ESFERA CULTURAL

Carmen Linares, cantaora

«Al flamenco le he dado mi vida y sigo dándosela»

En 2021, cuando se cumple una década del reconocimiento al flamenco como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad, Carmen Linares continúa con su gira por los cuarenta años de su carrera en solitario. Sin olvidar los veinte desde que fue distinguida con el Premio Nacional de Música, convirtiéndose en la única cantaora reconocida con el galardón. Elevada a categoría de leyenda, con su Antología de la mujer en el cante, los más eruditos vieron en ella la heredera por derecho de la mítica Niña de los Peines.

JUAN ANTONIO LLORENTE

jaelle@aprensamadrid.com

Fotos: @carmenlinares

–Frente a quienes defienden el marchamo de dinastía, usted, sin ser gitana, surge por generación espontánea. ¿Le costó ser aceptada?
–Aunque siempre he tenido mucha afición, y eso es importantísimo para este trabajo, al principio chocaba un poco esa joven, con aspecto de niña moderna. Pero cuando vieron que me gustaba el flamenco y lo tomaba en serio, metida de lleno porque lo sentía, no tuve problemas. Y haciendo mi camino poco a poco, despacito; como se hacían antes las cosas, cuando te das cuenta, estás ya metida en ese círculo.

–Sin haberse medido en concursos, ahí está, una leyenda del flamenco. ¿A qué suena ese piropo en vida?
–Todos los adjetivos buenos que te adjudiquen con respeto y cariño, reconociendo tu lucha, se agradecen muchísimo. Si sucede estando viva, lo vas a disfrutar más, aunque es cierto que me da quizá un poco de vértigo. Pero es la consecuencia de muchos años tomándote en serio tu labor. Intentando sumar, aportando, para llevar a lo más alto el flamenco, una de las mejores músicas que hay en el mundo. Si tienes la suerte de llevarlo dentro, es fácil imaginar lo que sientes cuando con tu voz haces felices a los demás: un sueño que tengo el privilegio de haber hecho realidad, viviendo de mi profesión y sabiendo que reconocen mi trabajo. Doblemente contenta por haber brindado la oportunidad, y muy agradecida a la vida.

–Que le ha dado tanto…
–… que me ha dado tanto: la luz, los ojos, el sonido, las palabras… como en esa hermosísima canción de Violeta Parra, que incluyo en mis programas tantas veces. Según voy cumpliendo años, fijándome en lo que dice, desde que me levanto la veo como un himno.

–A la hora de comunicar al público, usted va más allá si nos atenemos a las palabras del crítico de The New York Times al destacar su “extraordinario poder expresivo”. ¿Cómo llega a captarlo alguien que no es español?
–Hay músicas y cantantes que, sin saber qué están diciendo, producen una emoción inmensa, al ser capaces de llegar a tu corazón; a tu alma. No digo nada, si además entiendes la letra. Cantas en un teatro de Nueva York donde el público va dispuesto a escuchar lo que le ofreces, y con la belleza del flamenco y su capacidad de expresión, le llega a cualquiera que sea sensible. Lo importante es tener sensibilidad, seas del país que seas. La música es universal y allí donde vayas, si cantas dando lo que llevas dentro, habrá quien no lo capte, pero la mayoría si. Al final, se ponen de pie y te aplauden, porque han sentido algo que les ha conmovido. Porque el corazón lo tenemos todos en el mismo sitio.

–Vamos, que el título de Patrimonio Inmaterial de la Humanidad no fue un regalo.
–Claro que no. Era muy justo que se lo otorgaran. Estaba cantao (risas).

–Felix Grande alababa su capacidad para unir técnica, inteligencia, ternura y genio. ¿Serían las cualidades básicas de una cantaora?
–Lo definió mucho mejor de lo que yo podría hacerlo. Básicamente, junto a unas condiciones de voz que te da la naturaleza, se precisan cabeza, inteligencia y corazón. Si a esas tres condiciones que mencionaba Félix le sumas ternura para comunicar, mejor que mejor. Luego, tienes que aprender y lógicamente, forjar una profesión viajando por el mundo, actuando, en contacto con el público, y sumando tus vivencias como ser humano. Todo influye en el arte, no solo en el flamenco. El artista debe comunicar y hacer sentir; provocar un sentimiento. Por eso, la música y la cultura en general son tan necesarias para hacerte sentir bien.

–Más, en momentos como el que estamos viviendo…
–En momentos como este, son la medicina. Se ha podido comprobar que, con todos en casa, las redes sociales, la música y la comunicación nos han salvado de muchos problemas de ansiedad y aislamiento.

–Usted picó mucha piedra cantando en esos tablaos que la pandemia ha obligado a cerrar.
–Ha sido demoledor. Están prácticamente todos cerrados y con graves problemas. Alguno tal vez no vuelva a abrir. Estoy convencida de que todo va a pasar, pero hasta que eso ocurra, lo están pasando muy mal. Espero que se recuperen porque son muy importantes para la supervivencia de los artistas del flamenco, al margen de teatros, giras y todo lo que se haga. Como medio de difusión, son espacios fundamentales, donde tienes contacto con el público, aprendes y te haces como artista.

–¿Qué relación de complicidad establece con la guitarra?
–Es mi media naranja (risa). Siempre intento tener a mi lado una guitarra buena que me comprende, trabajar con guitarristas que me iluminan, porque aman el flamenco. Se establece una estrecha relación entre el cante y el instrumento. Cuando te inspira tienes mucho ganado, porque al salir al público, ya estás transmitiendo. Los tonos, de acuerdo con esas técnicas que nosotros conocemos, los tienes que manejar tú, que sabes cómo te encuentras y en función de tu momento le dices: bájame medio tono. O, súbelo un poquito, que hoy me encuentro muy bien y voy a dar más.

–Pura química, para proceder a esa ceremonia, que es el concierto.
–Todo un rito. El flamenco es algo muy profundo. Una música que, ante todo, tienes que sentirla tú. Y es fundamental alguien al lado, que cuando toca está contigo y a tu favor, inspirándonos mutuamente.

–Su mítica grabación reivindicando el papel de la mujer en el cante, evidenciaba el flamenco como un mundo esencialmente masculino.
–Porque, como es sabido, se dedicaban más hombres al arte que mujeres. La vida ha cambiado y muchas mujeres nos encontramos en el panorama del flamenco, pero en los tiempos de Pastora Imperio y otras cantaoras era más difícil, porque no estaba bien visto que fueran artistas. Algunas cantaban muy bien, pero en sus casas, su padre, su hermano o el novio, si lo tenía, no veían bien que se dedicasen al cante como profesionales. Yo no tuve ese problema. Mi padre era un gran aficionado y, aunque tenía su profesión, tocaba muy bien la guitarra y le encantaba el flamenco. Empecé cantando con él, y tuve siempre ese apoyo familiar tan necesario para empezar y seguir avanzando. En la Antología recogí los cantes creados, o recreados, por mujeres que los habían hecho conocidos. Cuando empezamos a reunirlos, parecía que no habían hecho nada, pero encontramos muchísimos testimonios. Aquel precioso trabajo, que me dio tantas satisfacciones, que se vio como un homenaje a la mujer cantaora, a la que había puesto en su sitio, marcó un antes y un después en mi carrera, que me consolidó como cantaora.

–¿Con qué palo se identifica más?
–Depende de mi estado de ánimo. Me gusta muchísimo la soleá, pero de repente me pongo a hacer una taranta, un cante de mi tierra, más profundo, y me siento muy bien. Hay que disfrutar de todos los estilos del flamenco, porque cada uno tiene su carácter. Y su leyenda. El flamenco es muy hermoso todo. Todo.

–Escribe Manuel Machado: “A todos nos han cantado en una noche de juerga coplas que nos han matado”. ¿Alguna letra le ha dolido hasta el punto de no poder cantarla?
–Alguna vez me ha pasado. Más que por la copla, por mi estado de ánimo. Una semana después de fallecer mi madre, en una actuación muy importante en el Maestranza de Sevilla, al hacer un cante por siguiriyas, pensando en ella me resultó muy complicado sacarlo adelante por el nudo que me venía a la garganta.

–En 2001 recibió el Premio Nacional de la Música, por sus “aportaciones a un flamenco de alto contenido y calidad”. ¿Qué le aporta usted al género?
–Mi experiencia y mi sentir. Al flamenco le he dado mi vida, y sigo dándosela. No puedo vivir sin esa música. No concibo mi vida y mi profesión sin el flamenco, que me ha recompensado con creces. Por haberse cruzado en mi camino y haberlo seguido sin perder el contacto, me doy por satisfecha.

¿Dónde encontrarla?

Compartiendo cartel y escenario durante la temporada 2020/2021 con artistas tan importantes como Miguel Poveda, Luz Casal, Pitingo, Estrella Morente, José Mercé, Silvia Pérez Cruz, Rocío Marquez y José Antonio Rodríguez, entre otros.