UINL

PANORAMA INTERNACIONAL
UINL
Apertura de las reuniones por el ministro de Justicia de Benín.

Reuniones institucionales de la UINL

Del 7 al 10 de mayo la Unión Internacional del Notariado celebró sus reuniones institucionales en Dakar (Senegal). Al encuentro asistió una amplia delegación del Notariado español, integrada por los notarios que presiden o forman parte de las distintas comisiones del organismo, sus grupos de trabajo y el Consejo de Dirección: Almudena Castro-Girona, Pedro Carrión, José Ignacio González Álvarez, Álvaro Lucini, Isidoro Calvo y Ernesto Tarragón; acompañados por Maria Luisa Pacheco, colaboradora del Consejo General del Notariado para las Relaciones Internacionales.

Asimismo, dentro de este foro se celebró una jornada sobre El sistema de tenencia de la tierra y los procedimientos de inmatriculación, en la que profesionales de organizaciones supranacionales debatieron con notarios de diferentes países sobre temas tales como el acceso de las mujeres a la vivienda, la seguridad de las transacciones o el acceso equitativo a la propiedad.

De izda. a dcha.: José Ignacio González Álvarez, Almudena Castro-Girona, Antonio García Amezcua y Pedro Rincón.

Comisión de Asuntos Europeos

La Unión Internacional del Notariado organizó en París, los días 5 y 6 de junio, la reunión de su Comisión de Asuntos Europeos. En representación del Consejo General del Notariado español participaron los notarios José Ignacio González Álvarez, Antonio García Amezcua, Pedro Rincón y Almudena Castro-Girona.

Además, Castro-Girona, presidenta de la Comisión de Derechos Humanos de la UINL, intervino en la conferencia organizada -en el marco de este encuentro- por la Academia Notarial Europea en la Cámara de Notarios de París, bajo el título: Desjudicialización. Nuevos horizontes para la protección de personas y familias. ¿Qué rol y qué misiones desempeñan los notarios?

Carmen Boulet y Amine El Hijri, presidente del Consejo Regional de la Orden de Notarios de Tánger.

Centenario del Notariado marroquí

Con motivo de su centenario, el Consejo Nacional del Notariado de Marruecos, organizó un coloquio científico los días 13 y 14 de mayo de 2025 en Rabat, bajo el lema: 100 años del Notariado. La tinta que preserva los derechos y el sello que construye la confianza para el futuro.

La delegada de Asuntos Económicos e Internacionales del Consejo General del Notariado, Carmen Boulet, participó en el encuentro, en el que se articularon mesas de diálogo sobre el marco jurídico actual, la práctica profesional y el papel clave de los notarios para reforzar la seguridad contractual.

Carmen Boulet saluda a Su Majestad el Rey Felipe VI.

‘World Law Congress 2025’

La delegada de Asuntos Económicos e Internacionales del Consejo General del Notariado, Carmen Boulet, participó en el World Law Congress 2025, celebrado en República Dominicana a principios de mayo. Este gran foro jurídico reunió a jefes de Estado, representantes institucionales, juristas, académicos y profesionales del Derecho de 60 países, entre ellos, el Rey Felipe VI.

La notaria española intervino en el panel de debate sobre las contribuciones de la mujer al mantenimiento del Estado de derecho, junto a representantes de la American Bar Association, el Gobierno de Albania y los órganos de Justicia de Albania, Nigeria y Senegal.

«Las guerras de Trump», por Rafael Navarro-Valls

ÁGORA CULTURAL Y JURÍDICA

‘Las guerras de Trump’

por Rafael Navarro-Valls

Catedrático emérito y profesor de honor de la Facultad de Derecho de la Universidad Complutense de Madrid

Expertos en diferentes áreas del Derecho se dan cita en nuestra revista para ofrecernos su visión de lo acontecido en el mundo de la Literatura, las Artes, la Justicia y, por qué no, en la vida misma. En este número nos acompañan: José Luis Espinosa de Soto Notario de Vigo, académico de número de la Real Academia Gallega de Jurisprudencia y Legislación e integrante de programas de acogimiento familiar y Rafael Navarro-Valls, Catedrático emérito y profesor de honor de la Facultad de Derecho de la Universidad Complutense de Madrid

En enero de 2025, Donald J. Trump inició su segundo mandato como presidente de Estados Unidos con una agenda internacional que ha potenciado y ordenado los pilares de su primera presidencia. La doctrina America First, basada en el nacionalismo económico, la centralización del poder presidencial y un enfoque transaccional, que ha evolucionado hacia una política exterior que busca no solo replantear el rol de Estados Unidos, sino también modificar las estructuras internacionales vigentes.

Por más que Trump tiene estallidos de desequilibrado -por ejemplo, en sus relaciones con Musk, su excesiva reacción ante los disturbios de Los Ángeles, las dudas ante el potencial atómico de Irán o sus vaivenes en el tema de los aranceles- existe un sector de proyecciones internacionales que no ha sido suficientemente analizado. El núcleo de la política exterior de Trump sigue siendo la prioridad de los intereses estadounidenses por encima de los compromisos globales y alianzas tradicionales. Lo que en su primer mandato estalló como retórica desafiante se va trasformando ahora en una estructura ejecutiva más fuerte.

Más cerca del imperialismo que de la política

En febrero de 2025, una orden ejecutiva formalizó la unificación exterior, consolidando la autoridad del presidente sobre todos los actores diplomáticos y otorgando al secretario de Estado la capacidad de reformar el servicio exterior. Esto ha llevado a una politización profunda del cuerpo diplomático, donde la lealtad a la visión presidencial prima sobre la experiencia profesional.

Este centralismo no solo apunta a controlar el discurso exterior, sino también a garantizar que cada relación internacional esté alineada con un principio básico: ¿qué obtiene Estados Unidos a cambio? Las alianzas dejan de ser valores compartidos y se convierten en transacciones.

La revitalización del lema Paz a través de la Fuerza consolidará esta filosofía. Trump entiende que el liderazgo mundial de Estados Unidos no se basa en alianzas o valores, sino en la capacidad de imponer condiciones desde una posición de poder militar y económico. Esta doctrina, aunque interesante para sectores nacionalistas, ha generado fricciones con socios estratégicos que perciben una actitud imperial y unilateralista. Así ha pasado con la operación Martillo de Medianoche contra Irán, que ha machacado tres centrales nucleares con 125 aviones y 75 proyectiles, con 14 bombas de más de 13.000 kilos, sin la más mínima consulta con sus hipotéticos aliados europeos. El posterior cese de las hostilidades entre Israel e Irán ha sido dirigido por Trump, después de la ficción del ataque de Irán a Doha.

Adiós al orden multilateral

Uno de los movimientos más significativos del inicio del segundo mandato de Trump ha sido su hostilidad intensificada hacia las instituciones internacionales. La salida de Estados Unidos del Acuerdo de París, la OMC y la OMS marca una ruptura sistemática con el orden liberal internacional establecido tras la Segunda Guerra Mundial. En lugar de colaborar para resolver desafíos globales como el cambio climático o la salud pública, la administración opta por respuestas bilaterales y acuerdos que puedan demostrar beneficios inmediatos y tangibles para la nación.

Este rechazo al multilateralismo tiene consecuencias estructurales. En el caso de la OTAN, Trump ha generado críticas in crescendo, llegando a exigir un aumento del gasto militar de los aliados europeos hasta el 5% del PIB, sólo discutida por Pedro Sánchez, en su afán de que sus aliados de izquierda se acerquen cada vez más a sus pretensiones de mantener el poder hasta las elecciones de 2027. Esta presión ha producido que Francia lidere las discusiones continentales y nuevos pactos de defensa dentro de la UE.

El alejamiento de Estados Unidos de sus compromisos multilaterales ha repercutido en países del sur del globo, que antes contaban con la asistencia humanitaria estadounidense y que se enfrentan ahora a una reorientación forzada hacia otros actores, como China, Turquía o Rusia. Esta dinámica está alterando el equilibrio global, debilitando la influencia blanda estadounidense y aumentando la competencia por esferas de influencia. Eso es más visible en lo que llamaremos las guerras de Trump.

Planes de paz y ‘mediación’ internacional

Trump prometió, aun antes de ser presidente, una paz rápida entre Ucrania y Rusia, presentando propuestas que implican concesiones territoriales significativas por parte de Kiev. El plan estadounidense contempla el reconocimiento de Crimea como territorio ruso, el control de facto ruso sobre zonas del Donbás, la exclusión permanente de Ucrania de la OTAN y el levantamiento de sanciones impuestas a Moscú desde 2014.

Aunque en contraprestación recibiría una fuerte compensación económica y una garantía de seguridad apoyada por potencias europeas, este plan es inaceptable para Ucrania, que ve en él una legitimación de la agresión militar rusa.

Ucrania canaliza los cambios por recursos naturales hacia empresas estadounidenses, alimentando acusaciones de neocolonialismo. Este enfoque pragmático, que subordina principios como la soberanía o la autodeterminación a objetivos estratégicos inmediatos, también refleja una pérdida de prestigio moral. Mientras se presenta como mediador de paz, Estados Unidos también capitaliza la destrucción para obtener ventajas económicas a largo plazo.

El enfoque de Trump hacia el conflicto palestino-israelí también ha dado un giro importante. Inicialmente, el plan de convertir Gaza en la Riviera de Oriente Medio incluía el desplazamiento de más de dos millones de palestinos a países vecinos y la reurbanización del enclave bajo dirección estadounidense. Esta propuesta fue rechazada internacionalmente y el presidente la retiró, pero sigue insistiendo en una toma de Gaza para reconstruirla desde cero. Esta propuesta, además de violar el derecho internacional, agravará las tensiones regionales. Egipto, Jordania y organizaciones como Hamás y Hezbolá han rechazado la idea, alertando sobre la posibilidad de un conflicto aún mayor. Este enfoque se inscribe dentro de una política de alineamiento incondicional con Israel Al privilegiar alianzas estratégicas y económicas sobre la autodeterminación palestina, Estados Unidos se arriesga a ser percibido como un actor parcial e intervencionista.

El castigo arancelario

Por otra parte, Trump ha reinstaurado la guerra comercial como herramienta central de política exterior. Desde abril de 2025, Estados Unidos ha impuesto un arancel universal del 10% sobre todas las importaciones, junto con aranceles recíprocos elevados a países con altos déficits comerciales con Washington.

El objetivo declarado es recuperar la soberanía y fomentar la relocalización industrial. En el caso de China, se ha alcanzado un acuerdo provisional que reduce temporalmente los aranceles, aunque persiste la amenaza de aumentos si no se cumplen los términos negociados. Estas medidas buscan contener el avance chino en sectores estratégicos como la biofabricación y la microelectrónica.

Sin embargo, el impacto negativo sobre el consumidor estadounidense es notable: el coste anual estimado por familia asciende a $4,600. Además, la incertidumbre generada por políticas erráticas ha debilitado la confianza internacional en la fiabilidad de Estados Unidos como socio económico.

En línea con su enfoque transaccional, Trump ha cuestionado el rol de Taiwán como socio estratégico. Acusándole de robar el negocio de semiconductores, ha propuesto aumentar los aranceles a sus productos y ha presionado para que Taipéi eleve su gasto en defensa hasta el 10% de su PIB.

Realineamientos estratégicos y erosión diplomática

Una de las decisiones más significativas de la administración Trump ha sido la desarticulación de la asistencia exterior. La disolución de USAID y la reorganización del Departamento de Estado han debilitado el rol histórico de Estados Unidos como líder humanitario y defensor de derechos.

Se estima que, la erosión de la diplomacia tradicional y el cierre de oficinas clave reduce la capacidad del país para anticipar crisis y construir relaciones duraderas. El vacío dejado por esta retirada podría ser aprovechado por potencias como China o Rusia, con consecuencias duraderas para el equilibrio mundial.

En conclusión, el segundo mandato de Donald Trump representa una consolidación ideológica y operativa de su visión de America First, con consecuencias profundas para la arquitectura global. El orden multilateral, basado en reglas y cooperación, ha sido reemplazado por una lógica de poder unilateral, transacciones bilaterales y realineamientos estratégicos.

Aunque esta estrategia puede generar beneficios a corto plazo para Estados Unidos -en forma de reducción de compromisos internacionales o acuerdos comerciales específicos- también ha erosionado alianzas clave, aumentado tensiones geopolíticas y generado una percepción de imprevisibilidad. En conflictos como Ucrania o Gaza, la búsqueda de soluciones rápidas y ventajosas ha marginado valores como la soberanía, los derechos humanos y el derecho internacional.

«Sobre el acogimiento familiar», por José Luis Espinosa de Soto

ÁGORA CULTURAL Y JURÍDICA

‘Sobre el acogimiento familiar’

por José Luis Espinosa de Soto

Notario de Vigo, académico de número de la Real Academia Gallega de Jurisprudencia y Legislación e integrante de programas de acogimiento familiar.

Expertos en diferentes áreas del Derecho se dan cita en nuestra revista para ofrecernos su visión de lo acontecido en el mundo de la Literatura, las Artes, la Justicia y, por qué no, en la vida misma. En este número nos acompañan: José Luis Espinosa de Soto Notario de Vigo, académico de número de la Real Academia Gallega de Jurisprudencia y Legislación e integrante de programas de acogimiento familiar y Rafael Navarro-Valls, Catedrático emérito y profesor de honor de la Facultad de Derecho de la Universidad Complutense de Madrid

¿Qué harías si supieras que tu hogar puede cambiarle la vida a un niño, una niña o un adolescente? El pasado 31 de mayo se celebró el día del acogimiento familiar y la referencia que con tal motivo hizo en su web Cruz Roja Española (entidad que tiene un programa para formar y gestionar a familias acogedoras en colaboración con las administraciones públicas) comenzaba con esa pregunta, indicando que en España hay más de 17.000 niños, niñas y adolescentes tutelados en acogimiento residencial, es decir en residencias o instituciones, según datos del Ministerio de Derechos Sociales y Agenda 2030.

La organización Aldeas Infantiles SOS destaca que crecer en un entorno familiar donde los niños y niñas se sientan vistos, escuchados y valorados es un derecho que incide directamente en su salud mental, su bienestar emocional y su desarrollo social y cognitivo. Y es que en la psicología moderna se repite constantemente la idea de que cubrir las necesidades afectivas es esencial para el equilibrio emocional del ser humano; y si esa idea la referimos a los niños y adolescentes no cabe duda de que crecer en un entorno que les proporcione esos mínimos cuidados afectivos es clave para tener de adulto una personalidad equilibrada. Este derecho lo reconoce la Convención de los Derechos del Niño de Naciones Unidas, tanto en su preámbulo como en el art. 20, que incluso hace referencia a sistemas tradicionales de acogimiento.

Crecer en un entorno apropiado, clave para el futuro

El acogimiento familiar proporciona ese entorno afectivo a los niños, niñas y adolescentes que, por múltiples razones de todo tipo, no pueden vivir con sus padres o su familia biológica, ya que el niño se inserta en la familia acogedora como un hijo más -o como un hijo, si los acogedores no los tienen-. La experiencia demuestra que su situación en estos casos no difiere, en cuanto a la relación afectiva y personal, de la de un hijo. Además, una familia acogedora puede dar al menor, además de cariño, estabilidad económica, seguridad y una adecuada atención a las necesidades materiales en general, unas ayudas y apoyos que pueden ser muy importantes para su futuro. El niño o niña siente que forma parte de la familia y es aceptado en ella y generalmente llegada una edad se sentirá apoyado en sus proyectos y decisiones.

Claro está que esta situación no está exenta de dificultades, empezando por el hecho de que prestarse a ser una familia acogedora requiere una disponibilidad de tiempo y personal, que no siempre es fácil de tener, cierta estabilidad económica y una formación suficiente, para obtener la calificación positiva de aptitud. Una vez superadas las condiciones iniciales, otras dificultades tienen que ver, de un modo u otro, con el carácter naturalmente temporal del acogimiento. Primero porque, incluso cuando el niño o niña es acogido desde su nacimiento, llega a la familia con su propia historia, ya imborrable. Segundo, porque la integración en la familia puede ser algo complicada si los padres acogedores tienen también sus propios hijos -aunque no tiene porqué-, lo cual en ningún caso es motivo para descartar el acogimiento. Y tercero, porque el momento de la separación es, o puede ser según los casos, un momento de especial dificultad e incluso dramático, pero necesario e inevitable, tanto para la familia acogedora como para el menor.

Esto último es incluso más difícil de llevar para ambas partes cuando el acogimiento ha sido largo, tanto si el menor vuelve a su familia biológica como si es dado en adopción. En estos casos la separación puede ser una prueba dolorosa y difícil de superar, pero es necesario porque el niño lo que necesita es una familia definitiva y propia y el regreso a su familia o la adopción es siempre la mejor opción para él. Ello no quiere decir que en algunos casos no sea posible un acogimiento permanente, que dure hasta la edad adulta, pero lo ideal es dar al niño una solución más definitiva.

Soluciones jurídicas y acompañamiento emocional

La solución, en la medida de lo posible, de estos problemas o dificultades, necesita el apoyo de las instituciones públicas en un doble aspecto: el jurídico y el personal psicológico. En el ámbito jurídico, los menores en régimen de acogimiento están en la práctica totalidad de los casos bajo la tutela administrativa de los servicios de menores, que ejercen las funciones de guarda y custodia propias de la patria potestad, y mediante el contrato de acogimiento autorizan la convivencia con la familia acogedora. Generalmente estas situaciones funcionan correctamente, porque la mera convivencia no necesita muchas facultades ni autorizaciones legales, pero suelen quedar muchos problemas sin resolver. Sucede en la práctica algo parecido a lo que ocurre con los guardadores de hecho de las personas con discapacidad; en estos casos, aunque el grado de discapacidad de la persona que necesita apoyo sea grande, la labor del guardador puede desarrollarse bien por la mera vía de hecho, sin facultades representativas ni asistenciales, pero hay ocasiones en que la prestación de apoyo necesita alguna cobertura jurídica, que implica a veces un proceso lento y poco operativo, al igual que ocurre con el acogimiento de los menores.

En el ámbito personal y psicológico la necesidad es prestar tanto al menor como a la familia acogedora la ayuda necesaria en la gestión de la situación. Hay que tener en cuenta que la situación de acogimiento familiar, por muy provisional y transitoria que sea, se asemeja mucho a una verdadera relación familiar y el reconocimiento de esta realidad es necesario para evitar que, en el momento de terminarse el acogimiento cuando el menor se separa de la familia acogedora, al dolor de la separación se sume innecesariamente el ocasionado por una mala gestión de la separación.

En general los servicios administrativos de menores extreman su diligencia en mantener con claridad la diferencia entre el acogimiento familiar y la adopción, para evitar confusiones y situaciones problemáticas y ello ha llevado en muchas ocasiones que la separación de la familia de acogida se haga mediante una ruptura radical cortando en seco la relación. En estos casos esa ruptura abrupta y sin las suficientes explicaciones no pocas veces genera en el menor una sensación de abandono por parte de la familia acogedora incomprensible e incompatible con el afecto y la familiaridad del que hasta ese momento ha sido objeto, situación que para los acogedores añade al duelo ya asumido de antemano de la separación el de no poder evitar el sentimiento de culpabilidad por generar en el menor esa sensación de abandono no decidida ni deseada en realidad, lo cual puede incluso tener la consecuencia de echar por tierra o retroceder en los beneficios que la relación familiar y el cariño y apoyo prestado al menor le han generado durante el acogimiento.

Un vínculo a mantener

Esto, unido al propio hecho de que asumir la separación después de haberse generado una estrecha relación personal ya tiene su dificultad, es posible que haga que el plantearse un acogimiento familiar acabe siendo rechazado por muchas familias en nuestro país y siga habiendo un número tan alto de menores viviendo en centros residenciales.

Por ello es importante que tanto en el momento de iniciarse como -sobre todo- en el de terminarse el acogimiento todos esos sentimientos y situaciones sean tenidos en cuenta a fin de evitar al menor los sentimientos de frustración y conservar la relación afectiva entre el menor y los acogedores, en los casos en que es evidente que es beneficiosa para él. Ayuda bastante en este sentido el realizar esas operaciones de modo progresivo y no traumático, porque en ese momento una adecuada gestión de los sentimientos puede tener tanta importancia o más que las condiciones jurídicas de la situación.

Quizá el insuficiente apoyo a las familias de acogida sea una de las causas de que el acogimiento familiar no haya llegado consolidarse en nuestro país a un nivel satisfactorio. Puede que esa sea una de las causas y seguramente habrá otras, como la falta de visibilización o sensibilización social del problema, pero sirva al menos una reflexión de vez en cuando para llamar la atención sobre la situación de los llamados niños invisibles.