociedad española. De una manera simple, suele identificarse con el hecho de tener o no acceso a conexión y dispositivos tecnológicos. Desde varios organismos se ha intentado cuantificar y caracterizar dicha brecha. Según los datos de la Encuesta sobre Equipamiento y Uso de Tecnologías de Información y Comunicación en los Hogares (2019) del INE, 792.048 hogares con hijos no poseen dispositivos electrónicos y 284.243 hogares con hijos no disponen de conexión a internet. Y según los datos de PISA 2018, un 9% del alumnado de 15 años de edad no tiene ningún dispositivo en su hogar y un 2% no tiene acceso a internet. Aunque no son cifras muy elevadas, resultan preocupantes, sobre todo por el tipo de alumnado al que afectan, que es el de menores niveles de renta. Y es un fenómeno que tiene un reflejo inmediato en el ámbito de la educación y la formación.

Pero esta primera aproximación a la brecha digital que podríamos denominar propiamente brecha de acceso, no es la única identificable. En realidad, los especialistas distinguen tres dimensiones distintas en su interior. Es el caso de Mariano Fernández Enguita, quien a la brecha de acceso ya mencionada, añade la brecha de uso, relativa al tiempo de uso efectivo y a la calidad del mismo, y la brecha escolar, que hace referencia a las habilidades del profesorado y a la disponibilidad de recursos y plataformas de apoyo a la enseñanza. Aunque los indica-dores españoles en ambas dimensiones no son especialmente bajos, tienen un indudable campo de desarrollo por delante.

Esta concepción multidimensional de la brecha digital ha sido adoptada por estudios recientes como los publicados el pasado mes de abril por Cotec, con el título Covid-19 y educación: problemas, respuestas y escenarios, o por Save the Children, en Covid-19: Cerrar la brecha. Impacto educativo y propuestas de equidad para la desescalada. Merece la pena citar este último, pues desciende al análisis de las diferencias existentes bajo esa denominación genérica de brecha digital. Recogiendo datos de PISA 2018 trabajados por Lucas Gortázar concluye que las diferencias existentes en el número de ordenadores en el hogar está íntimamente asociado a la situación socioeconómica. Mientras que un 14% de estudiantes del cuartil más bajo no dispone de ordenador y el 44% tiene solamente uno, el 92% del cuartil más elevado dispone al menos de dos ordenadores en el hogar. Los datos resultan concluyentes y confirman datos similares del INE.

Y es que, en última instancia, la brecha digital es también y sobre todo brecha social. Por ese motivo, desde el Ministerio de Educación y Formación Profesional, en cooperación con Red.es, hemos puesto en mar-cha un ambicioso programa de cooperación territorial para permitir que las comunidades autónomas distribuyan, en régimen de préstamo, dispositivos y conexión a los estudiantes que carecen de ello y no tienen medios para cubrirlos por sí mismos. Esperamos llegar a más de 600.000 estudiantes de ese grupo social. Esperamos hacer frente así a una de las causas principales de la mencionada brecha digital (que es en buena medida social).


«Desde el Ministerio de Educación y Formación Profesional, en cooperación con Red.es, hemos puesto en marcha un ambicioso programa de cooperación territorial»


Ahora bien, aunque contribuyamos a cerrar o estrechar esa brecha, somos plenamente conscientes de que hay otras dos dimensiones que debemos atender: la de uso y la educativa. Y a ambas habrá que prestar una especial atención en estos próximos meses. Aunque todos hacemos votos para que la pandemia nos dé un respiro, no podemos excluir que en el próximo curso debamos atender contingencias imprevistas. Y para enfrentar esa incertidumbre debemos desarrollar al máximo los recursos digitales a disposición de nuestros centros, docentes y estudiantes. Es una tarea tan ineludible como atractiva y, sin duda, fructífera con vistas al futuro.