ESFERA CULTURAL

Arancha Aguirre, cineasta

«Me da una pena enorme perder este mundo de las salas de cine, donde he aprendido tanto y he sido tan feliz»

Doctora en filología hispánica, hija de director cinematográfico y actriz, el ADN de Arantxa Aguirre delataba rastros de celuloide antes de decidirse a centrar su actividad en esa parcela del séptimo arte que le ha llevado dos veces al borde del Goya. Si su primer libro, Buñuel lector de Galdós, revela la pasión de esta madrileña por el autor canario, el segundo, 34 actores hablan de su oficio, evidencia su debilidad por el mundo de la farándula, que tan bien conoce.

JUAN ANTONIO LLORENTE

jaelle@aprensamadrid.com

Llegó al cine de la mano de genios como Camus, Almodóvar o Saura. ¿De quién aprendió más?
Como persona abierta, trato de ser una esponja. Al haber trabajado más con Mario Camus, lo considero mi maestro, pero cada uno me ha enseñado algo en lo que trato de profundizar para seguir adelante en mi propia carrera. Soy un producto de todos ellos más mi aportación personal y lo que he aprendido de las películas que veo.

Especializada en homenajes y biografías, el centenario en 2021 de García Berlanga, de quien fue ayudante en Moros y cristianos, ¿no le tienta?

Claro que me gustaría. Pero mi actividad, más que en biografías, se centra en un tipo de película documental que se suele demandar y, como profesional, hago lo que se me solicita. De ahí tantos trabajos sobre personalidades de nuestra cultura. Y con muchísimo gusto, porque los encargos son una manera magnífica de poder trabajar y de hacer algo tan bueno como cuando se trata de una idea tuya. Lo que importa no es la idea, sino como la lleves a cabo. Siendo Berlanga uno de nuestros grandes directores, que además brilló como nadie en la comedia, algo que apenas hacían otros, su sentido del humor me fascina, y estaría muy contenta de poderle dedicar tiempo para hacer algo que mereciese la pena. Pero al no poder elegir habitualmente, y costando tanto dinero las películas, creo que tengo algunas ideas por delante antes de llegar a un documental sobre García Berlanga.

«El de cineasta es mi trabajo, y me llamaron galdosiana porque hice la tesis sobre Buñuel y Galdós»

Destacaba el género de la comedia, en el que usted no ha incidido como cineasta…

Aun centrada en el documental, donde no hay diferencia entre comedia y drama, en todas mis películas hay algún toque -y así lo señala mucha gente-, de humor sutil, más de sonrisa que de risa. He tenido el gusto de estar en una sala de cine y ver que el público ríe en un momento en el que yo lo había buscado. Pero una película sólo de reír, no he hecho nunca. Ojalá pudiera, porque el género de la comedia me parece el más complicado, y uno de los que más admiro.

El documental ¿es más o menos arriesgado que el cine convencional?

No se puede generalizar. Más arriesgado, por ser más difícil conseguir que las personas vayan a las salas de cine a verlos. Pero al ser producciones menos ambiciosas desde el punto de vista económico, no te expones tanto como en una película de ficción.

Dancing Beethoven, su segunda nominación a los Goya, ha tenido una excelente acogida del público y de la crítica. ¿Es su trabajo más personal?

Todas las películas que hago, al final lo son. Pero sí, es muy personal. Y la de mayor repercusión, después de El esfuerzo y el ánimo, con la que también estuve nominada para ese premio.

¿En cuántos países se ha estrenado?

En seis, si hablamos de exhibición en salas comerciales, Si es de festivales, etc., en muchísimos más. No llevo la cuenta.

La respuesta ¿le anima a tirarse a una piscina más profunda?

Da cierta seguridad saber que lo que haces tiene buena recepción y que los espectadores no permanecen ajenos ni impasibles ante tu propuesta. De haber sido un fracaso, me hubiera costado más tiempo hacer la siguiente. Aunque hablamos de un éxito relativo, como siempre nos ocurre a los documentalistas, la respuesta a Dancing Beethoven me ha hecho pisar más fuerte en los siguientes trabajos.

Al ballet de Maurice Béjart, donde estudió en su adolescencia, ¿cuántos títulos le ha dedicado?

Muchos. Un cortometraje me sirvió como carta de presentación ante la compañía para poder realizar el largometraje El esfuerzo y el ánimo. Le siguieron Palais Garnier, Gira por China, American swan, Dancing Beethoven, el corto Juan y Teresa y un montón de grabaciones de espectáculos en vivo, resultado de cuatro o cinco temporadas yendo dos veces al año a rodar sus creaciones. Esa es otra vertiente de mi carrera que en España no se conoce, porque no se han difundido aquí, pero ahí están. Cuando había poco trabajo por la crisis económica, no paré de trabajar, que es tanto como decir que no paré de aprender. Además, trabajar con música, porque se trataba de ballets, me ha hecho evolucionar muchísimo en mi carrera, porque la música es una estructura, que a la hora de procesarla sirve para ordenar el tiempo y organizar una historia. El ritmo es fundamental para lograr la atención del público. Si vives en ese mundo, si estás acostumbrado a montar con buena música, cuando vas a hacer una película narrativa, ves que cuentas con armas que antes no tenías.


“En todas mis películas hay algún toque -y así lo señala mucha gente-, de humor sutil, más de sonrisa que de risa”

 

Los dos rasgos, esfuerzo y ánimo del título del film, ¿dibujarían su retrato?

Creo que sí (sonríe). La cita viene de una frase en la segunda parte de El Quijote: “bien podrán los encantadores quitarme la ventura, pero el esfuerzo y el ánimo será imposible”. La descubrí releyendo la novela de Cervantes y como me sentí muy identificada con ese espíritu quijotesco, la recuperé para titular mi primer largometraje en solitario.

Siendo doctora en filología hispánica, hay quien la ha definido como cineasta y galdosiana. ¿Son dos obsesiones?

No son obsesiones: son grandes aficiones. El de cineasta es mi trabajo, y me llamaron galdosiana porque hice la tesis sobre Buñuel y Galdós, que publiqué en un libro premiado por la casa museo del escritor. A partir de ese momento se me invitó a los congresos galdosianos y pude entrar en el mundo de los grandes galdosistas, de los que he aprendido muchísimo.

Declaraba en 2015: “no descansaré hasta hacer mi documental sobre Galdós”… pero en las celebraciones del aniversario no ha sido posible, por el Covid-19.

Lo de “no descansaré” creo que fue una reescritura, porque no me reconozco en esa manera de hablar. Probablemente dije algo parecido, porque tenía la idea, y sigo teniéndola, de hacer algo sobre Galdós, y espero llegue la posibilidad de hacerlo en los años de profesión que me quedan. Pero en ningún momento pienso que haya que hacer las cosas para los centenarios, aunque sean ocasión propicia para encargos. Con la película sobre Enrique Granados, que se pensó para aprovechar los preparativos del centenario, al no conseguir apoyos no llegamos a tiempo y salió un año más tarde. En torno al homenaje se publicó su correspondencia y se tradujo del inglés la magnífica biografía, escrita por el musicólogo americano Walter Clark, lo que hizo que el autor viniera a España. Pude entrevistarlo en Barcelona, y su testimonio fue fundamental para la película. Quiero decir con esto, que llegamos más tarde, pero nos aprovechamos de todo lo que se organizó en aquel año. Con Galdós, es posible que pase lo mismo. Hasta ahora he hecho seis cortometrajes para la exposición de la Biblioteca Nacional, centrados en entrevistas a escritores, y acaba de presentarse otra en la Academia de Bellas Artes de Madrid, para la que he preparado un audiovisual de doce minutos, que creo cuenta muy bien lo que podría o querría hacer si me surgiese la oportunidad de ese largo sobre Galdós, que sigo sin descartar.

Codirige una productora junto a José Luis López Linares. En La noche americana, de Truffaut, se dice: “en estos tiempos mejor que a productor de cine, hay que dedicarse al mundo inmobiliario”. ¿Las cosas hoy son mejores?

Creo que nunca han sido buenas. Viniendo de una familia dedicada al cine y al teatro, toda mi vida he visto que hay vacas gordas y vacas flacas. En el mundo del cine y de la farándula estamos muy acostumbrados a problemas como los contratos temporales. Ahora, gracias a las series de televisión, por ejemplo, hay contratos más largos. Antes, una película era ocho semanas de trabajo para un técnico, y de nuevo vuelta al mercado. Desde ese punto de vista, quizá estemos un poco más capacitados para sortear los vaivenes de la crisis consustancial a estas profesiones.

En 2021 podrán ser candidatas al Oscar películas que no se hayan visto en salas cinematográficas. La demanda en plataformas digitales -algunos de sus trabajos sólo se pueden encontrar en ellas-, que arrasa con producciones de presupuesto astronómico, se ha disparado con el confinamiento. ¿Hablamos de crisis en el modelo de “cine”?

Desde luego vamos hacia un nuevo modelo, aunque no sé si eso significa avanzar o retroceder. Me da una pena enorme perder este mundo de las salas de cine, donde ha aprendido tanto y donde he sido tan feliz. Creo que esa impresión nunca se podrá reemplazar viendo la película en tu casa. Entre otros motivos, porque en la sala vives una experiencia colectiva y muy particular, que va más allá de la película, con personas a las que no conoces, pero de pronto compartes con ellas risas, miedo, llanto… Además, en un momento en el que, por respeto al resto de los espectadores, no puedes levantarte a contestar al teléfono ni para ir a buscar una cerveza. Tienes que estar verdaderamente atento a la película, y esa circunstancia no se da en tu casa. Algo terrible, que nos lleva a los profesionales a pensar cómo conseguir que el espectador no pueda ni respirar.

Siendo ayudante de dirección, tuvo ante la cámara a su madre, Enriqueta Carballeira. ¿Será algún día protagonista de una película suya?

A ella está dedicada mi película Hécuba, donde aparece como una de las entrevistadas, y forma parte del libro 34 actores hablan de su oficio. Pero trabajar con tu madre es complicado. Ella tiene su carácter y yo el mío (risas). Moviéndome siempre en formato documental, no ha surgido la posibilidad de trabajar con actores. Pero sí, sería muy bonito hacer algo con ella, que es una gran actriz.

Dónde encontrarla

Aunque las plataformas digitales permiten conocer a fondo su trabajo, sirvan como muestra un aperitivo del más premiado https://cutt.ly/Df08xU7 y del que hasta enero ilustra en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando la exposición Galdós en el laberinto de España https://cutt.ly/Zf08AVl , germen tal vez de un homenaje más ambicioso.