ESFERA CULTURAL

El mayor terremoto desde el fin del cine mudo

Los grandes estudios retrasan estrenos y la industria del cine en su conjunto se replantea un futuro en el que el poder va pasando a manos de las plataformas digitales.

JULIÁN DÍEZ

julidiez@gmail.com

Ni la llegada de la televisión en los cincuenta, que fue paulatina y al principio atraía a talentos menores y movía cantidades inferiores, ni las guerras mundiales o la aparición de sucesivas novedades técnicas como el color, el 3D o el sonido Dolby. La revolución a la que se enfrenta la industria audiovisual en el escenario post Covid 19 sólo tiene un precedente de magnitud similar: el paso del cine mudo al sonoro entre 1928 y 1930, cuando las carreras de muchas estrellas naufragaron, los grandes estudios californianos se consolidaron como el poder hegemónico de la industria, y las propias salas debieron afrontar una reconversión tecnológica y de personal.

Contraste de cifras. Baste un dato para dar cuenta de la situación. Este año, se estima que la recaudación global del cine en Estados Unidos será de un 20% respecto al año anterior. Eso quiere decir que se volverá a la cifra obtenida en 1981, cuando las entradas costaban un tercio del precio actual. Así que podemos estar hablando de en torno a un 6% de espectadores respecto a 2019. Mientras, en lo que va de año (hasta agosto son los datos al escribir estas líneas), Netflix ha sumado 26 millones de suscriptores en todo el mundo, lo que viene a suponer un crecimiento directo de más de 3.000 millones de euros anuales en sus ingresos.

La Academia de Hollywood había conseguido frenar algo la sangría entorpeciendo todo lo posible que las películas directamente para consumo hogareño consiguieran candidaturas a los Oscar. Netflix hizo estrenos fantasmas de sus proyectos más prestigiosos (como las ya citadas Roma o El irlandés), pero ante la escasez de novedades prevista para este año, ya ha anunciado que da su brazo a torcer para el próximo.

Entretanto, las grandes productoras y distribuidoras han ido tomando decisiones de todo tipo acerca de sus grandes lanzamientos previstos. Mientras Disney optaba por estrenar directamente a través de su plataforma digital el remake en imagen real de Mulan (a 21,99 euros), con resultados aún por conocer, en su división Marvel aplazaba todo lo que estaba en cartera para este verano. Lo mismo ha ocurrido con No Time to Die, la última entrega de James Bond que protagonizará Daniel Craig, la siguiente película de la serie de acción automovilística Fast and Furious, o la continuación (más de treinta años después) de las aventuras de Maverick, el piloto de Top Gun interpretado por Tom Cruise.

Según los medios especializados, la industria se ha puesto en manos de tres películas para conocer cuál va a ser la reacción del público ante los estrenos en salas de cine en el inmediato futuro. Las tres son grandes espectáculos que, a priori, no pueden ser disfrutados de la misma forma en una sala con todos los adelantos técnicos que en una casa, por bueno que sea el aparato de televisión de que se disponga.

El primero de ellos fue Tenet, de Christopher Nolan, estrenada el pasado agosto. Sin entrar en la dificultad de su trama, lo cierto es que el resultado comercial ha sido poco relevante. En Estados Unidos (donde siempre se conocen antes los datos de taquilla), no parece que vaya a subir del noveno puesto en recaudación de lo que va de año, con la mitad de dinero obtenido (unos treinta millones de dólares) que estrenos que apenas permanecieron en pantalla dos o tres semanas antes del cierre por la pandemia, como Onward o El hombre invisible. Curiosamente, estos datos son estimaciones porque la distribuidora de la película ha quebrado una ley no escrita al negarse a dar cifras precisas, lo que ha levantado las protestas de la competencia.

En un detalle que pone en perspectiva además el relieve que van cobrando otras cinematografías, cabe decir que la película más taquillera a nivel mundial en lo que va de año es Los ochocientos, un espectacular drama bélico chino que ha recaudado 300 millones de dólares sólo en el mercado doméstico. Con el triunfo de la coreana Parásitos en los Oscar del pasado febrero, o las fuertes audiencias de series internacionales como la alemana Dark o la española La casa de papel, van sumándose éxitos que plantean un cierto final de la hegemonía estadounidense en el mercado audiovisual, potenciada precisamente por la accesibilidad global a las plataformas online. Para los espectadores de casi todo el mundo, habituados a ver las producciones subtituladas, da igual que el idioma original sea el inglés o cualquier otro.

Esperar a Navidad. Los otros dos grandes blockbusters hollywoodienses que llegarán este año, salvo aplazamiento, esperarán hasta la campaña de Navidad. Dune, de Dennis Villenneuve, es una superproducción de ciencia ficción con un reparto coral que encabeza Timothy Chamelet e incluye a Javier Bardem. Basada en una de las novelas más populares de la historia del género, es sin embargo un proyecto que viene acompañado por el malditismo que rodeó a sus intentos de adaptación previos, desde el que estuvo a punto de llevar a la locura (según confesión propia) a Alejandro Jodorowsky con Dalí, Orson Welles y Mick Jagger en el reparto, hasta el fallido de David Lynch en la que él considera su peor película. Además, esta nueva versión solo cubre la primera mitad de la novela (de 700 páginas) y no hay fecha prevista para continuar el rodaje.

El día de Navidad llegará Wonder Woman 1984, que pretende retomar el éxito de la anterior película de la superheroina por antonomasia. Como se verá, todos los grandes estrenos «salvadores» previstos corresponden a películas de gancho comercial, mientras que los proyectos con nombres de prestigio, de los que habitualmente compiten por los Oscar o los premios de Cannes, Venecia o San Sebastián, escasean en las previsiones de la gran pantalla. Sólo puede citarse a priori el remake de West Side Story a cargo de Steven Spielberg, y un western del emergente Paul Greengrasss, News of the World, protagonizado por Tom Hanks.

Todo hace indicar que las candidaturas a los Oscar de este año llegarán trufadas de estrenos directos para plataformas digitales, reproduciendo de forma paulatina lo ocurrido en los premios de la televisión de los últimos años. Todas estas consideraciones siguen sin dar una respuesta clara a la pregunta del millón: ¿están los espectadores dispuestos, al menos en un número suficiente, a seguir acudiendo a las salas de cine? La ya citada Los ochocientos da una respuesta por lo que se refiere al público chino, que ha acudido en masa a verla, aunque es un caso de cierta excepcionalidad: los cines en China estaban abiertos tras dar por prácticamente erradicada la pandemia, y además el filme es un producto nacionalista que ha gozado de cierto apoyo institucional tras una polémica en la que se corrigió parte de su contenido.

Curiosamente, el país casi a nivel mundial donde podemos encontrar una respuesta más clara de que con la orientación correcta el público sí responde es España. Mientras los datos de contagios volvían aumentar, el 29 de julio se estrenó Padre no hay más que uno 2: La llegada de la suegra, secuela de un éxito del pasado verano. Su director y protagonista, Santiago Segura, afirmaba en las ruedas de prensa previas al estreno que «la idea de hacer cine y no pasar por las salas me angustia», y su empeño en mantener la fecha de estreno prevista, contra viento y marea y los comportamientos de las majors estadounidenses, cosechó un sorprendente éxito: un millón y medio de espectadores en cuatro semanas, con una recaudación algo menor a la de la primera entrega, pero muy por encima del presupuesto del filme. Deja la sensación, frente al relativo fiasco de una película espectacular pero compleja como Tenet, de que el público responde si se le da lo que quiere. En el caso de la película de Segura las bazas son un humor para todos los públicos; la presencia de incontables caras conocidas y la continuidad con un éxito previo y bien valorado, para un producto con una factura técnica irreprochable. Las otras películas con más éxito en el estío español han respondido a parámetros similares, a su manera: la española Superagente Mackey y los dibujos animados de Scooby Doo.

Mientras, las plataformas digitales van sumando proyectos con una magnitud desconocida hasta la fecha. Sólo ha habido siete películas en la historia del cine por encima de los 300 millones de dólares de presupuesto, encabezadas por Piratas del Caribe: en mareas misteriosas con 379. Pero Prime Video, la plataforma digital de Amazon, está desarrollando una adaptación de El Señor de los Anillos (parece que narrativamente será una especie de precuela) con un presupuesto de mil millones de dólares, y con el español Juan Antonio Bayona como uno de sus responsables. Los episodios más caros de televisión hasta la fecha fueron los de la última temporada de Juego de Tronos, 18 millones cada uno.

La cifra puesta sobre la mesa por Jeff Bezos (que según los últimos datos no sólo es el hombre más rico del mundo, sino de toda la historia en términos comparados) parece que no va a quedarse sola. Los números que se han filtrado sobre la adaptación para Netflix de la novela El problema de los tres cuerpos, del chino Cixin Liu, que correrá precisamente a cargo de los responsables de Juego de tronos, están en parámetros similares. El libro original inicia una trilogía que es el último éxito de culto de la literatura de ciencia ficción, y quizá en cualquier otro momento hubiera sido considerado como un material demasiado complejo como para su adaptación audiovisual.

Dentro del panorama de incertidumbre, pueden mencionarse también fenómenos curiosos, como la reaparición de los autocines en Estados Unidos, aunque es un tipo de experiencia que parece difícil de exportar. En España la apuesta más frecuente de las salas está siendo la de reforzar servicios premium, como entradas que incluyen comida, butacas que pueden alzar totalmente los pies para convertirse en divanes o beneficios y descuentos externos.

Otras fuentes

Es posible tener una idea completa de todos los retrasos de estrenos en este reportaje gráfico.

Aunque Netflix, HBO y Prime Video sean los principales actores de la guerra de las plataformas de streaming, la sucesiva llegada de nuevos contendientes (Apple y Disney ya, Peacock y HBO Max muy pronto) y su posible impacto se analiza en:

Una explicación completa de cómo Unsubscribe consiguió llegar al número uno de taquilla en Estados Unidos con sólo dos espectadores.

Grandes estrellas en nuestro salón

La realidad señala una tendencia ya incuestionablemente manifiesta en el último lustro, con la presencia creciente de los principales talentos de Hollywood en los créditos de producciones para las plataformas de contenido. Martin Scorsese, tras rodar el año pasado El irlandés para Netflix, prepara ahora Killers of the Flower Moon junto a Leonardo di Caprio y Robert de Niro; Alfonso Cuarón acarició el Oscar hace un par de años con Roma, también para Netflix; Woody Allen hizo una serie para Amazon Prime Video; Ridley Scott, Steven Spielberg, David Fincher o Spike Lee son otros cineastas entre los más conocidos del mundo cuyas actividades y proyectos se centran ahora en contenidos para ser consumidos directamente en casa.

Dos récords absurdos para la historia

The Wretched, una película de terror de bajo presupuesto y muy escasa originalidad, se convirtió este verano en la tercera en la historia que consigue ser la más taquillera en Estados Unidos durante seis semanas consecutivas. Sólo Avatar y Titanic consiguieron antes ese hito. En general, su productora, IMF, es la gran beneficiada del cine en la época de la pandemia: estrenó sucesivamente productos en unas semanas en las que sólo un porcentaje reducido de las salas americanas estaban abiertas, y las grandes distribuidoras se limitaban a enviar reposiciones. Con todo, el caso más curioso de este periodo es el de Unsubscribe, que en la semana del 10 de junio se convirtió en la película más taquillera con menos presupuesto de la historia: 0 dólares. Un par de youtubers rodaron por Zoom este corto de 29 minutos con amigos; alquilaron una sala de cine por menos de 500 dólares, y se vendieron a sí mismos todas las entradas por 22.000 dólares. Todo legal, de acuerdo a las normas y con el único coste del alquiler de la sala, porque ellos recaudaron íntegramente el precio de las butacas. Ninguna película vendió más entradas en Estados Unidos esa semana.

Todo hace indicar que las candidaturas a los Oscar de este año llegarán trufadas de estrenos directos para plataformas digitales

Pasar por caja

De todas las series candidatas al premio a la mejor del año en los Emmys que se anunciaron en el pasado verano, ocho comedias y ocho dramas, sólo dos se emiten en televisión en abierto: The Good Place (NBC) y Schitt’s Creek (en la televisión pública canadiense, CBC). En el conjunto de candidaturas, Netflix obtuvo 160 y HBO 104, muy por delante del primer canal generalista, NBC, con 47. Ninguna de las series candidatas pueden verse en televisión en abierto en España: incluso The Good Place está en Netflix, y Schitt’s Creek en Movistar.