Profesionales sin cuarentena, héroes invisibles

Sanitarios, fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado, farmacéuticos, trabajadores de servicios esenciales (electricidad, agua, telecomunicaciones, transporte público), proveedores de la cadena sanitaria y de alimentación, cuidadores, funerarios, repartidores, transportistas, dependientes, notarios y empleados de notarías, abogados, gestores, empleados de entidades financieras, periodistas, veterinarios, religiosos, vigilantes de seguridad, profesionales de la limpieza y recogida de residuos… No quisiéramos dejar a nadie sin mencionar… han estado en primera línea mientras una gran parte del país permanecía confinado en casa. Para ellos no ha habido cuarentena. Cada día han abandonado la seguridad de sus casas para cubrir las necesidades más urgentes de una situación sin precedentes en España.

El relato de algunos ‘héroes’. Manuel es funerario en Madrid desde hace más de 20 años y asegura que nunca pensó que viviría algo así. “Han sido meses muy difíciles porque nos hemos visto sobrepasados por un ritmo de trabajo inusual y a la vez hemos visto de cerca el dolor de las familias que han perdido a un ser querido sin poder despedirse de él”. Cómo él, miles de profesionales del sector funerario han trabajado 24 horas al día durante semanas, a veces sin tener la protección adecuada. Aunque su labor no tiene a menudo la visibilidad que merece, la patronal del sector Panasef recuerda que son el último eslabón de la cadena sanitaria y que, sin su trabajo, el problema que ha padecido España como consecuencia del Covid-19 habría sido insostenible.

Otros héroes de esta batalla son los profesionales encargados de cuidar a las personas mayores en residencias y en sus domicilios. Ellos han sido el único contacto de esos ancianos en los momentos más duros de la pandemia, cuando sus familiares no podían visitarles, ni siquiera cuando estaban a punto de fallecer. Nuria Corrales trabaja desde hace 15 años como gobernanta y enfermera de la residencia de ancianos Los Jazmines, en Burgos. Ellos se anticiparon a lo que podía venir adoptando medidas de aislamiento antes de que las autoridades las exigieran. Hoy afirma con orgullo que hasta ahora ninguno de sus residentes se ha contagiado. “Creo que el trabajo en equipo, la empatía con los compañeros y la responsabilidad individual han sido decisivos. Al principio hubo mucho miedo, pero sabíamos que teníamos que estar al pie del cañón y así seguiremos lo que haga falta”.

La cara más solidaria. Esta crisis sanitaria ha dejado también sin ingresos a muchas familias que necesitan ayudas sociales para sobrevivir. David López, párroco de la parroquia Jesús y María, situada en el madrileño barrio de Aluche, afirma que en su zona se ha duplicado la demanda de alimentos y que en algunas ocasiones han pasado apuros para atender tantas peticiones. Ahora es más llevadero “porque se han volcado las entidades públicas y privadas. Además, casi todas las parroquias ya están proporcionando asistencia”.

Otro ejemplo de solidaridad es la organización Un Inicio, una empresa social que forma y da empleo a jóvenes vulnerables en el ámbito de la gastronomía. Edu Roselló, fundador y presidente de este proyecto, recuerda que, como tenían las neveras llenas de alimentos, decidieron servir comida a domicilio. “Logramos además que las familias con más posibilidades dieran una caja de donativos a otras familias que lo necesitaban. Empezamos atendiendo entre 5 y 15 familias al día, pero ahora estamos entregando unas 200 cajas diarias.” A la vez, recibieron el encargo de hacer los menús que el Ayuntamiento de Madrid entrega a domicilio. “Estamos sirviendo 1.800 menús diarios.”

En la actual coyuntura algunos han encontrado también la ocasión de trabajar en sectores que han tenido que aumentar sus contrataciones por el incremento de actividad o para cubrir las bajas por enfermedad. Es el caso de Marina, una vigilante de seguridad que trabaja ahora en una urbanización privada. “Estoy divorciada y tengo tres hijos. Este empleo es un regalo. Al principio tenía miedo a contagiarme, pero voy protegida y aquí está todo muy tranquilo”.

La función notarial: un servicio público garantizado. Los casi 3.000 notarios y sus 17.000 empleados, repartidos por toda España, han estado desde el minuto uno del estado de alarma “al pie del cañón”. En una primera etapa, las notarías permanecieron abiertas solo para atender casos de urgencia y con cita previa. Distancias de seguridad, geles y mascarillas, turnos y mucha dedicación y entrega. Los notarios –señaló el Ministerio de Justicia– realizan “un servicio público de interés general cuya prestación ha de quedar garantizada en todo el territorio nacional”. Desde el pasado 8 de mayo, los notarios han iniciado un paulatino retorno a la normalidad.

Por Elvira Arroyo